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miércoles, abril 21, 2010

Perdidos con Jane Austen

No es ningún secreto que soy una fan absoluta de Jane Austen. No sólo me he leído todos sus libros, sino que algunos hasta me los he leído más de una vez. ¡Con gran riesgo de mi vida! Por eso, cuando los Reyes Majetes de Oriente me trajeron este año Orgullo,Prejuicio y Zombies, una revisión del clásico un tanto inusual, decidí que se merecía, por lo menos, por lo menos, que lo reservara para una ocasión como la Semana Santa.

Portada mega-chula que anticipa mogollón de emociones y buenos momentos.


Lástima no haberme llevado El Jueves de vacaciones…


Portada mega-chula (esta o la de cualquier semana) que asegura emociones,

buenos momentos y el único periodismo realmente serio de este país.


Orgullo, Prejuicio y Zombies no era para nada lo que yo esperaba. Vale, tampoco tenía muy claro qué tenía que esperar con un título así. Supongo que, como buena fan de Jane Austen, deseaba disfrutar de la historia de siempre contada como nunca (¡ups!, me ha salido frase de trailer).


Pero Orgullo, Prejuicio y Zombies no es nada de eso. Realmente se trata de la historia de siempre, contada como siempre, pero con un añadido al final de cada párrafo de la obra original de Jane Austen en el que se nombran cosas como dagas, cerebros carcomidos y carne pútrida. En esta nueva versión del clásico, Elizabeth Bennett y sus hermanas son expertas guerreras ninja que han estado en Oriente perfeccionando sus técnicas asesinas y lo que podría dar pie a algo realmente divertido, se queda a medio camino y sin nada de la chispa que podría tener. Es una pena que Seth Grahame-Smith no haya puesto más carne en el asador, porque la idea de revivir los clásicos así me parece muy interesante y creo que podría ayudar a que mucha gente (no tan aficionada a la lectura) los descubra, aunque sea gracias a zombies, monstruos marinos, aliens o cualquier salvajada que se os ocurra. Imaginaos las posibilidades infinitas de revivir títulos memorables como La Isla del Tesoro, El Quijote, Fortunata y Jacinta... en su versión más gore/rocambolesca/weird/poned aquí lo que os dé la gana.


De todas formas, buscando en la Montaña de Basura me entero de que en Hollywood andan como locos por hacerse con los derechos para su adaptación cinematográfica y que mi admirada Natalie Portman es la candidata para hacer el papel de Elizabeth Bennett. Ya sé que acabo de confesar Orgullo, Prejuicio y Zombies me parece una novela bastante desaprovechada, pero estoy segura de que soy firme candidata a hacer cola el día del estreno.


Y hablando de adaptaciones de las novelas de Jane Austen, el otro día tropecé en Youtube con una mini-serie de la BBC que tiene por título, precisamente, Lost in Austen. Aquí os dejó el trailer:



A priori, esta serie parece hacer realidad la típica fantasía romántica femenina o, por lo menos, la típica fantasía de todas las fans de Jane Austen, que somos millones en el mundo. Se trata de dar respuesta a la pregunta que todas nos hemos hecho alguna vez: ¿qué pasaría si una puerta mágica se abriese y fueses capaz no sólo de acceder al mundo de Jane Austen sino, además, de sustituir a Elizabeth Bennett en la historia?


Pues te lo digo yo: que no se parecería para nada a la cursilada que os estáis imaginando.


De hecho, para la protagonista, Amanda Prince, lo que durante los primeros diez minutos parece ese sueño se convierte rápidamente en una pesadilla. Una pesadilla en la que los dientes se lavan a base de meterse ramitas de árbol en la boca empapadas en sal, el plato de moda son las alondras achicharradas, nadie usa todo el rato fuck y dumbass y la gente primero piensa que estás loca, luego que eres una prostituta, y en un último momento, que eres la hija de un pescadero (algo que, por lo visto, estaba fatal visto en aquella época). Eso por no mencionar que sus constantes meteduras de pata provocan que toda la trama de Orgullo y Prejuicio se vaya a pique, los protagonistas empiecen a casarse con quien no deben o, en el peor de los casos, emigren a África y se conviertan en misioneros.


El caso es que Lost in Austen tiene momentos muy divertidos. Memorable el primer encuentro con Lydia Bennett, cuando una confusa Amanda Price se piensa que todo es una broma de cámara oculta y le enseña su pubis depilado (otra tonta que hace lo que dice el Elle). O cuando se emborracha en el baile y le da un morreo a un tremendamente casto Bingley y también divertidísimo cuando en su primera fiesta en Pemberley acaba cantando Downtown de Petula Clark para ocultar que no sabe tocar la pianola, dejando patidifusos a los asistentes. Ojalá la televisión de este país hiciera productos así de bien rematados, porque, por supuesto, esta mini-serie cuenta con toda la calidad, producción, diseño, etc. de todas las series de la BBC.


Un lujo en el que perderse una tarde de lluvia.

miércoles, enero 13, 2010

Dos retornos esperados

Esta noche vuelve Muchachada Nui. Han puesto esto en su web de adelanto:


¿Cuánta gente habrá que ya no sepa quién es Luis Cobos? Es curioso el éxito de Muchachada Nui entre la muchachada cuando se alimenta del imaginario de los 80, fundamentalmente, época y mitos que no vivieron. Nuevos candidatos a engrosar el imaginario popular y el fondo de armario de latiguillos:
-Me aburres, Beethoven (yo creo que puede ser utilísimo en las reuniones)
-Mira, coges el cutter (yo creo que puede ser utilísimo en las reuniones)

Por otra parte yo vuelvo mañana a trabajar después de las vacaciones. A mí igual me pega más esto:



Por lo general la gente es chusma... Es muy ingrato estar rodeado de zotes. (no es una indirecta) ¡Aquí estoy, en el vagón de la pedantería! ¡Libertad creativa!

viernes, diciembre 11, 2009

Que Dios nos pille confesados



Definitivamente, lo de Perdidos no era por los personajes, sino por los espectadores. O los guionistas.

martes, enero 13, 2009

Sherlock Holmes tramposo

Yo estaba ya determinado a no ver El Mentalista, porque me estaba mosqueando la abrumadora promoción que le estaba haciendo La Sexta. Pero soy débil de voluntad (tomad nota, supermodelos brasileñas), así que el jueves allí estaba viendo dos capítulos de la serie Número 1 en USA (yo no sé las veces que he visto esto de Número 1 en USA, o que lo he empleado yo mismo para vender algo). Y, oye, la serie está bien, aunque no sé si tanto como para merecer un primer puesto.

Bien construida, bien producida y bien interpretada (el rubio protagonista de los rizos ya me gustaba de una serie llamada El guardián que veía a salto de mata en Telemadrid), El Mentalista es la historia de un hombre con acentuadas capacidades de observación que tiempo atrás se ganó la vida como falso mentalista, y ahora ayuda a la policía como asesor. Más o menos el reverso tenebroso de Psych, la serie en la que un tipo con acentuadas capacidades de observación ayuda a la policía haciéndose pasar por vidente.

Pero donde Psych hacía aguas por su búsqueda de la comedia más chusca, El Mentalista propone un enfoque mucho más clásico. A lo mejor hasta demasiado clásico. Tenemos al protagonista, que es guapo e inteligente, a la coprotagonista, que es guapa y escéptica (ya se huele aquí la Tensión Sexual No Resuelta, ¿eh?), un par de ayudantes que parecen torpones y una policía novata que está para tomar pan y moja (no pongo fotos que esto no es el Playboy, aquí se leen de verdad los articulos; espero, vamos. Pero bueh, mirad aquí). Hay un misterio insoluble, los policías van en la dirección incorrecta, pero el Mentalista, gracias a sus poderes de observación, resuelve el caso (tiene pinta de que la estructura va a ser así ad nauseam).

El Mentalista, así, no deja de ser una nueva revisión del mito de Sherlock Holmes, con un hombre con una capacidad de análisis abrumadora, que es insufrible en muchos aspectos de su vida personal pero un genio profesionalmente hablando. Como House, sí, eso es. La diferencia fundamental es que el Menatlista es un Holmes tramposo, muy tramposo.

Porque no tengo ni puta idea de manejar el Photoshop, que si no le ponía a este una pipa, una gorra, una lupa, un violín y al doctor Watson y diríais: "¡Oh, si es Sherlock Holmes!"

No porque no respete la legalidad (en un episodio hipnotiza a una chica, por ejemplo, para espanto de su recta compañera), sino porque no explica el razonamiento que lleva a sus deducciones. Como en el chiste de Gila sobre Jack el Destripador (minuto 5): "Esto ha sido Jack el Destripador... ¿Y cómo lo sabe? ¡Porque soy Sherlock Holmes y a callar todo el mundo!". Y eso es trampa. En la serie juegan a una extraña ambigüedad sobre si tiene poderes o no; extraña porque sólo un personaje parece creer que los tiene, y el mismo Mentalista niega poseer algo más que una afilada inteligencia. Pero cuando llega el momento de explicar los cimientos de sus deducciones el tipo calla, supongo que para comodidad de los guionistas, que no tienen que darle muchas vueltas, sólo inventar revelaciones impactantes ("Su padre era entrenador de fútbol", "El asesino vestía completamente de azul"), y ni siquiera cuando tienen el trabajo hecho se molestan (por ejemplo, en un calco-homenaje de La carta robada, escena en la que el Mentalista gana una y otra vez al Piedra-papel-tijera).

Así las cosas, da la impresión que el Mentalista se va a convertir en una tediosa repetición de esquemas y revelaciones (tal y como tuvo el peligro de sufrir House). Pero mientras llega ese momento en que nos aburramos de lo listo que es o podamos prever cada una de las reacciones de los personajes seguiremos viéndolo. Con menos se hacía Se ha escrito un crimen, y bien que nos lo tragábamos tan contentos.

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