Portada mega-chula que anticipa mogollón de emociones y buenos momentos.
Lástima no haberme llevado El Jueves de vacaciones…
Portada mega-chula (esta o la de cualquier semana) que asegura emociones,
buenos momentos y el único periodismo realmente serio de este país.
Orgullo, Prejuicio y Zombies no era para nada lo que yo esperaba. Vale, tampoco tenía muy claro qué tenía que esperar con un título así. Supongo que, como buena fan de Jane Austen, deseaba disfrutar de la historia de siempre contada como nunca (¡ups!, me ha salido frase de trailer).
Pero Orgullo, Prejuicio y Zombies no es nada de eso. Realmente se trata de la historia de siempre, contada como siempre, pero con un añadido al final de cada párrafo de la obra original de Jane Austen en el que se nombran cosas como dagas, cerebros carcomidos y carne pútrida. En esta nueva versión del clásico, Elizabeth Bennett y sus hermanas son expertas guerreras ninja que han estado en Oriente perfeccionando sus técnicas asesinas y lo que podría dar pie a algo realmente divertido, se queda a medio camino y sin nada de la chispa que podría tener. Es una pena que Seth Grahame-Smith no haya puesto más carne en el asador, porque la idea de revivir los clásicos así me parece muy interesante y creo que podría ayudar a que mucha gente (no tan aficionada a la lectura) los descubra, aunque sea gracias a zombies, monstruos marinos, aliens o cualquier salvajada que se os ocurra. Imaginaos las posibilidades infinitas de revivir títulos memorables como La Isla del Tesoro, El Quijote, Fortunata y Jacinta... en su versión más gore/rocambolesca/weird/poned aquí lo que os dé la gana.
De todas formas, buscando en la Montaña de Basura me entero de que en Hollywood andan como locos por hacerse con los derechos para su adaptación cinematográfica y que mi admirada Natalie Portman es la candidata para hacer el papel de Elizabeth Bennett. Ya sé que acabo de confesar Orgullo, Prejuicio y Zombies me parece una novela bastante desaprovechada, pero estoy segura de que soy firme candidata a hacer cola el día del estreno.
Y hablando de adaptaciones de las novelas de Jane Austen, el otro día tropecé en Youtube con una mini-serie de la BBC que tiene por título, precisamente, Lost in Austen. Aquí os dejó el trailer:
A priori, esta serie parece hacer realidad la típica fantasía romántica femenina o, por lo menos, la típica fantasía de todas las fans de Jane Austen, que somos millones en el mundo. Se trata de dar respuesta a la pregunta que todas nos hemos hecho alguna vez: ¿qué pasaría si una puerta mágica se abriese y fueses capaz no sólo de acceder al mundo de Jane Austen sino, además, de sustituir a Elizabeth Bennett en la historia?
Pues te lo digo yo: que no se parecería para nada a la cursilada que os estáis imaginando.
De hecho, para la protagonista, Amanda Prince, lo que durante los primeros diez minutos parece ese sueño se convierte rápidamente en una pesadilla. Una pesadilla en la que los dientes se lavan a base de meterse ramitas de árbol en la boca empapadas en sal, el plato de moda son las alondras achicharradas, nadie usa todo el rato fuck y dumbass y la gente primero piensa que estás loca, luego que eres una prostituta, y en un último momento, que eres la hija de un pescadero (algo que, por lo visto, estaba fatal visto en aquella época). Eso por no mencionar que sus constantes meteduras de pata provocan que toda la trama de Orgullo y Prejuicio se vaya a pique, los protagonistas empiecen a casarse con quien no deben o, en el peor de los casos, emigren a África y se conviertan en misioneros.
El caso es que Lost in Austen tiene momentos muy divertidos. Memorable el primer encuentro con Lydia Bennett, cuando una confusa Amanda Price se piensa que todo es una broma de cámara oculta y le enseña su pubis depilado (otra tonta que hace lo que dice el Elle). O cuando se emborracha en el baile y le da un morreo a un tremendamente casto Bingley y también divertidísimo cuando en su primera fiesta en Pemberley acaba cantando Downtown de Petula Clark para ocultar que no sabe tocar la pianola, dejando patidifusos a los asistentes. Ojalá la televisión de este país hiciera productos así de bien rematados, porque, por supuesto, esta mini-serie cuenta con toda la calidad, producción, diseño, etc. de todas las series de la BBC.
Un lujo en el que perderse una tarde de lluvia.


