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miércoles, noviembre 21, 2012

Ceniceros de recuerdo

Fue hablar de ceniceros bizarros y Carmona Dixit, la Mujer de los Cien Seudónimos, que nos honra con su presencia en este blog desde prácticamente sus comienzos (¡qué paciencia, y qué generosidad!), nos habló de un cenicero familiar con la misma temática.

Y nos lo envió rápidamente (no el cenicero, sino las fotos).

Yo, sin embargo, no soy tan eficaz ni tan dispuesto como ella, y por eso he tardado tanto en publicar este post con las bellas imágenes. Y lo hago ahora:


No tiene la forma de España, no, porque la genialidad no se repite con tanta frecuencia como sería de desear, pero me encanta el diseño estilo tazón de ColaCao para el cenicero. Se lo imagina uno lleno de ceniza hasta los bordes. Dos kilos de ceniza.



Luego está también el dibujo de la isla y de sus lugares emblemáticos. Se nota que este cenicero más moderno porque han suprimido lo que es políticamente incorrecto que sí había en lo de Mallorca. Es decir: las chicas en bikini. Qué tristes tiempos estos en los que si haces un cenicero para promocionar Ibiza no puedes poner piernas y culos y tetas y cocaína. Para lo que hemos quedado.




Lo que si queda son las flores y el avión. Los aviones que no falten, porque siguen teniendo magia. Y la magia es importante cuando hablas de los recuerdos.

lunes, octubre 22, 2012

Resumen de Mallorca

Ya dijimos en esta santa casa tiempo ha que nos parecían muy normales ciertos objetos que, vistos con cierta distancia, son muy bizarros. En esta categoría pueden encuadrarse, creo yo, el 90% de los souvenirs que son fabricados en el mundo. Pongamos de ejemplo este cenicero que hay en casa de mis padres desde hace unos veinticinco años (edad estimada por mis progenitores, qué memoria para esas cosas), recuerdo, como es evidente, de Mallorca:


Mallorca dentro de un mapa de España. España como un cenicero. Lleno de colillas y de cenizas. No sabe uno cómo se da el caso de que suelen los más patriotas los que más maltratan al país y lo dejan hecho una pena.

El caso.

El souvenir presenta, como debería ser obligatorio en un souvenir, un resumen del lugar que representa. Este lo hace, como notaremos si hacemos zoom:

Una rubia en bikini a la izquierda y una morena jamona a la derecha; otra chica en bikini lanzándose de cabeza al sur; varios barcos y un avión; un piano; ; un árbol; la Catedral; unos novios en su luna de miel, enamorados (recuerdemos que el cenicero tiene 25 años); un tonel de vino, un señor que empuja un tren (?) y un gurruño que no sé lo que es.

Con cosas así se mejora la cultura general de un país. Es como el Reader Digest de los souvenirs. Es un souvenir perfecto. De hecho sólo podría ser mejor si... Si tuviera en la parte de atrás esto:


¡Claro que sí! ¡Un poema con ripio! 

Y que nos diga que es recuerdo de un sitio concreto por si acaso no nos acordamos de dónde es. Cosa que sucede mucho con los souvenirs, vaya usted a saber por qué. Menos con la Torre Eiffel.

martes, mayo 31, 2011

Yo me he criado viendo estas cosas

Ya hablamos aquí de algún objeto que había en casa de mis padres y que me parecía lo más normal del mundo cuando parecían salidos del cerebro de algún artesano pasado de LSD. Hace poco me fijé en otro que estaba junto a la puerta. Ya imaginan ustedes la cantidad de veces que debo haber visto esto sin llegar a verlo de verdad:

La cosa es un llavero Recuerdo de San Sebastián de los Reyes en el que se detallan cosas que tampoco es que sean precisamente típicas de San Sebastián de los Reyes: los zuecos, la especie de caldero de cobre y esos señores que parecen baturros o algo parecido. Yo creo que es un Recuerdo Falso, en fin, porque jamás he visto yo en San Sebastián de los Reyes cosas parecidas a esas.

Por otra parte, ¿por qué alguien que vive en San Sebastián de los Reyes se compra un souvenir de San Sebastián de los Reyes?

viernes, mayo 07, 2010

Infancia bizarra

A mí, claro, me parecía lo más normal del mundo porque en mi casa siempre había estado allí. Pero de pronto un día me acordé de la caja de puros que guardaba mi padre en el mueble bar. Mi padre no fumaba, excepto algún domingo que otro. Cogía un puro -recuerdo del enlace de Fulanito y Menganita, ponía en la vitola-, lo encendía y se lo fumaba con un cubalibre o un coñac, haciendo oes de humo. La caja de puros era esta:



Exacto, eso es, no les engañan sus ojos y sus oídos. Una caja de puros con un sobrerrelieve de don Quijote y Sancho Panza que al abrir hace sonar Si yo fuera rico. ¿Cuál es la conexión? No lo sé. A mí me parecía normal, ya digo. A saber qué montón de cosas de mi vida que me parecen normales son en realidad cajas de puros bizarras.
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