Eso es. Gracias a una promo de Bloguzz hemos probado en esta vuestra casa un servicio de comida a domicilio llamado Just-Eat. Y vamos a contarlo. Todo por nuestro público.
Veréis, niños (abuelo Cebolleta ON), cuando el señor Palomares era un jovencísimo, delgadísimo y guapísimo creativo, eran muchas las noches en las que tenía que quedarse por la noche a trabajar en la malvada agencia. Lo normal en aquellos casos era pedir unas pizzas del Telepizza y joderse (la vida y el estómago), pero cuando estábamos rumbosos (cuando había algún director creativo presente que se hiciera cargo) llamábamos al Baguise, un servicio que incluía varios restaurantes de postín y que por un suplemento te traía lo que tú quisieras de cada uno de ellos.
Pues bien. Just-eat sigue este mismo concepto. De hecho, entre la oferta de restaurantes que ofrece están los de Baguise, que se encarga, si no entiendo mal, del propio envío a domicilio.
Registrarse en la página es rápido: lleva un minuto como mucho. En realidad la usabilidad de la página es bastante buena, todo parece muy sencillo. Empiezas poniendo tu código postal y aparece una selección de restaurantes que sirven en tu zona.
Aquí surge la primera dificultad. Para empezar, aparecen muchos restaurantes y resulta difícil, al principio, elegir entre unos y otros, porque la oferta es muy variada (lo cual por otra parte es una ventaja). Imagino que con el tiempo acabarás teniendo tus favoritos (de hecho hay una opción para guardar anteriores pedidos y así ahorrar tiempo en la siguiente ocasión). Con un breve vistazo, puedes ver algunos datos importantes sobre los locales -muy buena idea-: el tiempo de entrega, los gastos, la evaluación de los clientes, el tipo de comida, etcétera. Para no volverte loco, puedes elegir por tipo de comida o introducir el nombre de un plato concreto para que la web te haga la selección.
Hay pocas posibilidades, por desgracia, para ordenar la lista de los restaurantes. Personalmente eché mucho de menos dos:
1)Por proximidad a mi domicilio: está muy bien tener la lista de los que entregan en mi casa, pero quiero saber claramente de dónde proceden. Con entrega a mi barrio, por ejemplo, aparece un restaurante de Móstoles; sin duda me traerán la comida, ¿pero a qué temperatura? Debería poder discriminar fácilmente entre los restaurantes más cercanos y los más lejanos, porque me facilitaría la selección sin tener que ir mirando todo el rato en Google Maps dónde está el restaurante que he elegido.
2)Por precio. No hay manera de saber si el sitio que estás mirando es un chino de barrio o un chino imperial hasta que no pasas al menú y miras los precios. Estaría bien tener un rango que te oriente sobre en qué precio aproximado está el restaurante antes de entrar en la página específica del restaurante.
Accediendo a las opiniones de los usuarios puedes saber algo más sobre el restaurante:
Naturalmente, al ser una recopilación de opiniones al estilo 11870, las opiniones valen tanto como los usuarios. De momento no hay demasiadas, así que en muchos casos uno pide a ciegas.
En otra página -igual sería buena idea que estuviera en la misma, aunque tal vez quedaría demasiado abigarrada-, puedes acceder al menú:
Es fácil seleccionar y añadir al pedido. Una vez hecho pasas al pago, donde ya te dicen la hora estimada de entrega -en nuestro caso se cumplió con exactitud, al minuto-. Aquí tropezamos con otra dificultad cuando intentamos pagar, por culpa de la inestabilidad de nuestra conexión a internet -la culpa, hay que decir, era nuestra, y no de JustEat-. Aparentemente habíamos pagado pero no aparecía en la web la confirmación final. Lo cual nos permitió probar el servicio de atención al cliente.
Tienen un servicio via chat para que alguien te asesore o te resuelva dudas. Lo del chat parece muy moderno pero no estoy seguro de que sea la mejor opción: es bastante más lento que por teléfono, y como sucede cuando intentas ligar con conejita79, siempre te parece que tienes tú más interés que ella. Tras un rato en que están mirando lo que sucede, me dicen que la orden no se ha cursado, y que puedo volver a intentarlo. Cosa que hago y esta vez sí funciona.
Al rato llega la comida. Curiosamente, el repartidor la trae en bolsas de papel de Baguise y no de JustEat.
Actualización: Me escribe la gente de JustEat diciendo que como he tenido un problema con el pago y quieren que mi experiencia resulte satisfactoria, me regalan un cupón descuento para el próximo pedido. Además me explican exhaustivamente el sistema de pago que usan. No sé si es la típica respuesta programada que se aplica cuando surge un problema cualquiera con cualquier cliente o es el poder del Cerdo Agridulce, pero en cualquier caso es un punto a su favor. ¿Os acordáis de los tiempos en los que la opinión o la satisfacción del consumidor no valían absolutamente nada?
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sábado, octubre 29, 2011
martes, septiembre 14, 2010
Croquetas, concursos y queso Boffard
Los que sois habituales de este foro sabéis que no hay nada que guste más aquí que: a) un anuncio bizarro (preferentemente fabricado en un ordenador casero y usando alguna tipografía cursi como la Comic Sans); b) una canción hortera (preferentemente acompañada de un vídeo más hortera aún colgado en Youtube.com) y, por último, pero lo primero en importancia, c) una buena croqueta.

En El Sabor del Cerdo Agridulce vivimos para las croquetas. Y, lo que es más, nuestra grasa corporal vive de ellas.
Nuestra dedicación en el área croquetil es total y digna de merecer un premio de investigación serio. Es un compromiso que nos ha llevado a viajar, estudiar, explorar y usar Sal Eno con más frecuencia de la deseada. Claros ejemplo de ello ha sido nuestro post estrella, La Ruta de la Croqueta, y nuestro segundo post estrella, La Ruta de la Croqueta II, seguidos los dos muy de cerca de todos los post que hacen referencia a la palabra "culo". Vamos, que cuando se trata de croquetas en el área de Madrid somos toda una eminencia y si ponéis las palabras "ruta" y la palabra "croqueta" en Google salimos en la primera y en la segunda posición. No es un farol, pinchad aquí y lo veréis. Exacto, ni Ferrán Adriá, ni José Andrés, ni Arguiñano... El Cerdo Agridulce es el campeón en sapiencia croquetera de este país.
Aunque... desde que Mr. Palomares y yo hemos abrazado la paternidad y vivimos gobernados por dos extrañas criaturas de apenas un metro de estatura, hemos abandonado bastante nuestra labor divulgativa croquetil. Lo intentamos, señores, pero es duro dedicar tantas horas a una actividad que requiere dedicación exclusiva. Sobre todo, cuando tienes que estar pendiente de que las criaturas no desmonten el chiringuito en vez de concentrarte en la calidad del rebozado o la consistencia de la masa.
Es una pena. No, es más: es una Tragedia.
No podemos dejar que algo así suceda porque si nosotros abandonamos, ¿quién retomará la investigación croquetística en nuestro lugar? ¿Sabéis de alguien con tanta vocación y tanta resistencia en el hígado? Nosotros tampoco. Es por eso que, hace unos días, cuando mi cuñado me informó sobre el concurso que los Quesos Boffard han puesto en marcha en internet, decidí que había llegado el momento de retomar mi investigación y trabajar en aras de la Ciencia de la Masa de Croquetas.
Quesos Boffard ha convocado un concurso de recetas a través de su página en Facebook y de su blog. Recetas, of course, que incluyan alguno de sus productos. ¿El premio? Un taller de cocina para doce blogeros instruido por Joaquín Felipe, cocinero del Europa Decó, el restaurante estupendísimo del Hotel Urban de Madrid.
Yo no es que quiera ganar para conocer en persona a Joaquín Felipe o pasarme un día fantástico aprendiendo sobre cocina o ponerme morada a degustar exquisiteces. No, qué va. Yo lo que quiero es ponerme en manos de un profesional que me ayude a llegar al Nirvana de las Croquetas. Se supone que para participar tengo que colgar una receta en este post que incluya alguno de los quesos Boffard y pensé ¿qué mejor receta que mi receta personal de las croquetas, las croquetas Rus tantas veces mencionadas en este blog? Pues nada, señores, en absoluta primicia ahí va mi la famosa receta de croquetas de jamon y huevo/cocido y huevo personalizada para Boffard.
Ingredientes:
* 170 gr. de harina.
* 800 ml. de leche (yo uso leche fresca entera, con toda su grasaza, sólo para esto) o 600 ml. de leche y 200 ml. de caldo de cocido (si sois precavidos y el día anterior os habéis puesto ciegos a garbanzos y sus complementos).
* 150 gr de jamón ibérico picado (no racanéis, un jamón excelente hace unas croquetas excelentes) o 150 gr. de restos del cocido (falda, gallina y chorizo picaditos) o un mixto.
* 2 huevos de corral cocidos también picados.
* 30 gr. de cebolla o una escalonia pequeña
* 1 cucharada de mantequilla (volvemos a lo mismo, mejor mantequilla = mejores croquetas)
* 50 gr. de aceite de oliva (idem anteriores ejemplos, usad lo mejor que os podáis permitir).
* 75 gr. de queso curado Boffard (podéis hacerlo también con queso viejo Boffard, pero me parece que un sabor tan fuerte competiría demasiado con el jamón, si os habéis gastado bien la pasta y el jamón sabe a algo, claro).
* Sal, pimienta y nuez moscada (yo la rallo en el momento).
Para rebozar:
* 2 huevos (apuesto por los ecológicos)
* Pan rallado (como soy más chula que un ocho y tengo Thermomix en casa, lo rallo yo misma).
Para freír:
* Aceite de oliva (no reciclado, por favor, estamos intentando hacer una Obra Maestra).
Preparación:
1.- Primera parte, la masa.
Picar la cebolla o escalonia muy finita y pocharla en el aceite previamente calentado a temperatura media con la mantequilla. Cuando esté casi dorada, añadir la harina y remover rápidamente intentando que no se tueste demasiado, en ese caso sabría demasiado a harina y eso es de las peores cosas que te pueden pasar con tu masa de croquetas (si no consideramos la opción de que alguien te la robe, que es bastante peor). Cuando todo lo que hay en la sartén ha cogido un bonito color dorado añadir poco a poco la leche y el caldo sin dejar de remover. A continuación añadir la sal, la pimienta y la nuez moscada bien rallada. Y no paréis de remover. Si creéis necesario, bajad el fuego un poco para controlar mejor la textura porque aquí está El Reto o La Madre del Cordero. Otra cosa que aprendí de mi madre, Gran Maestra Croquetera de la Orden Rus, es que nada te impide deshacerte de los grumos de la forma más sencilla. Es decir, si ves que no puedes controlarlos, paras, lo echas todo en un bol y dale a la batidora hasta conseguir una masa sin grumos. Vuelta a la sartén y a remover. Llegados a este punto, añadimos el jamón o el picadillo de cocido, el queso curado Boffard y los huevos cocidos. Y vuelta a remover. Comprobamos si el punto de sal es el correcto y nos enconmendamos a El Hacedor de Croquetas, ese gran ente que controla si nuestra masa tiene la consistencia necesaria. Si no la tuviera, pues añadimos un poquito de harina y removemos un pelín más. Volcamos la masa en una bandeja de horno que tenga un buen fondo y dejamos enfríar unas horas.
Este paso se puede hacer en la Thermomix apretando unos botones y poco más, con la garantía de que la masa te va a salir perfecta siempre. Pero yo no voy a convencer a nadie para que se una a nosotros, únete, únete a la secta... cada día somos más... thermomixxxxxxx...
2.- Segunda parte, montar las croquetas.
Una vez la masa esté bien fría procedemos a montar croquetas, paso tedioso que en casa de mis padres se realizaba mediante un escrupuloso sistema de turnos entre los tres hermanos. Con la ayuda de dos cucharas soperas extraer y dar forma a una porción de masa que no sobrepase el interior de una de las cucharas, pasar por el huevo recién batido, escurrirlo bien y por el pan rallado a continuación, terminando la forma con las manos (asqueroso pero efectivo). Repetir el proceso hasta que estés mareado, terriblemente aburrido y tus manos tengan varias capas de pan rallado de grosor.
3.- Tercera parte, freír las croquetas.
Calentar el aceite de oliva en una sarten pequeña asegurándote de que hay, al menos, tres dedos de aceite de fondo. A mí me gusta tenerlo siempre a fuego medio, pero la razón es que suelo congelar las croquetas en el paso anterior y si las echo en aceite muy caliente se me quedan congeladas por dentro. De todas formas, y como todo en la vida, se trata de ir viendo y tratando de que los contrastes no hagan que las croquetas se abran. Cuando estén doraditas se escurren en papel de cocina y se sirven.
Un consejo para su consumo: acompañarlas de un buen vino y de mejor compañía.
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jueves, noviembre 26, 2009
Sergi Arola se pega otro tiro en un pie
¿Lo saben aquell que diu que sale Sergi Arola, dos estrellas Michelín, en un anuncio del Lidl y dice que para la cena de Navidad va a hacer tal y tal cosa y entonces sale el calvo del Lidl y es un anuncio del Lidl y Sergi Arola le llama amigo y le dice que la cena va a ser en su casa y que él (el calvo) es el que tiene que comprar los ingredientes? Y que al final sale Sergi Arola y dice: No se engañe, la calidad no es cara.
A mí Sergi Arola me cae fatal, la verdad por delante. Me parece un cretino con un ego descomunal. Me extraña por eso que un tipo con tanto ego pueda jugar con su imagen con tanta indiferencia, martirizándola. Arola, que vive esencialmente de realizar una cocina vanguardista al alcance de muy pocos, dice a toda España que la calidad no es cara. Será por eso que cobra 160 euros por el Menú Gastro, 125 por el Menú Sergi, 105 por el Básico, etcétera. Arola ya participó en un programa de televisión que le perjudicó más que le ayudó, Esta cocina es un Infierno, reality en el que dirigía un grupo de famosos en la cocina. Arola busca, supongo, convertirse en mediático de la misma manera que lo es Adriá, o Arzak o Berasategui. Y salir en un anuncio del Lidl, aparte de la pasta, es un paso más.
La cuestión es que si yo soy un cliente de Arola y le veo aparecer en el Lidl me daría la impresión de que me ha tomado el pelo; o que me lo toma ahora. Su credibilidad se debilita. Y la credibilidad es lo más importante de la imagen.
El movimiento también es extraño para Lidl, porque Arola no es un cocinero tan conocido para su público. Mi madre no sabe quién es Arola, y la tuya tampoco (a menos que seas Arola y me estés leyendo). Si hubiera sido Arguiñano habría tenido explicación: un cocinero creíble y popular que intenta convencerte de que algo barato no significa malo; táctica de libro. Pero Arola no va a convencer a nadie, me temo: a sus seguidores porque jamás en la vida se meterían en un Lidl. Al mortal común, porque no saben quién es.
Anuncio raro raro raro.
A mí Sergi Arola me cae fatal, la verdad por delante. Me parece un cretino con un ego descomunal. Me extraña por eso que un tipo con tanto ego pueda jugar con su imagen con tanta indiferencia, martirizándola. Arola, que vive esencialmente de realizar una cocina vanguardista al alcance de muy pocos, dice a toda España que la calidad no es cara. Será por eso que cobra 160 euros por el Menú Gastro, 125 por el Menú Sergi, 105 por el Básico, etcétera. Arola ya participó en un programa de televisión que le perjudicó más que le ayudó, Esta cocina es un Infierno, reality en el que dirigía un grupo de famosos en la cocina. Arola busca, supongo, convertirse en mediático de la misma manera que lo es Adriá, o Arzak o Berasategui. Y salir en un anuncio del Lidl, aparte de la pasta, es un paso más.
La cuestión es que si yo soy un cliente de Arola y le veo aparecer en el Lidl me daría la impresión de que me ha tomado el pelo; o que me lo toma ahora. Su credibilidad se debilita. Y la credibilidad es lo más importante de la imagen.
El movimiento también es extraño para Lidl, porque Arola no es un cocinero tan conocido para su público. Mi madre no sabe quién es Arola, y la tuya tampoco (a menos que seas Arola y me estés leyendo). Si hubiera sido Arguiñano habría tenido explicación: un cocinero creíble y popular que intenta convencerte de que algo barato no significa malo; táctica de libro. Pero Arola no va a convencer a nadie, me temo: a sus seguidores porque jamás en la vida se meterían en un Lidl. Al mortal común, porque no saben quién es.
Anuncio raro raro raro.
No es el anuncio de Arola, sino una parodia del anuncio de lanzamiento del Calvo del Lidl. Que al menos es para echarse unas risas.
miércoles, mayo 21, 2008
¿Sevilla connection? Nooooo: Sevilla Fusión.
¿Quién nos iba a decir a nosotros hace diez años (qué jovenes y qué delgados éramos entonces y qué antítesis de aquello somos ahora) que nos íbamos a volver de un moderno que "pa qué". Ni nos lo hubiéramos creído entonces ni nos lo creemos del todo ahora. Puede que el paletismo sea innato y por mucho que lo intentemos nos cuesta aceptar la realidad en la que nos hemos convertido.
Pero no podemos negarlo.
Somos modernos. Super modernos.
Por eso, cuando este fin de semana nos escapamos a Sevilla a concedernos un par de días de libertad y soltería (¡prepárate mundo, que vamos sin niñas!) nos alojamos en el hotel más cool, qué digo, más Super-Mega-Cool-Tope-Fashion-Of the world, de Sevilla: el Hotel Eme Fusión.
El Hotel Eme Fusión es tan moderno, que en las fotos las modelos salen desenfocadas. Como esta:
Tan moderno, tan moderno que el taxista que nos llevó hasta allí desde la estación de Santa Justa no sabía nada de su existencia. Lo que sí sabía (y el tío acertó) era que le dolía un montón la rodilla y que al día siguiente iba a llover en Sevilla. Y de lo lindo. Poco se imaginaba él lo que se estaba cociendo allí justo en el centro de su ciudad, porque cuando llegamos a la calle Alemanes el taxista insistió y requeteinsistió en que nos bajáramos a preguntar en la Pensión Marisol, porque era casi seguro de que era allí dónde íbamos dos arrastrados como nosotros y que enfrente de la catedral no había ningún hotel de lujo ni nada que se le pareciera (y dejarme en paz, pesaos más que pesaos). Pobre hombre. Así se llevó el susto que se llevó cuando le indicamos que parara enfrente de un edificio con una gran cortina blanca y un tiparrón de dos metros de alto, negro como el carbón, con un sombrero de paja y traje de matón de los años 30 se acercó a abrirnos la puerta y darnos la bienvenida. El taxista salió corriendo a refugiarse en un bar de los de siempre y renegar de los Nuevos Tiempos Que Vienen. Y es que, como digo, el Hotel Eme Fusión es más que moderno. Es el colmo de lo moderno. Por eso, ningún taxista sevillano sabe de su existencia. Por eso, las bañeras están colocadas en medio de las habitaciones. Por eso, todos sus empleados parecen haber salido de SuperModelo (de las ediciones anteriores porque la del 2008 es una ful de Estambul). Y los huéspedes también. Menos nosotros. Tan grave era la cosa que el Sr. Palomares y yo nos íbamos escondiendo por las esquinas, porque éramos, de lejos, los tipos más feos y más arrastrados de todo el lugar. Es lo que tiene ir a sitios tan chupis.
Pero es que una tenía el capricho de darse un baño aquí:

Y de pasear por acá:

Y de que me recibieran con flores y una vela que olía a gloria bendita. Lo que no me hizo tanta ilusión fue tener que darle conversación durante diez minutos a un tipo que se empeñó en enseñarnos la habitación (¿para qué?) y que nos atosigó a preguntas tipo "¿Y qué tal el viaje?", ¿Y qué tal el AVE?", "Pues parece que va a llover", "¿Están los señores a gusto?"... Uff, en esas cosas (y en muchas otras que no voy a mencionar hoy) se nota que soy una chica de Vallecas y el Sr. Palomares de pueblo. En fin, que si os queréis echar unas risas, que os den bombones y WIFI por la cara y sentiros como ricos (y pagar como tales) el Hotel Eme Fusión es el sitio perfecto en Sevilla. Pero el hotel Eme Fusión no es sólo diseño y vistas inmediatas a la Giralda... También es Gastronomía Con Mayúsculas. Y es que el desayuno buffet de este cinco estrellas es de lo mejorcito que he visto nunca: con zumos naturales de todo lo que podáis imaginar, jamón ibérico del mega bueno (aunque como dice mi compañero y sevillano, el Gran Tavo, es que en Madrid no estamos acostumbrados a que en los bares sirvan jamón serrano que no sea Navidul y cualquier cosa nos parece estupenda) y todas esas cosas que nunca te harías en casa como bikinis, huevos revueltos con trufa y menudencias del estilo. Para que os hagáis una idea más concreta de lo que os estoy contando sólo tenéis que echar un vistazo a la imagen de aquí:

Si eres un huésped del hotel Eme Fusión no tienes ni que molestarte en darle vueltas a un molinillo para moler sal marina encima de tu tostada. ¡El molinillo lo hace solo! ¡Al apretar un botón! ¡Y se enciende una luz interior! ¡Queremos uno a la voz de ya! ¡Queremos vivir como los ricos y no volver a moler sal!
Como comprenderéis, después de toda esta experiencia nos costó mucho salir del hotel. Pero hicimos un esfuerzo y nos fuimos a conocer Sevilla. O más bien, a su gremio hostelero porque el museo de no-sé-qué pintor famosillo de Sevilla estaba de reformas y la Giralda y la Torre del Oro se ven mejor por fuera que por dentro, ¿no? El caso es que nos dedicamos a comer. Y a comer bien, oigan. Siguiendo los consejos de Ligasalsas nos dimos un festín en Becerrita, donde, por fin, pude hace realidad mi deseo de trasegarme un lomo de buey kobe además de otras cosas deliciosas. Interesante fue también nuestro descubrimiento muy cerquita del hotel (¡qué le vamos a hacer! Somos asín de vagos...) de un establecimiento de delicatessen y vinos llamado Puracepa, donde nos pusimos morados a base de Ribera del Duero y de pringá con huevo de codorniz.
Pero el Gran Descubrimiento fue un pequeño restaurante, justo enfrente del hotel Alfonso XIII, llamado Salvador Rojo, donde nos metimos un menú degustación de los que hacen historia (y de los que luego pasan factura en la cinturilla de mis vaqueros).
En fin, que recomendamos gratamente la experiencia (sobre todo, la experiencia de ir sin niñas y de ponerse morados hasta las trancas) y aguantaremos los reproches de nuestra dietista de Naturhouse con paciencia y resignación y sin dejar de pensar que algún día volveremos a Sevilla a volvernos a poner morados y a alojarnos en un sitio tan cool como el Eme Fusión.
Pero no podemos negarlo.
Somos modernos. Super modernos.
Por eso, cuando este fin de semana nos escapamos a Sevilla a concedernos un par de días de libertad y soltería (¡prepárate mundo, que vamos sin niñas!) nos alojamos en el hotel más cool, qué digo, más Super-Mega-Cool-Tope-Fashion-Of the world, de Sevilla: el Hotel Eme Fusión.
El Hotel Eme Fusión es tan moderno, que en las fotos las modelos salen desenfocadas. Como esta:
Tan moderno, tan moderno que el taxista que nos llevó hasta allí desde la estación de Santa Justa no sabía nada de su existencia. Lo que sí sabía (y el tío acertó) era que le dolía un montón la rodilla y que al día siguiente iba a llover en Sevilla. Y de lo lindo. Poco se imaginaba él lo que se estaba cociendo allí justo en el centro de su ciudad, porque cuando llegamos a la calle Alemanes el taxista insistió y requeteinsistió en que nos bajáramos a preguntar en la Pensión Marisol, porque era casi seguro de que era allí dónde íbamos dos arrastrados como nosotros y que enfrente de la catedral no había ningún hotel de lujo ni nada que se le pareciera (y dejarme en paz, pesaos más que pesaos). Pobre hombre. Así se llevó el susto que se llevó cuando le indicamos que parara enfrente de un edificio con una gran cortina blanca y un tiparrón de dos metros de alto, negro como el carbón, con un sombrero de paja y traje de matón de los años 30 se acercó a abrirnos la puerta y darnos la bienvenida. El taxista salió corriendo a refugiarse en un bar de los de siempre y renegar de los Nuevos Tiempos Que Vienen. Y es que, como digo, el Hotel Eme Fusión es más que moderno. Es el colmo de lo moderno. Por eso, ningún taxista sevillano sabe de su existencia. Por eso, las bañeras están colocadas en medio de las habitaciones. Por eso, todos sus empleados parecen haber salido de SuperModelo (de las ediciones anteriores porque la del 2008 es una ful de Estambul). Y los huéspedes también. Menos nosotros. Tan grave era la cosa que el Sr. Palomares y yo nos íbamos escondiendo por las esquinas, porque éramos, de lejos, los tipos más feos y más arrastrados de todo el lugar. Es lo que tiene ir a sitios tan chupis.
Pero es que una tenía el capricho de darse un baño aquí:

Y de pasear por acá:

Y de que me recibieran con flores y una vela que olía a gloria bendita. Lo que no me hizo tanta ilusión fue tener que darle conversación durante diez minutos a un tipo que se empeñó en enseñarnos la habitación (¿para qué?) y que nos atosigó a preguntas tipo "¿Y qué tal el viaje?", ¿Y qué tal el AVE?", "Pues parece que va a llover", "¿Están los señores a gusto?"... Uff, en esas cosas (y en muchas otras que no voy a mencionar hoy) se nota que soy una chica de Vallecas y el Sr. Palomares de pueblo. En fin, que si os queréis echar unas risas, que os den bombones y WIFI por la cara y sentiros como ricos (y pagar como tales) el Hotel Eme Fusión es el sitio perfecto en Sevilla. Pero el hotel Eme Fusión no es sólo diseño y vistas inmediatas a la Giralda... También es Gastronomía Con Mayúsculas. Y es que el desayuno buffet de este cinco estrellas es de lo mejorcito que he visto nunca: con zumos naturales de todo lo que podáis imaginar, jamón ibérico del mega bueno (aunque como dice mi compañero y sevillano, el Gran Tavo, es que en Madrid no estamos acostumbrados a que en los bares sirvan jamón serrano que no sea Navidul y cualquier cosa nos parece estupenda) y todas esas cosas que nunca te harías en casa como bikinis, huevos revueltos con trufa y menudencias del estilo. Para que os hagáis una idea más concreta de lo que os estoy contando sólo tenéis que echar un vistazo a la imagen de aquí:

Si eres un huésped del hotel Eme Fusión no tienes ni que molestarte en darle vueltas a un molinillo para moler sal marina encima de tu tostada. ¡El molinillo lo hace solo! ¡Al apretar un botón! ¡Y se enciende una luz interior! ¡Queremos uno a la voz de ya! ¡Queremos vivir como los ricos y no volver a moler sal!
Como comprenderéis, después de toda esta experiencia nos costó mucho salir del hotel. Pero hicimos un esfuerzo y nos fuimos a conocer Sevilla. O más bien, a su gremio hostelero porque el museo de no-sé-qué pintor famosillo de Sevilla estaba de reformas y la Giralda y la Torre del Oro se ven mejor por fuera que por dentro, ¿no? El caso es que nos dedicamos a comer. Y a comer bien, oigan. Siguiendo los consejos de Ligasalsas nos dimos un festín en Becerrita, donde, por fin, pude hace realidad mi deseo de trasegarme un lomo de buey kobe además de otras cosas deliciosas. Interesante fue también nuestro descubrimiento muy cerquita del hotel (¡qué le vamos a hacer! Somos asín de vagos...) de un establecimiento de delicatessen y vinos llamado Puracepa, donde nos pusimos morados a base de Ribera del Duero y de pringá con huevo de codorniz.
Pero el Gran Descubrimiento fue un pequeño restaurante, justo enfrente del hotel Alfonso XIII, llamado Salvador Rojo, donde nos metimos un menú degustación de los que hacen historia (y de los que luego pasan factura en la cinturilla de mis vaqueros).
En fin, que recomendamos gratamente la experiencia (sobre todo, la experiencia de ir sin niñas y de ponerse morados hasta las trancas) y aguantaremos los reproches de nuestra dietista de Naturhouse con paciencia y resignación y sin dejar de pensar que algún día volveremos a Sevilla a volvernos a poner morados y a alojarnos en un sitio tan cool como el Eme Fusión.
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lunes, agosto 27, 2007
¿Haciendo nada o haciendo michelín?
Afirma en este blog mi Otra Mitad, Don Txiquitín Palomares, que durante el último mes nos hemos dedicado a hacer “nada”, bien en Menorca, bien en Madrid.
Pues bien, yo puedo afirmar que eso no se corresponde a la verdad (su tremenda afición a otear chavalas en bikini me impone hacerle un fuerte marcaje durante las vacaciones y le sigo a todas partes), pues si hay algo que hemos hecho durante estas vacaciones ha sido hacer cosas. Principalmente: 1) perseguir a una niña de dos años y medio y 2) comer.
No voy a hablar mucho del duro yugo que supone ser padre de un niño pequeño y sí de esa bonita (y vale, reconozco que cara) afición que tenemos este señor tan simpático y yo a visitar grandes restaurantes de la geografía española. Como sé de buena tinta que, en breve, habrá un post dedicado a nuestras aventuras gastronómicas en Menorca, me concentraré hoy en haceros partícipes de un interesante descubrimiento que hicimos camino de un pueblecito en Guadalajara. Estoy hablando de un estupendo restaurante llamado Amparito Roca.
Ni Txiqui ni yo habíamos oído hablar de Amparito Roca antes, pero gracias a esos sacrificados señores que recorren nuestro país y otros poniéndose ciegos y luego concediendo estrellitas/puntitos/soles/etc., supimos de su existencia y no nos lo pensamos dos veces para hacer una reserva. Amparito Roca tenía excelentes críticas, una carta repleta de platos con nombres tan sugerentes como “alubias nuevas con caldo de nécoras” o “lomo de lubina salvaje confitada a 64º en arbequina" y estaba al lado de la salida 55 de la A 2 (imprescindible cuando te pierdes con el coche hasta para ir a casa de tus padres).
Cuando te presentas en un lugar así (de los que se tarda en comer más de tres horas) con una menor de dos años y medio no te esperas que te hagan una fiesta de bienvenida y sí que te tuerzan el gesto y te castiguen en una esquina de cara a la pared. Caso contrario a lo que nos ocurrió en este restaurante, donde el mismisimo Jesús Velasco (dueño y jefe de cocina) estuvo todo el rato pendiente de lo que la niña podía comer y le faltó tiempo para mandar servir unas croquetas de jamón de aperitivo (increíble la única que probé) atendiendo a los caprichos de Julia.
Pero vamos a lo que vamos. Menú de degustación en Amparito Roca. Lo que más me gustó: Gazpacho de Buey de Mar (increíblemente suave), Chipirones sobre Tallarines, tinta y dos almendras (para ponerles un piso), Almejas con verduritas, trucha y aceite de cítricos (servidas con una copita de un vino blanco fresquísimo y más ligero que muchas aguas de este país), Arroz meloso con berberechos y pulpitos (a este le pondría un chalé, lo más de lo más), cremoso de chocolate con naranja y su crujiente, infusión fría de hierbas de la Alcarria con frutillas y, como colofón final, café servido con una exquisita selección de golosinadas y menudencias varias. Y todo ello servido por una troupé de camareros amable, solícita y nada pesada (personalmente, me pone muy nerviosa tener todo el rato a un camarero pendiente de mí) en una gran sala en la que las mesas estaban tan separadas que ni sentimos que varios comensales fumaban a la vez. Estoy segura de que hubo otras cosas destacables (porque la verdad es que era todo delicioso pero no recuerdo el “todo”) pero después de dos horas de estar sentada en una mesa la niña esa que es pariente mía ya estaba aburrida de coquetear con aquellos camareros y tuvimos que entretenerla y llevarla varias veces a los baños (muy bonitos, por cierto) para que coqueteara con otros camareros nuevos en el local. A mí eso me despistó del todo y tengo un par de nebulosas color gris niebla en mi memoria. Pero, repito, todo me pareció estupendo y chipendi lerendi.
En definitiva, con nosotros triunfaron y con Julia ni te cuento.
Después de tan maravillosa experiencia, regresamos a nuestro coche y nos dirigimos a vivir otra maravillosa experiencia en las fiestas de Albendiego. Pero esa es otra historia, ese es otro post…
viernes, agosto 24, 2007
Encuentre las siete diferencias
Lo que cambian las cosas de un año para otro. El año pasado, por ejemplo, veraneábamos en Portugal y lo normal es que al pasar cerca de un restaurante viéramos esto:
Este año, en Menorca, también tropezábamos con carteles en los restaurantes que ofrecían sus productos, a ver si notáis la sutil diferencia:
Texto en tres idiomas y por si alguien no conoce los idiomas foto al canto, que aquí hay que asegurar el tiro. Esto va a ser que es lugar de turistas, ¿no? Lo es, lo es. Aquí están preparados para atender al extranjero; que podían aprender idiomas, pero donde esté un dedo para señalar el plato que se quiten esos inventos raros de los lenguajes. En fin, no creáis que me parece mal, a todos nos vendría mejor si en los restaurantes chinos apareciera una foto del plato. O aquella vez, hace años, que estuve en Budapest y pedí guachi guachi stropovna, que todavía no sé lo que es pero cuyo ardor aún hoy me acompaña en las noches de cielo raso -otro día, por cierto os cuento mi Teoría del Pollo Universal (c)-. Es más, ya me pongo revolucionario: en todos los restaurantes, incluidos los españoles para españoles, que te llevas unas sorpresas a veces que madre mía.
Lo que sí podrían estos hacer es cuidar un poco las fotos de los platos, que da cualquier cosa menos ganas de comer. Que no me entendáis mal: a mí la estética Plato Combinado me parece fantástica, me encantaría conocer a los que se ganaban la vida haciendo fotos de esas, hace treinta años. Pero coño, que estamos ya en otra época digital y tal. Arregla esos desvaídos.
En fin, será un caso aislado.
Lo que sí podrían estos hacer es cuidar un poco las fotos de los platos, que da cualquier cosa menos ganas de comer. Que no me entendáis mal: a mí la estética Plato Combinado me parece fantástica, me encantaría conocer a los que se ganaban la vida haciendo fotos de esas, hace treinta años. Pero coño, que estamos ya en otra época digital y tal. Arregla esos desvaídos.
En fin, será un caso aislado.
Que no lo es, claro, porque la ventaja competitiva de tener fotos de platos hay que tratar de eliminarla. Atención a las hamburguesas volantes de arriba.
Y cuando piensas que lo has visto todo en este tipo de publicidad gastronómica, zasca:
Y cuando piensas que lo has visto todo en este tipo de publicidad gastronómica, zasca:
El monolito de platos. El tótem primordial. Las megachuletas con patatas de la base. En un momento parecíamos nosotros dos los monos de Kubrick con el monolito de 2001. ¡Oh, qué sobrecogedor descubrimiento! ¿Qué significará?
Pero a lo que interesa: ¿qué tal se come en esos sitios? Ay, amigos míos, no tenemos ni idea, que no entramos en ninguno. Nosotros somos demasiado listos para caer en sitios de estos de playa. O eso pensábamos.
Pero a lo que interesa: ¿qué tal se come en esos sitios? Ay, amigos míos, no tenemos ni idea, que no entramos en ninguno. Nosotros somos demasiado listos para caer en sitios de estos de playa. O eso pensábamos.
(Continuará)
En el próximo episodio: Bea y don Álvaro se besan en el ascensor que conduce a la playa.
lunes, febrero 19, 2007
Chistorra de Navarra con guarnición de buen rollo
Lizarrán es una franquicia de restaurantes especializados en tapas que se está expandiendo rápidamente por España (dice su web que son los líderes mundiales de tapas). Igual es por su oferta, tal y como vimos en uno de sus locales en la calle Alcalá:
Oferta imbatible, creo yo. Aparte de la alambicada primera frase, que es bastante torpe, ¿quién podría resistirse a un menú que incluye el cariño de los camareros? En estos tiempos de fría búsqueda del beneficio a corto plazo, es reconfortante que un camarero tenga tiempo de hacer una declaración de amor al cliente en la pizarra-anuncio del local. Parece una tontería, pero a mí me da buen rollo. Enseguida me imagino a un camarero dándote de comer -bueno, yo me imagino a una camarera, con el vestido muy ceñido, pero eso son cosas mías-, limpiándote la boquita si te manchas. Me he acordado de ese personaje de Tres sombreros de copa, el dueño de la pensión que arropa a sus clientes por la noche y, si no pueden dormir, les toca una serenata con la trompeta.
No sé si el mensaje cariñoso es marca de franquicia o una iniciativa del local de Alcalá, pero desde este humilde rincón os damos la enhorabuena.
No sé si el mensaje cariñoso es marca de franquicia o una iniciativa del local de Alcalá, pero desde este humilde rincón os damos la enhorabuena.
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comer,
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lunes, enero 15, 2007
Globalización del chocolate
Un día fuimos a comer a un sitio de Madrid llamado La Finca de Susana. Es un local amplio con un montón de mesas en el que se ofrece cocina moderna a precio muy ajustado -una estupenda relación calidad precio-. En el apartado de postres había uno que nos llamó la atención. Se llamaba Chocolatísimo y la carta decía que había que pedirlo con 15 minutos de antelación.
Hay pocas cosas que me gusten más que las croquetas; el chocolate es una de ellas. Así que pedimos el postre y no nos defraudó. Era una especie de bizcocho-magdalena de chocolate relleno de chocolate caliente en un plato con la mitad de chocolate negro y la mitad de chocolate blanco. Tenía pinta de ser realmente difícil de preparar, porque parte estaba caliente, parte estaba frío, la elaboración no era de estas que salta a la vista cuando la ves. Yo recelo de estas cosas complicadas, me parece que hay muchas oportunidades para el fallo, soy así de desconfiado. Y más si salen baratas, sobre todo tras La Aventura del Restaurante Misterioso. Pero vaya, tenía tanto chocolate por todos lados que así es muy difícil fallar, y no fallaron: me encantó el plato.
Un par de meses más tarde fuimos a un sitio llamado La Gloria de Montera, y oye, tenían un postre que se llamaba Chocolatísimo. Lo pedimos con nuestros quince minutos de anticipación y claro, era el mismo. Digo claro porque los propietarios de La Finca de Susana y La Gloria de Montera son los mismos, y las cartas casi iguales. O sea que es normal que ofrezcan lo mismo.
Y luego un día estuvimos en el Café Óliver, que ya ha salido por aquí a causa de su brunch, y no adivinarán en la vida el postre que tenían en la carta. Ah, pues sí lo han adivinado. El Chocolatísimo, excepto que no se llama Chocolatísimo, sino Bomba de Chocolate. Que también suena a que te va a gustar, no lo niegues. Y sí. Igual. O sea que no debía ser tan difícil cocinarlo.
Y luego fuimos al Bazaar y como son del mismo grupo que la Gloria y la Finca, pues ya sabíamos qué había de postre. Y lo pedimos, claro, nosotros no descuidamos las costumbres.
Y una noche fuimos a cenar al Gaztelupe, que es un restaurante vasco de los de toda la vida, ¿y tenían el Chocolatísimo? Pues no, tenían el Soufflé caliente-frío de chocolate. Lo pedimos y era un Chocolatísimo disfrazado de francés. Y aquí ya no ponía lo de los quince minutos ni leches.
En resumen: el postre de chocolate conocido como Chocolatísimo se extiende con mayor rapidez que el mejillón tigre. Puede que sea porque un virus mutante obliga a los cocineros de todos los restaurantes a hacer chocolatísimos. O porque ha salido en un programa de Arguiñano sin que yo me entere y todo el mundo sabe hacerlo. O que la estandarización de los gustos llega a cosas tan estúpidas como un postre de chocolate de aparente difícil elaboración. Ahora lo raro es que vayas a otro sitio, pongamos La Gamella, pidas la Muerte por chocolate y no te traigan un Chocolatísimo sino una tarta fría de chocolate con forma piramidal. ¿Pero qué estafa es esta?
Que no me estoy quejando, a mí el Chocolatísimo ese me encanta (si lo hay lo pido), pero, ¿no es un poco raro que en todos sitios nos den lo mismo? Como si lo ofrecieran como número 1 de un fascículo coleccionable. Cualquier día de estos entras al McDonalds y de postre te ponen un Chocolatísimo. Veo un futuro en el que habrá un Chocolatísimo en cada restaurante. De hecho pedirás tarta de limón y te traerán Chocolatísimo. "No, es que no sabemos hacer otra cosa". Nuestra vida será una continua degustación de Chocolatísimos. Menos en casa de mi madre, que el suflé siempre se le hunde. Y al final acabas comiendo fruta de postre. Con lo poco que me gustan los kiwis, mamá.
jueves, octubre 05, 2006
La Aventura del Restaurante Misterioso
El Bierzo es una hermosa comarca de León donde hace mucho frío, pero mucho, mucho tirando a glacial. Como es habitual, para compensarlo los bercianos se han especializado en recetas con alto contenido calórico: entre otros, el cocido berciano, la cecina y el que es seguramente el producto más bruto de la gastronomía española: el botillo.
El arma de destrucción masiva conocida como botillo.
La gastronomía berciana (y sus restaurantes típicos) están basados en las materias primas, con mucha carne, mucha legumbre y mucha cantidad de todo. Sitios de ponerse una servilleta al cuello y desabrocharse el botón de los pantalones. Como por ejemplo, Prada a tope. Vamos, que nos encanta.
Para difundir las virtudes de sus productos, en la comarca se celebran anualmente unas Jornadas Gastronómicas muy interesantes. Resulta que llegan a un acuerdo con unos treinta restaurantes para que ofrezcan un menú cerrado a bajo precio con productos típicos de la zona. Ideal para comenzar noviembre: buena comida, honesta, a bajo precio (20 euros). Las de este año, gracias a PerezOso por el enlace, se explican aquí. Merece la pena, yo que vosotros iría.
Para difundir las virtudes de sus productos, en la comarca se celebran anualmente unas Jornadas Gastronómicas muy interesantes. Resulta que llegan a un acuerdo con unos treinta restaurantes para que ofrezcan un menú cerrado a bajo precio con productos típicos de la zona. Ideal para comenzar noviembre: buena comida, honesta, a bajo precio (20 euros). Las de este año, gracias a PerezOso por el enlace, se explican aquí. Merece la pena, yo que vosotros iría.
Bien, basta de introducciones. El caso es que fuimos a unas de esas jornadas hace cuatro o cinco años. Íbamos en grupo, ocho o diez. La zona es bonita y la visitamos a conciencia (Las Médulas, Ponferrada, Astorga, no os pongo enlaces, ya lo buscáis vosotros si eso), pero, vaya, nosotros realmente íbamos a comer. ¿Y dónde comer? Resulta que editan una especie de guía con los restaurantes de las jornadas y cuál es el menú de cada uno de ellos. Viene a ser en casi todos lo mismo:
Primeros: Empanada, Pimientos, Alubias, Cocido, Lacón con cecina, Algo de engordar
Segundos: Costillas adobadas, Botillo, Trucha rellena de jamón, Chuletón, Algo que engorde más.
Postre: Véase respuestas anteriores.
Estábamos ahí eligiendo a dónde ir cuando nos tropezamos con el Restaurante Los Rosales. El menú era espectacular:
Aperitivo: Croquetas de codillo con huevos de codorniz escalfados.
Primeros: Croquetas de la abuela María al estilo de nuestra chef Lourdes. Caldo de berza a la antigua usanza. Vieira a la vinagreta de chafaina y doble emulsión de quesos. Lascas de pimientos en tempura reducidos al jarabe de perdiz.
Segundos: El Botillo, rey del Bierzo, con sus pajes el chorizo, mano de ministro, cachelo, garbanzos y el repollo. Codillo braseado sobre lecho de patatas enlechadas al estilo de antaño.
Etcétera. Por veinte euros. Nos miramos los unos a los otros. Habíamos empezado a conocer las delicias de la nueva cocina: El Bohío, el Andra Mari, el Corral del Indianu. Así que no dudamos: aquí, aquí, este fijo. Hicimos una reserva para cenar.
Segundos: Costillas adobadas, Botillo, Trucha rellena de jamón, Chuletón, Algo que engorde más.
Postre: Véase respuestas anteriores.
Estábamos ahí eligiendo a dónde ir cuando nos tropezamos con el Restaurante Los Rosales. El menú era espectacular:
Aperitivo: Croquetas de codillo con huevos de codorniz escalfados.
Primeros: Croquetas de la abuela María al estilo de nuestra chef Lourdes. Caldo de berza a la antigua usanza. Vieira a la vinagreta de chafaina y doble emulsión de quesos. Lascas de pimientos en tempura reducidos al jarabe de perdiz.
Segundos: El Botillo, rey del Bierzo, con sus pajes el chorizo, mano de ministro, cachelo, garbanzos y el repollo. Codillo braseado sobre lecho de patatas enlechadas al estilo de antaño.
Etcétera. Por veinte euros. Nos miramos los unos a los otros. Habíamos empezado a conocer las delicias de la nueva cocina: El Bohío, el Andra Mari, el Corral del Indianu. Así que no dudamos: aquí, aquí, este fijo. Hicimos una reserva para cenar.
Llega la hora de cenar y nos ponemos en marcha. El sitio está alejado de donde dormimos, vamos allí, buscamos la carretera que pone, no lo encontramos, nos perdemos, damos media vuelta, no hay manera. Llamamos al restaurante. Nos indican: hay que coger la vía de servicio de la carretera tal. Ah, cogemos la vía de servicio y llegamos a una gasolinera. Esta:
Foto real. No, en serio, te lo juro.
¿Eh? No puede ser. ¿Una estación de servicio? Sí, ahí pone Los Rosales. ¿Qué hacemos? ¿Entramos? Miramos por la ventana. Parece un restaurante de una estación de servicio también por dentro.
-Oye, ¿y si nos vamos a otro sitio?
Recordamos el menú. Recordamos que hemos estado en sitios cutres donde hemos comido que te cagas, para hablar mal y pronto. Así que entramos. Por dentro es igual que por fuera. Quizá hace un poco menos de frío. Vemos carteles de Nuestro lema un cliente un amigo. En las mesas, ofertas para la Noche de Fin de Año: Para quedar como un Pepe. Aquí hay un poeta. Sillas con tapizado de skai que rechinan cuando nos sentamos. Al fondo la tienda de recuerdos de El Bierzo.
Recordamos el menú. Recordamos que hemos estado en sitios cutres donde hemos comido que te cagas, para hablar mal y pronto. Así que entramos. Por dentro es igual que por fuera. Quizá hace un poco menos de frío. Vemos carteles de Nuestro lema un cliente un amigo. En las mesas, ofertas para la Noche de Fin de Año: Para quedar como un Pepe. Aquí hay un poeta. Sillas con tapizado de skai que rechinan cuando nos sentamos. Al fondo la tienda de recuerdos de El Bierzo.
Nos atienden y cada uno pide lo que quiere. Paciencia y optimismo, amigos, nos decimos mientras suena un disco de Julio Iglesias en megafonía. Nos traen el pan y respiramos tranquilos, ¿lo ves como había que tener fe?: son panes de muchas variedades, de estos bonitos que no sabes si pedir el de aceite que es el que te apetece o el integral con nueces que es el fino. Nos hacemos con una pieza cada uno y mordemos. Ñasca. Pan de ayer. Duro, duro. Como nos pasaba en casa de chicos: Mamá, ¿cuándo vamos a comer pan de hoy? Mañana. Pero vaya, esto no es tan importante, no nos dejemos llevar por las apariencias, no seamos tan superficiales. Lo que importa es la comida de verdad.
Nos traen los primeros: croquetas de Pescanova –en el menú tenían otro nombre, ya digo que había un poeta-, Vieira requemada, embutidos Revilla, etcétera. Nos lo comemos con resignación. Hay que emborracharse para pasar el mal trago, pero es imposible: el vino es infame. Había que vernos las caras.
Nos traen los primeros: croquetas de Pescanova –en el menú tenían otro nombre, ya digo que había un poeta-, Vieira requemada, embutidos Revilla, etcétera. Nos lo comemos con resignación. Hay que emborracharse para pasar el mal trago, pero es imposible: el vino es infame. Había que vernos las caras.
PérezOso, haciendo la digestión de las croquetas y sirviendo al tiempo como modelo
para un cuadro de un payaso triste (sin flor)
para un cuadro de un payaso triste (sin flor)
Nos traen los segundos. Son inenarrables. Menos las vieiras al horno, que son congeladas. Tan congeladas que a pesar de haber estado al horno aún están congeladas. Con su hielo y su escarcha. A lo mejor es que el plato era así y no lo entendíamos. Para ese momento ya estamos descojonándonos de todo, especialmente de nosotros mismos, por patanes y snobs. Igual en El Bulli hacen lo mismo. Creo que comí una loncha de cecina igual en Arzak, hace tres años; quiero decir, que es la misma loncha, la están guardando desde entonces. Le voy a pedir la receta del jamón serrano.
-¿Postres?
-¿Son caseros?
-Sí.
O sea que no. Pero nos atrevemos, qué cojones. Aquí como en Murieron con las botas puestas, que sea lo que Dios quiera, Caballería, ataquemos a esos Panzer. Habría que poner un letrero más: A Los Rosales con cariño. Señor Frigo.
-¿Postres?
-¿Son caseros?
-Sí.
O sea que no. Pero nos atrevemos, qué cojones. Aquí como en Murieron con las botas puestas, que sea lo que Dios quiera, Caballería, ataquemos a esos Panzer. Habría que poner un letrero más: A Los Rosales con cariño. Señor Frigo.
Salimos del restaurante. Nos está bien empleado por listos, pedantes y papanatas. Nos decimos: para curar nuestra vanidad y que no se nos suba lo de los restaurantes chupiguays a la cabeza deberíamos venir aquí todos los años. Hacemos un juramento solemne. Afortunadamente somos todos unos embusteros.
lunes, septiembre 11, 2006
Por las bravas

Es curioso. Desde que se implantó la Ley Anti-tabaco, hace ya nueve meses, casi el 90% de los bares de este país han declarado que sí, que dejarán seguir fumando en sus locales. “Es que si no lo hacemos perderemos clientes” es la declaración que más se escucha en los noticieros.
Quizás sí.
O quizás no.
En la llamada Plaza de Quintana, en el madrileño barrio de Quintana (Pueblo Nuevo, Madrid), uno de los mejores bares de la zona (o, quizás, el mejor) ha demostrado que no tiene por qué ser así. Que prohibir fumar en su local no tiene por qué hacerle perder clientes si sigue siendo el sitio de calidad que siempre fue, si los camareros siguen siendo igual de amables y alegres, si las tapas siguen siendo igual de imponentes…
El Docamar, pues ese es su nombre, es el típico bar de barrio al que acuden vecinos y no tan vecinos atraídos por la fama de sus tapas y por unas de las mejores patatas bravas de Madrid. Un local que lleva cuarenta años mejorando y refinando la receta original de salsa brava del abuelo de la familia, pero que no ha descuidado las otras cositas ricas típicas como la oreja, la tortilla de patatas o los caracoles.
Y sí, en el Docamar NO se puede fumar.
Como han oído, señores.
En uno de los mejores y más visitados bares del barrio de Quintana han prohibido fumar.
En ninguna zona del local se puede encender un pitillo, ni en el bar ni en el restaurante situado en la primera planta. Es una zona completamente libre de humos. Tan sólo han reservado una pequeña zona, en la calle, al resguardo de un pequeño tejadillo y con la compañía de unos radiadores de jardín, para aquellos que no puedan aguantar el mono de tabaco. Y, por supuesto, la terraza.
¿Creéis que perderán clientes porque no se pueda fumar en el interior? ¿Qué la gente se irá a otro bar donde las patatas bravas sean peores sólo porque al mismo tiempo podrán fumarse un cigarrillo? ¿Creéis que el Docamar se irá vaciando poco a poco?
Yo soy positiva respecto al tema. De momento, han pasado nueve meses y apenas he notado diferencia. El Docamar sigue lleno como siempre a la hora del aperitivo, de la merienda, de la cena... y las raciones de patatas bravas desaparecen con gran rapidez.
Quizás sí.
O quizás no.
En la llamada Plaza de Quintana, en el madrileño barrio de Quintana (Pueblo Nuevo, Madrid), uno de los mejores bares de la zona (o, quizás, el mejor) ha demostrado que no tiene por qué ser así. Que prohibir fumar en su local no tiene por qué hacerle perder clientes si sigue siendo el sitio de calidad que siempre fue, si los camareros siguen siendo igual de amables y alegres, si las tapas siguen siendo igual de imponentes…
El Docamar, pues ese es su nombre, es el típico bar de barrio al que acuden vecinos y no tan vecinos atraídos por la fama de sus tapas y por unas de las mejores patatas bravas de Madrid. Un local que lleva cuarenta años mejorando y refinando la receta original de salsa brava del abuelo de la familia, pero que no ha descuidado las otras cositas ricas típicas como la oreja, la tortilla de patatas o los caracoles.
Y sí, en el Docamar NO se puede fumar.
Como han oído, señores.
En uno de los mejores y más visitados bares del barrio de Quintana han prohibido fumar.
En ninguna zona del local se puede encender un pitillo, ni en el bar ni en el restaurante situado en la primera planta. Es una zona completamente libre de humos. Tan sólo han reservado una pequeña zona, en la calle, al resguardo de un pequeño tejadillo y con la compañía de unos radiadores de jardín, para aquellos que no puedan aguantar el mono de tabaco. Y, por supuesto, la terraza.
¿Creéis que perderán clientes porque no se pueda fumar en el interior? ¿Qué la gente se irá a otro bar donde las patatas bravas sean peores sólo porque al mismo tiempo podrán fumarse un cigarrillo? ¿Creéis que el Docamar se irá vaciando poco a poco?
Yo soy positiva respecto al tema. De momento, han pasado nueve meses y apenas he notado diferencia. El Docamar sigue lleno como siempre a la hora del aperitivo, de la merienda, de la cena... y las raciones de patatas bravas desaparecen con gran rapidez.
martes, septiembre 05, 2006
Una de brunchs
Como ya bien sabéis todos Txiqui y yo no somos precisamente abanderados de la vanguardia, pero hay una moda que arrasa últimamente en Madrid a la que nos hemos apuntado de cabeza y sin pensarlo de veces: ir de brunch los domingos. Y mira que es extraño que esto se considere “estar a la última” porque el brunch es una cosa que se practica en Nueva York desde principios del siglo XX o, incluso, antes. Pero ya es bien sabido que nosotros los españoles pensamos bien, pero tarde. Y nunca es tarde para adoptar una moda tan fantástica como esta, sobre todo, porque salir de brunch es una de esas escasas y extrañas ocasiones en la vida en las que puedes ir de moderno y al mismo tiempo ser práctico sin gastarte mucha pasta. Como cuando se puso de moda ir vestido de vagabundo…
El término brunch viene de la contracción de las palabras breakfast y lunch, es decir, una mezcla entre desayuno y comida que se puede tomar entre las 11 y las 15 horas de los fines de semana y que nos permite ponernos ciegos a base de pequeñas menudencias dulces y saladas mientras te sumerges en los dominicales sin que nadie se sienta insultado por tu grosería. Todo ello por unos 20 euros. Bastante bien tal y como está hoy en día la vida en Madrid, que como también sabéis está mal tirando a fatal e incluso mucho peor desde que el Euribor está subiendo sin parar. Pues bien, tomar brunch es uno de esos pequeños lujos que os recomendamos desde este blog porque, sencillamente, es un lujo pero pequeño. Así que, amigos, “to be fashionable nowadays, we must brunch”, pero no lo hagáis en cualquier sitio.
Dada nuestra naturaleza inquisitiva y nuestro afán de servicio a todos aquellos que visitan nuestro blog, hemos hecho una pequeña labor de investigación por los distintos locales que dan brunch en Madrid que esperamos os sirva de guía. No son todos los que son, pero si unos cuantos para irse estrenando:
Le petit bistrot (Plaza de Matute, 5):Fue el primer local que visitamos como aficionados al brunch y acompañados de unos amigos que lo practicaban con asiduidad, un local de estilo francés, informal y agradable. El brunch que nos sirvieron no estuvo nada mal, comenzando con pan y algo de bollería servida con mantequilla y mermelada, un Actimel, café con leche y azúcar, zumo natural de naranja y un plato caliente a elegir: rosbif con ensalada, huevos fritos con bacon... Desgraciadamente fue hace bastante tiempo y no puedo precisar con claridad lo que tomamos, pero mi recuerdo es grato.
Puntos a favor: Tienen facilidades para niños, sirven montañas y montañas de rico café.
Puntos negativos: El excesivo ruido y jaleo del local, nada es demasiado sorprendente, todo muy común.
Nota final: 6,5-7.
Precio: 15 euros aprox.
Nina (Manuela Malasaña, 10): Nuestra siguiente experiencia en el mundo del brunch fue en este modernísimo local del centro de Madrid. Desde el comienzo, el menú del Nina superó nuestras expectativas: una selección de panes bastante amplia (integrales, con aceitunas, etc.) servidos con varios tipos de mantequillas (no recuerdo los sabores) y patés. Todo sin reparar en cantidades. A continuación zumo de naranja recién exprimido (aunque creo recordar que había otras posibilidades) y yogur batido de varios sabores (sí, sí… probablemente sería un Danone vulgar batido y servido en un cuenco moderno, pero somos asín de tontos). A continuación llegaron los platos calientes: revuelto con beicon crujiente y salchichas, salmón ahumado con bagel y queso crema, pavo jamón natural al horno con huevo hilado y ciruelas al Armagnac o huevos Benedict. Para terminar, café con leche (rico, rico) y una selección de muffins y plumcakes.
Puntos a favor: Muchísima variedad, toda deliciosa y ligeramente diferente. Buenas cantidades, bien presentadas y originales. Local agradable, amplio y silencioso.
Puntos negativos: No sirven café hasta el final de la comida, cuando en estas ocasiones necesitas una inyección de cafeína rápida y eficaz. Los dulces del final son un tanto escasos cuando se es un comilón gordo como nosotros.
Nota final: 8.
Precio: 18 euros/persona.
Ene (Nuncio, 19): Nuestra visita a este también modernísimo local de la Latina se produjo a mediados de agosto, lo que puede explicar que apenas hubiera gente o que el servicio fuera tan atento (no me habían hablado nada bien de los camareros de este sitio, por lo que quedé gratamente sorprendida). El brunch del Ene comienza con un cocktail (a elegir entre el Bloody Mary o el Bellini) y continúa con una pequeña (si, muy pequeña) aunque deliciosa selección de panes y bollos. Para ser más exactos: un trozo de pan y un pequeño bollo por cabeza. A continuación Muesli con yogur griego y frutos rojos o Quiché Lorraine o ensalada de espinacas con jamón de pato y vinagreta de mango o table de quesos y frutos secos. Un poco.
Y los segundos: salmón marinado sobre blinis o huevos benedictine o tortilla mexicana rellena de frijoles con guacamole y pico de gallo o la carne del día. Otro poco.
Para finalizar, café con leche y una selección (increíble pero también diminuta) de galletas, brownies y dulces.
Puntos a favor: Platos originales, cocktail incluido en el precio. La bollería insuperable.
Puntos negativos: Raciones minúsculas. Te quedas con hambre. De verdad. Mucha hambre. Dicen que hay un D.J. Todo tiene demasiada pose, incluidos los camareros.
Nota final: 6´5.
Precio medio: 20 euros/persona.
Café Oliver (Almirante,12): El Café Oliver ha sido en los últimos años uno de nuestros lugares favoritos para ir a comer, por eso teníamos demasiadas esperanzas puestas en un servicio de brunch. Además, se cuenta que era uno de los pioneros en la capital. En fin, que fuimos hace unas semanas y no quedamos decepcionados, pero tampoco impresionados. El brunch comienza como todos, con pan y bollos (uno por persona) servidos con mantequilla y una clase de mermelada. Puedes elegir entre varios tipos de zumo natural exprimido, naranja, piña y mango o melón y café servido en cafetera de émbolo. Se continúa con un plato de huevos: revueltos con hierbas, fritos con bacon o benedicr. Y se termina con ensalada cesar o ensalada de frutas o hamburguesa de queso o tortitas con sirope de arce.
Puntos a favor: El local, siempre agradable. Aunque la bollería no es para echar cohetes los platos cocinados son ricos sin llegar a ser excelentes y las raciones grandes. Los originales zumos naturales.
Puntos negativos: El café es ¡americano!, aunque te puedes tomar tres tazas lo que deberían copiar los demás sitios. Los camareros parecían algo confusos y cometieron errores grandes como olvidarse de ponernos leche, olvidarse de servirnos los primeros, etc.
Nota final: 7.
Precio medio: 20 euros/persona.
Olsen (Calle del Prado, 15): No hemos ido a este local a tomar el brunch… y no creo que vayamos. La experiencia de una pareja amiga nuestra (precisamente la pareja que nos introdujo en este hábito) fue tan nefasta que no nos atrevemos a poner un pie por allí. En medio de su tranquilo brunch dominical se encontraron con una cucaracha de gran tamaño pululando por su mesa. Los camareros del local no sólo se comportaron bastante fríamente con el asunto sino que además no tuvieron el detalle de excusarse o invitarles a desayunar o, simplemente, tirarse el pisto invitándoles a algo a ellos y a todos los vecinos de mesa que sufrieron ataques de histeria. Tampoco ayuda en nuestra pobre opinión sobre el Olsen que Txiqui fuera allí a cenar con su empresa y le pareciera todo un fiasco, pero si no queréis imitarnos porque os fiáis más de las numerosas y positivas críticas que está recogiendo este restaurante nórdico (seguramente todas compradas), su brunch se compone de café o te, zumo, bagels con manteca y mermeladas a un precio de 5 euros. Y si queréis tomar algo mas, por 16 euros extra podréis elegir entre una amplia selección de platos calientes como pan de brioche tostado con queso brie, puré de higos y confit de pato o patatas escalfadas con salmón, huevo y beicon.
Por supuesto hay muchísimos más locales que estamos deseando visitar en los que se sirven, según se cuenta, un magnífico brunch. Entre ellos, Teatriz, La Viuda Blanca, De Funy... En este blog prometemos sacrificarnos por el bien común y visitar pronto la gran mayoría de estos locales. Al fin y al cabo, como ya he dicho, somos un servicio público y nos mueve la filantropía.
El término brunch viene de la contracción de las palabras breakfast y lunch, es decir, una mezcla entre desayuno y comida que se puede tomar entre las 11 y las 15 horas de los fines de semana y que nos permite ponernos ciegos a base de pequeñas menudencias dulces y saladas mientras te sumerges en los dominicales sin que nadie se sienta insultado por tu grosería. Todo ello por unos 20 euros. Bastante bien tal y como está hoy en día la vida en Madrid, que como también sabéis está mal tirando a fatal e incluso mucho peor desde que el Euribor está subiendo sin parar. Pues bien, tomar brunch es uno de esos pequeños lujos que os recomendamos desde este blog porque, sencillamente, es un lujo pero pequeño. Así que, amigos, “to be fashionable nowadays, we must brunch”, pero no lo hagáis en cualquier sitio.
Dada nuestra naturaleza inquisitiva y nuestro afán de servicio a todos aquellos que visitan nuestro blog, hemos hecho una pequeña labor de investigación por los distintos locales que dan brunch en Madrid que esperamos os sirva de guía. No son todos los que son, pero si unos cuantos para irse estrenando:
Le petit bistrot (Plaza de Matute, 5):Fue el primer local que visitamos como aficionados al brunch y acompañados de unos amigos que lo practicaban con asiduidad, un local de estilo francés, informal y agradable. El brunch que nos sirvieron no estuvo nada mal, comenzando con pan y algo de bollería servida con mantequilla y mermelada, un Actimel, café con leche y azúcar, zumo natural de naranja y un plato caliente a elegir: rosbif con ensalada, huevos fritos con bacon... Desgraciadamente fue hace bastante tiempo y no puedo precisar con claridad lo que tomamos, pero mi recuerdo es grato.
Puntos a favor: Tienen facilidades para niños, sirven montañas y montañas de rico café.
Puntos negativos: El excesivo ruido y jaleo del local, nada es demasiado sorprendente, todo muy común.
Nota final: 6,5-7.
Precio: 15 euros aprox.
Nina (Manuela Malasaña, 10): Nuestra siguiente experiencia en el mundo del brunch fue en este modernísimo local del centro de Madrid. Desde el comienzo, el menú del Nina superó nuestras expectativas: una selección de panes bastante amplia (integrales, con aceitunas, etc.) servidos con varios tipos de mantequillas (no recuerdo los sabores) y patés. Todo sin reparar en cantidades. A continuación zumo de naranja recién exprimido (aunque creo recordar que había otras posibilidades) y yogur batido de varios sabores (sí, sí… probablemente sería un Danone vulgar batido y servido en un cuenco moderno, pero somos asín de tontos). A continuación llegaron los platos calientes: revuelto con beicon crujiente y salchichas, salmón ahumado con bagel y queso crema, pavo jamón natural al horno con huevo hilado y ciruelas al Armagnac o huevos Benedict. Para terminar, café con leche (rico, rico) y una selección de muffins y plumcakes.
Puntos a favor: Muchísima variedad, toda deliciosa y ligeramente diferente. Buenas cantidades, bien presentadas y originales. Local agradable, amplio y silencioso.
Puntos negativos: No sirven café hasta el final de la comida, cuando en estas ocasiones necesitas una inyección de cafeína rápida y eficaz. Los dulces del final son un tanto escasos cuando se es un comilón gordo como nosotros.
Nota final: 8.
Precio: 18 euros/persona.
Ene (Nuncio, 19): Nuestra visita a este también modernísimo local de la Latina se produjo a mediados de agosto, lo que puede explicar que apenas hubiera gente o que el servicio fuera tan atento (no me habían hablado nada bien de los camareros de este sitio, por lo que quedé gratamente sorprendida). El brunch del Ene comienza con un cocktail (a elegir entre el Bloody Mary o el Bellini) y continúa con una pequeña (si, muy pequeña) aunque deliciosa selección de panes y bollos. Para ser más exactos: un trozo de pan y un pequeño bollo por cabeza. A continuación Muesli con yogur griego y frutos rojos o Quiché Lorraine o ensalada de espinacas con jamón de pato y vinagreta de mango o table de quesos y frutos secos. Un poco.
Y los segundos: salmón marinado sobre blinis o huevos benedictine o tortilla mexicana rellena de frijoles con guacamole y pico de gallo o la carne del día. Otro poco.
Para finalizar, café con leche y una selección (increíble pero también diminuta) de galletas, brownies y dulces.
Puntos a favor: Platos originales, cocktail incluido en el precio. La bollería insuperable.
Puntos negativos: Raciones minúsculas. Te quedas con hambre. De verdad. Mucha hambre. Dicen que hay un D.J. Todo tiene demasiada pose, incluidos los camareros.
Nota final: 6´5.
Precio medio: 20 euros/persona.
Café Oliver (Almirante,12): El Café Oliver ha sido en los últimos años uno de nuestros lugares favoritos para ir a comer, por eso teníamos demasiadas esperanzas puestas en un servicio de brunch. Además, se cuenta que era uno de los pioneros en la capital. En fin, que fuimos hace unas semanas y no quedamos decepcionados, pero tampoco impresionados. El brunch comienza como todos, con pan y bollos (uno por persona) servidos con mantequilla y una clase de mermelada. Puedes elegir entre varios tipos de zumo natural exprimido, naranja, piña y mango o melón y café servido en cafetera de émbolo. Se continúa con un plato de huevos: revueltos con hierbas, fritos con bacon o benedicr. Y se termina con ensalada cesar o ensalada de frutas o hamburguesa de queso o tortitas con sirope de arce.
Puntos a favor: El local, siempre agradable. Aunque la bollería no es para echar cohetes los platos cocinados son ricos sin llegar a ser excelentes y las raciones grandes. Los originales zumos naturales.
Puntos negativos: El café es ¡americano!, aunque te puedes tomar tres tazas lo que deberían copiar los demás sitios. Los camareros parecían algo confusos y cometieron errores grandes como olvidarse de ponernos leche, olvidarse de servirnos los primeros, etc.
Nota final: 7.
Precio medio: 20 euros/persona.
Olsen (Calle del Prado, 15): No hemos ido a este local a tomar el brunch… y no creo que vayamos. La experiencia de una pareja amiga nuestra (precisamente la pareja que nos introdujo en este hábito) fue tan nefasta que no nos atrevemos a poner un pie por allí. En medio de su tranquilo brunch dominical se encontraron con una cucaracha de gran tamaño pululando por su mesa. Los camareros del local no sólo se comportaron bastante fríamente con el asunto sino que además no tuvieron el detalle de excusarse o invitarles a desayunar o, simplemente, tirarse el pisto invitándoles a algo a ellos y a todos los vecinos de mesa que sufrieron ataques de histeria. Tampoco ayuda en nuestra pobre opinión sobre el Olsen que Txiqui fuera allí a cenar con su empresa y le pareciera todo un fiasco, pero si no queréis imitarnos porque os fiáis más de las numerosas y positivas críticas que está recogiendo este restaurante nórdico (seguramente todas compradas), su brunch se compone de café o te, zumo, bagels con manteca y mermeladas a un precio de 5 euros. Y si queréis tomar algo mas, por 16 euros extra podréis elegir entre una amplia selección de platos calientes como pan de brioche tostado con queso brie, puré de higos y confit de pato o patatas escalfadas con salmón, huevo y beicon.
Por supuesto hay muchísimos más locales que estamos deseando visitar en los que se sirven, según se cuenta, un magnífico brunch. Entre ellos, Teatriz, La Viuda Blanca, De Funy... En este blog prometemos sacrificarnos por el bien común y visitar pronto la gran mayoría de estos locales. Al fin y al cabo, como ya he dicho, somos un servicio público y nos mueve la filantropía.
viernes, julio 07, 2006
Echo de menos El Bohío
Lo reconozco. Yo soy una persona que necesita comer bien, preferentemente, un par de veces al día y por este orden: primero, segundo y postre. A veces (si tengo suerte y se dan las circunstancias adecuadas),añado café y un cigarrito a esta lista. Sin embargo, hay un par de veces en la vida (y algunos más en la no-vida que son las horas extras) en los que estoy dispuesta a hacer una excepción y me salgo de esa rutina. O bien, apenas pruebo bocado o bien, me lanzo de cabeza a la piscina y me voy a El Bohío a meterme entre pecho y espalda un menú de degustación con tantos platos que luego nunca puedes recordar qué tomaste exactamente.
Para los no iniciados, El Bohío es, en mi opinión (y según esos señores de Michelín que van por ahí repartiendo unas estrellitas) uno de los mejores restaurantes que hay cerca de Madrid. Hace algunos años nos lo descubrieron unos estupendos amigos (que no son más estupendos por descubrirnos sitios maravillosos, pero que sí ganaron algún punto más) y desde entonces nos hemos hecho adictos. Que no visitantes asiduos, porque los precios (75 euros el menú degustación) son como para pensárselo dos y tres o cuatro veces. Pero montar en globo es mucho más caro… y mucho menos agradecido (lo hemos comprobado).
Desde aquella primera vez, cada año hacemos un esfuerzo por visitar el restaurante de Illescas y cada año cometemos los mismos errores de principiantes:
1.- nos atiborramos de delicioso pan (no sé cuántas variedades pueden llegar a servir, pero el de aceite es para ponerle un piso) y luego no dejamos casi sitio para los postres;
2.- no llevamos ropa con cinturillas ajustadas (sí, ya sé que es un sitio de postín, pero no desmerece un buen chándal en esta ocasión)
3.- nos llevamos a algún menor de edad que petardea un rato y,
4.- nos olvidamos de todos y cada uno de los platos que nos sirven (lo que luego nos echan en cara los amigos glotones que quieren saber por favor, por favor, por favor, qué comimos).
Afortunadamente para mí, este año el crítico gastronómico de ABC ha publicado en su blog “Salsa de chiles” el último menú degustación de El Bohío. El de esta temporada. Así que este año, si me atrevo a ir, no tendré que preocuparme de tomar nota. Ahí va el listado:
-atún en escabeche de tomate y pomelo
-pisto con chopitos
-bogavante con aguacate y tomate
-cigala con emulsión de coco, almendra y miel en una especie de ajoblanco dulce
-queso de cabra de Toledo frito con aceituna negra y naranja
-el huevo de primavera con guisantes y trigueros
-rabo de cerdo con col trufada y lentejas
-velo de garbanzos, la pringá y su caldo
-salmonete con guiso de alcachofas
-presa con berenjenas y aroma de eucalipto
-torrija helada
-plátano con azafrán y yogur
Impresionante, ¿no? Y la cosa no acaba aquí porque, cuando piensas que ya no puedes más, y pides un café para rematar, en El Bohío te comienzan a llenar la mesa de pequeños platitos repletos de todo tipo de menudencias dulces como fruslerías con forma de gominolas minúsculas, bizcochitos del tamaño de un bocadito y pipas recubiertas de chocolate. Y cuando preguntas confuso al camarero qué es todo aquello te responden que ¡es el servicio del café! ¡El maldito servicio del café! Pero si con todo eso podría comer cualquier lunes en la oficina.
En fin, que si os gusta comer (mucho pero que mucho) merece la pena invertir en una visita a El Bohío (mucho mas que montar en globo). Aunque si el dinero os parece exagerado encontraréis una alternativa un poco más barata justo al lado, en el nuevo local que han abierto los dueños de El Bohío. Allí podréis saborear raciones originales y algunos de los platillos que hicieron tan famoso a este restaurante por mucho menos dinero.
viernes, junio 09, 2006
La Ruta de la Croqueta II
Dado el éxito de crítica y público del post dedicado al croquetismo, mi querida media naranja ha desempolvado sus apuntes (¡Sí, señores! Así de en serio nos tomamos en este blog las cosas. O, al menos, algunas cosas) para alegría y alboroto de todos los fans de tan digno delicatessen. Así que, abróchense los cinturones, porque aquí llega la Ruta de la Croqueta 2º Parte, Más Allá de la Bechamel Enriquecida con Nuez Moscada.
Era la primavera-verano del año 2002. Eran otros tiempos: para empezar yo entraba en una 38 y aún creía que los Reyes Magos eran los padres. Y eso,… éramos más jóvenes, más fuertes y más decididos (que ninguno tuviéramos niños tiene mucho que ver con este estado de libertinaje total en el que nos encontrábamos imbuidos), así que decidimos lanzarnos a la jungla del asfalto madrileña, buscar más locales que hiciesen del croquetismo un fino arte y lanzarlos al estrellato. He aquí una selección de los sitios que visitamos en aquella segunda ruta por la zona de La Latina y los alrededores de la Plaza Mayor:
-POSADA DE LA VILLA (Cava Baja, 9): ¿Su especialidad? Pues eso mismo, croquetas. Imprescindible pedir pan de pueblo, aunque es muy triste que te lo cobren aparte.
-LA SANTA (C/ Segovia, 16): Aparte de unas croquetas de campeonato también se cuenta que la fondue de queso está estupendo y los pinchos de carne y cangrejo.
-TABERNA DE DON PEDRO (Don Pedro, 20): Ni la decoración, ni el ambiente, ni las tapas que aquí se sirven entroncan con el estilo de los bares convencionales. Para beber lo mejor es el espléndido vermut de grifo Yzaguirre y para comer, la especialidad de la casa: croquetitas, ñam, ñam.
-TABERNA MATRITUM (Cava Alta, 16): Sus croquetas son excelentes, por ejemplo, las de jamón y espinacas. Me parece recordar que el sitio era un tanto pequeño (o que nosotros éramos muchos), pero lo mismo me equivoco, porque desde que soy madre he perdido varias neuronas y la conciencia de mi vida anterior.
-CASA ANTONIO (Latoneros, 10): El local donde cerramos aquella última ruta. Antigua Casa Matías, un local centenario con azulejo arabesco. Mantiene intactos elementos estéticos de antaño, como su preciosa barra de estaño. Tapas sencillas bien elaboradas y ¡croquetas! A aquellas alturas sólo los estómagos más poderosos pudieron atreverse a pedir una croqueta más. El resto, claudicamos.
Desde entonces, nuestra vida ha cambiado un pelín y no hemos vuelto a hacer Periodismo de Investigación, pero estos últimos post han despertado mi espíritu inquisitivo. No veo nada claro que, en breve, nos atrevamos con una Ruta de la Croqueta III, pero, y por si las moscas, he ido buscando y estos son los locales de los que más se habla en la red de redes:
-LA TASQUITA (Juan de Urbieta, 24): Un local de los de siempre, unas croquetas de las de siempre.
-EL JURUCHA (Ayala, 19): Todas las tapas de este local están tremendas, las croquetas son de lo mejorcito. Cuando trabajaba en Equipo Tres lo visitaba siempre que mi exigua paga de copy-mal-pagado me lo permitía.
-MELO´S (Calle del Ave María, 44): Lo malo de este local es que siempre está hasta arriba, lo bueno es que las croquetas son inmejorables y que además hacen una cosa llamada “zapatillas” (pan de hogaza con relleno) que debería tener su propio club de fans.
-EL ALMIREZ (Maldonado, 5): Croquetas de morcilla ahumada con pasas, no digo más.
-LA VINATERIA (Ponzano, 21): Croquetas de roquefort con piñones o de salmón. Me quito el sombrero.
-EL TOMILLAR (Profesor Waksman, 14): De buen tamaño y con dos ingredientes: queso y jamón.
Así que ya sabéis, amigos: si con la cercanía del verano os sentís agobiados con tanto anuncio de anticelulíticos y parches adelgazantes, ahora tenéis una forma de rebelaros ante tanta presión:
COMIENDO CROQUETAS.
viernes, mayo 26, 2006
La Ruta de la Croqueta
Como bien decía Guillermo Ginés, un compañero de profesión, “la croqueta es un bien escaso”. Y por tanto, un bien altamente deseado. Tanto, tanto, que hace unos años, en un tour por Asturias, nos hicimos con el Récord Mundial de Ingestión de Croquetas a Intervalos Moderados pidiendo a diario y en cada restaurante que visitábamos una ración de tan delicioso manjar (también pedíamos pastel de cabracho, pero eso es otra historia). Aquel tour duró diez días, no digo más. Luego, y tal y como nos contó Jose en su post anterior, nos dedicamos a soñar cada año con las estupendas croquetas que servían en el Hotel Landa, camino del Festival de San Sebastian. Ah, qué tiempos...
Años después, llevados por nuestro afán croquetil, organizamos varias Rutas de la Croqueta por Madrid y exploramos la capital en busca de los locales que mejor practicasen aquel fino arte culinario. En homenaje a aquellos tiempos tan lejanos ya y también para todos aquellos que se sintieron ayer invadidos por la nostalgia, aquí va una selección de los mejores locales que encontramos en aquellas rutas:
-Casa Paulino (c/Alonso Cano, 34): El Zalacaín de los pobres en la capital, cocina de excelente calidad a un precio asequible. Aparte de servir unas croquetas de toma pan y moja también sirven lasaña de morcilla de toma pan y moja mucho más.
-El Quinto Vino (c/ Hernán, 48): Muchos dicen que son las mejores de Madrid. No puedo asegurarlo tan categóricamente, pero sí puedo decir que están para ponerles un piso. Y mucho más, cuando eres una creativa joven e impresionable y dichas croquetas las paga un locutor guapo y de renombre como Jose Luis Pérez Reina (por supuesto, el citado ni se acordará de la joven creativa que le miraba con arrobo, croqueta en mano, después de haberle visto trabajar en los antiguos estudios de Sonologic).
-La Daniela (c/ General Pardiñas, 21): Ya no es sólo que sus croquetas de cocido sean espectaculares sino que además son del tamaño de un puño. Sus cocidos no son del tamaño de un puño sino que se acercan más a la categoría Elefante Tridimensional.
-La Cruzada (c/ Amnistía, 8): Espectacular su versión de croquetas servidas con tomate confitado. Y espectaculares los vinos que ofrecen.
Años después, llevados por nuestro afán croquetil, organizamos varias Rutas de la Croqueta por Madrid y exploramos la capital en busca de los locales que mejor practicasen aquel fino arte culinario. En homenaje a aquellos tiempos tan lejanos ya y también para todos aquellos que se sintieron ayer invadidos por la nostalgia, aquí va una selección de los mejores locales que encontramos en aquellas rutas:
-Casa Paulino (c/Alonso Cano, 34): El Zalacaín de los pobres en la capital, cocina de excelente calidad a un precio asequible. Aparte de servir unas croquetas de toma pan y moja también sirven lasaña de morcilla de toma pan y moja mucho más.
-El Quinto Vino (c/ Hernán, 48): Muchos dicen que son las mejores de Madrid. No puedo asegurarlo tan categóricamente, pero sí puedo decir que están para ponerles un piso. Y mucho más, cuando eres una creativa joven e impresionable y dichas croquetas las paga un locutor guapo y de renombre como Jose Luis Pérez Reina (por supuesto, el citado ni se acordará de la joven creativa que le miraba con arrobo, croqueta en mano, después de haberle visto trabajar en los antiguos estudios de Sonologic).
-La Daniela (c/ General Pardiñas, 21): Ya no es sólo que sus croquetas de cocido sean espectaculares sino que además son del tamaño de un puño. Sus cocidos no son del tamaño de un puño sino que se acercan más a la categoría Elefante Tridimensional.
-La Cruzada (c/ Amnistía, 8): Espectacular su versión de croquetas servidas con tomate confitado. Y espectaculares los vinos que ofrecen.
-Taberneros (c/ Santiago, 9): Muy ricas las croquetas de pringá. El resto de la carta, tapas atípicas basadas en recetas orientales, no desmerece.
-La Galette(c/ Conde de Aranda, 11 y c/ Bárbara de Braganza, 10): Su especialidad son las croquetas de manzana, aunque parezcan más buñuelos que croquetas. Pero… están buenísimas y las sirven con mucha nata.
-Casa Labra (c/Tetuán, 12): Frente a El Corte Inglés de la calle Preciados. Toda una institución en la tradición croquetil de la capital. De bacalao y bien crujientes. No ha habido Navidad en mi vida en la que no me haya tomado una croqueta de bacalao en Casa Labra después de dejar la carta de los Reyes Magos al Paje Real.
Además, aunque no visitadas en aquellas rutas legendarias, también recomiendo:
-Asturianos (c/Vallehermoso, 94): Croquetas de plátano y cabrales, ¿necesito decir algo más?
-Betelu (c/Florencio Llorente, ): Pequeñitas, deliciosas, de aperitivo y por cuenta de la casa. ¿Se le puede pedir más a una croqueta? Este sitio es, además, altamente recomendable por la calidad de su cocina vasco-gallego-navarra, por sus pescados, sus gambas al ajillo y por lo majos que son todos.
Y es que parece mentira que una cosa tan sencilla como una croqueta tenga tantas interpretaciones (hasta cinco diferentes disfruté yo una Nochevieja en casa de unos amigos: de cordero asado, de salmón, de pollo al curry, de patata y de gambas con cilantro). Pero el croquetismo es así. Polivalente y universal.
Estoy segura de que todos y cada uno de vosotros conoceréis un local donde hagan Las Mejores Croquetas del Mundo. Pues ale, a compartir como buenos hermanos…
jueves, mayo 25, 2006
Serie Grandes Cuartos de Baño
La tradición dicta que los creativos que vuelven a Madrid desde el Festival de Publicidad de San Sebastián, que se celebra en estos días (ahora se llama El Sol porque no es un festival sólo nacional, sino iberoamericano) paren en Lerma a comerse un cordero para celebrar los premios que han obtenido o para terminar con un buen sabor de boca si no han sacado nada. Eso suponiendo que sobrevivan a la resaca del domingo, claro.
Para el viaje de ida a San Sebastián, en cambio, la parada técnica se hace tradicionalmente en el Hotel Landa, a las afueras de Burgos. El Landa es un hotel lleno de cacerolas y trofeos de caza en las paredes, con mucha vegetación por fuera y mucha piedra por dentro, donde los camareros, que son legión, van vestidos con trajes que les quedan pequeños.
-No, que es que los trajes son así, cortos de talle.
Ah, vale. Son como mayordomos ingleses de rojo. El bar tiene unos sillones de cuero que te hace pensar en Agatha Christie, no sé por qué -igual por los mayordomos, claro-. De hecho te pasas el rato esperando que en cualquier momento aparezca de entre las sombras un Trastámara y te apuñale en el tercer espacio intercostal.
En fin. El Landa es famoso entre los publicitarios porque sirven unas estupendas raciones de morcilla (que te acompañan el resto del viaje a Donosti, hasta que son sustituidas en la boca del estómago por el txangurro) y por sus estupendásticas croquetas, que tenían fama de estar entre las mejores nacionales. El otro día, camino de Logroño, paramos en el Landa, y pedimos croquetas:

Para cuando quise hacer la foto, quedaba sólo esta.
Las croquetas siguen estando para ponerles un piso, pero me parecieron esta vez muy caras: son seis o siete croquetas pequeñas (tamaño primera falange del pulgar) que se cobran a seis euros. Vamos, que se pasan tres pueblos.
Claro, se te quitan las ganas de parar en el Landa. Pero entonces te vas al cuarto de baño a lo que las abuelas llamaban hacer aguas menores y ves esto:
Claro, se te quitan las ganas de parar en el Landa. Pero entonces te vas al cuarto de baño a lo que las abuelas llamaban hacer aguas menores y ves esto:
¡Ahora todo tiene sentido! La gente no pasaba por el Landa para comer croquetas, sino para ir al cuarto de baño. No es comparable, puestos a mear, entre hacerlo en la gasolinera de Repsol y hacerlo aquí.
Así que ya sabéis. Si vais camino a San Sebastián, haced una parada en el Landa y visitad su cuarto de baño. Y ya si eso, pues pedid unas croquetitas.
Así que ya sabéis. Si vais camino a San Sebastián, haced una parada en el Landa y visitad su cuarto de baño. Y ya si eso, pues pedid unas croquetitas.
domingo, mayo 14, 2006
Pedazo de felicidad (detalle)
Después del alegato contra el Deseísmo que brillantemente escribió Rebeca el otro día, he identificado una de esas pequeñas cosas que nos hacen felices:
Sí, es un pincho de tortilla. En concreto, de la mejor tortilla de patatas de Madriz, la que sirven en El Borbollón, sito en la calle Recoletos. Jugosa, se deshace en la boca. Con la textura perfecta. En la foto sale un poco más sólida de como suelen hacerla, porque normalmente la preparan menos cuajada. Y aunque no lo creas, está más rica que la de tu madre.
En fin, si pasais cerca de la calle Recoletos -por ejemplo para visitar la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, o para encadenaros en un árbol del Museo del Prado-, no dudéis y pedid en el Borbollón un pincho de tortilla. Porque el dinero no hace la felicidad, la compra hecha. Frecuentemente, con forma de tortilla de patatas.











