martes, septiembre 12, 2006

Aquí sabemos hablar de fúmbol igual que en cualquier otro blog

A mí Luis Aragonés siempre me cayó fatal, al principio supongo que porque era entrenador del Barcelona y el Atleti, pero sobre todo por su descarada grosería. Es que me ponía malo de verle en las ruedas de prensa rascándose el cuello, hurgándose las orejas y hablando para el cuello de su camisa, detestaba sus gafas ochenteras, su aspecto desaliñado vestido de chándal -¡con esa barriga!-, la manera en que voceaba y se le caía la dentadura postiza –no miento, lo vi con estos ojos que se han de comer los gusanos-.


Hay que reconocer que nunca le he visto hurgarse los dientes con un palillo en una rueda de prensa.

Sin embargo con el tiempo el hombre empezó a resultarme más soportable, y hasta consiguió que me cayera bien –una hazaña, pasar de caerme mal a bien, dificilísima, y que sólo ha conseguido, redoble de tambores, Maribel Verdú-. Cuando tuvo la bronca con Romario me hice incondicional suyo de la misma manera en que uno se vuelve incondicional del Abuelo Cebolleta o de los cascarrabias como Fernán Gómez (Recordemos la escena: Luis Aragonés abroncando a Romario, que se hacía el sueco, gesta complicada para un brasileño, hasta que Luis le espetó: Míreme a los ojitos).

Pues bien, desde entonces le tenía como un hombre con manías y excentricidades, pero su trayectoria en los últimos tiempos me hace pensar que en realidad lo que le pasa es que está como una cabra. Veamos qué ha hecho en los últimos meses:

1.Dice que si España no llega a semifinales del Mundial, se considerará un fracaso y dimitirá. España cae en octavos.

2.Luis no dimite. La explicación: “La palabra fracaso es muy fuerte”, y la lisérgica: “una frase que a lo mejor me interesaba decir en un momento dado, no va a condicionar mi futuro”. Es un poco el estilo Roma no paga traidores, versión moderna.

3.España cae con Irlanda del Norte. Se acumulan las presiones para que Luis dimita. Luis dice: "Yo no he visto a nadie que haya dimitido. La gente se va cuando acaba su contrato". Y después: "Lo que no entiendo es que me digan que me vaya del trabajo. ¿Vosotros os iríais de vuestro trabajo?" Ahí hay que darle la razón. Además que tiene que pensar en su familia y su futuro (literal).

4.Dos días después Aragonés dimite. Y les dice a los periodistas: "He dimitido que es lo que vosotros queríais". Un poco al estilo madre: “Pues toma croquetas, a ver si revientas de un cólico y me dejas tranquila”. La Federación le dice que nanay y que tiene 48 horas para pensárselo. En otra frase psicotrópica, Luis les dice a los periodistas que no ha cambiado de opinión: "No es cuestión de fin de semana ni de nada. Antes dijisteis lo que dije y ahora diréis lo que digo”. Le ha faltado añadir: "¡Pringaos!" Será por falta de ganas.

5.Cinco horas después Luis dice que sigue, y aquí paz y después gloria. Muchas vueltas no le ha dado, no, no puede decirse que haya pasado mala noche y no haya pegado ojo por las dudas.

En resumen: o Luis se está quedando con nosotros, o ha perdido la chaveta, o quiere que la perdamos nosotros, o en un descuido ha sido sustituido por su muñegote del Guiñol. Otra explicación no cabe.

lunes, septiembre 11, 2006

Por las bravas


Es curioso. Desde que se implantó la Ley Anti-tabaco, hace ya nueve meses, casi el 90% de los bares de este país han declarado que sí, que dejarán seguir fumando en sus locales. “Es que si no lo hacemos perderemos clientes” es la declaración que más se escucha en los noticieros.
Quizás sí.
O quizás no.
En la llamada Plaza de Quintana, en el madrileño barrio de Quintana (Pueblo Nuevo, Madrid), uno de los mejores bares de la zona (o, quizás, el mejor) ha demostrado que no tiene por qué ser así. Que prohibir fumar en su local no tiene por qué hacerle perder clientes si sigue siendo el sitio de calidad que siempre fue, si los camareros siguen siendo igual de amables y alegres, si las tapas siguen siendo igual de imponentes…
El Docamar, pues ese es su nombre, es el típico bar de barrio al que acuden vecinos y no tan vecinos atraídos por la fama de sus tapas y por unas de las mejores patatas bravas de Madrid. Un local que lleva cuarenta años mejorando y refinando la receta original de salsa brava del abuelo de la familia, pero que no ha descuidado las otras cositas ricas típicas como la oreja, la tortilla de patatas o los caracoles.
Y sí, en el Docamar NO se puede fumar.
Como han oído, señores.
En uno de los mejores y más visitados bares del barrio de Quintana han prohibido fumar.
En ninguna zona del local se puede encender un pitillo, ni en el bar ni en el restaurante situado en la primera planta. Es una zona completamente libre de humos. Tan sólo han reservado una pequeña zona, en la calle, al resguardo de un pequeño tejadillo y con la compañía de unos radiadores de jardín, para aquellos que no puedan aguantar el mono de tabaco. Y, por supuesto, la terraza.
¿Creéis que perderán clientes porque no se pueda fumar en el interior? ¿Qué la gente se irá a otro bar donde las patatas bravas sean peores sólo porque al mismo tiempo podrán fumarse un cigarrillo? ¿Creéis que el Docamar se irá vaciando poco a poco?
Yo soy positiva respecto al tema. De momento, han pasado nueve meses y apenas he notado diferencia. El Docamar sigue lleno como siempre a la hora del aperitivo, de la merienda, de la cena... y las raciones de patatas bravas desaparecen con gran rapidez.

jueves, septiembre 07, 2006

Pequeño desagravio a Fernando Fernán Gómez

A ti te dicen Fernando Fernán Gómez y lo más probable es que pienses en esto:



Tiene cojones que hagas más de doscientas películas, que dirijas otras treinta, que guionices veintitantas, y que la muchachada te conozca principalmente por tus accesos de mal humor. Y pensaba yo todo esto porque me puse a leer ¡Stop! Novela de amor, un libro escrito por el ínclito y editado por Espasa que está saldado –a ver si hablamos un día de mi compulsiva necesidad de comprar libros saldados-. Un libro que demuestra que además de ser un cascarrabias es un escritor notable, aunque su obra literaria no aparezca en la Wikipedia.

De Fernán Gómez había leído El viaje a ninguna parte, que también fue película, una nostálgica y tierna novela de estilo costumbrista sobre los cómicos que van de pueblo en pueblo en los años cincuenta. También ¡Stop! Novela de amor es una novela costumbrista, que retrata el ambiente cinematográfico madrileño a través de las desventuras amorosas del protagonista, un guionista de éxito que “no está hecho para el amor”. Entretenida y con algunos momentos francamente divertidos, el pero más importante que se le puede poner es precisamente esa obsesión costumbrista que lleva a Fernán Gómez a calcar expresiones castizas, con lo mal que queda eso escrito (Eh, usté, apártese a un lao) y momentos en los que los diálogos resultan bastante forzados.

Después de leer esta novela me han entrado ganas de releer El viaje… y alguna otra. Porque igual Fernán Gómez no está entre los mejores 20 escritores de España, pero me da la impresión de que produce obras eficaces y más que satisfactorias. Por eso me pregunto: ¿cuándo volverá a escribir una novela Fernán Gómez?



Si es que somos incorregibles, desde luego.

martes, septiembre 05, 2006

Una de brunchs

Como ya bien sabéis todos Txiqui y yo no somos precisamente abanderados de la vanguardia, pero hay una moda que arrasa últimamente en Madrid a la que nos hemos apuntado de cabeza y sin pensarlo de veces: ir de brunch los domingos. Y mira que es extraño que esto se considere “estar a la última” porque el brunch es una cosa que se practica en Nueva York desde principios del siglo XX o, incluso, antes. Pero ya es bien sabido que nosotros los españoles pensamos bien, pero tarde. Y nunca es tarde para adoptar una moda tan fantástica como esta, sobre todo, porque salir de brunch es una de esas escasas y extrañas ocasiones en la vida en las que puedes ir de moderno y al mismo tiempo ser práctico sin gastarte mucha pasta. Como cuando se puso de moda ir vestido de vagabundo…

El término brunch viene de la contracción de las palabras breakfast y lunch, es decir, una mezcla entre desayuno y comida que se puede tomar entre las 11 y las 15 horas de los fines de semana y que nos permite ponernos ciegos a base de pequeñas menudencias dulces y saladas mientras te sumerges en los dominicales sin que nadie se sienta insultado por tu grosería. Todo ello por unos 20 euros. Bastante bien tal y como está hoy en día la vida en Madrid, que como también sabéis está mal tirando a fatal e incluso mucho peor desde que el Euribor está subiendo sin parar. Pues bien, tomar brunch es uno de esos pequeños lujos que os recomendamos desde este blog porque, sencillamente, es un lujo pero pequeño. Así que, amigos, “to be fashionable nowadays, we must brunch”, pero no lo hagáis en cualquier sitio.

Dada nuestra naturaleza inquisitiva y nuestro afán de servicio a todos aquellos que visitan nuestro blog, hemos hecho una pequeña labor de investigación por los distintos locales que dan brunch en Madrid que esperamos os sirva de guía. No son todos los que son, pero si unos cuantos para irse estrenando:

Le petit bistrot (Plaza de Matute, 5):Fue el primer local que visitamos como aficionados al brunch y acompañados de unos amigos que lo practicaban con asiduidad, un local de estilo francés, informal y agradable. El brunch que nos sirvieron no estuvo nada mal, comenzando con pan y algo de bollería servida con mantequilla y mermelada, un Actimel, café con leche y azúcar, zumo natural de naranja y un plato caliente a elegir: rosbif con ensalada, huevos fritos con bacon... Desgraciadamente fue hace bastante tiempo y no puedo precisar con claridad lo que tomamos, pero mi recuerdo es grato.
Puntos a favor: Tienen facilidades para niños, sirven montañas y montañas de rico café.
Puntos negativos: El excesivo ruido y jaleo del local, nada es demasiado sorprendente, todo muy común.

Nota final: 6,5-7.
Precio: 15 euros aprox.

Nina (Manuela Malasaña, 10): Nuestra siguiente experiencia en el mundo del brunch fue en este modernísimo local del centro de Madrid. Desde el comienzo, el menú del Nina superó nuestras expectativas: una selección de panes bastante amplia (integrales, con aceitunas, etc.) servidos con varios tipos de mantequillas (no recuerdo los sabores) y patés. Todo sin reparar en cantidades. A continuación zumo de naranja recién exprimido (aunque creo recordar que había otras posibilidades) y yogur batido de varios sabores (sí, sí… probablemente sería un Danone vulgar batido y servido en un cuenco moderno, pero somos asín de tontos). A continuación llegaron los platos calientes: revuelto con beicon crujiente y salchichas, salmón ahumado con bagel y queso crema, pavo jamón natural al horno con huevo hilado y ciruelas al Armagnac o huevos Benedict. Para terminar, café con leche (rico, rico) y una selección de muffins y plumcakes.
Puntos a favor: Muchísima variedad, toda deliciosa y ligeramente diferente. Buenas cantidades, bien presentadas y originales. Local agradable, amplio y silencioso.
Puntos negativos: No sirven café hasta el final de la comida, cuando en estas ocasiones necesitas una inyección de cafeína rápida y eficaz. Los dulces del final son un tanto escasos cuando se es un comilón gordo como nosotros.

Nota final: 8.
Precio: 18 euros/persona.

Ene (Nuncio, 19): Nuestra visita a este también modernísimo local de la Latina se produjo a mediados de agosto, lo que puede explicar que apenas hubiera gente o que el servicio fuera tan atento (no me habían hablado nada bien de los camareros de este sitio, por lo que quedé gratamente sorprendida). El brunch del Ene comienza con un cocktail (a elegir entre el Bloody Mary o el Bellini) y continúa con una pequeña (si, muy pequeña) aunque deliciosa selección de panes y bollos. Para ser más exactos: un trozo de pan y un pequeño bollo por cabeza. A continuación Muesli con yogur griego y frutos rojos o Quiché Lorraine o ensalada de espinacas con jamón de pato y vinagreta de mango o table de quesos y frutos secos. Un poco.
Y los segundos: salmón marinado sobre blinis o huevos benedictine o tortilla mexicana rellena de frijoles con guacamole y pico de gallo o la carne del día. Otro poco.
Para finalizar, café con leche y una selección (increíble pero también diminuta) de galletas, brownies y dulces.
Puntos a favor: Platos originales, cocktail incluido en el precio. La bollería insuperable.
Puntos negativos: Raciones minúsculas. Te quedas con hambre. De verdad. Mucha hambre. Dicen que hay un D.J. Todo tiene demasiada pose, incluidos los camareros.

Nota final: 6´5.
Precio medio: 20 euros/persona.

Café Oliver (Almirante,12): El Café Oliver ha sido en los últimos años uno de nuestros lugares favoritos para ir a comer, por eso teníamos demasiadas esperanzas puestas en un servicio de brunch. Además, se cuenta que era uno de los pioneros en la capital. En fin, que fuimos hace unas semanas y no quedamos decepcionados, pero tampoco impresionados. El brunch comienza como todos, con pan y bollos (uno por persona) servidos con mantequilla y una clase de mermelada. Puedes elegir entre varios tipos de zumo natural exprimido, naranja, piña y mango o melón y café servido en cafetera de émbolo. Se continúa con un plato de huevos: revueltos con hierbas, fritos con bacon o benedicr. Y se termina con ensalada cesar o ensalada de frutas o hamburguesa de queso o tortitas con sirope de arce.

Puntos a favor: El local, siempre agradable. Aunque la bollería no es para echar cohetes los platos cocinados son ricos sin llegar a ser excelentes y las raciones grandes. Los originales zumos naturales.
Puntos negativos: El café es ¡americano!, aunque te puedes tomar tres tazas lo que deberían copiar los demás sitios. Los camareros parecían algo confusos y cometieron errores grandes como olvidarse de ponernos leche, olvidarse de servirnos los primeros, etc.

Nota final: 7.
Precio medio: 20 euros/persona.


Olsen
(Calle del Prado, 15): No hemos ido a este local a tomar el brunch… y no creo que vayamos. La experiencia de una pareja amiga nuestra (precisamente la pareja que nos introdujo en este hábito) fue tan nefasta que no nos atrevemos a poner un pie por allí. En medio de su tranquilo brunch dominical se encontraron con una cucaracha de gran tamaño pululando por su mesa. Los camareros del local no sólo se comportaron bastante fríamente con el asunto sino que además no tuvieron el detalle de excusarse o invitarles a desayunar o, simplemente, tirarse el pisto invitándoles a algo a ellos y a todos los vecinos de mesa que sufrieron ataques de histeria. Tampoco ayuda en nuestra pobre opinión sobre el Olsen que Txiqui fuera allí a cenar con su empresa y le pareciera todo un fiasco, pero si no queréis imitarnos porque os fiáis más de las numerosas y positivas críticas que está recogiendo este restaurante nórdico (seguramente todas compradas), su brunch se compone de café o te, zumo, bagels con manteca y mermeladas a un precio de 5 euros. Y si queréis tomar algo mas, por 16 euros extra podréis elegir entre una amplia selección de platos calientes como pan de brioche tostado con queso brie, puré de higos y confit de pato o patatas escalfadas con salmón, huevo y beicon.

Por supuesto hay muchísimos más locales que estamos deseando visitar en los que se sirven, según se cuenta, un magnífico brunch. Entre ellos, Teatriz, La Viuda Blanca, De Funy... En este blog prometemos sacrificarnos por el bien común y visitar pronto la gran mayoría de estos locales. Al fin y al cabo, como ya he dicho, somos un servicio público y nos mueve la filantropía.

lunes, septiembre 04, 2006

Mal empezamos


Estoy leyéndome Plinio, casos célebres, una recopilación de novelas de Francisco García Pavón que recomiendo vivamente, como trabajo de documentación para mi próximo libro (a ver cómo acaba la cosa). Y me lo estoy pasando en grande.

Bien, el caso es que se me ocurrió leer la contraportada del libro, error que cometo de vez en cuando porque soy un tipo intrépido y temerario. Y leo esto:

Francisco García Pavón es, sin duda, el pionero de la novela policíaca de calidad y José María del Moral, Plinio, su protagonista, es el primer personaje plenamente español, bla bla bla.

Vale. ¿Algo raro? Lo de pionero de la novela policíaca de calidad, pero no es eso. El texto se refiere a la novela policíaca española. Pero empecemos a leer el libro por su primera novela, El reinado de Witiza. Primera línea:

Manuel González, alias Plinio, Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso, y su colaborador y amigo bla bla bla.

¡Magia! De la contraportada a la primera página José María del Moral se ha transformado en Manuel González. El trabajo de corrector de textos está cada vez más devaluado, pero esto... ¿Y además, de dónde sale el nombre de José María del Moral? Pues con una paciente búsqueda en Google he averiguado que es el gobernador civil de una de las novelas de Plinio, El rapto de las sabinas, presente en el mismo volumen. Lo cual no me explica cómo ha usurpado la personalidad de Plinio. Qué cosas más raras pasan en los libros.

viernes, septiembre 01, 2006

Vuelta al cole

Como de costumbre, El Roto lo explica mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, en El País de hoy.



A ver cómo se da la cosa este año. Dentro de lo posible, nos alegramos de volver a veros.

viernes, agosto 04, 2006

Creí que no iba a llegar nunca el momento

Pero hoy cogemos nuestras vacaciones de verano, así que El sabor del cerdo agridulce dejará de actualizarse hasta septiembre. Mientras tanto, si queréis entreteneros podéis visitar esta página.

O leed este libro, claro.

Portarse bien y no peguéis a los otros niños. Y comeos las verduras.

miércoles, agosto 02, 2006

Pues sí que está chungo alquilar piso en Madrid

Iba yo paseando camino del trabajo (o sea, de mal humor) cuando me encuentro una farola con este anuncio, que arranqué para vuestro deleite:



Menos pedir una fotocopia compulsada de un grabado de Miró, el tío no se ha dejado ni un requisito. Algunos de ellos normales y razonables: que no sea fumador, que no tenga alergia a los gatos (por su propio bien, yo aviso), un mínimo de no sé cuántos meses. Otros que rondan ya el tiquismiquismo: trabajo de jornada completa y de día -¿y si trabajo seis horas al día?-, que no sea estudiante (¿por los porros, por las fiestas, por resacas, por irresponsables?. y un requisito lisérgico: que viaje algún fin de semana (mínimo 1) regularmente al mes fuera de Madrid.

Ostras, ¿eh? Aparte de la construcción de la frase ("Argh, ¿cómo salgo de esta frase?" Coño, dale a borrar y vuelve a escribir desde el principio, papanatas), la condición sólo puede provocar inquietantes preguntas:

1. ¿Por qué me tengo que ir fuera de Madrid? ¿No puedo ir a Alcalá de Henares? ¿O a una fiesta en casa de unos amigos? ¿Te da miedo que nos encontremos?

2. ¿Para qué quieres tener la casa un fin de semana al mes, en exclusiva? Se me ocurre que para follar -a vosotros también se os ha ocurrido, guarretes-. Triste vida, una vez al mes nada más. Será que es suficiente. O sea que será una orgía. Una orgía una vez al mes está bien. Pero entonces, ¿por qué no dejar que se una tu compañero de piso, egoísta? ¡Que es una orgía! La única alternativa razonable es que el tipo necesite el piso entero (con sus 180 metros de terraza) para hacer misas negras. Como diría el doctor House, lo explica todo: el tonito del sujeto, la expresión de lo de regularmente fuera al mes libre de sobrexposición adulto fin de semana, que tenga que ser fuera de Madrid, lo de la alergia a los gatos y la terraza de 180 metros (180= 6x30= 6+3+0=9, y 1+8+0=9, septiembre= mes 9, las ventajas que ofrece son 9 y otros datos cabalísticos y/arcanos que no tengo tiempo de inventarme), lo del Fin del Mundo de ayer, que habitación no vaya acentuado...

martes, agosto 01, 2006

Algunas cosas absurdas de este loco mundo

1.- La tozudez de algunos fabricantes en gastarse un dinero en investigar y fabricar mejores silenciadores para sus motos, ya que los motociclistas que las compran se van a gastar más dinero en quitarlos.

2.- La extraña manía de los empleados de las tiendas en poner el aire acondicionado a toda pastilla y luego dejar la puerta de sus locales abierta para que se salga todo el aire y entre todo el calor. Aunque, lo mismo, no es absurdo… lo mismo están intentando enfriar la ciudad.

3.- Los coches familiares a la venta que pueden llegar a alcanzar ¡hasta los 220 km/h! según su publicidad cuando por ley sólo podemos alcanzar los 120 km/h máximo.

4.- Que cada vez existan más cadenas de televisión… y que todas emitan el mismo programa a cualquier hora o una pequeña variedad del mismo ya sea tipo a) batiburrillo de patchwork televisivo, tipo b) programa del corazón con contenidos hard-core o tipo c) programa del corazón con famosillos comentando el tema, público confesando sus intimidades y concurso malo. Y que en ninguna echen buenos dibujos animados, claro.

5.- Para tener un tabique de verdad en tu casa tienes que comprarte una vivienda de lujo. Las viviendas normales no tienen tabiques, sólo muretes de pladur (lo que, extrañamente, no ha favorecido en absoluto la comunicación entre los vecinos que, por lo que se dice por ahí, cada día es más fría e insolidaria).

6.- Las tiendas están vendiendo ya la ropa de invierno (a 40º a la sombra) y la Navidad empieza en noviembre (y a este paso empezará en octubre).

7.- Las ensaladas que sirven en los establecimientos de comida rápida.

8.- Todas las piscinas vacías que hay en mi barrio y toda la gente que se apretuja sin casi poder moverse en la piscina municipal.

9.- Que en verano, cuando tenemos más tiempo libre y las jornadas son intensivas, la mayoría de las películas que se estrenan sean mucho peores que las que se estrenan en otras épocas.

Estoy segura de que hay miles y miles de cosas absurdas en este loco mundo que es el nuestro, pero queridos señores, la absurdez de mi trabajo me exige terminar sin falta unos textos publicitarios para que (10.-) mañana sin falta pueda salir un ridículo banner anunciando no-sé-qué sobre unos descuentos antes del Fin del Mundo.

Ya saben, cuestión de vida o muerte.
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