A mí Luis Aragonés siempre me cayó fatal, al principio supongo que porque era entrenador del Barcelona y el Atleti, pero sobre todo por su descarada grosería. Es que me ponía malo de verle en las ruedas de prensa rascándose el cuello, hurgándose las orejas y hablando para el cuello de su camisa, detestaba sus gafas ochenteras, su aspecto desaliñado vestido de chándal -¡con esa barriga!-, la manera en que voceaba y se le caía la dentadura postiza –no miento, lo vi con estos ojos que se han de comer los gusanos-.
Hay que reconocer que nunca le he visto hurgarse los dientes con un palillo en una rueda de prensa.
Sin embargo con el tiempo el hombre empezó a resultarme más soportable, y hasta consiguió que me cayera bien –una hazaña, pasar de caerme mal a bien, dificilísima, y que sólo ha conseguido, redoble de tambores, Maribel Verdú-. Cuando tuvo la bronca con Romario me hice incondicional suyo de la misma manera en que uno se vuelve incondicional del Abuelo Cebolleta o de los cascarrabias como Fernán Gómez (Recordemos la escena: Luis Aragonés abroncando a Romario, que se hacía el sueco, gesta complicada para un brasileño, hasta que Luis le espetó: Míreme a los ojitos).
Pues bien, desde entonces le tenía como un hombre con manías y excentricidades, pero su trayectoria en los últimos tiempos me hace pensar que en realidad lo que le pasa es que está como una cabra. Veamos qué ha hecho en los últimos meses:
1.Dice que si España no llega a semifinales del Mundial, se considerará un fracaso y dimitirá. España cae en octavos.
2.Luis no dimite. La explicación: “La palabra fracaso es muy fuerte”, y la lisérgica: “una frase que a lo mejor me interesaba decir en un momento dado, no va a condicionar mi futuro”. Es un poco el estilo Roma no paga traidores, versión moderna.
3.España cae con Irlanda del Norte. Se acumulan las presiones para que Luis dimita. Luis dice: "Yo no he visto a nadie que haya dimitido. La gente se va cuando acaba su contrato". Y después: "Lo que no entiendo es que me digan que me vaya del trabajo. ¿Vosotros os iríais de vuestro trabajo?" Ahí hay que darle la razón. Además que tiene que pensar en su familia y su futuro (literal).
4.Dos días después Aragonés dimite. Y les dice a los periodistas: "He dimitido que es lo que vosotros queríais". Un poco al estilo madre: “Pues toma croquetas, a ver si revientas de un cólico y me dejas tranquila”. La Federación le dice que nanay y que tiene 48 horas para pensárselo. En otra frase psicotrópica, Luis les dice a los periodistas que no ha cambiado de opinión: "No es cuestión de fin de semana ni de nada. Antes dijisteis lo que dije y ahora diréis lo que digo”. Le ha faltado añadir: "¡Pringaos!" Será por falta de ganas.
5.Cinco horas después Luis dice que sigue, y aquí paz y después gloria. Muchas vueltas no le ha dado, no, no puede decirse que haya pasado mala noche y no haya pegado ojo por las dudas.
En resumen: o Luis se está quedando con nosotros, o ha perdido la chaveta, o quiere que la perdamos nosotros, o en un descuido ha sido sustituido por su muñegote del Guiñol. Otra explicación no cabe.
1.Dice que si España no llega a semifinales del Mundial, se considerará un fracaso y dimitirá. España cae en octavos.
2.Luis no dimite. La explicación: “La palabra fracaso es muy fuerte”, y la lisérgica: “una frase que a lo mejor me interesaba decir en un momento dado, no va a condicionar mi futuro”. Es un poco el estilo Roma no paga traidores, versión moderna.
3.España cae con Irlanda del Norte. Se acumulan las presiones para que Luis dimita. Luis dice: "Yo no he visto a nadie que haya dimitido. La gente se va cuando acaba su contrato". Y después: "Lo que no entiendo es que me digan que me vaya del trabajo. ¿Vosotros os iríais de vuestro trabajo?" Ahí hay que darle la razón. Además que tiene que pensar en su familia y su futuro (literal).
4.Dos días después Aragonés dimite. Y les dice a los periodistas: "He dimitido que es lo que vosotros queríais". Un poco al estilo madre: “Pues toma croquetas, a ver si revientas de un cólico y me dejas tranquila”. La Federación le dice que nanay y que tiene 48 horas para pensárselo. En otra frase psicotrópica, Luis les dice a los periodistas que no ha cambiado de opinión: "No es cuestión de fin de semana ni de nada. Antes dijisteis lo que dije y ahora diréis lo que digo”. Le ha faltado añadir: "¡Pringaos!" Será por falta de ganas.
5.Cinco horas después Luis dice que sigue, y aquí paz y después gloria. Muchas vueltas no le ha dado, no, no puede decirse que haya pasado mala noche y no haya pegado ojo por las dudas.
En resumen: o Luis se está quedando con nosotros, o ha perdido la chaveta, o quiere que la perdamos nosotros, o en un descuido ha sido sustituido por su muñegote del Guiñol. Otra explicación no cabe.




