martes, septiembre 23, 2008

¿Por qué llamarlo "¡Una guerra muy perra!?

Hace la torta de años mi amiga Paz se presentó en casa con una botella de ginebra Larios y un VHS de la película Los Cabezas Huecas. Queda decir que la película nos pareció lo más y nos reímos como en la vida. Tan bien nos lo pasamos que decidimos repetir la experiencia con otras botellas de Larios y un montón de películas chorras más.

Es así como vimos El mundo de Wayne, todas las secuelas de Espía como puedas y una larga ristra de títulos absurdos hasta que cerramos el ciclo con Los Supermaderos.



Es que veo esta escena y me descojono, oyes.

Años han pasado y jamás he vuelto a repetir aquella bonita costumbre. Tampoco he vuelto a ver a mi amiga Paz o he vuelto a beber ginebra Larios (me pasé a la Bombay Saphire, es lo que tienen los años, que te hacen exquisita). El caso es que tampoco había vuelto a ver ninguna película de coña con la que me riera tanto, de llorar lágrimas de risa.

Pero el domingo pasado esa mala racha se acabó. Fui una de las afortunadas en asistir al preestreno de Trophic Thunder, que dicho así, no tiene pinta de hacer nada de gracia pero que cuando usas su traducción al español, ¡Una Guerra muy perra!, exige verse con una botella de Larios. El caso es que no necesité ni ginebra ni nada que se le pareciese para reírme un montón con las payasadas de Ben Stiller, Jack Black y Robert Downey Jr.

Pero Trophic Thunder, ¡Una guerra muy perra! no es sólo una película de coña con cuatro chistes (son más de cuatro, en serio, no fui capaz de llevar la cuenta) bien enlazados. También cuenta con un elenco de actorazos, una banda sonora de lujo, una producción muy cuidada tanto a nivel técnico como artístico y una trama bastante bien construida. Inesperado el asunto para tratarse de una película de coña.

No es la primera vez que Ben Stiller me sorprende con su habilidad como director y guionista. Ya con Zoolander consiguió demostrarme que cuando se dirige a sí mismo es capaz de sacar muchísimo más de sus personajes cómicos y de hilar .



Yo de mayor quiero escribir un guión así.

En esta ocasión, Stiller interpreta a un super estrella de películas de acción en plena crisis, dispuesto a todo con tal de recuperar su fama, incluso de emular al gran Marlon Brando en aquella película apocalíptica de Francis Ford Coppola. Jack Black está bien en su papel, aunque no consigue llegar al nivel interpretativo de otras películas suyas, como Alta Fidelidad. Pero, en mi opinión, el que se lleva la palma es Robert Downey Jr., que con su papel de actor de método ganador de cinco Oscar, se hace con el peso de la película y nos regala momentos brillantes.

Todo, absolutamente todo en Trophic Thunder, ¡Una guerra muy perra! está perfectamente argumentado. Desde los hilarantes falsos trailers con los que se inicia la película hasta el impactante final (justo cuando yo descubrí que tras uno de los personajes principales se escondía una estrella de cine famosa, famosísima, que aquí no voy a descubrir). Y lo que más me gustó. Es una película de coña, pero tiene mensaje: el guión arremete contra la identificación de las estrellas con auténticos ídolos del siglo XXI, contra todos los medios de comunicación que los aupan como dioses del Olimpo mediático y contra una de las industrias más ambiciosas y con menos escrúpulos del mundo.



En definitiva, disfruté un montón y lo único negativo que puedo decir de la peli es la nefasta elección del título en España. ¿Por qué llamarlo ¡Una guerra muy perra!? En mi opinión clasifica a esta película en la categoría de películas como Los Supermaderos y no es el caso. Es muy superior.


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miércoles, septiembre 17, 2008

¿El coche o el anuncio?

Hasta ahora pensaba que no había visto nada más raro que esto en publicidad:



Bueno, este anuncio no es lo raro. Lo raro es que meses más tarde en Cruzcampo se vieron en la necesidad de sacar este otro:



Un anuncio que explica un anuncio anterior, "por si no quedó claro". Huele a post-test que tira para atrás. Sacan el anuncio y luego le preguntan a la gente qué ha entendido. Y como parece que no se han quedado con la copla, pues se explica paso a paso en el siguiente anuncio, admitiendo que lo anterior fue tirar el dinero. Chanante.

Pero resulta que estos días de atrás han ido apareciendo otros anuncios que me han parecido aún más raros. Este, por ejemplo, que me trae loco:



O este otro, de la misma campaña:



O este, que me deja de pasta de boniato:



¿Ustedes lo entienden? Yo no, no lo entiendo. En publicidad nos gusta a veces ser sutiles para parecer más listos, y en ocasiones que el anuncio resulte incomprensible para algunos espectadores no es necesariamente malo, pero la verdad es que al ver estos anuncios yo no sé qué pensar. Menos mal que hay unas declaraciones de una responsable de Vanity Fair en la revista profesional Anuncios, que lo aclara todo: "[la campaña] girará en torno a la idea de que para conocer Vanity Fair tienes que leerla, tenerla en tus manos, ese será el mensaje paraguas que aguantará toda la campaña, que la revista es tan especial que eres tú el que tiene que acercarse a ella".

De ahí la sonrisa del camarero, claro.

En fin, yo estoy tranquilo, porque estoy esperando a que emitan, como en el de Cruzcampo, el anuncio que explique el anuncio. Y entonces todo tendrá sentido, digo yo.

martes, septiembre 09, 2008

Yo de mayor quiero ser Tom Jones

Especialmente, pero no sólo, a partir del minuto dieciocho de este vídeo (pero véanlo todo que merece la pena entero y aprendérselo de memoria).



Nunca he besado a dos hermanas, dice. No, qué va. Qué va.


Actualización: Vistas las dudas sobre mis capacidades como bailarín, que inevitablemente se vinculan a mis habilidades como amante, os muestro un vídeo en el que se ve cómo bailo, para que no haya el menor resquicio a la duda de lo bien que hago ambas cosas:



Yo soy el que baila, obviamente. Mi cuerpo se mueve como una palmera.

viernes, septiembre 05, 2008

Este puente va a llover... pero siempre hay razones para reír




Acabo de ver esto en Menéame. Y, oyes, todavía estoy en la oficina, me queda un rato largo de aguantar sandeces a tutiplén, no tengo puente ni plan, no me han subido el sueldo otro año más y este fin de semana va a llover (con todos los contratiempos que eso suponen para una joven pareja con dos niñas pequeñas), pero ¡madre, qué risa más tonta!
Buen Fin de Semana a todos y Buen Puente a los Afortunados.

P.D.: No pasa nada porque nos riamos de esta pobre chica: en su programa, Está Pasando, se ríen de toda España a diario y sin cortarse un pelo.

martes, septiembre 02, 2008

Crecí en los 80

La señorita Altovoltaje se prodiga últimamente poco en la blogocosa, y bien que lo sentimos, pero de cuando en cuando nos manda perlas cultivadas como esta en la que unos tíos muy graciosos recuerdan los 80 a ritmo de canción heavy. Tronchante:



Y suelta verdades como puños, además. Estoy por decir que lo mejor de los 80 fue justificar vídeos como este veinte años después. Qué coño, ya lo he dicho.

lunes, septiembre 01, 2008

Es difícil decirlo más claro



Está justo enfrente de mi agencia y lo veo todas las mañanas. Y no hay más texto de apoyo, que yo creo que ya se entiende el mensaje. Bueno, esta frase, pero como si no existiera, que no se dice nada.

miércoles, agosto 27, 2008

Dónde me gustaría estar ahora si tuviese el talento suficiente

Estuvimos hace poco viendo Wall-E, y me llevé la conclusión de que Pixar es ahora mismo el lugar del mundo en que más talento se acumula. No ha habido película de Pixar que bajara del notable, si exceptuamos el escandaloso patinazo de Cars (pero a John Lasseter le perdonamos todo, todo, todo, y más cuando miramos este artículo sobre él en la Wikipedia en el que descubrimos que su primer trabajo en Disney fue como capitán del Crucero de la Jungla en un parque de atracciones; hay que ser muy bueno para recuperarse de eso).

No es sólo que en Pixar estén tan avanzados técnicamente que hagan palidecer a otras productoras de animación. Es que saben qué es lo que verdaderamente importa en una historia: la propia historia. Y a ella le dedican recursos y mimo. Se nota al ver una película pixariana que cada detalle del guión está pulido una y otra vez en vez de, como suele ser habitual, puesto un poco a trompicones mientras el director se ocupa de alguna cosa más importante como, por ejemplo, de si la explosión de los dos coches es en el tono de naranja que tenía pensado. Se cuidan esos delicadísimos elementos que hace que una historia nos importe o no, los personajes.

De las películas de animación siempre me ha fascinado la fe de sus creadores en su producto. Estar tres años trabajando en algo con la fe de que finalmente va a responder a tus expectativas, y sabiendo que retroceder es muy difícil, por no decir imposible, me parece admirable. Y creo que Wall-E es un caso de asombrosa fe, una película que podía fracasar de muchas maneras y que sin embargo salva todas las difcultades con una facilidad insultante. Parece una película hecha a propósito para el riesgo: es para niños (eso dicen) y se nutre del cine clásico mudo, para empezar. Es sutil y tiene una música maravillosa sacada de una película musical, y tiene un mensaje ecológico que resulta refrescante. Y técnicamente es perfecta. Y los personajes son fantásticos. Y funciona como un reloj en cada una de sus partes.

Y tiene un corto de regalo estupendástico, también mudo. Este (no sé cuánto durará colgado, aprovechen):


domingo, agosto 24, 2008

Una mente malvada en la tele

El otro día estábamos tan panchos tumbados en casa viendo la tele cuando vimos este anuncio de Control:



Muy bien. El caso es que termina el anuncio y empieza otro. Y el que empieza es, para nuestro pasmo, un anuncio de Vaginesil ("para las irritaciones vaginales, bla bla bla..."), y nos parece que el azar nos brinda momentos estupendos en la vida -por desgracia se concentra en estas chorradas en vez de en los Euromillones-. Habrá sido casualidad, claro, pero a mí me gusta pensar que en al menos una tele, uno de los tipos que montan las ruedas de anuncios se ríe de vez en cuando entre dientes recordando algo mientras sus compañeros se preguntan qué le resulta tan gracioso a ese tipo.

martes, agosto 19, 2008

Mala suerte

Hace unos años, cuando era una copy junior y mi sueldo era más junior aún, me gasté una fortuna (para mí lo era entonces) en un top de seda de Hoss. Ni que decir tiene que al día siguiente lo estrené, porque yo soy de esas que no dejan nada para mañana no vaya a ser que me pase algo y me quede con las ganas de estrenar. Y ni que decir tiene también que aquel día fui a la agencia sintiéndome la reina del lugar. Todo el mundo tuvo alguna palabra para mi nueva adquisición: que qué guapa estaba, que si había adelgazado, que me sentaba de miedo... Jo, qué día más estupendo. Lo malo es que se estropeó por la noche. Concretamente, cuando nada más empezar el capítulo de Los Serrano (estamos hablando de la segunda temporada de la serie, la torta de años ha) Verónica Sánchez salió con el mismo top. Horror. Y no es que porque no me guste esta actriz. Me encanta. Me parece simpática, cercana y sobre todo, monísima.


Verónica Sánchez o "the perfect next door girl"

Ese era el problema. A Verónica Sánchez le quedaba el top cien veces mejor que a mí. Pero, bueno, quizás nadie se daba cuenta... Claro que, la cosa se puso más chunga aún. Sí, amigos, porque veinte minutos más tarde, ¿quién salió en el mismo capítulo con el mismo top?

Arggggggg.

Elsa Pataki. La mismísima Elsa Pataki.

No, no, no y no.

¿Por qué a mi, Señor, por qué? La mujer más deseada de España. La mujer de medidas perfectas. Con esa tipa no podría competir ni aunque ella fuera enrollada en una sábana y yo llevara un vestido de Armani.


Ni yendo a Lourdes, oigan...

Tardé mucho en volver a atreverme a llevar a la oficina el maldito top. El caso es que, hace unos días, me compré un modelazo tremendo para una fiesta. Oh, era una pasada, bonito, bien cortado y original. Nadie habría visto nada igual, me dije. Por lo menos, hasta que aquella misma tarde lo sacó Patricia Conde en Sé lo que hicistéis...

En mi próxima vida me pido estar así de buena.

Estaba claro. Se trataba de una conspiración de nivel mundial para hundir mi autoestima y ya de paso, arruinar mi capacidad de compra. No había otra respuesta posible. ¿O sí? Quizás era un caso de mala suerte. De extrema mala suerte. Y es que no me extraña que la autoestima general de las mujeres ande hoy en día por los suelos. Antes no existía la televisión, ni había tanta prensa, ni tantas posibilidades de ver no sólo lo que pasa en tu propio país sino en cualquier rincón del mundo. Y tampoco existía el Photoshop ni el retoque ni los maquillajes tan trabajados. Antes, el listón no estaba tan alto porque no había mucha gente con la que compararse. Sí, en todos los pueblos había una tía buena, pero era alguien asequible, cercano y con algún que otro grano. Hoy, con las nuevas tecnologías, la cosa está muy chunga para las chicas normalitas como yo. Pero yo he decidido no rendirme. La única solución es hacerme con un fondo de armario un "pelín" más extenso y todo estará arreglado.

P.D.: Espero que los chicos encuentren algún aliciente (ejem, ejem, guiño, guiño) en este post que va de vestiditos.


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