Pides un café solo, por ejemplo, y la camarera viene y te trae el café y el sobre de azúcar. Y oye, qué buena idea, y qué sencilla:
Sobre todo si la camarera está buena, claro.
Pero entonces te vas a tomar el café y...:
¡Oh! ¡Qué verdadera lástima! Resulta que para tomarse el café hay que tener el corazón roto... Al menos si pides un café solo. El próximo día voy a pedir uno con leche. A ver qué pasa.
A Taylor Swift imagino que ya la conocen ustedes, pero por si acaso no, hay que decirles que es una chica pizpireta jovencísima que se está forrando gracias a hacer cancioncitas inofensivas como esta:
Es de una inocencia conmovedora, y yo no tendría nada en contra de ella si no fuera porque en ese vídeo aparece de vez en cuando este sujeto:
Al que me encantaría dar una paliza, la verdad. Que cierres la puta boca, coño.
El caso. Que Taylor se ha especializado en canciones y vídeos tirando a moñas. Aquí, por ejemplo, la vemos compitiendo consigo misma por el amor de un maromo. Nótese que la buena es la casta rubia y la mala es ella misma de morena:
Qué monada de chica.
Claro, lo poco agrada y lo mucho empalaga, como dice mi madre.
Y tanta inocencia y tan ser tan cuqui acaba pasando factura, así que los asesores de Taylor han decidido, leo en los papeles, crearle una imagen más adulta, eufemismo que suele significar que va a enseñar más cacho y a posar el FHM. O teñirse. El caso es que está más macarra y como muestra no hay más que ver los póster que van pegando de su nuevo disco (sí, todo era una introducción para esto:
La verdad es que tampoco es que sea superrebelde la chica. Qué difícil es ser rebelde con flequillo. Los shorts parece que van a volver a ser tendencia este año; nos alegramos. El caso es que igual es un tema de actitud, de marcar paquete. Porque todo el cartel es muy de marcar paquete. No me refiero a Taylor, que se hace aquí uno de esos escorzos caravagiescos que tanto nos gustan aquí, sino al texto que la acompaña. 6 Premios Grammy, dice. Y luego lo importante, lo que demuestra que es una estrella.
Vamos a verlo con zoom manual, que es como se ven las cosas:
68 millones de discos vendidos, que se dice pronto. Ahí, uno detrás de otro. En un tiempo en el que mira que es raro comprar un disco.
Y 61 millones de seguidores entre Facebook y Twitter. Qué curioso que esto se considere ya una medida de éxito. No es de extrañar que tanta gente compre seguidores ficticios, con tal de engordar la estadística. Yo igual me compro un millón o dos.
Y cien mil millones en YouTube. Suena a cifra dicha a voleo, la verdad, al buen tuntún, suena al chiste de Faemino y Cansado, que se va a poner las pantuflas y no puede porque se encuentra dentro de una cien mil millones de pesetas.
El disco, nos avisa el cartel, está a la venta en todas partes. EN TODAS PARTES. Nada menos, ¿eh? Te lo encuentras en la Fnac y en la charcutería de los Hermanos Rebollo.
Baja, Modesto, que sube Taylor.
Yo no sé si Taylor ya es macarra en sí misma (esos brazos en jarra son muy sospechosos), pero que sus carteles ya lo son no me cabe ninguna duda.
Igual que en Twitter le decimos cosas a Bar Refaeli con la esperanza de que nos lea y caiga rendida a nosotros (nosotros aquí equivale a mí), la gente no deja pasar oportunidad de decir lo que quiere decir. Que quede constancia:
Parece claro que si se diera la extraordinaria circunstancia de que Mariano Rajoy (entendemos que el Mariano del mensaje es él) viajase en Metro, no se pararía a leer los mensajes escritos en las vallas publicitarias, pero al autor le da igual. Tiene que desahogarse como sea y soltar lo que lleva dentro. La rabia, la decepción, la desazón. Combinando un "a qué coño esperas", modelo de interpelación abrupto, con un "tonto" de patio de colegio. ¿Alguien a estas alturas con más de diez años insulta a otro llamándole tonto? Quizá en lo naif del adjetivo está su fuerza, quién sabe. Aunque yo soy más partidario del Bobo.
A mí, cuando leo la palabra tonto, sólo se me ocurre empezar a cantar el Bésame, tonto:
Y ponerme a pensar en Kim Novak, claro:
Bomba sexual de los cincuenta. Qué bella y qué gelida estaba en Vértigo, y hasta en Me casé con una bruja. Igual era ese el secreto de su macicismo. Aunque en otras películas estaba menos gélida e igualmente GROUMPF:
Ay, el pelirrojismo. Un día tenemos que hablar del pelirrojismo.
Y aquí estamos hoy para hablar de la quinta novela ya. Qué barbaridad. Mírala, mírala:
Yo lo que les pido humildemente es que echen un vistazo a la novela, que es, como el resto de las de Rebeca Rus, descacharrante. Y si difunden la palabra, mejor. Y si escriben una opinión en cualquiera de los sitios habituales en los que compran, más mejor.