martes, octubre 31, 2006

Uno de los mejores anuncios de la Historia

Creo que sería incapaz de elegir el mejor anuncio de la Historia, al igual que soy incapaz de elegir el mejor libro o la mejor película. Es una definición demasiado categórica como para sentirnos cómodos con ella. Sin embargo sí tengo más claro que hay algunos anuncios que están entre los diez mejores de la Historia. El que os presento hoy es uno de ellos. Fue el gran triunfador de Cannes en 1999 y como todas las obras maestras marcó un antes y un después. Tuvo cientos de imitadores -aún estamos sufriendo los efectos- sin que ninguno alcanzara la contundencia del original, cambió muchas de las reglas publicitarias y aún mantiene, siete años después, suficiente frescura como para que me ponga los pelos de punta. Es la campaña para el periódico inglés The Independent:




Ha pasado mucho tiempo. Por aquel entonces aún éramos capaces de creer en el Periodismo. Hoy, francamente, no sé si es un ideal obsoleto.

viernes, octubre 27, 2006

Introducing Mr X

Verán ustedes, en realidad es muy poco probable que los generales se presenten voluntarios a misiones suicidas. Quizá por el adjetivo, suicida, que les echa para atrás. Los generales son así, prudentes hasta la cobardía. Por eso han llegado a generales. El caso es que siempre que se pide un voluntario sale el pringao del batallón. O le empujan los compañeros. El recluta Patoso, vamos.

Enfrentarse a Gallardón por el Ayuntamiento de Madrid es una misión suicida, así de claro. Y no sólo porque el PP tenga en Madrid una sólida posición (coño, que es que ganaba Álvarez del Manzano. ¡Álvarez del Manzano! ¡El que cantaba villancicos!). Es que además el tío es listo y tiene tirón y no asusta a los de izquierdas. En las elecciones anteriores tuvo un debate con Trinidad Jiménez y la despedazó sin despeinarse.

Y claro, ningún pez gordo del PSOE ha querido presentarse. Anda que no han barajado nombres: Bono, Solana, Felipe, De la Vega, etcétera. Y todos escurrían el bulto. Menos Bono, que primero escurrió el bulto y luego dijo eso de “a mí no me amarga un dulce, que me lo pidan”, guiño, guiño, y los del PSOE se entusiasmaron, ah, pues se lo pedimos, y entonces Bono dijo: “Aquí ha habido un malentendido; no era un guiño, sino que se me había metido algo en el ojo”. Y vuelta a empezar.

Hasta que han decidido que lo mejor era presentar a un tipo desconocido que pasaba por allí. Miguel Sebastián. Pero que es madrileño, ¿eh?, que es gato, dicen como si eso fuera un mérito: una de las pocas ciudades del mundo donde casi nadie es de aquí. Y donde a nadie le importa.

Miguel Sebastián. En El País han tenido que recurrir a una entrevista de hace tres años para poder ofrecer algo de él. En el 20 minutos han recurrido a sus exalumnos (era majo y tal, a mí me aprobó). En nuestro diario favorito han pasado de líos y se han hecho su propia portada imaginativa:


Insisto: portada del diario gratuito Qué! Es que no me imagino la conexión mental
que lleva a una persona a hacer esto y a un jefe a aprobarlo.


Luego los del PSOE han cerrado filas, han dicho que van a ganar, que el tío está preparado, que era el mejor candidato posible, que patatín, patatán, pero al hombre es que no se le va la cara de si lo sé no vengo (pinchad el enlace, córcholis, que me lo estoy currando). Porque el tío tampoco parece que tenga mucha cintura o esa palabra tan bonita, carisma. “Aznar tampoco tenía carisma, Zapatero no tenía carisma”. Coño, ya lo sé, pero Aznar estuvo seis años dándose a conocer y martilleando (Váyase váyase váyase váyase váyase) y Zapatero tuvo otros tres para depilarse las cejas y probar distintos tipos de peinado. Miguel Sebastián tiene unos meses y, repito, se enfrenta a Gallardón, que va a fregar el suelo de la M30 con él.

¿Entonces? ¿Por qué han elegido a Sebastián? Veamos un extracto de la información de El País:

La decisión fue tomada anoche en una reunión en la que participaron el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el secretario de organización del PSOE, José Blanco, el presidente de la Federación Socialista Madrileña, Rafael Simancas, y el propio Sebastián.

En El sabor del cerdo agridulce hemos tenido acceso a una grabación de esa reunión (chúpate esa, Escolar) y os la ofrecemos en exclusiva. Tras la opípara cena, los cuatro están fumándose sus puros y tomando unos orujos (“A mí en copa de balón con dos piedras”).

-Bueno, ¿y qué hacemos con lo de Madrid?

-Pues verás, José Luis, he hecho un sondeo y me sale que ganamos a Gallardón si presentamos un candidato concreto. Es una apuesta audaz.

-Déjame que adivine, Pepiño: el propio Gallardón.

-No, ese chiste ya lo han hecho en otros blogs. Todos los sondeos indican que ganaremos si presentamos a Tierno Galván.

-¿Tierno Galván?

-Sí. Tiene carisma, tiene experiencia, es conocido. Es perfecto.

-Pero Tierno está muerto.

-Bueno, ya te he dicho que es una apuesta audaz.

-No sé, no sé.

Hay un silencio. Luego Simancas intenta pedir otra ronda de orujos, pero el camarero no le hace caso, finge que no le ve. Sebastián también lo intenta, pero nada. Al final Zapatero pide otra ronda.

-¿Y qué habría, que resucitarle?

-Claro. Ya lo hicimos con Morán. Ah, no, espera, que Morán no estaba muerto, sólo lo parecía.

-No sé, Pepe, no me convence. Ese tío era muy raro.

Quedan en silencio. Apuran sus copas. Le dan vueltas al asunto, piensan que el pacharán está mucho mejor que el orujo. Piden unos pacharanes.

-¿Y por qué no te presentas tú, Zapa?

-Sí, hombre para perder. Preséntate tú.

-Sí, hombre.

Miguel Sebastián aprovecha para ir al baño. Zapatero le ve irse. De pronto Pepe Blanco, que acaba de tirar una copa y ha puesto perdido el mantel, dice:

-¿A que no hay huevos de presentar a éste a candidato?

-¿A quién?

-Al Sebastián.

-No jodas que ha venido, si no le he visto.

-Está en el baño. ¿A que no hay huevos de presentarle de candidato?

-¿Que no?

-No hay huevos.

Vuelve Miguel Sebastián. Se ha dejado la bragueta abierta, pero no se lo dicen.

-Oye, Miguel, qué te iba yo a decir… Tómate un pacharán, que tenemos que contarte una cosa que se le ha ocurrido a este.

-Yo es que el pacharán...

-Es una orden.

Y el resto es historia.

miércoles, octubre 25, 2006

La modelo más eficaz del planeta

Imagina que eres un importantísimo anunciante. Imagina que decides invertir una burrada de millones en una campaña de publicidad. Imagina que contratas a la mejor agencia de publicidad que puedas contratar, con los mejores creativos y que estos, a su vez, contratan al mejor fotógrafo, al mejor estilista, al mejor peluquero, al mejor maquillador… y a la mejor modelo. Para hacer un anuncio como, por ejemplo, este:

Y un buen día, cuando te llegan todas las revistas nacionales e internacionales a tu despacho, te encuentras que tu directa competencia ha hecho esto:
Y también sale esto:
Y esto otro:
Y también esto:

Y esto otro:



Todo en el mismo número de Vogue, todos con Kate Moss.

Uffffff.

¿Qué significa todo esto?, te preguntarás entonces. ¿Cómo conseguirá tu anuncio destacar entre todos los demás anuncios de la competencia si todos habéis elegido a la misma persona para representaros? ¿O si la gente no sepa ver más allá de la modelo en sí, que es bastante más famosa que tu producto? ¿Será eficaz entonces tu anuncio? ¿Habrá merecido la pena gastarte ese chorro de millones?

Como publicitaria de pro puedo decir que no lo sé. Como hace bien poco se hablaba en este mismo blog, reconozco la importancia que tiene para los creativos utilizar famosos a la hora de anunciar un producto. Asociar el perfil del famoso a la imagen del producto es una cosa que siempre, siempre, ha funcionado bien. Te da notoriedad, te da lustre... Pero ¿qué pasa cuando tu famoso es utilizado en veinticuatro campañas al mismo tiempo? ¿Desde Dior pasando por Chanel hasta la barata y poco glamourosa marca de cosméticos Rimmel? ¿No pierde un poco de eficacia el asunto?

Quizás no. O quizás sí. Quizás Kate Moss es la modelo más eficaz del planeta y yo no me he dado cuenta aún. Quizás convierte en oro todo lo que toca y por eso, da igual si su rostro sale en veinte o más campañas diferentes porque en cada una de ellas sabe dar lo mejor de sí misma y al mismo tiempo, algo totalmente diferente. Puede parecer ella (la famosa Kate Moss) y otra a la vez. Ni idea, oyes. También me pregunto qué es lo que tiene Kate Moss para que sólo este año haya sido elegida para protagonizar las campañas de Burberrys, Dior, Chanel, Rimmel, Louise Vuitton, Chaucer, Topshop, Bulgari, entre otras más. Si realmente es tan increíble...

domingo, octubre 22, 2006

El lento declive de Los Simpson

El otro día estuvimos viendo en Antena 3 uno de los episodios de la última temporada de los Simpson –bueno, de la penúltima, que acaba de empezar otra, la número 18, en Estados Unidos-. Como de costumbre, tiene algún golpe estupendo, pero el capítulo era realmente flojo comparado con los clásicos de los Simpson. ¿Cómo es posible que haya descendido tanto el nivel de la serie? ¿Cansancio de los autores? ¿No hay más temas que desarrollar? ¿Los personajes amarillos ya no están de moda? Quizá. Pero nosotros nos fijamos en un detalle del capítulo y decidimos compararlo con un episodio de una de las primeras temporadas.

Tercera temporada, episodio 1: Homer Simpson entra en un psiquiátrico y allí conoce a un hombre blanco y gordo que dice ser Michael Jackson. Créditos:

Creado por
Matt Groening

Desarrollado por
James L.Brooks, Matt Groening, Sam Simon

Coproductores ejecutivos:
Al Jean & Mike Reiss

Productores supervisores:
Jay Kogen & Wallace Wolodarsky

Productor:
George Meyer

Producido por
Richard Sakai
Marina Jean Adamson
David Silverman

Coproductor:
Jon Vitti

Coproductor:
John Swartzwelder

Escrito por
Al Jean & Mike Reiss

Dirigido por
Rich Moore


Bien. Pasemos a la temporada 17. Episodio 5. Créditos, por favor:

Creado por
Matt Groening

Desarrollado por
James L.Brooks, Matt Groening, Sam Simon

Productor ejecutivo
Ian Maxtone-Graham

Productor ejecutivo
Matt Selman

Coproductor ejecutivo
Dan Greaney

Coproductor ejecutivo
Carolyn Omine

Coproductor ejecutivo
Tim Long

Coproductor ejecutivo
John Frink

Coproductor ejecutivo
Don Payne

Coproductor ejecutivo
Dana Gould

Coproductor ejecutivo
Kevin Curran

Coproductor ejecutivo
J. Stewart Burns

Coproductor ejecutivo
Michael Price

Coproductor ejecutivo
Bill Odenkirk

Supervisor de la producción:
Larina Jean Adamson

Supervisor de la producción:
Marc Wilmore

Supervisor de la producción:
Joel H. Cohen

Productor:
George Meyer

Productor:
Ron Hauge

Productores
Tom Gammill
Max Pross

Productor
David Mirkin

Productor:
Mike Reiss

Coproductor:
Matt Warburton

Director de producción
David Silverman

Producido por
Richard Raynis

Producido por
Bonita Pietila

Producido por
Dense Sirkot

Producido por
Richard Sakai

Escrito por
Daniel Chun

Dirigido por
Mike B. Anderson


¿Tendrá algo que ver que en la temporada 3 hubiera 10 productores de distintos tipos (que ya es decir) y en la 17 hubiera 27? Que a lo mejor no, claro. A lo mejor es casualidad.

El Fiscal ha terminado su alegato, señoría.

jueves, octubre 19, 2006

La gente está como una cabra

Como hay elecciones catalanas a la vista, las juventudes de ICV, un partido de izquierdas, ha repartido preservativos en los que venía inscrito el lema: "Fóllate a la derecha". Como era de esperar, se ha montado un escándalo y han decidido retirar la campaña. Lo lógico, ¿no?

Pues no. Porque resulta que la retiran, abro comillas:

tras recibir varios correos electrónicos de personas que "se habían sentido molestas por la connotación machista que podía tener"
Me he quedado con la boca abierta. O sea que el problema no es que hablen de follarse a una ideología, sino que sólo puedan hacerlo los hombres. O que se insinúe que la derecha es una mujer, no estoy seguro, yo en estas cuestiones me pierdo siempre. Supongo que si hubieran encontrado una manera de decir: "Hombre o mujer, fóllate a la derecha" estaría permitido.

Qué gente más rara.

miércoles, octubre 18, 2006

Porque yo lo valgo

Leí el otro día en una revista del corazón que el actor Patrick Dempsey, el guapo médico rompecorazones de Anatomía de Grey, ha asegurado su estupenda cabellera por una barbaridad de millones de dólares.

Este asunto me ha dejado totalmente patidifusa.

Pero luego, recapacitando, me he dado cuenta de que todo el asunto tiene su lógica. Si Patrick perdiera pelo dejarían de llamarle para hacer de galán cada dos por tres y, a cambio, le saldrían papeles de perdedor como a Paul Giamatti (que, ¿lo veis?, tiene unas entradas de cuidado y por eso siempre hace de perdedor).


¿A quién elegirías para hacer de cirujano bombón? Exacto. Yo también.

También recordé a otros famosos que habían asegurado otras partes de su cuerpo: Jennifer Lopez, Mariah Carey, Janet Jackson... Además, parece ser que esta moda no es de ahora, que las antiguas estrellas de Hollywood ya lo hacían. Por ejemplo, Fred Astaire y Bette Midler aseguraron por una buena suma sus piernas. Las dos, por si acaso, porque con una no se puede bailar claqué.

En fin, que este asunto tan trascendental me hizo pensar mucho.

Comencé a pensar en si Brad Pitt habría asegurado su culo, en si Hugh Jackman habría puesto precio a su pecho-lobo, en si Ewan McGregor se había hecho un seguro a todo riesgo, en si... uff, y sobre todo, pensé en que había prometido hacer un post de maromos para las mujeres que leen este blog y necesitaba una excusa cualquiera para llenarlo de fotografías como estas:





Pero, ahora pensando en serio: si realmente considerásemos asegurar partes de nosotros mismos ¿no tendría mucho más sentido asegurar nuestra habilidad interpretativa que nuestra melena? ¿O nuestra inteligencia? ¿O el talento? ¿O nuestro sentido común a la hora de elegir? ¿O mil cosas más? Quizás en la vida real eso sería mucho más práctico, ¿no? De momento, me he conectado a la web de la Mutua Madrileña y no dicen nada sobre asegurar mi capacidad para hacer croquetas de cocido incólumes. Ya os mantendré informados de mis avances.

martes, octubre 17, 2006

Ender contra Ender

Hace eones me leí una novela de ciencia ficción que había ganado todos los premios posibles, El juego de Ender, de Orson Scott Card. Me gustó mucho. Tanto que me leí dos secuelas, La voz de los muertos, que es el típico libro que la gente usa para refutar lo de que segundas partes no fueron buenas, y Ender el xenocida, que a la serie vino a significar lo que El retorno del Jedi a La guerra de las Galaxias. Vamos, que es una castaña.

Mucho tiempo después le regalé a mi hermana La sombra de Ender, una nueva secuela (la quinta novela) de la que había oído muy buenas críticas. El planteamiento era muy interesante. ¿Y si volviéramos a contar los acontecimientos de El juego de Ender, pero desde la perspectiva de otro personaje? Como Rashomon, pero sin japoneses.

Bueno, pues me leí las dos del tirón; primero la novela original, para refrescarme la historia (y ver qué tal estaba quince años después) y acto seguido la secuela. El juego de Ender es la historia de un niño reclutado por la Humanidad para entrenarse en una escuela militar y convertirse en el comandante de la flota que se enfrentará a una raza alienígena, los insectores. A través de los ojos del pequeño Ender, asistimos al cruel proceso de formación de la personalidad de un líder. En su momento la novela me impresionó mucho; ahora no tanto. No es que el libro haya envejecido mal; el que ha envejecido soy yo. El juego de Ender es una novela casi juvenil que se lee con mucha rapidez –es una novela realmente ligera, de leer de un tirón- que al lector adulto le dejará un sabor de boca casi agrio. Lo que de joven eran inteligentes reflexiones ahora resultan un poco ingenuas, sin profundidad, y lo que parecía un vívido retrato de personajes ahora parece estar hecho con brocha gorda. No obstante, El juego de Ender me sigue pareciendo una novela muy apreciable, con más virtudes que defectos, y que aprovecha sus recursos eficazmente. Ya no tiene para mí el tirón que tuvo, pero es que he dejado de ser su público objetivo: el adolescente friki.

Entre los adolescentes Ender es casi una representación de ellos mismos, una hábil representación. Está aislado (“nadie me comprende”), es más pequeño y débil que el resto de compañeros, apenas tiene amigos, es el favorito de los profesores, todo el mundo le odia, pero es el más inteligente y esta destinado a salvar la Humanidad. Vamos, exactamente tal y como nos vemos los frikis adolescentes en esos años. Es nuestra metáfora perfecta, lo que nos gustaría ser. Como Harry Potter. Que vive con una familia de mierda que le trata fatal y es el raro, pero coge la varita esa y salva el mundo (vaya, os he estropeado el libro, perdonad el spoiler). Harry Potter y Ender son el lector. Ese lector tímido al que se le da fatal la gimnasia y el fútbol, que lee y lleva gafas de culo de vaso, sin demasiadas habilidades sociales, que dice esa frase tan bonita de Salvor Hardin (“la violencia es el último recurso del incompetente”) justo antes de que le partan la cara. Y que salva al mundo, os jodéis, matones.

Card se apoya en ese personaje que somos todos y construye con habilidad la novela a su alrededor, apoyándose en un triunfador que no parece un triunfador. Lo maltrata y le hace salir triunfante de todas las pruebas –como en los cuentos de hadas, que también tratan de personajes que están solos y son desgraciados-. El resultado es muy bueno. Sobre todo si tienes diecisiete años, pero no sólo si tienes diecisiete.

Pero no pasa lo mismo con La sombra de Ender. Para empezar porque es mentira lo que promete: no es una nueva perspectiva sobre los sucesos de la primera, sino una novela sobre otro personaje. Card intenta el mismo truco de Ender con Bean, su lugarteniente. Pero no funciona, porque no puede haber dos personajes solitarios, aislados, pobrecitos pero que acaban triunfando. Card fracasa al reproducir el esquema porque la estructura de El juego de Enderno lo admite. Y como personaje Bean sale debilitado de la comparación, parece tener reacciones gratuitas. Hay una extraña complacencia del autor por su personaje que le obliga a cometer disparates argumentales contradictorios con la primera obra, a hacerle tan superdotado que resulta increíble en contraposición con otro superdotado como Ender. ¿No habría sido más inteligente, ya que en la original hablamos de un triunfador vestido de fracasado, hablar en esta de un fracasado que parecía destinado al triunfo? Habría sido una novela más difícil de realizar, más adulta, más compleja y más amarga. Pero habría sido sin duda mucho mejor que este mediocre intento, una floja novela que no le hace justicia a la interesante historia original. Es curioso que el titulo del libro sea La sombra de Ender, porque eso es justamente la novela: una pálida sombra de su original.

Card ha sacado otras tres novelas-secuela más con el truco este de “La sombra de…". Pero a mí ya no me coge vivo.

lunes, octubre 16, 2006

La fundación de la autoestima

Me pregunto si hace miles de años los seres humanos nos preocupábamos tanto como nos preocupamos ahora por nuestro aspecto físico. Si había niñas con problemas de anorexia, si soñaban con parecerse a otra persona que vivía a miles de kilómetros de sus pequeñas villas y a la que ni siquiera habían visto en carne y hueso, si la obsesión llegaba a tales extremos como para provocar depresiones, suicidios o para no querer salir de casa nunca jamás.

Probablemente no.

Porque hace miles de años no existía la alta tecnología ni Max Factor o el Photoshop.
Tampoco existían hace cincuenta años. Y nuestras abuelas no tenían los problemas estúpidos que ahora tenemos nosotros porque los ideales de belleza no eran tan tiránicos como son hoy en día. Ni tampoco una patraña semejante.

Me envía hoy un amigo un maravilloso vídeo que ha grabado la Dove Self Esteem Fundation y alucino con lo que la publicidad puede llegar a hacer. Mirad:



Siendo yo misma publicitaria y viendo estas cosas a diario en la mesa de enfrente todavía me cuesta creer que la belleza a la que aspiramos es una belleza que no existe. Y si me cuesta creerlo a mí, que trabajo en un mundo en el que el retoque fotográfico es el pan nuestro de cada día, ¿qué no conseguirá hacer en la mente de los profanos al tema? ¿O de las niñas y adolescentes que lo respiran día a día? Acciones como las de Dove son cada vez más necesarias. Sólo espero que algún día lejano mi hija sea capaz de mirarse en el espejo sin tener una imagen ficticia en la cabeza de lo que debería ser. Mientras tanto, me conformaré con compartir este vídeo con vosotros y en imaginar que la modelo que aparece en la portada del último Cosmopolitan es en realidad un fotomontaje que ha improvisado el fotógrafo con su caniche y la suegra que pasaba por allí.

Una muestra de lo que Photoshop permite hacer con una escoba vieja,
un colador, un Fox Terrier y un vestido de Versace.

P.D.: Próximamente, temas mucho más trascendentales. Temas que incluyen maromos, of course. Lo prometo.

viernes, octubre 13, 2006

El cliente siempre tiene la razón

Algunos lectores del blog nos dicen a menudo: ¿Por qué hacéis entradas tan largas? Si fueran más cortas, a la gente le costaría menos leeros.
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