Rebeca Rus, de la que no hay que contar nada si son ustedes asiduos de este humilde blog, y de la que no hay que contar nada si entran aquí buscándola, firma este sábado 21 de abril en Barcelona, en la Casa del Llibre del Paseo de Gracia (Paseo de Gracia 62) a las 12 de la mañana. También estará allí Anna Casanovas firmando, por cierto.
Aparte de eso, decía, acudir el día 21 a la Casa del Llibre tiene un aliciente más, porque la sesión de firmas forma parte de un Sant Jordi Solidario organizado por la Fundación Soñar Despierto para fomentar la lectura entre niños con riesgo de exclusión social. Los beneficios de la venta de libros infantiles irán destinados a la Fundación. Podéis, además, participar en la subasta de un libro firmado por nuestro archienemigo Ken Follet (aquí hay otro enlace donde se ve la resolución de aquel cruel duelo).
Y en definitiva, que os cuento esto para que os paséis por allí.
Ya sabéis eso de que hablar con Dios no es malo, que el problema lo tienes cuando te contesta. El caso. Que me desvío. Me manda Patri Muro este cartel que vio por la calle que me hizo gracia:
Se ve que Dios tiene nivel medio de inglés y español.
(otro día hablamos de ese misterio que nos tiene subyugados: los puntos suspensivos de cuatro puntos)
Me envía mi señor padre este hermoso ejemplo de gente que el caso es protestar:
Fíjense qué mala follá no dejar tocar el piano a alguien que toca bien el piano. Llega ahí Oscar Peterson y le dicen que ni se le ocurra acariciar libidinosamente las teclas.
Y apoyan el ruego-prohibición con las imágenes de dos pianos, no vaya a ser que no sepamos de qué objeto estamos hablando.
Repasando fotos antiguas hechas con el móvil antiguo (ya veréis cómo lo notáis), me he encontrado con este bello ejemplo de lo fácil que es echarle las culpas al jefe:
En imprenta, un clásico Disculpen las molestias que les pueda ocasionar (por no permitir fiar), que a mí me recuerda poderosamente a la letanía de los que piden en el Metro. Firmado La dirección. Y en un informal tono, pero también firmado por La dirección (?), un Nos han prohibido fiar, echando la culpa de la decisión a otro que resulta ser él mismo; pero con letra manuscrita, como si tuvieran otra personalidad.
Las manos sobran cuando estás cantando, esto es así y lo sabemos todos los que somos cinturón negro de karaoke. Como cuando estás tumbado en la cama besuqueándote con una moza, con la intención de follar (spoiler), que siempre hay un brazo que parece que está de más, que ni sirve para agarrar culo ni para nada que no sea, como mucho, que la bella en cuestión apoye su cuello allí (ese brazo que se acaba quedando dormido, con lo incómodo que resulta eso).
Yo, de hecho, pienso que el micrófono es ante todo un invento para darle al cantante la oportunidad de hacer algo con las manos (pensad un segundo en Julio Iglesias, un poco no duele). Le pasa al bajo también, aparte de servir para que el chico simpático que no toca bien la guitarra pueda estar dentro del grupo.
Ahora si alguna vez os preguntan por qué el de Oasis o Jimmy Somerville cantaban con las manos en la espalda, podréis responder adecuadamente: Porque las manos sobran al cantar y no sabían qué hacer con ellas. ¡Gracias, Cerdo agridulce!
A lo que iba. Por pura casualidad me he encontrado este vídeo que demuestra que no es fácil saber qué hacer con las manos una vez que empiezas a cantar. Atiende:
Es el efecto negrata cantante de hiphop imitado por unos chicos muy cuquis. También es que les falta algo de coreografía, porque cada uno va a un poco a su lado, desde el estilo histriónico (soy muy fan del tipo que está en el centro, junto al oriental pelirrojo)
al estilo No voy a follar en la vida del de la izquierda (ya te aviso que si lo consigues de todas maneras te va a sobrar una mano. Aunque a lo mejor eso ya lo sabes, ejem). Una vez agotados todas las posibilidades de movimiento de manos, a los pobres sólo les falta lanzarse en algún momento a dar palmas y bailarse un zapateado.
Yo a estos chicos les recomiendo que se busquen algo que hacer con las manos, por ejemplo fijándose en el mitiquérrimo Charles Aznavour y su pañuelo en un vídeo que gusta casi tanto en este casa como el de Tom Jones bailando enloquecido que ponemos cada trimestre:
Estos chicos del coro, que son muy listos (son de Oxford), se han buscado en cambio algo que hacer con sus manos con una elaborada y absurda coreografía que sin embargo mantiene sus manos ocupadas, es decir, que es una buena idea:
Otro día mostramos más ejemplos de qué se pueden hacer con las manos mientras se canta. Prometido.
Publimedia es una empresa que se dedica a alquilar espacios publicitarios a los anunciantes. En el Metro, por ejemplo. Desde hace algunas semanas tiene una campaña de marquesinas en el Metro de Madrid. Esto es, en sí mismo, una mala noticia para ellos: si alguien estuviera pagando por aparecer en esos espacios, Publimedia no estaría usándolos gratis para anunciarse a sí misma (pasa lo mismo en los periódicos: si en El País hay muchas páginas de autopromo o de Visite nuestro bar, mala cosa: es que El Corte Inglés no está anunciándose allí).
El caso.
Que esta es la campaña en cuestión. Muestra una foto de un andén de metro (bonita foto) con el espacio publicitario que ofrece la empresa y A LA QUE NADIE HACE NI PUTO CASO.
Fíjense en que el valor de un espacio publicitario es que lo ven X personas al día. Gracias a una página en El País, yo puedo llegar potencialmente a unos dos millones de personas, y por tener ese privilegio pago un dineral. Si pongo una valla en el Metro llego potencialmente a todos los que pasen por esa línea en algún momento del día. Qué mejor manera de demostrarlo que poner un andén en el que espera apenas una decena de personas que no están mirando en absoluto las vallas de publicidad.
Anda que...
No digo yo que haya que mostrar a doscientas personas mirando embobadas la publicidad, pero qué mínimo que alguien demuestre interés por el anuncio, ¿no?
Un error de bulto que sin embargo los chicos de Publimedia no comenten en otros sitios: tienen un Flickr con fotos de sus productos (sus espacios publicitarios) y ahí están más espabilaos:
Eso es. Tampoco es que haya mucha gente, pero bueno. Al menos hay unos señores a punto de perder su vuelo porque están mirando atentamente la valla triangular de Movistar. Así sí.
¿Cómo? ¿Que no están mirando la valla sino los paneles de información? Qué sabréis vosotros de las metáforas publicitarias...
Tengo una pesadilla recurrente. Es así:
Son las tres y cuarto de la mañana. He estado tomándome unos cacharros y estoy borracho. Así que paro un taxi. El taxista me pregunta: