martes, mayo 15, 2007

Concurso fraudulento, amañado, una caca, vamos

Ya saben ustedes que nos apuntamos al concurso ese de blogs de 20minutos; de hecho hablamos el primer día en esta casa de que nos olía raro el asunto. Ya tenía yo escrito un agudo post donde desmontaba con la clarividencia que caracteriza mi prosa el burdo chanchulleo de los premios y analizaba, moderno y esbelto Zola, la corrupción imperante en la blogocosa. Me había quedado de rechupete, pero, ¡epa!, resulta que en la lista de finalistas han entrado varios amiguetes, e incluso alguno ha ganado, y el artículo se me ha ido a la mierda (nota mental: cambiar el título de la entrada, y nota mental 2: dejar de usar el chiste de poner notas mentales que aparentemente se dejan por descuido, ya no hace gracia, ¿ah, no?, antes sí te hacía gracia, pues ahora no, ya nada de lo que digo te hace gracia, es que eres muy pesado, sólo intento alegrarte la vida, no llores, lloraré si quiero, no te pongas así, cómo quieres que me ponga, estos señores nos están mirando, calla, ya hablaremos en casa).

Parece que al final sí había criterio, al menos en algunas categorías -las de los amigos, claro-. En resumen, no sé cómo ha quedado El sabor del cerdo agridulce -gracias por los votos recibidos, por cierto-, pero hay que decir que en la categoría de Ciencia y Medio Ambiente ha quedado finalista el excelente Curioso pero inútil, del que somos fans en esta posada -y que hizo una reseña de Me llaman Fuco Lois, igual por eso somos fans-, vencido sólo por el también espléndido Fogonazos, que no está enlazado pero que seguimos fielmente vía Bloglines. Y en la categoría de Ficción ha ganado La decadencia del ingenio, de Jaime Rubio, que de vez en cuando se pasa por aquí y hasta escribe, del que también somos fans y eso que no ha hecho ninguna reseña. La decadencia es una delirante colección de artículos que se atreve a decir eso de que el emperador está desnudo. Bueno, eso me han dicho, yo nunca lo he leído porque leer la palabra desnudo me turba (a ver cuántos chistes podemos hacer con esto).

Échenle un vistazo a todos, que merecen la pena. Y digan que van de mi parte, que me llevo una pequeña comisión.



viernes, mayo 11, 2007

Dejarse llevar por las apariencias

Dice la sabiduría popular (que es una tía de lo más lista a la par que práctica) que “las apariencias no lo son todo”, que “las apariencias engañan” y lo que es más, que "no se puede juzgar por las apariencias”.

Conclusión: apariencia=mal, mal/chungo/no te fíes, tío.

Muy bien. Pues ni con esas, oiga. Es que es llegar al supermercado y ver una botella de aceite de oliva bien diseñada y que se me haga el culo pepsi-cola. O, el otro día, sin ir más lejos, cuando en un viaje precipitado a El Corte Inglés de Goya descubrí una nueva marca de cosméticos con un diseño retro y especial y comenzar a acosar a las vendedoras para que me vendieran con carácter de urgencia todo lo que había en sus estanterías.

No sé para qué sirve, pero es tan bonito...

Y os estaréis preguntando a cuento de qué os estoy soltando este rollo de mi afición por el diseño y apariencia de los productos que compro. Bueno, es largo, pero todo empieza aquí: desde hace unas semanas me he aficionado a ese peculiar cocinero, estrella mediática en el Reino Unido, que es Jamie Oliver. Para los que no le conozcáis os recomiendo fervientemente a este simpático chef inglés porque, a pesar de que su estilo es un poco zafio y usa las manos más de lo que debiera (para mezclar las hojas de lechuga con el aliño, por ejemplo, que es tirando a una guarrería muy guarra), es un tipo tan entusiasmado por la cocina y todo lo relacionado con comer bien que no puedes evitar contagiarte tú también de su entusiasmo. Pues bien, el señor Oliver se pasa el día largando bondades sobre nuestra querida dieta mediterránea, las verduras, el pescado y, por supuesto, el aceite de oliva. Pero el aceite de oliva que sale en los programas de cocina de Jaime Oliver siempre es italiano. Nunca es español.

Al principio me pregunté cuál era el problema. Vamos, que si Jamie Oliver no sabía que en España también teníamos un aceite de oliva estupendísimo, digno de estar a la altura del aceite de oliva italiano. Pero el otro día lo comprendí todo. Exactamente, cuando comencé a ver el capítulo que el famoso cocinero dedica a las tapas españolas. En ese capítulo Jamie Oliver recorre Londres hasta dar con una tiendecita de delicatessen especializada en productos de nuestra tierra y preparar así auténticas tapas españolas. De lo de delicatessen me reí yo bastante porque el chorizo que tenía el señor Manolo en el mostrador era Campofrío, que decidme vosotros qué delicatessen es eso. Pero, en fin, a lo que vamos, cuando Jamie Oliver salió de la tienda, aparte de garbanzos, pimientos del padrón y otras cositas llevaba una botella de 1 litro de aceite de oliva La Española ¡de plástico! Ese fue el aceite delicatessen de origen español que le recomendaron comprar al gran cocinero inglés. Muy diferente de las preciosas botellas de diseño de aceite italiano con las que Jamie trabaja en todos sus episodios. Tan bonitas por fuera como el oro líquido que contienen.


Guapo, simpático, sabe cocinar y distinguir una cebolla de una escalonia. ¿Puede haber un hombre más perfecto?

Vamos, que no era de extrañar que Jamie Oliver no se tomara en serio aquel aceite de oliva español y no lo tenga para nada en cuenta en sus programas si las propias empresas españolas de aceite tampoco se toman en serio cuidar su packaging, su diseño, su imagen en el exterior... o no se molestan en darle la plasta al señor Manolo de Londres para que tenga allí sus bonitas botellas. A Jamie Oliver esa botella de aceite de oliva le debió decir lo mismo que a un enólogo un cartón de vino.

A mí me pasa igual.

Supongo que es una obsesión que he heredado de mi trabajo como creativo publicitario y de lo que durante 10 años ha sido la norma: los clientes que más cuidaban la imagen de sus productos y todo lo que de ello derivaba solían ser también los clientes más entusiastas con su producto, los que más creían en él, los que aspiraban a más...

Vale, es cierto que había excepciones:

1)clientes enamorados de su producto con mal gusto o
2)espabiledetes que sabían cómo había que vender un sueño (normalmente tiburones entrenados fuera de nuestro país y que se habían aprendido bien las lecciones de marketing).

Pero, en general, la norma se cumplía. Un cliente que aprobaba un producto con un excelentísimo diseño era un cliente que buscaba la excelencia (ufff, cómo suena esto de marketiniano) en todo lo demás... y sobre todo, en el mismo producto.

De ahí a mi obsesión por las apariencias, a que cuando voy a un supermercado me deje llevar por el diseño de las botellas de aceite de oliva, aunque la sabiduría popular me diga todo lo contrario. Puede que me equivoque alguna vez y no compre el mejor. Aunque con mi elección estaré recompensando de alguna forma a una empresa que ha decidido apostar por hacer las cosas bien o, bueno, al menos una cosa bien. Además, si cunde su ejemplo y todas las demás comienzan a apostar por cuidar su imagen y se autoconcede la importancia que deberían tener, también en el exterior comenzarán a valorar nuestros productos igual que valoran los productos franceses e italianos, que son tan buenos como los nuestros pero saben decirlo bien alto. Es decir, que el problema no es que los productos de los otros países sean mejores que los nuestros, el problema es que nosotros no decimos que nuestros productos son buenos. Y, queridos amigos, debo deciros que en este punto crítico hay que dejarse llevar por las apariencias. ¿O no?

Nota mental: recordar a Txiki que cambie la plantilla de Blogger del Cerdo agridulce.

jueves, mayo 10, 2007

El último romántico

Menos mal que aún quedan hombres que creen en el amor y en el lento cortejo de su enamorada, como podemos ver escrito en esta pared:


Ahí tenemos la constante K en kiero para parecer más duro, pero el mensaje está claro. Esther (muy bien puesta la hache) tiene en Fede un fiel seguidor que solicita respetuoso un contacto carnal. A ver si tenemos suerte y podemos ver cómo termina esta historia de amor (ver a través de otro mensaje, no físicamente). ¿Qué le contestará Esther? Permaneceremos atentos.

miércoles, mayo 09, 2007

Noticias con arañas

La verdad es que la noticia es muy sospechosa teniendo en cuenta que se acaba de estrenar Spiderman 3, pero, vaya, la da 20 minutos, así que no podemos desconfiar. Y además que aquí el rigor tampoco hay mucho, como no sea el rigor mortis de la última semana a causa del trabajo. Bueno, al lío:

Dos arañas, una viva y otra muerta:
la causa del dolor de oído de este niño


Así de cruda esta la cosa, y se puede leer entero aquí. El niño tenía molestias en el oído, le miran, y tenía dos arañas dentro (¿royéndole el cerebro? Tú has visto mucha película de serie B), una de ellas muerta no se sabe si en extrañas circunstancias. Lo más sorprendente de la noticia es la foto del niño enseñando las arañas:

Ahí está, tan orgulloso. Nueve años y lo que más le preocupa de tener una araña en el oído vivita y coleando es conseguir que se la embalsamen para poder mostrársela a sus amistades y a la prensa. Eso es un chaval emprendedor, que ha visto abierta la posibilidad de ser famoso. Que en el fondo es lo que parece importar en estos tiempos. Algo parecido nos pasa, creo, a los que tenemos blogs, que en nuestro interior queremos salir en los medios enseñando las cosas que nos pasan. Y como nadie nos hace caso montamos nuestro propio medio de comunicación. Con lo fácil que sería meterse una araña en el oído.

jueves, mayo 03, 2007

Primer día de cole

Yo me ponía nerviosísimo el primer día del cole, tras la vuelta de vacaciones. Como los nervios, tradicionalmente, me afectan al estómago, me pasaba dos semanas comiendo apenas, sumido en un estado de temblequeo agobiante y con las tripas revueltas como si hubiese cogido una gastroenteritis, atrapado por una náusea constante. No era el mejor de los tiempos para mí, no. Racionalmente, no tenía motivos para estar tan nervioso, como me explicaba mi madre: sacaba buenísimas notas en el colegio (yo era, sí, un empollón, qué pasa), conocía a todos los compañeros, los profesores eran muchas veces los mismos. Pero no podía evitar ponerme como un flan.

Hacía nueve años que no tenía un primer día en el cole -en la oficina- y aunque ya no me pongo tan nervioso como cuando era niño, no puedo dejar de sentir una pequeña inquietud que, supongo, es natural cuando entras en un sitio nuevo y la gente te mira como si fueras un objeto de exposición. Que tal vez sea lo que soy los primeros días: el Nuevo. Mi estómago está bien, gracias, pero ahora tengo que dedicarme a esas tareas que tanta pereza dan para adaptarme al nuevo ambiente: descubrir las mañas torcidas de mi nuevo ordenador, ajustar la silla para que esté a la altura justa, saludar a toda la gente que no conozco y aprenderme sus nombres, deducir de quién puedo fiarme y de quién no, averiguar cómo se consiguen los cuadernos y los bolis, localizar a las tías buenas de la oficina y conseguir que no sepan desde el primer día que soy un viejo verde y encontrar el cuarto de baño. Por si acaso los nervios van a más.

P.D. El café es malísimo.

martes, mayo 01, 2007

Recién robados

Mi madre decía que robar está muy feo, pero no he podido evitarlo, una vez más. Esta vez tengo excusa, sin embargo, y es que el robar a un ladrón tiene cien años de perdón. Bueno, en realidad no estoy robando a unos ladrones, pero está relacionado. La imagen que vais a ver ha sido publicada hoy mismo en el blog Interuniversal (del que, por cierto, recomiendo que leáis esta desopilante colección de portadas del diario deportivo Marca). Parece que la foto está tomada en un mercadillo de un pueblo de Salamanca:

Con dos cojones. No sé si es que hay en marcha una nueva vanguardia literaria compuesta por delincuentes o qué es lo que ocurre (en el Babelia no se dice nada de la irrupción del Delincuentismo, pero, claro, ellos están muy ocupados con sus autores importantes, Philip Roth para arriba y para abajo), pero parece que últimamente hay un grupo de ladronzuelos con sentido del humor o sin sentido común. A ver si puedo formar parte de ese nuevo movimiento litarario ahora que me dedico a plagiar entradas ajenas.

Me pregunto si este reclamo tendrá éxito, por otra parte. ¿Es necesario que los perfumes sean frescos? ¿La gente que habitualmente compra perfumes robados no se sentirá incómoda con la evidencia de que son robados, sin poder fingir ya que no sabe que está comprando mercancía robada? Coño, que son cinco euros, qué se van a sentir incómodos.

lunes, abril 30, 2007

Página 139

Alfredo Álamo nos pasa a traición uno de esos memes que tanto éxito tienen, vaya usted a saber por qué -por qué su éxito, no la razón de que nos lo pase Alfredo-. Este en concreto ha estado rondando por toda la blogosfera y parecía que nos habíamos escabullido sin tener que contestarlo, pero no, aquí está, casi en el tiempo de descuento. Se trata de transcribir el segundo párrafo de la página 139 del libro que estés leyendo. Habría que preguntarse por qué justamente el segundo párrafo y por qué justamente esa página; quizá hubiera una razón primigenia que ahora se ha perdido. En cualquier caso aquí está el segundo párrafo de la 139:
Más tarde o más temprano llegarían las preguntas de Lara, y Galiulin se apresuraría a contestar. Pero sería un momento bien desagradable. Sentíase capaz de escribir como debía hacerlo, porque deseaba estar preparada para el golpe que la aguardaba. Y de este modo continuó demorando el envío de la larga carta de circunstancias que hubiese deseado enviarle, hasta que supo que ella se encontraba en algún lugar en el frente, como enfermera. Y ya no supo dónde dirigir la carta.
Esto es de Doctor Zhivago, de Borís Pasternak, que es la novela que me estoy leyendo en estos momentos. Mientras tanto, al otro lado de la galaxia, Rebeca está con esto:
Unos días antes de la irrupción de Vinculus en casa del señor Norrell, un nuevo criado entró al servicio de Laurence Strange. Sus compañeros no regatearon consejos ni advertencias: le dijeron al nuevo que Strange era orgulloso y malvado, que todos lo odiaban, que amaba el dinero por encima de todo y que hacía años y años que él y su hijo no se hablaban. También le contaron que tenía un genio endiablado y que a toda costa debía evitar ofenderlo, o le pesaría.
Es de Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke, obra de la que hablaremos en breve -es un decir- en El sabor del cerdo agridulce.

Y por último, y con el único objeto de meter mi tradicional cuña publicitaria, he buscado el segundo párrafo de la página 139 de esa colosal obra, novela puntal de la Literatura del siglo XXI, referencia ineludible de los que buscan libros impactantes que entretengan a la vez que dinamitan las estructuras de la Cultura así con C mayúscula para que parezca más grande. Estoy hablando, claro, de Me llaman Fuco Lois:
Fuco me miró.
Vale, reconozco que no es muy impresionante, pero qué culpa tengo yo de que el segundo párrafo sea tan corto. Os pondría el siguiente, pero no puedo porque supondría desvelaros algo fundamental de la novela, uno de esos golpes de efecto que sobresaltan al lector. Que estamos en mitad de un cliffhanger de la novela. Mirad, comprad el libro, si no lo habéis hecho ya, y leedlo vosotros.





viernes, abril 27, 2007

Paradojas

Hace algunos años escribí una historia llamada Un escritor en un café. Trataba de un autor que, tras unas exitosas tres primeras novelas, es incapaz de escribir un solo párrafo seguido que le guste. A pesar de seguir al pie de la letra las rutinas autoimpuestas que tan bien le funcionaron en las primeras obras, el escritor ha perdido el mojo y sencillamente no avanza en su obra, para su obvia desesperación; todos los días rompe lo que ha escrito el día anterior.

Escribí ese cuento de un tirón, con notable -y poco frecuente- facilidad. Todo parecía encajar en su sitio, el ritmo era fluido, ideas en las que no había pensado previamente surgían con toda naturalidad. Una gozada escribir ese relato, de verdad, así sí que da gusto escribir. Luego en la revisión tampoco había gran cosa que cambiar, así que se puede decir que fue un trabajo limpio.

Ahora llevo algunas semanas con otro cuento. Y me pasa lo mismo que al escritor del relato del que les acabo de hablar: no avanzo, escribo a costa de grandes esfuerzos, no me gusta, retrocedo, todo me parece forzado, elijo siempre el adjetivo inadecuado, recorro cierta distancia hasta estar convencido de lo que planteo es inverosímil y vuelvo a empezar. Lo curioso es que este nuevo cuento comienza cuando un escritor tiene unos días de repentina y brutal inspiración, días en los que todo lo que escribe le sale bien, todo encaja en su sitio, en fin, vuelvan a leer el segundo párrafo de esta entrada.

Si escribo de autores en crisis me va estupendamente. Pero si escribo de autores exitosos me bloqueo. Estoy por cambiar por completo el sentido del cuento y convertir a mi nuevo personaje en un escritor fracasado, a ver si así salgo del páramo, pero, claro, eso desnaturalizaría el relato. Por otra parte me permitiría crearme un estilo reconocible: si Botero pinta gente gorda, yo escribo siempre de escritores en crisis. A él le ha sido rentable, igual también lo es para mí. Pero qué coñazo sería, ¿verdad? En fin, vuelvo al relato, a ver si lo saco adelante aunque sea a empujones.



martes, abril 24, 2007

Surrealismo

Ayer nos avisaba Alfredo en los comentarios de este excepcional documento y hoy ya está apareciendo por toda la blogosfera. Según cuenta la fuente original, El Periódico, lo que ustedes ven a su izquierda es el anuncio con el que un vendedor de hachís atraía a sus clientes. La nota, ya lo ven ustedes, es demencial. Tan demencial que los Mossos d'Escuadra pensaban que era una broma. ¿Quién iba a ser tan tonto como para poner un anuncio yeno de phaltas de hortografía para vender costo? Pues el interfecto.

Algunas cosas son incomprensibles -interpreto lo de "ha chabale rollao y no venir lo menore" como que vende a chavales enrollados y que prefiere que no vengan menores de edad, pero claro, cómo saber si estoy en lo cierto-, alguna que parece chascarrillo (esperar en lo banco de asentarse, no en La Caixa, claro) y alguna que es puro surrealismo, como el plano -que no se ve en la foto- o pedir que no se llame la atención bajo pena de no vender nada. No llamar la atención, dice el cachondo. Por eso reparte notas ofreciendo costo y especificando la manera de conseguirlo. Muy listo, muy listo.

Acostumbrado a que en Madrid, cuando paseas por el Retiro, te ofrezcan constantemente costo de forma realmente tosca (a base de decir Chist, chist), creo que esta técnica marketiniana puede marcar un antes y un después en el tráfico a pequeña escala del hachís y un nuevo nicho de mercado para las agencias de publicidad en busca de nuevos clientes. Lástima que lo hayan pillado y entrullado. Pero ya se sabe, a todos los revolucionarios se les persigue.

Actualización: No me resisto a comentar aquí el título que le acaban de poner en las Noticias de La Sexta: "Anunsio pa endrogar a los chabale". Qué cabrones. En la tele se ha visto el plano dibujado, que también tiene su guasa. El hombre dibuja el "Tituto" para que los clientes no se pierdan.


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