Me pasa mi amiga Ángela este vídeo y yo lo comparto con vosotros porque me ha gustado mucho:
A ver si consigo reproducir esa risa para usarla en reuniones de alto nivel.
martes, febrero 19, 2008
domingo, febrero 17, 2008
El Bob Beamon de los carteles
De pequeño no había atleta que me fascinara más que Bob Beamon, aquel norteamericano que pulverizó en los Juegos Olímpicos de México la marca del salto de longitud. Beamon venía saltando, según leo en la Wikipedia, en torno a los 8.20 metros. De pronto Beamon saltó 8,90 metros, superando por la salvajada de 55 centímetros el anterior récord del mundo. El impacto de la hazaña, dice la Wikipedia, fue tal que incluso se acuñó la palabra beamonesque para describir actos deportivos tan espectaculares como el que nos ocupa.
Luego empezaron a decir que si había sido la altura de la Ciudad de México y tal (ya saben, la proporción del oxígeno y todo eso), pero el caso es que el récord permaneció ahí durante muchísimo tiempo. Nadie se sentía capaz de superarlo, era sencillamente imposible. Carl Lewis ganaba el oro olímpico en el 84 y en el 88, sí, pero seguía a una enorme distancia de Bob Beamon (jódete, Lewis). Sencillamente no parecía posible superar aquel récord hasta después de mucho tiempo.
Luego empezaron a decir que si había sido la altura de la Ciudad de México y tal (ya saben, la proporción del oxígeno y todo eso), pero el caso es que el récord permaneció ahí durante muchísimo tiempo. Nadie se sentía capaz de superarlo, era sencillamente imposible. Carl Lewis ganaba el oro olímpico en el 84 y en el 88, sí, pero seguía a una enorme distancia de Bob Beamon (jódete, Lewis). Sencillamente no parecía posible superar aquel récord hasta después de mucho tiempo.
Hemos encontrado al Bob Beamon de los carteles. Ya vimos a un serio candidato a récord del mundo hace algunos meses aquí mismo, échenle un vistazo, pero esto supera todo lo que podíamos imaginarnos:
Bien, bien, bien. World record. Por 55 centímetros respecto a la anterior marca. Ya no es sólo por la peculiar ortografía de tantas y tantas palabras o por la exótica manera de lanzar comas al aire a ver dónde caen, sino por corregir todos los errores (lo de todos es un decir, ustedes me entienden) a bolígrafo, tachando lo que no corresponde y sustituyéndolo por lo correcto (ejem). Preocupado porque la gente pensara que este cartel no diera una imagen de profesionalidad, nuestro amigo ha puesto todo su esfuerzo en que cualquiera que leyera el cartel se llevara una buena impresión. Que no piensen que somos descuidados, dice el tipo. A ver si estamos más atentos, se te ha escapado una A en tarjets, se te ha escapado una e en intarnet, se te escapado una uve en mobil. Se te ha escapado un eramos en Libremobilec -tremenda palabra que adopto ipso facto-, si hubieras escrito que te ha escapdo se te habría escapado una a. Más cuidado la próxima vez.
El récord de Beamon tardó casi 23 años en ser batido. ¿Cuánto durará esta plusmarca?
martes, febrero 12, 2008
Ya está aquí
12 de febrero. Lanzamiento mundial. Ya en su librería.

Top Books
El Corte Inglés
Navlan
Librería Cámara
Casa del Libro

Top Books
El Corte Inglés
Navlan
Librería Cámara
Casa del Libro
No os digo más, ya sabéis qué se espera de todos vosotros. Bueno, si digo algo más: varones que pasáis por el Cerdo agridulce: que no os asuste el rosa. Que aunque la novela tenga un color tan rosa los hombres también podemos disfrutarla. En serio, en serio, de verdad, de verdad. Os lo juro. Que me caiga muerto ahora mismo y no pueda escribir una frase más si miento.
Escribo otra frase para que veáis que no me he muerto y no he mentido.
Actualización: Qué bonito es ver un libro en la librería. Aquí en la Casa del Libro de Gran Vía:

Aquí en El Corte Inglés de Sol:

Y aquí en el VIPS:

Por poner tres ejemplos.
Escribo otra frase para que veáis que no me he muerto y no he mentido.
Actualización: Qué bonito es ver un libro en la librería. Aquí en la Casa del Libro de Gran Vía:
Aquí en El Corte Inglés de Sol:
Y aquí en el VIPS:
Por poner tres ejemplos.
Etiquetas:
Libros,
rebeca rus,
yo yo yo
lunes, febrero 04, 2008
Mira, mamá, esto lo he hecho yo
Hacer anuncios está tan difícil últimamente, hay que salvar tantos obstáculos, que cuando se evitan uno siente ganas de gritarlo por ahí, de vocearlo, de mostrarlo en todos y cada uno de los sitios posibles. Y aunque ustedes tal vez están hartos de verlos en televisión (ya se cansan pronto, que acaban de salir este fin de semana), no me resisto a colgar aquí los últimos cuatro anuncios de la ONCE en los que he participado. Les he quitado el sudor y la sangre para que estén más presentables, pero si se fijan en el ángulo inferior izquierdo tal vez puedan notar aún algunas manchas:
Otro:
Uno más:
Y el último de la campaña:
Como de costumbre, tienen un amplio espacio en los comentarios para que me insulten o jaleen, como sea menester.
Otro:
Uno más:
Y el último de la campaña:
Como de costumbre, tienen un amplio espacio en los comentarios para que me insulten o jaleen, como sea menester.
viernes, febrero 01, 2008
Tata contraataca
Nuestra musa del 2007, Tata Golosa, se ha pasado por el Cerdo agridulce y nos ha dejado su nuevo vídeo en los comentarios de aquella entrada en la que le declarábamos nuestro amor incondicional /en esta otra la primera entrada que le dedicamos). Y digo "nuevo" e "incondicional" temblequeteando.
Qué desilusión, Tata. Esperábamos mucho más de ti, y no sólo una repetición de viejos triunfos. No nos vale que cambies Micrófonos por Pastilla (que además Micrófonos era mucho más surrealista, eso era delicioso). Nos duele que no aparezcan los tambores por ninguna parte. Que no haya más chicas bailando. Que el vídeo tenga una pinta más cutre que el anterior.
Qué decepción, Tata. ¿Por qué te repites? Puestos a repetir, haber hecho como nosotros, que repetimos con cosas que se repiten y que molan. Tomad todos nota: examen.
Etiquetas:
marcianismos,
naynanay
martes, enero 29, 2008
Teatro y más teatro
La semana pasada fuimos al teatro, y quizá tuviera algo que ver el hecho de que hacía meses que no salíamos de casa nosotros dos solos (aquí la razón, por si no se acuerdan), pero nos encantó la obra que vimos: Mi misterio del interior, de un grupo llamado Ron LaLá, del que no habíamos oído hablar en la vida.
La obra está compuesta por distintos sketches interpretados por cinco jóvenes actores que actúan y cantan en directo; aunque hay una levísima hilazón entre los números -ellos dicen que todos tratan de la identidad del ser humano; claro, así cualquiera dice que tienen el mismo tema- en realidad son independientes. ¿Y cómo son? Pues divertidísimos. La obra -o el grupo- tiene influencias evidentes de Les Luthiers -no hay más que ver el título-, de Faemino y Cansado, Woody Allen, hasta de Martes y Trece -quién lo diría a estas alturas-. Todo ello tamizado por la cultura basura de los años ochenta que tanto nos gusta a nuestra generación, al estilo chanante pero sin parecerse nada a ellos. Ya es mérito alejarse del humor chanante en los tiempos que corren, cuando parece que hay que elegir entre el Club de la comedia y las imitaciones de Karpov, Karpov, hueles a caldofrán.
Los de Ron Lalá se fajan bien en la distancia corta -tampoco es que el Alfil deje mucho espacio, claro- y cuentan con un público entregado casi desde el primer momento. El espectáculo va ganando tras un inicio titubeante -aunque cantar en el primer gag Yo soy Flik yo soy Flak somos dos en un reloj y mirándonos tú podrás decir si ha llegado ya la hora de dormir hace que ganen cien puntos en mi escala- y va arrastrando al público a través de números desternillantes, favoreciendo la participación del espectador -yo siempre lo he odiado eso, pero ya ves-, como en el caso del genial Tiro al tuno, donde los espectadores tratan de derribar con pelotas a unos tunos colocados como en una barraca de feria, mientras estos cantan:
En fin, que lo recomendamos vivamente porque además se atreven a cachondearse de los polacos, y eso en estos tiempos de pacatería hay que premiarlo. Dénse prisa que no sé cuánto van a durar; están ya en plan Prorrogamos porque tú lo has pedido, y eso igual dura un mes que un año.
Y el sábado pasado, confiados en nuestra buena racha con el teatro, llevamos a Julia a una obra de teatro para bebés (de 0 a 3 años, decía). Como Julia ya tiene 3 pensamos que le gustaría ver La geometría de los sueños, y allá fuimos. Rebeca se tuvo que quedar fuera para no llenar de adultos el teatro, y pasé con Julia. Antes de entrar nos dieron unas directrices: pónganse aquí, no graben ni saquen fotos, no hablen, por favor no hablen con los niños para que estos se hagan su propia interpretación de la obra.
Y pasamos y enseguida me di cuenta de que para mí iba a ser una putada no hablar de la interpretación de la obra porque así no tendría quién me la explicara. Una mujer portuguesa está sentada. Cuando callamos, nos dice que va a contar la historia de la piedra. Bien hasta ahí. La piedra que quería ser nube. Bien. Y ya cuesta abajo: Pie... pie... pie... piedra... Y tiraba lentejas sobre una piedra atada a una cuerda... Y un niño gritaba en una grabación: ¡Piedra, piedra! Y entonces tiraba harina en un plato. ¡La piedra no sueña! ¡No sueña! Los huesos... ¡de la tierra! Acojonaba, de verdad. No me extraña que no quisieran que grabáramos la escena, así no tengo pruebas y todos pensáis que estoy loco, pero no. O a lo mejor pensáis que nos colamos y estábamos viendo Homenaje al Dadaísmo, pero tampoco. En realidad era parecido a esto:
¿Y los niños? Pues tan panchos. mientras los padres evitábamos las miradas de los otros para no echarnos a reír, ellos permanecían de lo más atento. Cuando acabó -necesitamos varias indicaciones para saber que era el momento de aplaudir- una niña se acercó y le dio un beso a la actriz. Que digo yo que estaría amañado, a lo mejor ella tenía un cacahuete escondido en la falda o algo así, porque si no no me lo explico. Y entonces los demás niños se levantaron a darle besos a la actriz. De no creérselo. Como animándola a que siguiera por esa senda. Y los próximos niños, que se jodan.
En resumen: si queréis ir al teatro ir a ver a Ron Lalá. Y huid de La geometría de los sueños. A menos que tengáis menos de tres años.
La obra está compuesta por distintos sketches interpretados por cinco jóvenes actores que actúan y cantan en directo; aunque hay una levísima hilazón entre los números -ellos dicen que todos tratan de la identidad del ser humano; claro, así cualquiera dice que tienen el mismo tema- en realidad son independientes. ¿Y cómo son? Pues divertidísimos. La obra -o el grupo- tiene influencias evidentes de Les Luthiers -no hay más que ver el título-, de Faemino y Cansado, Woody Allen, hasta de Martes y Trece -quién lo diría a estas alturas-. Todo ello tamizado por la cultura basura de los años ochenta que tanto nos gusta a nuestra generación, al estilo chanante pero sin parecerse nada a ellos. Ya es mérito alejarse del humor chanante en los tiempos que corren, cuando parece que hay que elegir entre el Club de la comedia y las imitaciones de Karpov, Karpov, hueles a caldofrán.
Los de Ron Lalá se fajan bien en la distancia corta -tampoco es que el Alfil deje mucho espacio, claro- y cuentan con un público entregado casi desde el primer momento. El espectáculo va ganando tras un inicio titubeante -aunque cantar en el primer gag Yo soy Flik yo soy Flak somos dos en un reloj y mirándonos tú podrás decir si ha llegado ya la hora de dormir hace que ganen cien puntos en mi escala- y va arrastrando al público a través de números desternillantes, favoreciendo la participación del espectador -yo siempre lo he odiado eso, pero ya ves-, como en el caso del genial Tiro al tuno, donde los espectadores tratan de derribar con pelotas a unos tunos colocados como en una barraca de feria, mientras estos cantan:
Los tunos
son los cojones
del grueso pene
de España
son los cojones
del grueso pene
de España
En fin, que lo recomendamos vivamente porque además se atreven a cachondearse de los polacos, y eso en estos tiempos de pacatería hay que premiarlo. Dénse prisa que no sé cuánto van a durar; están ya en plan Prorrogamos porque tú lo has pedido, y eso igual dura un mes que un año.
Y el sábado pasado, confiados en nuestra buena racha con el teatro, llevamos a Julia a una obra de teatro para bebés (de 0 a 3 años, decía). Como Julia ya tiene 3 pensamos que le gustaría ver La geometría de los sueños, y allá fuimos. Rebeca se tuvo que quedar fuera para no llenar de adultos el teatro, y pasé con Julia. Antes de entrar nos dieron unas directrices: pónganse aquí, no graben ni saquen fotos, no hablen, por favor no hablen con los niños para que estos se hagan su propia interpretación de la obra.
Y pasamos y enseguida me di cuenta de que para mí iba a ser una putada no hablar de la interpretación de la obra porque así no tendría quién me la explicara. Una mujer portuguesa está sentada. Cuando callamos, nos dice que va a contar la historia de la piedra. Bien hasta ahí. La piedra que quería ser nube. Bien. Y ya cuesta abajo: Pie... pie... pie... piedra... Y tiraba lentejas sobre una piedra atada a una cuerda... Y un niño gritaba en una grabación: ¡Piedra, piedra! Y entonces tiraba harina en un plato. ¡La piedra no sueña! ¡No sueña! Los huesos... ¡de la tierra! Acojonaba, de verdad. No me extraña que no quisieran que grabáramos la escena, así no tengo pruebas y todos pensáis que estoy loco, pero no. O a lo mejor pensáis que nos colamos y estábamos viendo Homenaje al Dadaísmo, pero tampoco. En realidad era parecido a esto:
¿Y los niños? Pues tan panchos. mientras los padres evitábamos las miradas de los otros para no echarnos a reír, ellos permanecían de lo más atento. Cuando acabó -necesitamos varias indicaciones para saber que era el momento de aplaudir- una niña se acercó y le dio un beso a la actriz. Que digo yo que estaría amañado, a lo mejor ella tenía un cacahuete escondido en la falda o algo así, porque si no no me lo explico. Y entonces los demás niños se levantaron a darle besos a la actriz. De no creérselo. Como animándola a que siguiera por esa senda. Y los próximos niños, que se jodan.
En resumen: si queréis ir al teatro ir a ver a Ron Lalá. Y huid de La geometría de los sueños. A menos que tengáis menos de tres años.
lunes, enero 21, 2008
Sin excusas
De vez en cuando hablamos aquí de anuncios ingleses y americanos y desgranamos un montón de excusas que justifiquen por qué nosotros no hacemos esos anuncios. Están los medios, claro, que permiten que ellos tengan superproducciones, tanto dinero que nunca veremos nosotros ni aunque juntáramos todos nuestros anuncios. Está el hecho de que sus spots duran un minuto en lugar de nuestros raquíticos veinte segundos. Está que ellos tienen mucho más tiempo para pensar. Está que tienen clientes capaces de aprobar cosas distintas, capaces de arriesgarse, clientes que saben qué está bien y qué mal.
Entre las excusas que ponemos nunca esta la de nuestra falta de talento. Casi siempre nos sabemos capaces de pensar esa idea que vemos rodada en Inglaterra. Podría habérsenos ocurrido, con las condiciones adecuadas: el tiempo adecuado, el cliente adecuado, el presupuesto adecuado, el briefing adecuado. La mayor parte de las ideas están a nuestro alcance; otra cosa es que no podamos llegar a ellas por diversas circunstancias.
El otro día me enseñaron un anuncio de Bartle Bogle Hegarty, una de las dos agencias que revolucionó la industria en los ochenta. Es un anuncio para Vodafone. Sé que en mi puta vida se me habría ocurrido algo como esto:
Luego está, claro, que no habría conseguido cliente que me lo aprobase, que lo habría tenido que hacer en veinte segundos en vez de en minuto y medio, que no habría tenido los mismos medios y en vez de Judi Dench habría tenido que coger a Amparo Baró. Pero eso son excusas.
Entre las excusas que ponemos nunca esta la de nuestra falta de talento. Casi siempre nos sabemos capaces de pensar esa idea que vemos rodada en Inglaterra. Podría habérsenos ocurrido, con las condiciones adecuadas: el tiempo adecuado, el cliente adecuado, el presupuesto adecuado, el briefing adecuado. La mayor parte de las ideas están a nuestro alcance; otra cosa es que no podamos llegar a ellas por diversas circunstancias.
El otro día me enseñaron un anuncio de Bartle Bogle Hegarty, una de las dos agencias que revolucionó la industria en los ochenta. Es un anuncio para Vodafone. Sé que en mi puta vida se me habría ocurrido algo como esto:
Luego está, claro, que no habría conseguido cliente que me lo aprobase, que lo habría tenido que hacer en veinte segundos en vez de en minuto y medio, que no habría tenido los mismos medios y en vez de Judi Dench habría tenido que coger a Amparo Baró. Pero eso son excusas.
martes, enero 15, 2008
Tareas pendientes
Se nos acumulan las cosas que tenemos a medias, como por ejemplo dormir más, invitar a Heidi Klum a que colabore en el blog, hacernos inmensamente ricos (a ver si a partir del 12 de febrero), hacernos inmensamente ricos, hacernos inmensamente ricos e invitar a Heidi Klum a dormir más con nosotros. En fin, lo que todo el mundo.
Y entre las tareas que teníamos pendientes desde la noche de los tiempos están recomendar la visita a dos páginas a las que me unen motivos más o menos sentimentales. La primera se ha hecho en la casa en la que llevo ahora los grilletes, y pertenece a la campaña para impulsar la TDT en este país nuestro. Se llama Manolo y la Vane y recomiendo una visita ipso facto (anda que no mola la expresión ipso facto).
La segunda se ha hecho en la casa en la que llevaba antes los grilletes; es el lanzamiento de un nuevo medio de comunicación (o lo que sea), soitu.es. Cuatro vídeos que nacieron con vocación de viralidad (yo los enlazo demasiado tarde porque soy así, despistado).
Para otro día dejamos la importancia de internet para la publicidad futura y qué significa (y qué creen los clientes que significa) la viralidad. Ya tenemos tarea pendiente.
Y entre las tareas que teníamos pendientes desde la noche de los tiempos están recomendar la visita a dos páginas a las que me unen motivos más o menos sentimentales. La primera se ha hecho en la casa en la que llevo ahora los grilletes, y pertenece a la campaña para impulsar la TDT en este país nuestro. Se llama Manolo y la Vane y recomiendo una visita ipso facto (anda que no mola la expresión ipso facto).
La segunda se ha hecho en la casa en la que llevaba antes los grilletes; es el lanzamiento de un nuevo medio de comunicación (o lo que sea), soitu.es. Cuatro vídeos que nacieron con vocación de viralidad (yo los enlazo demasiado tarde porque soy así, despistado).
Para otro día dejamos la importancia de internet para la publicidad futura y qué significa (y qué creen los clientes que significa) la viralidad. Ya tenemos tarea pendiente.
jueves, enero 10, 2008
Menos mal que la gente nos anima con cosas como esta
Nos manda César pensando que nos puede gustar (con muy buen criterio, muchas gracias) una foto de una ferretería cercana a su lugar de trabajo. Esta es la foto:
Fíjense en la psicodelia de la imagen, con los carteles, las paletas, los zapatos, los picaportes y ese misterioso "Cartucho antihollín", pero no vamos a eso. Ya lo habrán visto ustedes, pero por si acaso hagamos zoom sobre el delicioso cartel escrito a mano:
No me digan que no es maravilloso que haya que especificarlo. La de veces que habrá entrado alguien a preguntar cuánto costaba la tienda, para que el tío, negro ya, haya decidido ponerse a escribir el cartel de aclaración. Creo que ese podría ser otro estupendo subconjunto en esta afición nuestra de los carteles y las pintadas, los carteles de aclaración de ideas (aquí es que nos gustan mucho los paréntesis).
En este caso concreto sólo echo de menos una cosa (pero vamos, ya aparecerá en su momento, me juego esta mano que está escribiendo este piranlasdasldhaksdsjd): un segundo cartel escrito a bolígrafo en el que se pueda leer: "El cartel en venta no es el que está escrito a mano aclarando que se vende el cartel, no la tienda, sino el otro cartel. Que tampoco es este que tiene este mensaje, sino el otro, el de colores. El de colores vivos, este tiene colores pero menos, vamos, me refiero a ese en el que viene dibujado un teléfono como este que dibujo aquí ahora para que os hagáis una idea, bueno, pues igual, pero vamos, este cartel y este teléfono no, el otro. El del principio. Bueno, mira si me haces una oferta por la tienda me lo pienso y me quito de líos".