martes, septiembre 05, 2006

Una de brunchs

Como ya bien sabéis todos Txiqui y yo no somos precisamente abanderados de la vanguardia, pero hay una moda que arrasa últimamente en Madrid a la que nos hemos apuntado de cabeza y sin pensarlo de veces: ir de brunch los domingos. Y mira que es extraño que esto se considere “estar a la última” porque el brunch es una cosa que se practica en Nueva York desde principios del siglo XX o, incluso, antes. Pero ya es bien sabido que nosotros los españoles pensamos bien, pero tarde. Y nunca es tarde para adoptar una moda tan fantástica como esta, sobre todo, porque salir de brunch es una de esas escasas y extrañas ocasiones en la vida en las que puedes ir de moderno y al mismo tiempo ser práctico sin gastarte mucha pasta. Como cuando se puso de moda ir vestido de vagabundo…

El término brunch viene de la contracción de las palabras breakfast y lunch, es decir, una mezcla entre desayuno y comida que se puede tomar entre las 11 y las 15 horas de los fines de semana y que nos permite ponernos ciegos a base de pequeñas menudencias dulces y saladas mientras te sumerges en los dominicales sin que nadie se sienta insultado por tu grosería. Todo ello por unos 20 euros. Bastante bien tal y como está hoy en día la vida en Madrid, que como también sabéis está mal tirando a fatal e incluso mucho peor desde que el Euribor está subiendo sin parar. Pues bien, tomar brunch es uno de esos pequeños lujos que os recomendamos desde este blog porque, sencillamente, es un lujo pero pequeño. Así que, amigos, “to be fashionable nowadays, we must brunch”, pero no lo hagáis en cualquier sitio.

Dada nuestra naturaleza inquisitiva y nuestro afán de servicio a todos aquellos que visitan nuestro blog, hemos hecho una pequeña labor de investigación por los distintos locales que dan brunch en Madrid que esperamos os sirva de guía. No son todos los que son, pero si unos cuantos para irse estrenando:

Le petit bistrot (Plaza de Matute, 5):Fue el primer local que visitamos como aficionados al brunch y acompañados de unos amigos que lo practicaban con asiduidad, un local de estilo francés, informal y agradable. El brunch que nos sirvieron no estuvo nada mal, comenzando con pan y algo de bollería servida con mantequilla y mermelada, un Actimel, café con leche y azúcar, zumo natural de naranja y un plato caliente a elegir: rosbif con ensalada, huevos fritos con bacon... Desgraciadamente fue hace bastante tiempo y no puedo precisar con claridad lo que tomamos, pero mi recuerdo es grato.
Puntos a favor: Tienen facilidades para niños, sirven montañas y montañas de rico café.
Puntos negativos: El excesivo ruido y jaleo del local, nada es demasiado sorprendente, todo muy común.

Nota final: 6,5-7.
Precio: 15 euros aprox.

Nina (Manuela Malasaña, 10): Nuestra siguiente experiencia en el mundo del brunch fue en este modernísimo local del centro de Madrid. Desde el comienzo, el menú del Nina superó nuestras expectativas: una selección de panes bastante amplia (integrales, con aceitunas, etc.) servidos con varios tipos de mantequillas (no recuerdo los sabores) y patés. Todo sin reparar en cantidades. A continuación zumo de naranja recién exprimido (aunque creo recordar que había otras posibilidades) y yogur batido de varios sabores (sí, sí… probablemente sería un Danone vulgar batido y servido en un cuenco moderno, pero somos asín de tontos). A continuación llegaron los platos calientes: revuelto con beicon crujiente y salchichas, salmón ahumado con bagel y queso crema, pavo jamón natural al horno con huevo hilado y ciruelas al Armagnac o huevos Benedict. Para terminar, café con leche (rico, rico) y una selección de muffins y plumcakes.
Puntos a favor: Muchísima variedad, toda deliciosa y ligeramente diferente. Buenas cantidades, bien presentadas y originales. Local agradable, amplio y silencioso.
Puntos negativos: No sirven café hasta el final de la comida, cuando en estas ocasiones necesitas una inyección de cafeína rápida y eficaz. Los dulces del final son un tanto escasos cuando se es un comilón gordo como nosotros.

Nota final: 8.
Precio: 18 euros/persona.

Ene (Nuncio, 19): Nuestra visita a este también modernísimo local de la Latina se produjo a mediados de agosto, lo que puede explicar que apenas hubiera gente o que el servicio fuera tan atento (no me habían hablado nada bien de los camareros de este sitio, por lo que quedé gratamente sorprendida). El brunch del Ene comienza con un cocktail (a elegir entre el Bloody Mary o el Bellini) y continúa con una pequeña (si, muy pequeña) aunque deliciosa selección de panes y bollos. Para ser más exactos: un trozo de pan y un pequeño bollo por cabeza. A continuación Muesli con yogur griego y frutos rojos o Quiché Lorraine o ensalada de espinacas con jamón de pato y vinagreta de mango o table de quesos y frutos secos. Un poco.
Y los segundos: salmón marinado sobre blinis o huevos benedictine o tortilla mexicana rellena de frijoles con guacamole y pico de gallo o la carne del día. Otro poco.
Para finalizar, café con leche y una selección (increíble pero también diminuta) de galletas, brownies y dulces.
Puntos a favor: Platos originales, cocktail incluido en el precio. La bollería insuperable.
Puntos negativos: Raciones minúsculas. Te quedas con hambre. De verdad. Mucha hambre. Dicen que hay un D.J. Todo tiene demasiada pose, incluidos los camareros.

Nota final: 6´5.
Precio medio: 20 euros/persona.

Café Oliver (Almirante,12): El Café Oliver ha sido en los últimos años uno de nuestros lugares favoritos para ir a comer, por eso teníamos demasiadas esperanzas puestas en un servicio de brunch. Además, se cuenta que era uno de los pioneros en la capital. En fin, que fuimos hace unas semanas y no quedamos decepcionados, pero tampoco impresionados. El brunch comienza como todos, con pan y bollos (uno por persona) servidos con mantequilla y una clase de mermelada. Puedes elegir entre varios tipos de zumo natural exprimido, naranja, piña y mango o melón y café servido en cafetera de émbolo. Se continúa con un plato de huevos: revueltos con hierbas, fritos con bacon o benedicr. Y se termina con ensalada cesar o ensalada de frutas o hamburguesa de queso o tortitas con sirope de arce.

Puntos a favor: El local, siempre agradable. Aunque la bollería no es para echar cohetes los platos cocinados son ricos sin llegar a ser excelentes y las raciones grandes. Los originales zumos naturales.
Puntos negativos: El café es ¡americano!, aunque te puedes tomar tres tazas lo que deberían copiar los demás sitios. Los camareros parecían algo confusos y cometieron errores grandes como olvidarse de ponernos leche, olvidarse de servirnos los primeros, etc.

Nota final: 7.
Precio medio: 20 euros/persona.


Olsen
(Calle del Prado, 15): No hemos ido a este local a tomar el brunch… y no creo que vayamos. La experiencia de una pareja amiga nuestra (precisamente la pareja que nos introdujo en este hábito) fue tan nefasta que no nos atrevemos a poner un pie por allí. En medio de su tranquilo brunch dominical se encontraron con una cucaracha de gran tamaño pululando por su mesa. Los camareros del local no sólo se comportaron bastante fríamente con el asunto sino que además no tuvieron el detalle de excusarse o invitarles a desayunar o, simplemente, tirarse el pisto invitándoles a algo a ellos y a todos los vecinos de mesa que sufrieron ataques de histeria. Tampoco ayuda en nuestra pobre opinión sobre el Olsen que Txiqui fuera allí a cenar con su empresa y le pareciera todo un fiasco, pero si no queréis imitarnos porque os fiáis más de las numerosas y positivas críticas que está recogiendo este restaurante nórdico (seguramente todas compradas), su brunch se compone de café o te, zumo, bagels con manteca y mermeladas a un precio de 5 euros. Y si queréis tomar algo mas, por 16 euros extra podréis elegir entre una amplia selección de platos calientes como pan de brioche tostado con queso brie, puré de higos y confit de pato o patatas escalfadas con salmón, huevo y beicon.

Por supuesto hay muchísimos más locales que estamos deseando visitar en los que se sirven, según se cuenta, un magnífico brunch. Entre ellos, Teatriz, La Viuda Blanca, De Funy... En este blog prometemos sacrificarnos por el bien común y visitar pronto la gran mayoría de estos locales. Al fin y al cabo, como ya he dicho, somos un servicio público y nos mueve la filantropía.

8 comentarios:

José Antonio Palomares dijo...

Crítica ajustada a la verdad donde las haya.
Sólo alguna puntualización: en ENE una de las ventajas es que la camarera está bastante buena. Igual te referías a eso con lo de la bollería. con perdón.
En descargo de los camareros del Café Oliver, se disculparon una docena de veces por sus errores; y hay que tener en cuenta que era el primer día después de vacaciones, con la consiguiente empanadas.

Respecto a que las críticas positivas del Olsen están compradas, mi abogado recomienda que recuerde a todos que yo a la autora del artículo no la conozco de nada. También quiero recordar al Olsen y al resto de restaurantes que nuestras críticas también pueden ser compradas. Facilidades de pago.

Angua dijo...

Como suelo decir en las reuniones internas de mis agencias pasadas, presentes y futuras, cuál es la reco?
El Nina??
Se puede pedir café desde el principio pagando un par de euros más?
Existe el brunch de niños? En qué consiste? Cuánto cuesta?
Los horarios son los mismos en todos los locales? Cuáles son?

ein?

Rebeca Rus dijo...

Perdón, Txiqui, por no haber incluído la variante "camarera macizorra" en mis críticas. A lo mejor eso hubiera variado algo la puntuación. Respecto a la recomendación, sí, para mí el mejor fue el Nina de largo. Los horarios son más o menos comunes en todos los locales, no existe el brunch de niños pero siempre se puede pedir chocolate o leche con cola-cao y que te traigan el café antes, supongo que será cuestión de insistir sobre ello una y otra vez.
El Café Oliver sigue siendo uno de nuestros sitios estupendos para ir a comer, así que no quiero problemas con los camareros. Supongo que el primer domingo de septiembre estaban empanados...

Anónimo dijo...

Sí que viene de largo la cosa: en mis tien-nos años juveniles, el brunch en Irlanda consistía en que en vez de comer a la una, lo hacíamos a las tres. Hamburguesas. Merecía la pena la espera y los retortijones. Despues de toda una semana a base de verduras, una apreciaba esos detalles que tenía la señora. Ahora, el domingo por la tarde tenía que escaparme a Dublín porque se me quedaba corto para todo el día. Y me vine con diez kilos más por el puñetero brunch y lo que me compraba para complementar a las verduras.

Carmona Dixit.

Rebeca Rus dijo...

¡Qué curioso! Yo también engordé diez kilos en un viaje por aquella zona. Y la culpa también fue la necesidad de llenar mi triste estómago con algo que supiera a algo. La señora de la casa donde vivía no hacía hamburguesas ni los domingos y las salsas salían de sobres con polvos.

Anónimo dijo...

Las hamburguesas no eran caseras, las íbamos a buscar a un mall en Palmerstown y, en una de esas tiendas infernales atestadas de chocolatinas Cadbury, hacía la compra de guarrerías extra para toda la semana. Lo peor que probé allí era una especie de patata/batata asada pero muy amarga... mi hermana me ha dicho infinidad de veces su nombre y he preferido olvidarlo. Ni bañado en ketchup (cosa ya asquerosa de por sí) se podía comer aquello. Al final va a ser verdad eso que dicen de la dieta mediterránea.

He vuelto (ya en mi etapa más o menos adulta) a Irlanda y no se come nada mal. Al igual que en Inglaterra, pero eso sí, cuesta una pasta gansa meterte algo al cuerpo que puedas recordar con cierto agrado.

Carmona Dixit.

Ricardito ëmore dijo...

Jijjiiji, que tiempos aquellos de la dieta de guisantes duros, pure de patatas y carne cocida...

isa dijo...

mira, acabo de encontrar otro. venga, id vosotros a probarlo y luego nos hacéis la crónica :-)

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