jueves, enero 11, 2007

Chollo descomunal

Estamos en plena temporada de coleccionables y los quioscos expanden sus áreas de influencia ocupando media calle para dar cabida a toda clase de colecciones en fascículos. Por poner un ejemplo al azar, la colección en DVD de Rebelde Way, esa teleserie fascinante que se ha convertido en la revelación de la temporada televisiva. No hay ni rastro, sin embargo, de su serie hermana, Rebelde, a mi juicio mucho mejor, aunque no todo el mundo piensa igual (¡Bítelchus, Bítelchus, Bítelchus!).

Pero yo venía a hablar de lo mío: esta mañana he visto en un quiosco el primer tomo de los Grandes Autores de la lengua española, que corresponde, como sospecharán por la foto, a las Obras completas I, de Julio Cortázar, autor bien querido por aquí. Yo a Cortázar le tengo muy trabajado, así que he pensado que era absurdo comprar el libro, total, seguramente o tenía las obras o las había leído ya. Pero estaba a tan sólo dos euros, y yo soy incapaz de decirle que no a los libros que cuestan menos de tres euros, las chicas guapas, los que me piden el voto para el concurso de blogs de 20 minutos y así ad infinitum. Soy un chico fácil, vamos.

En este tomo se recogen tres novelas: Rayuela, 62 modelo para armar y El libro de Manuel. No son precisamente las tres obras que yo recomendaría a alguien para iniciarse en Cortázar, que lleva la experimentación muy lejos en las tres, pero no deja de ser un chollo, así que yo les recomiendo que se hagan con él (yo aprovecharé para leer por primera vez El libro de Manuel, a ver qué tal). Total, por dos euros en muchas cafeterías ya sólo puedes tomarte un café con leche y una tostada sin mermelada.

miércoles, enero 10, 2007

Los Reyes Magos, la conspiranoia y Telepizza

Desde hace algunos meses se está emitiendo en España una curiosa campaña de publicidad de Telepizza, muy distinta a lo que estamos acostumbrados a ver. Son pequeñas películas de diez segundos que cambian continuamente. En ellas, mientras se ven las típicas imágenes de archivo de preparación de pizzas (aceitunas rebotando en la masa, queso que se estira hasta que parece chicle, una mano que suelta champiñones al tuntún), un locutor nos da diferentes mensajes. Por ejemplo: "Después de un duro día de trabajo, ¿verdad que lo que más te apetece al llegar a casa es ponerte a preparar la cena?". ¡No te digo ná y te lo digo tó!

En realidad es prácticamente una selección de titulares a los que se ha puesto como imagen de fondo la pizza en el proceso de elaboración. Que por cierto, qué pocas ganas dan de comer pizza esas imágenes. Bueno, el caso es que en esta campaña hay ejemplos mejores y peores, es un poco irregular, pero en general yo le doy buena nota porque hacía mucho que no veía un anuncio de pizzas decentes -de hecho es que no recuerdo ningún anuncio de pizza que no tenga varios años- y porque me parece una manera hábil de resolver lo que en la jerga se llama una campaña táctica. La única pega que le pongo es la elección del locutor, el gran Antonio Esquivias, una voz particularísima que es la habitual de Frasier y Actor Secundario Bob. Y claro, es difícil imaginarse a Frasier comiendo pizza de Telepizza. Por lo demás, enhorabuena, chavales.

"Yo que tú me comería esa pizza antes de que se enfríe".

Estas Navidades el anuncio de Telepizza decía esto: "Melchor le trajo oro, Baltasar le trajo mirra y Gaspar una familiar con doble de queso y extra de champiñones".

¿Ven algo raro? Yo sí, igual porque soy un enfermo.

Si nos preguntan cuáles son los Reyes Magos, casi todos diremos de corrido: Melchor, Gaspar y Baltasar. Por ese orden. Está grabado a fuego en nuestra cabeza. Por otra parte, si queremos hacer un chiste con una serie de tres elementos, pondremos dos elementos normales en primer lugar y acabaremos con el gracioso en último lugar. Combinando ambas cosas, estoy seguro de que cualquiera de nosotros habría escrito esto: Melchor le trajo el oro, Gaspar trajo mirra y Baltasar una familiar con doble de queso y extra de champiñones. Es lo natural (aunque probablemente habríamos escrito "Gaspar trajo incienso"). Y estoy seguro de que el creativo también lo hizo.

Pero también estoy seguro de que en algún momento del proceso, alguien (el mismo creativo, su compañero, su jefe, el ejecutivo de cuentas, el supervisor, el director de marketing o la hija del director de marketing) dijo: "¿Baltasar llevando la pizza? A ver si la gente va a pensar que estamos diciendo que los negros sólo valen para ser repartidores de pizza. Además muchos de nuestros empleados son medio negros (medio de color). Tengamos cuidado no vayamos a ofender a nadie". Y se cambió el texto para evitar problemas.

Tristes los tiempos en que una frase tan inocente como esa puede causar problemas, y tristes los tiempos en los que antes de causarlos alguien piensa que podría hacerlo, y modifica su discurso para hacerlo aséptico. La obsesión por lo políticamente correcto nos inunda hasta desafiar el sentido común. En publicidad ya casi nadie da un paso sin preguntarse quién puede sentirse ofendido; y casi todo el mundo puede sentirse ofendido, por unas cosas o por otras. Uno pensaría que lo más lógico es pasar por completo de los locos que pensaran que se estaba ofendiendo a los negros llamándoles repartidores, pero el problema es que es muy fácil obtener réditos atacando a la publicidad: las protestas frecuentemente consiguen notoriedad -para los que protestan- y la retirada del anuncio ofensivo (hay ejemplos a cascoporro). De manera que los anunciantes prefieren no arriesgarse. Y van limando todo lo que pueda parecer arriesgado y/o peligroso. Incluso la frase de la extra familiar. Que tampoco es tan descabellada cómo ha quedado finalmente, es cierto, seguramente ha pasado desapercibida, pero que me parece un ejemplo más del surrealismo que nos invade y que nos afecta en todas las esferas.

No sé, tal vez en lugar de la voz del Actor Secundario Bob habría sido mejor que hubiera leído el texto Flanders.

martes, enero 09, 2007

Es triste de pedir

A poco que sean ustedes observadores, se habrán fijado en un pegote nuevo que ha aparecido en la columna derecha de este blog, justo debajo de los enlaces y antes de la glosa de artículos recientes. Ese pegote -hay que ver lo mal que queda, ya me gustaría a mí ser diseñador o por lo menos saber algo de html para centrarlo en la columna, por lo menos- les invita a votar por este blog en el concurso que ha convocado el periódico 20minutos.es.

Lo curioso es que para votar en este, vamos a llamarle, premio popular (hay una segunda fase con un jurado profesional), el requisito es tener tú mismo un blog. Y concursar también. O sea que si votas un blog en cierta manera estás perjudicando tus posibilidades de triunfo. Pero no pasa nada porque en general en la blogosfera somos todos muy coleguitas de nuestros colegas y no ocurre nada porque yo vote a gente que me parece que hace blogs interesantes porque ellos me votarán a mí y será un juego de ganancia cero (fíjense en la columna de la derecha).

A la gente, sin embargo, en general no le ha sentado bien que sólo puedan votar los blogueros inscritos (y eso que estaba en las bases desde el principio). En los comentarios del propio periódico, aparte de la gente que aprovecha para autopublicitarse, lo más habitual es leer abucheos porque no se abre la votación al público. El año pasado, parece ser, sí estaba abierta, y se cometieron algunos abusos (gente que votaba varias veces, gente que convencía a sus cien mejores amigos para que le votaran, etcétera). Nada que no pase en cualquier concurso abierto a las votaciones del público, como Operación Triunfo (insertar chiste sobre algún participante actual de OT, no repetir lo de Bustamante). A la gente, vaya, le parece mal que tu abuela no pueda votarte. La queja más generalizada es: "Yo no tengo muchos amigos bloggers, así que, ¿quién va a votarme?". Esa es la pena. Se ha reducido el número de posibilidades clientelistas, ya no pueden votarte tus amigos.

Verán ustedes, la blogosfera es muy endogámica. En el fondo somos cuatro gatos y nos movemos por los mismos círculos. Círculos pequeñitos. Y si lees a Escolar lees a Periodismo incendiario y a La Petit Claudine (este círculo es más grande). Y si lees El sabor del cerdo agridulce es muy probable que leas, por ejemplo, El callejón de los gatos o Las peluqueras me odian. Lo digo por lo de la paja en el ojo ajeno (más ejemplos de blogs que me gustan en la columna de la derecha, insisto, esa columna que actualizo de pascuas a ramos). Como uno vota lo que le gusta, es muy probable que votes los blogs que visitas habitualmente y en los que nos vamos encontrando todos. Sin malicia, ojo, es que te gustan. Por eso los visitas. Por eso los votas.

Y así está la cosa. Si tienes muchos blogs amigos tienes muchos votos. Si no, pues nada. Porque lo que yo pensaba que iba a ser útil de este concurso, conocer nuevos blogs y que te conocieran, es virtualmente imposible. Verán, El sabor del cerdo agridulce está inscrito en varias categorías -exigía al menos tres, pero de pronto he visto blogs inscritos sólo en una-: Mejor blog personal, Cultura y tendencias, Actualidad y Ciudad. En realidad esta humilde bitácora no es nada de eso, pero esas eran las categorías, así que a joderse. Bien, en blog personal hay 1.506 blogs participantes. En Actualidad, 648. Y en Cultura, 609. En Ciudad sólo 167. Pero la verdad es que aquí se habla poco de Madrid. ¿Cuántas posibilidades hay de que la gente se pase por aquí a través del concurso? Infinitesimales. Ya sería casualidad.

Así que los que me voten serán conocidos. Y yo votaré (ya lo he hecho) a los blogs que están ustedes pensando y que, sí, están en la columna de la derecha, confiando en que ellos me voten a mí (guiño, guiño). Y entonces tendré, no sé, 7 votos. Porque ni Ricardito ëmore ni Angua tienen blog; si no, tendría 9. Fin del concurso para mí, ¿no?

Pues no, porque mañana puedo obtener otros 7 votos de las mismas 7 personas. No se puede votar el mismo blog durante un día, pero sí los días que quieras. Es un sistema marciano y desvirtúa por completo la votación. No sólo cuenta los amigos bloggers que tengas sino lo fieles que sean. O lo pesado que seas tú pidiendo el voto; si pido el voto cada día, puede que esos 7 amiguetes me voten cada día y acabe teniendo un par de cientos de votos. En cambio los que se dediquen a hablar de sus cosas, obviando el hecho de que están en un concurso, morderán el polvo. Y yo estaré seleccionado gracias a mis 7 amigos. Una oligarquía en toda regla. Este plan que acabo de exponer está siendo implementado por toda la blogosfera en estos momentos. Cada cual con su propio círculo, más o menos amplio, más o menos leal o cohesionado. Y cada uno está comenzando su propia campaña de captación de votos. Yo, astutamente, estoy escribiendo un texto aparentemente crítico con el sistema de votos y la blogosfera.

Yo, francamente, no voy a perder el tiempo pidiendo el voto. Aparte de ahora, que lo hago por prurito bloguero, claro: votadme. Me parece ridículo, los resultados van a ser absurdos y probablemente fruto de una campaña cansina de petición de voto. Porque ahora parece que es un concurso sobre quién tiene el círculo más grande. Y yo paso.

Actualización: Prosigue la conspiración judeomasónica para dejarme en ridículo. Transcurrido un día de votaciones, hoy, 10 de enero, estamos entre los 50 blogs más votados (para mañana este enlace seguramente ya no tendrá sentido), con la friolera de cuatro votos. La consecuencia natural es que está pasando por aquí bastante gente nueva a ver qué se fríe en esta casa (gracias por venir, curiosead cuanto queráis, el que rompa algo de los estantes lo paga), con lo que se desmonta parcialmente mi segundo argumento principal para renegar del concurso. Pero ahora cambiaré de tema, como los políticos, y parecerá que nunca lo he escrito.


lunes, enero 08, 2007

Horror vacui

A ti te preguntaban en un examen: "Características del románico" y lo primero que se te ocurría era lo del horror vacui, igual por la sonoridad de la expresión.


Y entonces te ponías a describir las características de la escultura románica, y no escribías lo que pensabas, que era: "esta escultura es un churro y parece hecha por un niño de seis años con su plastilina Jovi", sino que hablabas del horror vacui y que se amoldaba al espacio y bla bla bla. Ya entonces sabíamos todos que no había que contar lo que se pensaba, sino lo que el profesor quería oír. Y él quería que hablaras del horror vacui. Y La Celestina es una obra maestra de la Literatura española.

Ya no hay románico, pero sigue habiendo horror vacui. Se nota en muchos anuncios gráficos. Si yo pago la página entera, dicen los anunciantes, ¿por qué voy a desaprovechar parte de la página en espacios en blanco? Tú llénalo de cosas. "Pero es que no se va a ver con tantos elementos" Claro que sí, sólo hay que fijarse.

Y otro campo donde sucede es en el de los grafiteros. Verbigracia:


Uno no sabe por dónde empezar a leer, porque hay mucho. FELIZ NAVIDAD es lo primero que lees. Y luego ya hay que elegir.

Yo lo siguiente que veo es el By..., que es la manera de introducir la firma. Pero nuestro grafitero escribe: Te crees que te lo voy a decir. Un tipo duro al que no le gusta que piensen que es un sentimental porque felicita la Navidad.

Y luego leo: Esto no va x ti TK y un corazón. Que uno piensa: ¿Lo de la Feliz Navidad no va por su novia? Pero se resuelve en la siguiente frase: COMERME LA... Es todo muy confuso. ¿Qué relación tendrá con la novia para que haya que especificarle que lo de comerme la... no va por ella? Esto no va por ti, amor, hijodeputa cabronazo. Por si había dudas. No vayas a creer que lo que quiero, cariño, es que me comas la polla. Que sí que quiero, pero no de esa manera, esto lo escribo como insulto, cuando te lo digo a ti es de otra manera, con ternura. Con corazones. Por eso especifico. No vayas a pensar que quiero que todo el barrio sepa que quiero que me comas la polla. Que de todas maneras no pueden saberlo porque astutamente no he firmado, iba a hacerlo pero no, Te crees que te lo voy a decir. Pero por si se me reconoce la letra. O el mensaje de Feliz Navidad.

Y lo más inquietante: ¿por qué no escribe la palabra polla? ¿Le ha entrado pudor de repente? ¿Qué clase de exabrupto es este en el que mezcla un TK con un Comerme la pero no incluye lo que le da fuerza? ¿Y por qué de pronto le da esa ventolera? Está el tío escribiendo Feliz Navidad y pensando en flores y en sus cosas y de pronto le entra la agresividad. Feliz Navidad y me cago en tus muertos (no va por ti, tesoro).

La gente qué rara es.

viernes, enero 05, 2007

Melchor, Gaspar, Basaltar y se cayó

Mi favorito siempre fue Melchor.

De hecho era el único que me parecía un Rey Mago, quizá porque por aquel entonces Rey sólo podía ser el que se pareciera a los reyes de la baraja -qué impacto ha tenido Heraclio Fournier en nuestra educación como país-, y eso descartaba a Baltasar, que además de ser negro (igual no se habían fijado ustedes en el detalle) muchas veces no llevaba barba. Entonces no sabía nada del Rey de Tonga, claro, o habría cambiado de opinión.

Y Mago sólo podía ser el que tuviera barba blanca, no hay mago que se precie sin una larga barba blanca, desde Merlín a Gandalf pasando por Dumbledore. O sea que Gaspar descartado; como mucho podía ser el ayudante, era un tipo poco serio. Demasiado pelirrojo.

Así que si en el reparto de regalos te tocaba Melchor, estupendo. Pero si te tocaba otro, chungo. Porque a saber lo que te tocaba (de regalo). En casa de mis padres debe haber una foto en la que yo tengo cinco o seis años y estoy sonriente en el regazo de Melchor, mientras mi hermano, que tiene tres o cuatro años, llora desconsolado en el regazo de Baltasar -qué hacía Gaspar en la foto, sin niño en el regazo, no lo recuerdo-. Baltasar en el fondo siempre me ha parecido algo siniestro, aunque el contubernio periodístico se empeñe en decir todos los años que es el favorito de los niños. Será eso de lo políticamente correcto. Por lo de la barba.

En fin, que el caso es que no es oro todo lo que reluce (o incienso o mirra). Pero aún así son mejores que el Gordo de la Coca-Cola. Que ese sí que es chungo, y los niños lo saben. Y no voy a hablar de los papanoeles ahorcados y/o ladrones con escalo que inundan las ciudades españolas. Sino de una cosa que encontré, creo, en Menéame. Como pruebas de la acusación traigo aquí algunas fotos de una página que se dedica a recopilar fotos de niños aterrorizados por Santa Claus (qué gente más rara hay en el mundo). Hay cerca de 70 fotos y muchas son desternillantes.

Esta que parece normal al principio, hasta que te fijas en la niña pequeña. Obsérvese que los otros dos personajes ni se inmutan.

Esta en la que al niño se le va a reventar una vena en la frente de puro pánico. Santa le sujeta como haría un secuestrador.


Santa borracho.


Santa planeando algún crimen, una niña que quiere ser su esbirro, un niño al que le están pellizcando y el niño de verde que parece una aparición fantasmal.

Yo sé que ustedes son de Reyes Magos, pero no está de más recordárselo. Pórtense bien el resto del día, que los Reyes Magos lo ven todo. Y váyanse pronto a dormir, que ya se les oye por la segunda planta y si no están acostados no les dejará nada junto a los zapatos.

jueves, enero 04, 2007

Parecidos razonables

Seguro que alguna vez alguien os ha dicho, probablemente con el objetivo de llevaros a la cama: “Oye, te pareces a John Cusack”, o “Tienes la misma boca que Halle Berry”. O a lo mejor: “Tienes un aire a lo Marty Feldman” (pero entonces no quería que le acompañaras a la cama).

¿Es verdad o mentira? ¿Te pareces a esa estrella de cine? Ahora puedes saberlo gracias a MyHeritage, una empresa que se dedica a crear páginas con fotos familiares y a crear árboles genealógicos, y que incluye entre sus productos gratuitos un sistema de reconocimiento de rasgos faciales online y te dice a qué famoso te pareces. Que sí, coño, que es verdad. Yo tampoco lo creía cuando lo encontré aquí.

El caso es que decidí hacer la prueba. Te registras (es muy fácil), subes una foto y en dos minutos te dice a quién te pareces. Este fue mi resultado:


¿Anuar Zain? ¿Y ese quién es? Parece un caso de manual de Famoso que hay que decir que es famoso. Incluso después de consultar con el Oráculo no tengo muy claro quién es, parece que canta o algo. Es malayo. Como Sandokán. Pero vamos, me parezco poco y en cualquier caso yo quiero saber a qué famoso me parezco. A uno guapo. El programa da una opción para ver quién más se parece a ti, aunque en un porcentaje menor. Así que fui mirando y después de unos cuantos parecidos absurdos (a Harry Potter, amos no jodas) encontré uno satisfactorio:


Esto es otra cosa. Josh Holloway. Con un 52%. El terror de las nenas que ven Perdidos. Ese soy yo. La mitad, más o menos, del bueno de Josh.

Pensé que a lo mejor era cosa de la foto. Tampoco es para estar muy orgulloso el parecerse en un 52% a un tío bueno. Así que subí una foto distinta y este fue el resultado:


En efecto, Mónica Bellucci. Me parezco en un 66% a Mónica Bellucci. ¿Quién iba a pensar que mi vieja fantasía erótica de que Rebeca y Mónica Bellucci se enrollaran estando yo presente en realidad se había cumplido ya?

A mí esto, con franqueza, empezó a parecerme una idiotez. Yo soy un escéptico, señora. Así que, con mi astucia proverbial, le preparé una trampa a la máquina. Le subí una foto de Scarlett Johansson para que me dijera a qué famosa se parecía:

Y resulta que se parecía en un 98% a Scarlett Johansson. Maldición. Pero al menos había pasado un buen rato buscando fotos de Scarlett por internet. Igual había sido un acierto de chiripa. Subí una foto de Catherine Zeta Jones:


¡Eureka! El programa dice que se parece en un 96% a Adriana Karembeu. Qué tontería, una es morena y la otra rubia. Muy monas, pero nada más, ¿no? Cometí el error de sucumbir a la curiosidad. ¿A quién más se parecería Zeta Jones?


A sí misma, también con un 96%. Muy meritorio, teniendo en cuenta el maquillaje que se gasta la tía en la foto pequeña. El puñetero programa no fallaba. Decidí seguir probando a subir fotos hasta que me diera el resultado que yo quería –un poco la táctica de un partido político al encargar una encuesta-. Subí a Jessica Alba.


Y me salió que se parecía en un 90% a Delta Goodrem. Qué nombre, ¿eh? Y que no la conocemos de nada. Así que busqué a una que sí conociera: un 86% a Jennifer Love Hewitt. Y, claro, subí a Love Hewitt:


Y me salió que se parecía a una tal Yamila Díaz. Renacía la esperanza de no parecerme realmente a Anuar Zain, que todo fuera un capricho de la máquina. ¿A quién se parecería Mónica Bellucci? Si subía una foto suya, diría la máquina que se parecía a mí?


No, decía que se parecía a ella misma. Programa-5- Palomares-2. ¿Y si subía otra foto de Bellucci?


A Krista Allen. ¿Y si subía otra más?


Pues que se parecía a Keira Knightley en un 97% (estamos hablando sólo de caras), a Scarlett en un 86% y a Yamila Díaz en un 80%. Se completaba el círculo.

A estas alturas ya os habréis dado cuenta seguramente de que todo esto era sólo una manera de volver a colar tías buenas en el blog, así que dejo de fingir y pongo una sin parecidos ni nada, sólo porque me apetece:


Pero no, sigamos con el rigor científico, subamos una foto de la Pataky:


En serio, no me he inventado el resultado, pobre Elsa. William McKinley, el presidente norteamericano (¿cómo era la vida antes de Google?). ¿Le concedemos una segunda oportunidad?


Fernanda Tavares con un 96%, eso ya es otra cosa.

En fin. Que me parezco a Anuar Zain y a Mónica Bellucci. A menos… a menos que las de chica funcionen bien y las de chico mal. Probemos con un tío para probar esta teoría y acallar las protestas de las lectoras del blog. El cirujano favorito de todas:


Se parece a sí mismo. Y probemos con otra megaestrella tío cañón:


En efecto, Fran Perea se parece a Gregory Peck en un 70%.

Y así está la cosa, amiguitos. Ahora cuando la gente me diga que me parezco a alguien les diré que tururú; a menos que me diga que soy Anuar Zain, claro.

Y para que no dé la impresión de que este es un artículo banal, fíjense en un detalle: ¿por qué los famosos se parecen en un 95% a otros famosos y en cambio los que no lo somos nos conformamos con un pírrico 66%? Lo estoy diciendo con voz grave y gesto severo, ¿eh? Que el artículo es serio. ¿Está la belleza estandarizada? Y sobre todo: ¿a quién se parecen ustedes?

miércoles, enero 03, 2007

Obsesión, de Ruth Rendell

De las tres grandes Damas del crimen ya hemos hablado aquí de P.D. James y de Patricia Highsmith, así que sólo nos falta Ruth Rendell. Por desgracia el libro del que vamos a hablar no es muy representativo.

Obsesión parte de una premisa inteligente. Minty, una mujer rarita, obsesionada, entre otras cosas, con la limpieza, cree ver al fantasma de su novio en el salón de casa. Su novio murió en extrañas circunstancias en un accidente de tren, y pronto nos damos cuenta de que tal vez no murió porque puede que fuera simplemente un aprovechado que iba tras el dinero de Minty. ¿Lo que ve Minty es un fantasma o es que su novio ha vuelto y se hace pasar por fantasma para sacarle un poco más de dinero? Durante cuarenta páginas Rendell juega con esta ambigüedad; y luego tira por la borda la novela y se lanza hacia un desmesurado despropósito. El novio es un rufián, sí, no está muerto. Pero Minty realmente ve una alucinación. Ni para ti ni para mí. Aparecen otros personajes obsesionados (de ahí el título; el español, porque el inglés es Adam and Eve and Pinch me), entre ellos una improbable pareja compuesta por un tipo con asco a la comida, que almuerza exactamente 7 cacahuetes, y su mujer obesa de 200 kilos. Y un diputado conservador gay que se casa con una gitana con dos niños, esposa del novio farsante de Minty.

La novela deja cualquier tipo de verosimilitud a un lado y se lanza a una pendiente llena de despropósitos que uno lee con incredulidad, sobre todo si no es el primer libro de Ruth Rendell que lees. Porque no hay en Obsesión ni una sola de las virtudes de Rendell: ni el retrato psicológico, ni la exploración de extrañas personalidades de forma realista ni la brutal cercanía de tramas que rozan el límite de la verosimilitud. Los personajes de Obsesión son increíbles, los diálogos forzados, la evolución del argumento caprichosa, y así van pasando páginas sin que mejore en absoluto hasta que el final se resuelve por pura obstinación de la autora.

En resumen: huid de este libro como de la peste, y si queréis leer algo de Rendell, que por otra parte es muy recomendable, escoged cualquier otro. Cualquiera. Y a ver si podemos hablar mejor de Ruth Rendell en otra ocasión.

martes, enero 02, 2007

Un nombre pegadizo, dinámico, con ritmo

La teoría lo dice muy claro: los nombres de las marcas deben ser cortos, sonoros, fáciles de recordar. Porque ahí está la dificultad principal que ha de vencer una marca para ser comprada: hay que conseguir que te recuerden. No encontraréis por ahí nombres de difícil pronunciación o complicados de recordar (bueno, seguramente los encontraréis y nos inundareis los comentarios con ellos, porque vosotros sois así de rencorosos); la mayor parte de las marcas de éxito se apoyan en nombres de muy pocas sílabas, que no necesariamente tienen que significar algo. El ejemplo que siempre se pone es el de Kodak, que no significa nada pero transmite fonéticamente.

Viene esto a cuento porque el otro día vi en una telepromoción en la tele a un sujeto que hablaba de un videojuego. Era un avance de un programa de esos de madrugada, no recuerdo el nombre, y decía que iban a hacer un extenso reportaje a un videojuego llamado Dragon Ball Zeta Budokai Tenkaichi Dos. Sí. Ya me imagino a la abuela yendo a comprar el viedojuego para su nieto al Media Markt. Y que le toca el dependiente subnormal del anuncio. Bueno, de hecho me imagino a mí mismo yendo a comprar el juego y me entran sudores fríos. ¿Y por qué se llama Dragon Ball Zeta Budokai Tenkaichi Dos? Pues no se sabe, porque el original japonés se llama Dragon Ball Zeta Sparking Neo. Que también tiene telita.

Budokai Tenkaichi, me he informado como de costumbre, es el torneo en el que se dan de galletas Son Goku y los demás al principio de la serie de televisión. Bueno, hay varias ediciones más de los torneos, pero no viene al caso. La cuestión es por qué elegir un nombre tan complicado y difícil de recordar. Pues no lo sé. A menos que sea una manera de invocar al Diablo. Ya sabéis: si lo repites tres veces seguidas sin fallo el Demonio aparece en esta esfera de la realidad. Claro que repetirlo tres veces seguidas sin error no es fácil precisamente.

Lo cual me lleva al asunto principal de este artículo. ¿Cuántas veces habrá ensayado el locutor el nombre del juego para que le saliera con destreza, con una facilidad insultante? ¿Hay alguien en el blog que se supiera la canción japonesa del final de Heidi de memoria? Pensando en ello -en el locutor, no en Heidi- me he acordado de este anuncio clásico que en el fondo es lo que quería mostrar desde hace meses y estaba buscando la excusa (aquí no se da puntada sin hilo, amigos). El anuncio es de 1970, ya ha llovido, y ha sido salvajemente homenajeado desde entonces. Y ha envejecido. Pero aún así a mí me sigue haciendo reír:



Alka Seltzer. Menuda mierda de nombre.

viernes, diciembre 29, 2006

Ponga más virtualidad en su vida

Fíjense en esta hermosa noticia que leímos hace unos días en El País. Titular:

Un estrafalario ataque interrumpe una entrevista a la primera millonaria de Second Life

Bueno, no es un titular muy llamativo para lo que podía haber sido. Porque el titular podía haber sido, con toda normalidad, este:

Una lluvia de penes de color rosa impide una entrevista a una millonaria

No sé por qué llaman estrafalario a una lluvia de penes de color rosa. Cosas más raras hemos visto.

Ya saben ustedes lo que es Second Life: un juego de rol online que ha tenido la astucia de no decir que es un juego de rol para que nadie les acuse de asesinar gente o perturbar la mente de los niños. Lo fascinante de este mundo virtual es que cualquiera puede crearse su personalidad y bla bla bla, relacionarse con personas de todo el mundo y bla bla bla. Y sobre todo que se puede follar virtualmente mientras se bla bla.

En realidad lo fascinante de Second Life es su brutal éxito. Tan brutal que el juego está moviendo una cantidad indecente de dinero. Ya que millones de personas juegan, a muchas empresas les interesa estar presentes en ese mundo irreal en el que está su público. Y pagan por ello. Y ya que millones de personas están interesadas en mejorar la vida de sus alter egos y están dispuestas a pagar por ello, otra gente está ganando dinero. Como la protagonista de la noticia, que viene a ser una especuladora inmobiliaria. Y que no cae bien (como la mayor parte de los especuladores inmobiliarios, excepto los presidentes de clubes de fútbol, que te caen bien o mal dependiendo de qué equipo seas). Y a la que boicotean tirando penes de color rosa virtuales.

¿Por qué la vida real no es tan bonita como Second Life?

Imagínense la enorme cantidad de posibilidades para reventar actos. Porque ahora puede hacerse, sí, puedes ir a un mitin y en mitad del discurso del líder carismático levantarte y gritarle cuatro verdades, llamarle asesino y reventarle el discurso. Lo malo es que lo siguiente en ser reventado eres tú. Si la vida fuera más parecida a la virtual, uno podría sabotear actos impunemente y al mismo tiempo echarse unas risas. Rajoy estaría diciendo que España se quiebra y de la rendición del gobierno ante ETA rodeado de muñecas chochonas. Zapatero estaría dando la brasa con la Alianza de Civilizaciones flanqueado por pokémons en vez de por jóvenes sonrientes que no le escuchan.

Mientras llega el día en que la vida real se iguale a la virtual –fundamentalmente mediante el método de vivir sólo en la virtual- tendremos que conformarnos con pequeños actos de gamberrismo cultural como los de la legendaria Banda del Tartazo, que ha repartido justicia urbi et orbe:



Que sigan por mucho tiempo, mientras llega Matrix.

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