jueves, julio 06, 2006

Secuelas que se escriben y se leen quince años después

Hace poco me leí La máscara de Ripley, de Patricia Highsmith, secuela de El talento de Mr. Ripley. Tom Ripley, el fascinante protagonista, es un tipo que no es malvado, pero tiene cierta tendencia a aprovechar las oportunidades que se le presentan para cometer crímenes, no como deporte sino como manera de obtener beneficios. En la novela que abría camino a la serie Ripley mataba a Dickie Greenleaf, un joven americano que vive la buena vida en Europa, y se queda con su fortuna. En efecto, os he destripado la novela.

Pero lo de menos, cuando escribe Highsmith, es la trama; su talento consiste en iluminar la zona oscura de los seres humanos, mostrarnos el Mal, con mayúscula, que habita dentro de nosotros, confortablemente escondido en las tinieblas hasta que algo lo hace aflorar. Ya ocurría en su extraordinaria primera novela, Extraños en un tren, donde el pobre Guy se ve empujado al crimen por un completo desconocido, Bruno. Highsmith explora la ambigüedad moral de sus personajes y logra transmitir mendiante un lenguaje frío, casi notarial, una incomodísima sensación de desasosiego.

Bien, hacía mucho que a pesar de sus virtudes, no leía nada de Highsmith; como pasa a menudo con los autores que frecuentas obsesivamente en la adolescencia, pueden transcurrir muchos años hasta que vuelves a ellos. Puede que hiciera quince años que no leía nada de Patricia Highsmith, y para reencontrame con ella he leído una secuela que ella escribió, fíjense que cosas, quince años después de escribir la primera novela. Me pregunto qué la impulsó a retomar el personaje de Ripley, si serían presiones editoriales o la necesidad de volver a contar la historia de un hombre con una facilidad innata para contar mentiras creíbles, que se aprovecha de los recovecos que le dejan los demás para sobrevivir. En La máscara de Ripley, Tom vive confortablemente en una mansión francesa. Se ha casado, recibe una renta anual producto de unas falsificaciones de obras de arte; desde Londres, un pintor produce obras de un misterioso autor exiliado voluntariamente en un pueblo mexicano, pero que en realidad está muerto. Cuando un coleccionista americano sospecha que le han vendido un cuadro falso, Ripley se ve empujado a actuar.

Empujado, esa es la palabra. Ripley no desea verse envuelto en nada turbio, pero algo hay en él, en las circunstancias que le rodean, que le obligan a tomar partido. Y no es sólo una cuestión material, sino algo siniestro que le posee, algo que no es ajeno al lector. Porque la habilidad de Patricia Highsmith hace que el lector vea como algo inevitable el acto criminal, que se sienta identificado -fascinado, repelido, pero también identificado con el protagonista-. Nos revela nuestra ambigüedad moral retratando soberbiamente a un hombre que quizá sólo ha dado un paso más que nosotros al otro lado de la línea.


La edición que yo he manejado es muy mala, por cierto. Mejor la de Anagrama.

La máscara de Ripley no es la mejor novela de Highsmith, no recomiendo leerla sin más. Es notablemente inferior al original, y sin embargo aún mantiene las poderosas virtudes que hacen de la americana una autora excepcional, en especial su capacidad de retratar lo más negro que cabe dentro de un hombre. No es su mejor obra, no, pero, quince años después, me ha devuelto las ganas de leer obras de Patricia Highsmith.

7 comentarios:

Angua dijo...

Siento disentir con el autor laureado por ABC, pero para mi Ripley representa el mal absoluto, la maldad suprema del psicópata, que mata por que los demás no le importan un bledo, sólo se mueve por lo que a él le viene bien o mal en cada momento.

El mal total por la total ausencia de empatía por el prójimo.
Nada de ambiguedad moral: ninguna moral.

Por eso es tan inquietante la Highsmith, sus héroes se mueven en un mundo del que la mayoría de nosotros no podemos ni emprezar a imaginar los límites, a pesar de que los protagonistas parecen personas como usted o como yo.

En mi humilde opinión no laureada :)

José Antonio Palomares dijo...

No está mal visto, pero Ripley se diferencia del Mal absoluto, el psicópata, en que tampoco disfruta haciendo el mal. No es Hannibal Lecter, no se ve empujado por un ansia interna a matar.
Ripley es un hombre, culto, sensible, como usted y como yo, pero que cuando tiene necesidad mata. En su beneficio, por su comodidad, vale. Pero no disfruta con ello. Lo inquietante es que el lector siente empatía con Ripley porque hasta que da ese paso final es como él. No es posible sentir empatía con Lecter, pero sí con Ripley. Porque estamos muy cerca de ser Ripley.

Angua dijo...

Pues mira, sigo sin estar de acuerdo.

Yo siento simpatía por Lecter, porque tiene un código moral, mata y se come a los malos, luego se le puede querer, es un justiciero, por eso Clarisse se enamora de él al final, solo liquida corruptos y asesinos (o a policias por necesidad de escapar)
Y para cultos y sensibles, Hannibal Lecter.

Ripley me repugna, y no es en nada como yo o como tú, es frío y calculador, y no quiere a nadie, ni protege a nadie más a que a sí mismo. Es capaz de lo que sea con quién sea para conseguir lo que quiere. Es el psicópata puro, no es pasional como Lecter.

Dentro del absurdo de preferir a un psicópata, por dios, el Canibal siempre.

José Antonio Palomares dijo...

¿Para cuándo una película Hannibal versus Ripley?

¡Si es que en Hollywood están dormidos!

Angua dijo...

O que tú escribas una novela parodiando el género de psicópatas, que te encunbre aun más :)

Attila dijo...

¡Novela, novela! :-D

(leer el primer libro a ver si la próxima vez puedo opinar)

V.LL dijo...

Si Angua dice esto es que no a leido "Tras los pasos de Ripley", cuarta novela de la serie dedicada a este personaje. Tom pone en riesgo su vida para salvar la de otra persona sin que medie un interes mercantil, puede que se sienta atraido por Frank o solo que estuviese aburrido pero a fin de cuentas cuando cualquiera de nosotros da una simple limosna a un mendigo lo que busca es sentirse bien consigo mismo. Casi todos nuestros actos tienen una finalidad egoista, pienselo detalladamente. Ripley solo se extralimita en sus derechos. Ah y Ripley entra en la categoria de sociopata y los canibales en la de psicopata, subtipo: maligno. Desde luego Hanibal esta encima del todo en la piramide evolutiva, depreda humanos por el placer de comerselos.

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