miércoles, mayo 21, 2014

Una historia puede empezar con alguien que dice adiós

Últimamente se me muda mucha gente a partes del mundo variopintas. Es tanta que la razón no sé si es la crisis (Vente a Alemania, Pepe) o que quieren huir de mí (No os vayais, puedo cambiar. A lo mejor el país no, pero yo sí).

Se me ha ido gente a Nueva Zelanda, a Chile, a Argentina, a México, a Londres, a Barcelona y hasta a La Coruña. Nuevas perspectivas, nuevos objetivos, nuevas ilusiones. Nuevo capítulo.

Punto y aparte.

Estaba pensando en esos primeros días de comienzo en el nuevo lugar en el que vas a vivir y pensaba que en realidad el comienzo no está ahí. Lo que pone en marcha las cosas es la mudanza. Elegir lo que quieres trasladar, tirar el resto, que se te rompa una cosa que sí querías llevar, llevarlo, que aparezca en una caja otra que creías que habías tirado.

Rebeca y yo nos mudamos una vez de una casa a otra que estaba a unos doscientos metros y válgame qué sufrimiento. Imagínate si te tienes que llevar tu vida a Argentina, o a Chile, o a Brasil. Encapsular tu vida en unos cuantos bultos. O parte de tu vida. Decides que el coche lo dejas aquí, pero los libros te los llevas. Los abrigos no, que allí hace mucho calor, pero el cuadro que te hizo con mucho amor tu cuñada te lo llevas. Y decides todo lo que quieres llevar, entras en una web de transporte marítimo para que se encarguen de llevarte las cosas a tu destino y hala, que comience la aventura. Tu vida en un contenedor de tres metros por cuatro.

Qué de cosas comienzan por una mudanza. Qué interesante, narrativamente, es una mudanza, y qué poca atención se le dedica generalmente en las historias. El Resplandor, por ejemplo, comienza con una mudanza (que acaba mal, siento destripároslo), pero luego no se trata más el tema.

La historia de El hombre que mató a Liberty Valance también empieza con una mudanza, cuando James Stewart viaja al pueblo del Oeste en el que Liberty Valance impone el terror. Luego hay tiros y amor y enormes diálogos, pero no se vuelve a hablar de la mudanza, cuando en realidad es lo que desencadena todo el conflicto.

Toy Story termina con una mudanza (el clímax es la estupenda persecución en el coche a pilas del camión)

En Cuando ruge la marabunta, Eleanor Parker se muda a la selva para casarse con un hombre que no conoce (Charlton Heston).  Así que viaja en río con todos sus objetos y allí conoce al bueno de Charlton, cuyo agrio carácter se demuestra en la famosa escena del piano (un piano que también fue "traído por el río con enormes dificultades para alimentar a su vanidad").


Hay que ver cómo les gustaba a los guionistas ponerle escenas soterradamente sexuales a Charlton Heston. Recordemos a Ben Hur y Messala, que no tiene mudanza por ninguna parte excepto quizá de ideología, pero, bueno, qué tensión:


Pensando en Charlton Heston se me ocurre que la historia de Los diez mandamientos no deja de ser la historia de una gigantesca mudanza, por cierto.

Hasta yo tengo una novela a medias que comienza con una mudanza. También comienza con un señor que viaja en un tren, a pesar de que, ya saben, no hay que comenzar nunca una novela en un tren o una estación de tren. Igual tengo que reformarla y que la novela sea sólo esa mudanza.

En fin, todo esto para deciros que os echo de menos, los que os habéis ido. Para vosotros es genial y seguro que está en marcha una historia maravillosa, pero eso. Que os echo de menos. Llamad de vez en cuando.


3 comentarios:

Eugenio de Miguel dijo...

La mudanza es el inicio, Sí . Pero nosotros la vivimos con la ilusión de lo nuevo y la expectación de lo que íbamos, y estamos viviendo. Es el inicio material de algo mucho más inspirador, de elegir si te llevas esto o lo otro. Pero sin duda cuando empiezas a meter cosas en cajas, ya no hay marcha a tras. Adiós en un sitio y hola en otro.

Por cierto, a ver si volvéis que nos hemos mudado otra vez aquí y la casa es más grande.

También se os echa de menos. Besos a tod@s

Los de de Londres.

Anónimo dijo...

:O una novela comenzada.... queremos queremos....
Después de lo buena que fué primera

Txiki Palomares dijo...

Ya os ha dicho Rebeca, Eugenio. Yo creo que igual siempre hay que dejar una caja sin abrir, nunca mudarse del todo.

Anónimo, muchas gracias! Estoy en ello, a ver si pronto le pongo el lazo.

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