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lunes, junio 20, 2016

Aprende inglés, que la vida no lleva subtítulos

La vida, en general, no lleva subtítulos.

Os voy a contar una pequeña historia de hace algunos años. Rebeca Rus y yo nos íbamos de vacaciones por primera vez juntos (Cretácico superior) y elegimos Irlanda. Bajamos del ferry en Dublín y nos fuimos en busca del metro ligero, el DART, porque nuestro alojamiento estaba en las afueras de Dublín y nos habían dicho que había que coger el DART.

En aquellos tiempos no había muchas posibilidades de aprender inglés para gente modesta como nosotros. Lo que hubieras aprendido en la EGB. No es como ahora, que puedes encontrar muchas maneras de aprender en condiciones: por ejemplo, esta lista de cursos de inglés conversacional. Quiero decir con esto que nuestro nivel de inglés era justito. Nivel de haber aprendido desmenuzando canciones de los Modern Talking (#truestory)


 (Se les entendía mejor que a Van Morrison)

El caso.

Cogimos nuestras maletas y preguntamos a un señor cómo se iba a la estación del DART.

-¿A dónde vais? -nos preguntó.

Le entendíamos regular, francamente. Qué acento más raro tenía. Le explicamos que a la residencia de la universidad, que nos alojábamos allí, teníamos que tomar el DART y bla bla bla (intentamos pronunciar blah, blah, blah).

Nos dijo dónde estaba la estación del DART, pero nos dijo que mejor cogiéramos el autobús.

-Better dan de DART an de yuniversiti is onli faiv moils egüei.

Decía moils y no mails. Se recreaba en el moils. Claro, era irlandés.

Le dimos las gracias y fuimos a la estación del DART. Él nos acompañó diciendo que mejor cogiéramos el autobús. Mucho mejor el autobús. Estaba sólo a dos moils. Que cogiéramos el autobús. Era más barato. Las moils. El DART nos iba a dejar lejos. Coged el autobús. Ahí ya fue cuando nos dimos cuenta de que habíamos preguntado una dirección a un hombre que iba como una cuba. A lo mejor quería decir mails pero le salía moils, incluso.

Y venga a darnos la brasa (the brass). Y nosotros que apenas le entendíamos porque farfullaba como tu tío Antonio en las bodas, pero en inglés.

Total, que al final cogimos el puto autobús para que dejara de taladrarnos la cabeza. Y nos hicimos dos moils a pie porque la parada estaba a to take by the ass de la residencia. Pero vamos, que bien.

Ahora no nos pasaría. Habríamos ido sabiendo más inglés y nos habríamos dado cuenta de que ese hombre iba como una cuba. Y le habríamos evitado tras la primera frase. En fin. Que aprendáis inglés, niños. No os conforméis con ver series con subtítulos. Porque la vida muy raras veces lleva subtítulos.





domingo, junio 19, 2016

Diez consejos para escribir por fin tu novela

1. Deja de leer este post.

En serio, deja de leerlo. Mientras lees esto no estás escribiendo. A menos que seas yo escribiendo este post, que entonces sí, lees y escribes a la vez. Aunque no es una novela, sino un post.

Escribe, coño.

Deja de buscar trucos por ahí. No los vas a encontrar. O sí, pero en realidad son todos el mismo: escribe de una puta vez. Déjate de excusas, de chorradas, de rituales, de ver cómo escriben los demás, de averiguar cuál es el mejor procesador, de qué tipo de ambiente crear en tu despacho, porque lo que estás haciendo es procrastinar, nada más.

Está bien, todos lo hemos hecho, es comprensible. Yo lo estoy haciendo ahora mismo. Debería estar con el capítulo seis de una novela que tengo a medias, pero no, aquí estoy, dando consejos a escritores para que acaben su novela. Y la casa sin barrer.

Y sé que estoy no va a parar aquí. Cuando termine este post me pondré a buscar fotos de Gigi Hadid. Quizá escriba un artículo sobre Gigi Hadid y por qué es mejor que Bar Refaeli. Lo que sea con tal de no enfrentarme a esa novela. Y fatal. Porque leyendo sobre Gig Hadid no estás escribiendo. Leyendo consejos sobre cómo escribir no estás escribiendo. Compartiendo este artículo en Facebook no estás escribiendo. Piensas que te resulta útil, y sí, en cierta manera. Pero no estás escribiendo, no hay más.

Escribe.

Ahora.

Ahora mismo.

Abre lo que tengas a mano y ponte a escribir. Sin excusas.

De nada. Mándame la novela cuando la publiques.

2. ¿Pero todavía estás aquí? 

Mecagontoloquesemenea. Como saque el palo te voy a calentar el lomo a base de bien. Que escribas, coño. Que escribas. Yo me pongo ahora mismo. En cuanto le dé al botón de Publicar el post.


Gigi Hadid no me deja escribir. Qué mala es. Qué mala.

martes, noviembre 03, 2015

Pasa el tiempo lentamente o no tan lentamente

El miércoles pasado fui a jugar al fútbol. Hacía ya algunos meses que no jugaba, así que no forcé mucho la máquina (nunca lo he hecho, en realidad). ¿Pues sabes qué? Todavía me duele la espalda y la parte posterior del muslo izquierdo.

Esto es algo que últimamente me sucede. Me acuesto a las dos de la mañana y al día siguiente es como si me hubiera atropellado un tranvía. Tomo un café por la noche (yo que siempre he tomado hectolitros de café) y me desvelo. Como chocolate de más (chocolate de más es un concepto que antes no existía) y tengo acidez.

Que me estoy haciendo mayor, vamos. Ya ves, con lo lozano que parecía. Raúl, el jugador que parecía eterno, se retira. Y eso que es más joven que yo. Porque yo ya tengo 40 años. Casi 41. Y un día me duele la rodilla, otro tengo el cuello como un tablón y otro me pongo a pensar que ya tengo una edad y debería mirarme cosas. El colesterol, las transaminasas, la próstata.

Nunca había dedicado tiempo a pensar en esas cosas. Cuando uno es niño y se imagina de viejo no piensa en todo el proceso hasta llegar allí; te imaginas viejito, con la cara muy arrugada, jugando al ajedrez y paseando con un bastón, resolviendo crímenes. No te imaginas los achaques, ni los peligros, ni las dificultades. Lo que te cuesta bailar. Lo que te empieza a costar cumplir con tus obligaciones matrimoniales de los sábados.

Que no digo que me pase a mí. Digo que puede pasar. Como cuentan en una web dedicada precisamente a diagnosticar problemas de disfunción eréctil, aka impotencia, entre otros problemas masculinos, Tenemos una edad. Que puede que sea el mejor nombre de web de la Historia para hablar de estas cosas, por cierto.

Porque con esta edad hay que cuidarse algo, o bastante. Ya no es que te recuperes regular de un partido de fútbol en el que te has arrastrado, más que jugado. Es que el futuro te está atropellando desde hace bastante. Por ejemplo, hace unos días Marty McFly llegó al futuro. ¡Qué lejos nos parecía! Pues ya está aquí. Y Michael J. Fox tiene Parkinson. Y tú ojeras y a lo mejor, Dios no lo quiera, un poco de papada.

Y si eso te parece poco, piensa que Blade Runner está ambientado en noviembre de 2019. Sí, dentro de cuatro años. ¿Qué achaques tendrás dentro de cuatro años? ¿Existirá el Cerdo agridulce dentro de cuatro años? Piensa que Harrison Ford tiene ya 73. Cómo te quedas, majo. 73 años. Pero que tú vas de camino. Dios quiera que llegues a los 73. Pero ya vas teniendo problemas. Lo de tomar café y no poder dormir, que te decía antes. O el colesterol. O la disfunción eréctil. Que ya tenemos una edad.

miércoles, mayo 21, 2014

Una historia puede empezar con alguien que dice adiós

Últimamente se me muda mucha gente a partes del mundo variopintas. Es tanta que la razón no sé si es la crisis (Vente a Alemania, Pepe) o que quieren huir de mí (No os vayais, puedo cambiar. A lo mejor el país no, pero yo sí).

Se me ha ido gente a Nueva Zelanda, a Chile, a Argentina, a México, a Londres, a Barcelona y hasta a La Coruña. Nuevas perspectivas, nuevos objetivos, nuevas ilusiones. Nuevo capítulo.

Punto y aparte.

Estaba pensando en esos primeros días de comienzo en el nuevo lugar en el que vas a vivir y pensaba que en realidad el comienzo no está ahí. Lo que pone en marcha las cosas es la mudanza. Elegir lo que quieres trasladar, tirar el resto, que se te rompa una cosa que sí querías llevar, llevarlo, que aparezca en una caja otra que creías que habías tirado.

Rebeca y yo nos mudamos una vez de una casa a otra que estaba a unos doscientos metros y válgame qué sufrimiento. Imagínate si te tienes que llevar tu vida a Argentina, o a Chile, o a Brasil. Encapsular tu vida en unos cuantos bultos. O parte de tu vida. Decides que el coche lo dejas aquí, pero los libros te los llevas. Los abrigos no, que allí hace mucho calor, pero el cuadro que te hizo con mucho amor tu cuñada te lo llevas. Y decides todo lo que quieres llevar, entras en una web de transporte marítimo para que se encarguen de llevarte las cosas a tu destino y hala, que comience la aventura. Tu vida en un contenedor de tres metros por cuatro.

Qué de cosas comienzan por una mudanza. Qué interesante, narrativamente, es una mudanza, y qué poca atención se le dedica generalmente en las historias. El Resplandor, por ejemplo, comienza con una mudanza (que acaba mal, siento destripároslo), pero luego no se trata más el tema.

La historia de El hombre que mató a Liberty Valance también empieza con una mudanza, cuando James Stewart viaja al pueblo del Oeste en el que Liberty Valance impone el terror. Luego hay tiros y amor y enormes diálogos, pero no se vuelve a hablar de la mudanza, cuando en realidad es lo que desencadena todo el conflicto.

Toy Story termina con una mudanza (el clímax es la estupenda persecución en el coche a pilas del camión)

En Cuando ruge la marabunta, Eleanor Parker se muda a la selva para casarse con un hombre que no conoce (Charlton Heston).  Así que viaja en río con todos sus objetos y allí conoce al bueno de Charlton, cuyo agrio carácter se demuestra en la famosa escena del piano (un piano que también fue "traído por el río con enormes dificultades para alimentar a su vanidad").


Hay que ver cómo les gustaba a los guionistas ponerle escenas soterradamente sexuales a Charlton Heston. Recordemos a Ben Hur y Messala, que no tiene mudanza por ninguna parte excepto quizá de ideología, pero, bueno, qué tensión:


Pensando en Charlton Heston se me ocurre que la historia de Los diez mandamientos no deja de ser la historia de una gigantesca mudanza, por cierto.

Hasta yo tengo una novela a medias que comienza con una mudanza. También comienza con un señor que viaja en un tren, a pesar de que, ya saben, no hay que comenzar nunca una novela en un tren o una estación de tren. Igual tengo que reformarla y que la novela sea sólo esa mudanza.

En fin, todo esto para deciros que os echo de menos, los que os habéis ido. Para vosotros es genial y seguro que está en marcha una historia maravillosa, pero eso. Que os echo de menos. Llamad de vez en cuando.


lunes, enero 13, 2014

Gases

Estaba yo el pasado viernes cenando coliflor en casa cuando me dio por pensar en a qué olían los escapes de gas.

Qué extraña y misteriosa es la mente humana.

Yo, la verdad, no tengo ni idea de a qué huelen los gases que usamos como combustible -estoy más especializado en detectar el olor a cocido-. El gas natural, el butano, el propano (¿usamos el propano como combustible? Miraría en la Wikipedia, pero seguro que alguno de vosotros lo sabe). El grisú. ¿A qué huelen? A veces me imagino que huelen a lo que huele el cianuro en las novelas de Agatha Christie, a almendras amargas. Que por cierto, ¿a qué huelen las almendras amargas y en qué se diferencian de las almendras normales y corrientes?

A mí estas cosas me producen inquietud, porque estoy seguro de que si hubiera un escape de gas en casa sería incapaz de reconocerlo (en casa o en cualquier otro sitio, vamos). Tengo un amigo que  se despertó por la noche, medio amodorrado (más de lo normal en la madrugada, quiero decir) y se dio cuenta de que había un escape de gas. Tuvo la presencia de ánimo de sacar a sus tres hijos y a su mujer de casa a tiempo. Resulta que les habían hecho una reforma en la caldera y algo habían roto, de manera que había un continuo escape de gas. Si me hubiera pasado a mí no estoy seguro de que me hubiera enterado. En realidad quizá no habría llegado siquiera a despertarme.

Música de tensión.

Dan ganas de comprarse un canario, como hacían los mineros, o de, si no creéis en la eficacia de los canarios, echar un vistazo aquí, una empresa que se dedica a la comercialización de detectores de gases. Entras a casa, huele raro, miras a ver si está vivo el canario (o lo que sea que usen estos señores para detectar gases) y ya actúas en consecuencia. Si el canario está vivo, te deprimes porque lo que pasa es que para cenar hay coliflor. Si el canario está muerto, te das la vuelta y te marchas sin mirar atrás. SIN MIRAR ATRÁS, esto es importante. Porque si hay una explosión inminente, que te pille molando.

¿Y a qué viene esto que os cuento? Supongo que en realidad quiero deciros dos cosas:

1) Habría que ver más a menudo el vídeo de Cool guys don't look at explosions:



2) Odio la coliflor.

martes, diciembre 17, 2013

Toda la tierra se alegra y se entristece la mar

Valgan estas palabras del poeta del pueblo, José Luis Perales, para explicar lo que nos pasa en Navidades. Que se nos pone el corazón blandito y pensamos en los que están lejos de nosotros. Qué pena da pensar en ellos. A lo mejor están felicísimos comiendo pollo asado, a lo mejor viven en Argentina y están en la playa tostándose al sol (qué cabrones), pero es inevitable pensar en que es algo triste que nosotros estemos aquí y ellos allí.

Qué lejos.

Con lo poco que cuesta hacer que nos sintamos más cerca. No, dejad el Skype. Algo más bonito, más de corazón, más de cosa que se hace con las manos. Yo os cuento. Os acercáis a una librería. Pilláis un libro, uno barato, tampoco es cuestión de gastarse un dineral. Por ejemplo, este:


Por poner un ejemplo al azar. Lo envolvéis con mimo. Miráis algún sitio de envíos internacionales (este compara cuál es el precio más barato, por ejemplo). Lo mandáis. Feliz Navidad.

¿Os imagináis cuando llegue? No hay nada más bonito que recibir un paquete con un regalo en Navidad. ¿Os acordáis de lo que molaba recibir una tarjeta de Navidad? Pues un paquete mola más aún. Os lo digo yo, que me pongo nervioso cuando me llega un paquete QUE YA SÉ QUE ME VA A LLEGAR Y SÉ LO QUE CONTIENE PORQUE LO HE COMPRADO YO. Me pongo nervioso, sí. Es que es maravilloso. ¿Qué tesoros habrá dentro del paquete, cuánto camino habrá recorrido para llegar hasta mí?

Es que igual alguien baja al chino, zascandilea por ahí y me envía un paquete con esto:




Es un Sadam Hussein bailarín, sí. ¡Oh, maravilla entre las maravillas! Qué joyas guardan en sus estantes los chinos, ¿verdad?

Pues hacedlo. Dad la sorpresa a alguien. Bajad al chino, pillad algo, cualquier cosa, empaquetadlo y mandádselo a vuestro amigo/primo/amante de por ahí. Pensad en su felicidad al recibir un regalo inesperado (a menos que vuestro amigo/primo/amante lea el Cerdo agridulce).

Es más. ES MÁS. Mandadle un regalo en un paquete a alguien que no conozcáis de nada. Cualquier cosa. Una peonza, un bote para hacer pompas de jabón, un plumero, estrellas ninja, un condensador de fluzo, lo que encontréis en el chino. Averiguad su dirección (esto no puede ser difícil en época de Google), haced un paquete, mandadlo.

Convirtamos esta pequeña idea en una grande, mandemos cada uno algún regalo a alguien. Igual empezó el bookcrossing o el postcrossing. ¡Venga! ¡Extended el sentimiento navideño!

Hacedle sentir querido a un tipo con bigote que no sabe de dónde ha salido ese paquete ni quién lo envía. ¡Haced que también él mande un regalo a alguien!

Y ya que estáis enviadme a mí algo también. Que yo también tengo sentimientos.

Perdonad. Se me ha metido el espíritu navideño en los ojos y estoy un poco sensible.

lunes, octubre 21, 2013

El verdadero rostro de Don Pimpón

Sí, como prometimos hace ya algún tiempo (años), hoy vamos a hablar del verdadero rostro de Don Pimpón. Ya se os ha puesto la cara de ver cosas sucias, os conozco como si os hubiera parido, y no, no va por ahí la cosa.

Para los que no lo conozcan (que aquí me sigue mucho imberbe), Don Pimpón es el de la derecha:


Don Pimpón estaba interpretado por Alfonso Vallejo, un actor con una extensa carrera como secundario, que tenía una voz muy característica. Tan característica que no era difícil reconocerlo cuando terminó de interpretar a Don Pimpón, aunque nunca hubiéramos visto su verdadera cara. Que por cierto, era esta:


Por eso lo reconocimos cuando, una vez terminado Barrio Sésamo, Vallejo interpretó a otro muñeco, Astrako, en Los mundos de Yupi. Tremendo combo, ¿eh? Como interpretar a Willy Loman después de triunfar con un Hamlet.

El caso es que pasó el tiempo (muchos años) y de pronto nos encontramos con la misma voz, pero sin estar dentro de un muñeco. Y lo reconocimos, porque hay voces que no se olvidan. Vallejo interpretaba varios papeles en el programa de humor Agitación + IVA.



Es el señor del bigote, sí. Otro día hablamos de Miriam Benoit, de la que estuvimos muy enamorados (yo lo sigo estando) y que también sale en el vídeo.

Así que este podía ser el final de este artículo perfectamente: el verdadero rostro de Don Pimpón:

Se parece a don Serafín, mi profesor de Lengua y Literatura de EGB.

Pero en el Cerdo agridulce somos mucho más ambiciosos. Cuando empezamos este reportaje de investigación no queríamos averiguar quién era el actor que interpretaba a Don Pimpón. Qué va. Teníamos un objetivo mucho más trascendente. Queríamos averiguar esto:

¿QUIÉN COÑO ERA DON PIMPÓN?

¿A qué se dedicaba Don Pimpón? Chema era panadero, Julián era quiosquero, pero ¿qué hacía Don Pimpón para vivir? ¿Por qué se tiraba tantos episodios sin aparecer en el programa? La respuesta obvia es que era un narcotraficante, pero en Barrio Sésamo, un programa que trataba de promocionar el estilo de vida burgués americano (¡un saludo, Marvin Harris!), los delincuentes nunca aparecían, como si no hubiera crímenes en el mundo. Luego no era un narco.

De pequeño yo pensaba que Don Pimpón era un labriego, porque de vez en cuando iba con un zurrón, y porque a mí ese sombrero me parecía de campesino. Pero no lo era, porque nunca llevaba azada.

Y la cosa podría haber quedado así, como uno de esos misterios que nunca se resuelven (¿quién mató al Comendador?), hasta que de pronto tropezamos con la Canción de Don Pimpón, la piedra Rosetta de este artículo:




Acabáramos. ¡Era viajero por vocación! Eso explica por qué no salía durante tantos episodios y luego reaparecía. No sabemos cómo financiaba esos viajes (mis abogados me dicen que no puedo decir que gracias al narcotráfico), pero nos da igual, porque esa canción nos explica todo lo que queríamos saber sobre Don Pimpón.

Fíjense en algunos versos que nos dan la pista de la verdadera identidad de Don Pimpón:

He recorrido el ancho mundo(...)
Traigo en la barba polvo africano
y en los zapatos barro oriental;
toqué la luna con esta mano
y en ella tengo mi libertad.
En mi bolsillo hay cosas bellas
piedras antiguas en mi zurrón.
Guardo en mis ojos miles de estrellas
y el mundo entero en mi corazón.

¿Caéis? ¿No? Yo os ayudo poniendo otros versos:

Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta (...)

Y que la menor articulacion de mi mano puede humillar a todas las máquinas.

También soy como tú: con uno y muchos rostros (...)

(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo? (...)


Hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.




¿No están en la misma onda? Claro que lo están. Ya te lo digo yo. Porque es el mismo personaje. Alguien que viaja y que habla de piedras antiguas y de estrellas y de la perfección de la Naturaleza y de manos y de libertad y de caminar por ahí. Alguien cuyo mayor éxito es un libro llamado Hojas de hierba (¿alguien más ha pensado en NARCOTRÁFICO?). Walt Whitman:


No me diréis que no es sospechoso que Walt Whitman también llevara un sombrero, uno tan parecido al de Don Pimpón. ¿Y la barba? Sí, es más corta que la que llevaba Vallejo bajo el traje de Don Pimpón. ¿O tal vez no?



Este es un cuadro de Gregorio Prieto basado en el propio rostro de Walt Whitman y el verso de Lorca sobre él (Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,/ he dejado de ver tu barba llena de mariposas), que cuenta muy bien la personalidad de Whitman, la personalidad en la que muy probablemente se inspiraron los creadores de Don Pimpón: un hombre libre, un trotamundos, que va de un lugar a otro disfrutando de la Naturaleza, sin más preocupaciones, un caminante, un señor con sombrero, un tipo que va por ahí con una brizna de hierba en la comisura de los labios, un tipo que habla con erizos gigantes rosas como si fuera lo más normal del mundo.

Don Pimpón es Walt Whitman.





Documento fotográfico extraído de un informe clasificado de la CIA.




jueves, junio 21, 2012

¿Qué sabrán ellos que yo no sepa?


Veo en mi carpeta de spam del correo electrónico:




Acojona un poco. O me hace pensar que estoy a punto de ligar.

martes, mayo 29, 2012

Fe en la gente

Nos pasa una cosa a los publiciteros, y es que tenemos mucha fe en la gente. En que la gente va a entender lo que les contamos. O que va a atendernos. O que lo que les decimos es tan interesante que se tomarán la molestia de analizarlo o archivarlo o hacer algo por su parte. A veces la fe en la curiosidad del ser humano es increíblemente fuerte:


No había más pistas. Mucha fe, ya digo.


lunes, febrero 13, 2012

Ginebra de moda

Nosotros ya éramos de GTs antes de que se pusiesen de moda, ojo. Lo digo igual que el que dice que conoció a Arcade Fire antes de que vendieran millones de discos, con aspecto grave y circunspecto, y un poco de rabia porque ahora todo el mundo parece que sabe cómo hacer el GT a la moda. ¿Os acordáis de cuando era de connoiseur pedir una Bombay Saphire? Ahora la pides y ya eres el cutre de la manada. Vamos. Con la de Larios y Gordon's (y Lirios) que nos hemos tirado por la espalda y nos ponemos finos ahora. Ahora es muy fácil haber probado todo tipo de ginebras, y hasta coleccionarlas (yo tengo 18 distintas en casa; que es como si dijera que tengo una maqueta que hizo Arcade Fire), lo cual hace más difícil epatar a los amigos con nuestro conocimiento de las tendencias. Por eso para impresionar a mis amigotes yo siempre pido esta ginebra, que marca la diferencia:



La marca ya está muerta y enterrada, pero me pregunto si sería rentable comprar el nombre y volver a lanzarla. Y decir que su perfect serve es con media docena de escamas de trucha, por ejemplo, que le dan al GT de Fockinck su característico aroma a río.

martes, febrero 08, 2011

No sabemos quiénes somos ni a dónde vamos ni etcétera

Tema serio este, ojo. Filosofía pura en el Cerdo agridulce. Decídselo a vuestros amigos filósofos y que se pasen por aquí.

En estos tiempos desconcertantes, llenos de relativismo moral, donde las fronteras entre el bien y el mal y la izquierda y la derecha y el chocolate y la vainilla son cada vez más difusas, una persona cualquiera se enfrenta al reto de saber quién es, por qué hace lo que hace, cómo le ven los demás, y otras preguntas igual de filosóficas.

Por eso son útiles iniciativas como esta que encontramos en internet, un sencillo test que te dice en pocos minutos si eres:

Tú yo creo que lo tienes claro ya, lo sospechas desde hace tiempo, amigo filósofo. Pero no está mal que alguien de fuera te lo diga. Por confirmar y por contrastar con datos objetivos. ¡Y por sólo 1,42 euros el SMS! Chollo. Porque igual tú piensas que eres un patriota y en realidad eres un facha. O viceversa. Ahora no sabe uno qué pensar de sí mismo, especialmente después del Mundial de Fútbol, cuando sacar las banderas dejó de ser oprobioso.

En cualquier caso yo he pinchado en el banner, un poco porque estoy pensando en convertirme en analista político para robarle el Jaguar a Escolar y me conviene estar al tanto de las últimas investigaciones soicopolíticas. Y porque he olido sangre, claro.

Y el test está muy bien. Te dice no sólo si eres un facha o un patriota, sino a qué personaje influyente te pareces más, ideológicamente hablando. ¡Con un diagrama! ¡A lo moderno! Y entonces lo miras atentamente y te das cuenta de que:



De que vas a seguir confuso aunque hagas el test. Porque si está claro que Franco es autoritario y de derechas y que Stalin es autoritario y de izquierdas, no está tan claro que Bush, por mucho que lo odiemos, esté tan cerca de Franco. Y si poner a Zapatero más bien tirando a la derecha se puede justificar por lo visto en los últimos tiempos, que Juan Pablo II sea izquierdoso es... Chocante. Que es que está más cerca de Stalin que de Aznar.

Y de Rajoy no dicen nada. Será porque no tienen ni idea de lo que piensa. A ver si hace él el test y luego lo publica o algo, que nos enteremos de qué pie cojea y para dónde tira.

martes, agosto 24, 2010

Cuatro recuerdos de mi abuela Martina

Mi abuela desenredando su moño frente al espejo del cuarto de baño, haciendo que su largo cabello blanco le llegara hasta por debajo de las rodillas.

Mi abuela discutiendo a voces con la mala de la telenovela: ¡Eso es lo que te crees tú, zorrángana! ¡Pero ya te cogerán, ya!

Mi abuela tumbada en una hamaca, junto a los demás, mientras mirábamos las estrellas de madrugada, charlando de cosas sin importancia.

Mi abuela poniéndose colonia antes de que le hicieran una foto, y luego quedándose completamente paralizada como si la cámara fuera de 1910 y tardara seis o siete segundos en tomar las imágenes.

lunes, julio 26, 2010

Peluquería con las ideas nada claras

Paseaba yo ocioso por el barrio cuando vi una peluquería con un cartel en el escaparate. Y la hice una foto:

Un póster del tipo de Prison break, sí. Un póster de este señor:

Mucha gente no entendió que lo de Acero azul era una broma

El chico está buenérrimo, las cosas como son, pero también él tiene cara de decir: ¿Cómorl? (con voz de Chiquito) ¿Por qué yo? ¿Qué pinto yo aquí?

Llamadme loco, pero si yo tuviera una peluquería no pondría un cartel de un tipo cuyo peinado consiste en pasarse una maquinilla eléctrica. Podría dar malas ideas a los clientes. Como que podrían comprarse una maquinilla eléctrica y cortarse ellos el pelo, por ejemplo, ahorrándose el hecho de acudir a mi peluquería, con la que me gano la vida y gano lo sficiente como para comprar pósters.

Como en el Cerdo Agridulce somos partidarios acérrimos de los comercios minoristas de barrio, hemos creado un pequeño manual de ayuda a todos los peluqueros que quieran poner un cartel.

Empezamos por la primera posibilidad. Poner un cartel con este personaje:

¿No se parece un poco a Pepiño Blanco? Fijaos bien.

Mal. Aunque aquí somos fervientes fans de los señores calvos con cicatrices que tratan de dominar el mundo mientras acarician un gato porque aspiramos a ser, algún día, como ellos (en lo de la calvicie vamos ya bastante avanzados), es una mala política mezclar peluquerías y genios del mal. A la gente no le gusta parecerse a los genios del mal. ¿Cuánta gente conoces que quiera ser Bill Gates? Vale, algunos. Pero, ¿y llevar el peinado de Bill Gates?



Mola, ¿no? La de animadores que se habrán cagado en la madre del Toriyama por el diseño de Son Goku. Pero que mola no tiene discusión (sección de comentarios para hablar de si mola o no). Cualquier hombre quisiera tener el pelo de Son Goku. Por ahí bien. Lo que pasa es que Son Goku es un dibujo. Y la realidad es esta:


Y lo que era encantador y molón se convierte en tolili. Y la gente lo sabe.


Robert Pattinson, el terror de las nenas. No es un genio del mal (ni un genio), no es un personaje de ficción (en realidad sí lo es), y ese peinado no se consigue con una maquinilla de afeitar. Parece perfecto para una peluquería de caballeros, porque sólo un gran peluquero puede conseguir ese nido de cigüeñas. Excepto. Que. Nunca tienes en casa un peluquero. Así que tras el primer corte te tienes que apañar tú. Cuando uno ve esta foto no piensa en lo guay que te quedará este peinado, sino en estas dos cosas:

1) Como tenga que hacerme yo ese peinado por las mañanas con la legaña tardo tres o cuatro horas.
2) Hablando de legañas, ¿por qué tendrá tanto éxito la Kristen Stewart esa?

Nadie quiere estar tres o cuatro horas peinándose. Nadie. Y encima para que parezca que vas despeinado. A los hombres nos va más el rollo descuidado e informal de este estilo:

Sí, es uno de los hombres más feos del mundo. Y sí, tiene un pelo en el que se podría freír medio kilo de calamares. Pero es campeón del mundo. Campeón del Mundo. Y tiene pelo. Más de lo que muchos de vosotros podéis decir. No es la mejor opción del mundo, claro, pero la otra posible estaba pillada:



Tiene cojones que el triunfador publicitario del Mundial no haya sido Adidas ni Nike ni alguna de esas sino Giorgi, ¿eh?

El caso es que ahí está Puyol como reclamo, y si os parece raro que sea eficaz para anunciar una peluquería es que no sabéis de publicidad. Los próximos meses vais a ver de todo anunciado por los jugadores de fútbol. De todo. Tenga o no que ver. Porque ahora un jugador de la selección atrae la atención de la gente, especialmente de los hombres. Y eso es bueno. Tampoco es que el que va a cortarse el pelo mire antes los pósters para decidir qué corte quiere que le hagan. Claro que no. Por eso nuestra experta recomendación es poner a Puyol o un póster así:


Un pelo precioso, mucho mejor que el de Puyol. Atrae la atención del que va a cortarse el pelo seguro. Por el pelo. Porque no es una genio del mal. Porque esta chica te hace pensar. Hace que pienses: ¿y esta quién es? ¿Quién la habrá atropellado y la ha dejado en esa postura tan rara? Pero rara rara. Si la miras por partes no es tan marciana. Miras de costillas para arriba y aparte de esa torsión característica de las que buscan el macicismo, es medio normal. Bueno, las manos agarradas a la cabeza por detrás no son normales, pero no son descabelladas. Ahora bien, en la cintura hay un giro que es antinatural, a menos que esta chica esté compuesta por partes como los muñecos de He-Man:



La morena va a golpear con los codos. O con las tetas, lo que llegue antes.

De costillas para abajo hay un escorzo a lo Caravaggio (yo estoy oyendo el crac crac crac de la columna vertebral mientras se desencaja) y las dos piernas, una en lo que viene a ser la posición normal y la otra en posición Lesión de Menisco.

El caso es que después de pensar en todo esto lo que menos ganas tienes es de que te corten el pelo. Tú lo que quieres es un masaje e irte a la cama a descansar. O a practicar la postura delante del espejo (envía tus fotos haciéndolo a la dirección de siempre y crearemos una categoría especial dentro del blog). Así que a lo mejor un póster con esta chica no es lo mejor. Es mejor recurrir a esta otra:


Es un ángel y los ángeles están de moda (los vampiros ya han pasado). Es buena. Es perfecta. Tiene torsión de cintura pero no te preguntas si se habrá descoyuntado. Te está diciendo con la mirada: seré tuya, si te cortas esas greñas que llevas. Está diciendo: a lo mejor Puyol es campeón del mundo, pero me irás a comparar; fíjate qué pelo; fíjate que ojos; fíjate qué todo. Perfecto para la peluqueria del barrio. Y para la carnicería y el delicatesen y el locutorio y el dentista y mi despacho.


En efecto: ya hemos vuelto de vacaciones.

viernes, julio 02, 2010

Esa incómoda sensación de que se te encojan los huevos

Qué tendrán algunas instituciones para que estés siempre un poco temeroso cuando te cruzas con ellas. Yo, por ejemplo, me pongo nervioso cuando veo en la carretera una pareja de guardias civiles, incluso los días en que no llevo ningún cadáver en el maletero. Y con Hacienda pasa lo mismo. Que te recorre un escalofrío cuando se relacionan contigo.

Hasta para dar buenas noticias Hacienda acojona. Recibido en el móvil (sí, ya sé que tengo que cambiar de móvil):

Alguien debería decirle a la Agencia Tributaria que, aunque hayan dado una orden, las mayúsculas no son necesarias. Lo que pasa es que yo no me atrevo a hacerlo.

viernes, mayo 28, 2010

Se ruega saludo



A veces nos quejamos de que la gente que nos atiende no es amable (nosotros lo hicimos aquí y profetizamos un cartel semejante a este, tenemos poderes), pero con frecuencia no lo somos nosotros con ellos. Que diréis que ese cartel no es por simpatía, sino para saber si ha entrado alguien a robar. Cínicos. Mal pensados. Que yo también lo he pensado, pero un ladrón, obviamente, no saludaría aunque se lo dijeran en un cartel, a menos que fuera un ladrón raro. O sea que no es eso. Es para fomentar la conversación y las relaciones interpersonales.

¿Sabeis lo que pienso a menudo? Que es un asco estar trabajando en un sitio y la gente te vea como un mueble, es decir, que no te vea. Por eso siempre que paso al autobús le digo buenos días al conductor.

¿Sabéis lo que pienso a menudo? Que si yo fuera un conductor y cada una de las personas que entran en el autobús me dijera buenos días, a las once de la mañana me darían ganas de pegarme un tiro, o de pegárselo a la señora del vestido de flores. Por eso no me he sacado el carnet de conductor de autobuses: me dan miedo los buenos días.

¿Sabéis lo que pienso a menudo? Que molaría tener ese cartel de la foto justo al lado de la lista de comentarios de un blog cualquiera, como el Cerdo agridulce, por ejemplo. Guiño, guiño. Para que todos los que pasaran por aquí dijeran: buenos días. Sería estupendo. Y no habría ningún peligro, porque yo no sé si llevais vestidos de flores o si sois señoras.

viernes, mayo 07, 2010

Infancia bizarra

A mí, claro, me parecía lo más normal del mundo porque en mi casa siempre había estado allí. Pero de pronto un día me acordé de la caja de puros que guardaba mi padre en el mueble bar. Mi padre no fumaba, excepto algún domingo que otro. Cogía un puro -recuerdo del enlace de Fulanito y Menganita, ponía en la vitola-, lo encendía y se lo fumaba con un cubalibre o un coñac, haciendo oes de humo. La caja de puros era esta:



Exacto, eso es, no les engañan sus ojos y sus oídos. Una caja de puros con un sobrerrelieve de don Quijote y Sancho Panza que al abrir hace sonar Si yo fuera rico. ¿Cuál es la conexión? No lo sé. A mí me parecía normal, ya digo. A saber qué montón de cosas de mi vida que me parecen normales son en realidad cajas de puros bizarras.

jueves, abril 08, 2010

Ser mujer: ¿un coñazo?


Ser mujer hoy en día es una labor ardua y tremendamente estresante.

A la conciliación laboral y familiar, al techo de cristal, al techo de cemento, al techo de granito y a los otros miles de techos de materiales super-resistentes e indestructibles con los que nos enfrentamos, hay que añadirle, además, un tipo muy determinado de esclavitud.

Me estoy refiriendo, por supuesto, a la esclavitud (o tiranía) de nuestro aspecto.

Ya lo decía Bridget Jones: ser mujer se parece bastante a cuidar un campo de patatas. Siempre hay que algo que arar, podar, sembrar, abonar, etc. A lo que yo añado, y es una labor tan interminable como las labores del hogar o como la peor telenovela venezolana. Vamos, un coñazo.

Como madre trabajadora ya bastante duro es para mí estar al día con el exigente calendario de cultivos, abonos y poda que la sociedad me exige. Yo lo intento, en serio, pero siempre hay algo que no está a la altura. Y cuando no tengo las uñas con el esmalte descascarillado, me han salido unos pelillos indeseables o tengo los poros obstruidos o las cañerías no fluyen como deberían.

¡Es que son demasiadas cosas!

Pero jamás, jamás de los jamases imaginé que tenía tan abandonadas mis partes… ejem, bajas. ¡¡Ehhhhhhhhh…!! no me malentendáis. Soy una chica limpia, de las que se duchan y lavan a diario, y cuido mucho no parecer un miembro del casting del Planeta de los Simios cada vez que voy a la piscina. Pero de ahí a preocuparme por los últimos looks en depilación del pubis va un paso más largo que aquel famoso que dio Armstrong.

Y todo esto viene a que la semana pasada me quedé loca al ver en el kiosko el último número de la revista Elle ( Nº 283. Abril 2010). En la mismísima portada aparecía el siguiente titular:


PUBIS. Los últimos looks en depilación.


Como podéis imaginar tuve que comprarla. Tenía que saber. ¡Y no pude esperar a llegar a casa! En la madrileña calle de Alcalá tuve que sentarme en un banco y bucear entre los anuncios de bolsos inasequibles y de cremas inútiles para dar con el artículo de marras.

¡Arggggggggg!

Según la revista Elle no sólo lo estoy haciendo fatal al no ponerme una mascarilla semanal ahí mismo una vez por la semana (para y cito palabras textuales “reforzarlo, darle brillo y que gane suavidad) sino que, peor aún, jamás le he dedicado ni un segundo de mi pensamiento a la estética de aquella zona. Vamos, que tenerlo limpio y ligeramente podado no es suficiente.

No, no, que va.



Se acaba de enterar que ya no basta con pasarse la cuchilla en la ducha.


Aquí es necesaria una estrategia de diseño y cuidado que exige la intervención de un estilista, un asesor experto en partes pudendas y un pariente de Torquemada.

Y, como es típico en todas estas publicaciones femeninas, la contradicción es la norma a la hora de enfocar este tema. Aunque el artículo empieza con un discurso en defensa de la libertad de elección de la mujer y de que hay partes que deben escapar al conformismo imperante, termina estableciendo una lista de trabajos para cuidar nuestro pubis devotamente para reconocer que “en materia de depilación, como en tantas otras cosas, la moda manda”. Y la moda hoy impone looks naturales que sólo exigen depilaciones quincenales, mascarillas, pinzas y tijeras para perfeccionar el lugar.

Pero, oye, ¿quién sabe? Lo mismo el año que viene la moda impone depilaciones integrales y semanales, bisutería, mangas ranglan y mechas a dos tonos para darle profundidad y brillo a la melena.

Y yo me pregunto ¿es necesario todo esto? ¿Están hablando en serio cuando me proponen que le dedique tanto tiempo de mis pensamientos y de mis días a una cosa tan nimia? Y ¿cuándo pienso en las cosas que importan? ¿Cuándo me puedo relajar? ¿Cuándo puedo sacar tiempo para leer una novela? ¿O estar con mis hijas? Realmente... ¿esto es importante de verdad? ¿Dónde acaba la frontera entre la higiene y la vanidad absurda? ¿Qué va a ser lo próximo que van a intentar imponer? Y sobre todo, ¿cuándo puñetas voy a inmunizarme contra esta esclavitud/tiranía y a hacer lo que realmente me apetezca y no lo que diga Elle, Vogue, etc? Como Julia Roberts.


Ni depilación ni desodorantes, ella declara, así que imaginamos que tampoco usa mascarillas. Y sólo estamos hablando de la parte de arriba...


Ya decía Jane Austen en el mil ochocientos y tantos que “todo lo que consigue la mujer al intentar lucir más elegante es satisfacer su propia vanidad, nunca aumentar la admiración de los hombres”. ¡Cuánta razón tenía ya entonces la tía!

jueves, marzo 12, 2009

Twitter

No me mola Twiter porque siento la necesidad compulsiva no de contar cosas sino de comentarlas, y claro, se me quedan muy cortos 140 caracte

jueves, octubre 23, 2008

10 cosas que me llamaron la atención de Copenhague

1.- Lo largas que tienen las danesas las piernas y lo cortas que llevan las faldas. ¿O será una cosa consecuencia de la otra?

Aquí una típica falda danesa. Aquí unos amigos.

2.- La imperturbable, estoica y serena actitud de los daneses frente al mal tiempo. La lluvia constante que en cualquier lugar de España hubiese provocado calles vacías, caos, miles de paraguas chocándose entre sí y niños enfundados hasta arriba en capas y capas de prendas de abrigo… aquí no existe. Al revés. Los daneses pasean calle arriba y calle abajo sin más resguardo que una sonrisa, dejan que sus hijos participen en competiciones al aire libre bajo la lluvia durante horas y llenan las terrazas de los cafés y bares (¡sí, terrazas!) para disfrutar su comida o cena al fresquito de sus buenos 7 – 10ºC. ¿Está nevando acaso? No. ¿Sientes las manos? ¿Sí? Pues entonces, ¿por qué no tomarnos unas cañas a la fresca? Y si eres de los remilgados, ya se ocupan los amables propietarios de los establecimientos de prestarte una mantita para abrigarte.
Conclusión nº1: Madres y abuelas de España, ¡estabáis equivocadas! El niño no se va a morir si no le tapas hasta los ojos o si se moja un poco.


Vale, sí, esta terraza está desierta, pero no es por los 7ºC, es que la movida empieza a las 22,00h.

3.- Las manzanas danesas. Durante años me han estado engañando y pensaba que eso que compraba en mi frutería eran manzanas y sabían a manzanas. Hasta que probé las manzanas danesas y, tal y como pasa en los anuncios, un nuevo mundo de sabor se abrió ante mí. Curioso también, que las manzanas danesas sepan más a gominola de manzana que a manzana española.

4.- Lo caro que es todo. Absolutamente todo. Una copa de vino tirando a malo nos costó la friolera de siete euros.

5.- La ausencia de contaminación acústica. Me costó reconocerlo, pero después de dos días paseando por Copenhague echaba en falta algo y no sabía qué era. Hasta que me di cuenta de que llevaba dos días sin escuchar el claxon de un automóvil. Incluso cuando se nos cerraba un semáforo y nos pillaba en medio del asfalto, ningún conductor impaciente, o el de atrás, o el de atrás, o el de atrás, nos pitaba para que nos diéramos prisa.

6.- Lo poco curiosos que son. O lo pasotas que son. O introvertidos. O yo qué sé. Es bastante típico que si te encuentras con dos extranjeros intentando pedirte albóndigas en un inglés bastante churro les preguntes de dónde son y qué les parece tu ciudad natal y todo eso. Pues bien, en Copenhague no es típico. A nadie le importa de dónde eres o, si les importa, tampoco te lo preguntan. Conclusión nº2: No pudimos hacer amiguitos.

7.- Los bebés, niños pequeños y niños en general que hay por todas partes, lo que podría dar la impresión de que los daneses están planeando conquistar el planeta. Pero no tiene nada que ver con eso (de hecho, es un país poco poblado) sino con las múltiples ayudas y facilidades que su sistema les proporciona, lo que debe animar bastante a procrear. Vamos, igual que aquí. Como madre trabajadora me sorprendió ver niños con sus padres por todas partes un jueves o un viernes por la mañana, felices paseando bajo la lluvia.

8.- La barbaridad de carros gemelares, carros con sidecar, carros de bebé 4x4 y carros hasta ¡para cuatro bebés! que pululan por la ciudad. Se nota que allí las aceras no están hechas por un avaricioso mezquino como en mi barrio y que las que no son asín de estrechas no están invadidas por los coches mal aparcados y los cubos de basura.

Imagina conducir uno de estos por tu calle.

9.- El pan. Ummmmmmmmmmm. Con pipas, con pasas, con nueces, moreno, blanco, chapatas, focaccias de todo tipo, etc.


La panadería del centro Illum, en la famosa calle Stroget: si eres adicto a la gordez no te acerques.

10.- Y, vale sííííí... las bicis. Las bicis también.

martes, agosto 19, 2008

Mala suerte

Hace unos años, cuando era una copy junior y mi sueldo era más junior aún, me gasté una fortuna (para mí lo era entonces) en un top de seda de Hoss. Ni que decir tiene que al día siguiente lo estrené, porque yo soy de esas que no dejan nada para mañana no vaya a ser que me pase algo y me quede con las ganas de estrenar. Y ni que decir tiene también que aquel día fui a la agencia sintiéndome la reina del lugar. Todo el mundo tuvo alguna palabra para mi nueva adquisición: que qué guapa estaba, que si había adelgazado, que me sentaba de miedo... Jo, qué día más estupendo. Lo malo es que se estropeó por la noche. Concretamente, cuando nada más empezar el capítulo de Los Serrano (estamos hablando de la segunda temporada de la serie, la torta de años ha) Verónica Sánchez salió con el mismo top. Horror. Y no es que porque no me guste esta actriz. Me encanta. Me parece simpática, cercana y sobre todo, monísima.


Verónica Sánchez o "the perfect next door girl"

Ese era el problema. A Verónica Sánchez le quedaba el top cien veces mejor que a mí. Pero, bueno, quizás nadie se daba cuenta... Claro que, la cosa se puso más chunga aún. Sí, amigos, porque veinte minutos más tarde, ¿quién salió en el mismo capítulo con el mismo top?

Arggggggg.

Elsa Pataki. La mismísima Elsa Pataki.

No, no, no y no.

¿Por qué a mi, Señor, por qué? La mujer más deseada de España. La mujer de medidas perfectas. Con esa tipa no podría competir ni aunque ella fuera enrollada en una sábana y yo llevara un vestido de Armani.


Ni yendo a Lourdes, oigan...

Tardé mucho en volver a atreverme a llevar a la oficina el maldito top. El caso es que, hace unos días, me compré un modelazo tremendo para una fiesta. Oh, era una pasada, bonito, bien cortado y original. Nadie habría visto nada igual, me dije. Por lo menos, hasta que aquella misma tarde lo sacó Patricia Conde en Sé lo que hicistéis...

En mi próxima vida me pido estar así de buena.

Estaba claro. Se trataba de una conspiración de nivel mundial para hundir mi autoestima y ya de paso, arruinar mi capacidad de compra. No había otra respuesta posible. ¿O sí? Quizás era un caso de mala suerte. De extrema mala suerte. Y es que no me extraña que la autoestima general de las mujeres ande hoy en día por los suelos. Antes no existía la televisión, ni había tanta prensa, ni tantas posibilidades de ver no sólo lo que pasa en tu propio país sino en cualquier rincón del mundo. Y tampoco existía el Photoshop ni el retoque ni los maquillajes tan trabajados. Antes, el listón no estaba tan alto porque no había mucha gente con la que compararse. Sí, en todos los pueblos había una tía buena, pero era alguien asequible, cercano y con algún que otro grano. Hoy, con las nuevas tecnologías, la cosa está muy chunga para las chicas normalitas como yo. Pero yo he decidido no rendirme. La única solución es hacerme con un fondo de armario un "pelín" más extenso y todo estará arreglado.

P.D.: Espero que los chicos encuentren algún aliciente (ejem, ejem, guiño, guiño) en este post que va de vestiditos.


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