Mostrando entradas con la etiqueta cosas que nos pasan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosas que nos pasan. Mostrar todas las entradas

jueves, junio 21, 2012

¿Qué sabrán ellos que yo no sepa?


Veo en mi carpeta de spam del correo electrónico:




Acojona un poco. O me hace pensar que estoy a punto de ligar.

domingo, diciembre 11, 2011

De cómo me libré del horrible Cruzado Mágico®

En mi primera novela, Sabrina:1 - El Mundo:0, la protagonista se quejaba constantemente de ser plana como una tabla y de que, más que tetas, ella tenía dos huevos fritos. Pues bien, mi caso es justo el contrario y desde los doce años me he visto obligada a lucir los modelos más horribles de sujetadores que podáis imaginar. O, venga, imaginadlo, no os cortéis. Sólo tenéis que acordaros de los sujetadores color carne que llevaban vuestras abuelas para daros cuenta de mi triste sino. Snif, snif. Sí, me estoy refiriendo a esos armazones gigantes donde escondían las viejas el dinero cuando salían de viaje. Los famosos sujetadores Cruzado Mágico®. Esos eran los míos. Snif, snif. Llevar cualquier otra opción (traducción: esos que eran monísimos de la muerte o cualquiera que no fuera un armazón feo y repleto de costuras) equivalía a acabar arrastrando los pechos a la altura del subsuelo, como las indígenas que salen en los documentales de La 2.

Los sujetadores Cruzado Mágico presumen de más ingeniería que cualquier nave de la NASA...
... y todos sabemos lo puestísimos que están los ingenieros en moda...
Pero gracias a este blog (y no precisamente a los post del señor Palomares de este y este estilo que tanto disfrutan los que frecuentan esta casa) he conseguido librarme, por fin, del horrible Cruzado Mágico®. Hace unas semanas, gracias a una promo de Bloguzz, la gente de Change of Scandinavia nos invitó a pasarnos por la tienda y a descubrir por qué son especialistas en tallas grandes. ¡Qué listos estos señores, que sin haberme visto en persona sabían lo mucho que mi fisonomía (por no mencionar, mi autoestima) necesitaba de un poco de esperanza! Así que movida por la desesperación (o las ganas de esperanza o, mire usted, yo qué sé), agarré al señor Palomares por las solapas y le arrastré hasta un centro comercial. Mirad si estaba desesperada. La tienda que Change of Scandinavia tiene en Madrid promete bastante ya sólo viendo el escaparate.
Rebeca Rus a punto de descubrir la luz al final del túnel.


Pero el interior es como una tienda de golosinas para mayores.

Que me los envuelvan, me los llevo todos.

Una vez identificada debidamente, una simpatíquisima dependienta me tomó las medidas, me hizo una ficha con las tallas de contorno y copa y me ayudó a elegir unos cuantos modelos para probar. Esa misma y, repito, simpatiquísima dependienta no dudó en meterse en el probador conmigo para asegurarse de que cada modelo ajustaba donde tenía que ajustar. Al final, me decidí por este modelo porque me sentaba de miedo y era la antítesis de los odiosos sujetadores que me he visto obligada a llevar durante toda mi vida:



¿El resultado? Podría enseñároslo, pero ¿para qué perder el tiempo cuando todos sabemos por qué vienen ustedes a este blog?

Ejemplo de como, gracias a Change of Scandinavia, hasta la tía Pascasia
puede lucir espectacular estas Navidades.

jueves, noviembre 11, 2010

Que venga Sherlock Holmes, por Diosssss

Acaba de pasarme. Llaman al telefonillo. Es un mensajero. Abro. Sube. Me entrega el paquete. Es este:


Me dice:

-No sé qué puede ser.

Yo tampoco me hago una idea, no...

martes, septiembre 14, 2010

Croquetas, concursos y queso Boffard

Los que sois habituales de este foro sabéis que no hay nada que guste más aquí que: a) un anuncio bizarro (preferentemente fabricado en un ordenador casero y usando alguna tipografía cursi como la Comic Sans); b) una canción hortera (preferentemente acompañada de un vídeo más hortera aún colgado en Youtube.com) y, por último, pero lo primero en importancia, c) una buena croqueta.
En El Sabor del Cerdo Agridulce vivimos para las croquetas. Y, lo que es más, nuestra grasa corporal vive de ellas.


Nuestra dedicación en el área croquetil es total y digna de merecer un premio de investigación serio. Es un compromiso que nos ha llevado a viajar, estudiar, explorar y usar Sal Eno con más frecuencia de la deseada. Claros ejemplo de ello ha sido nuestro post estrella, La Ruta de la Croqueta, y nuestro segundo post estrella, La Ruta de la Croqueta II, seguidos los dos muy de cerca de todos los post que hacen referencia a la palabra "culo". Vamos, que cuando se trata de croquetas en el área de Madrid somos toda una eminencia y si ponéis las palabras "ruta" y la palabra "croqueta" en Google salimos en la primera y en la segunda posición. No es un farol, pinchad aquí y lo veréis. Exacto, ni Ferrán Adriá, ni José Andrés, ni Arguiñano... El Cerdo Agridulce es el campeón en sapiencia croquetera de este país.

Aunque... desde que Mr. Palomares y yo hemos abrazado la paternidad y vivimos gobernados por dos extrañas criaturas de apenas un metro de estatura, hemos abandonado bastante nuestra labor divulgativa croquetil. Lo intentamos, señores, pero es duro dedicar tantas horas a una actividad que requiere dedicación exclusiva. Sobre todo, cuando tienes que estar pendiente de que las criaturas no desmonten el chiringuito en vez de concentrarte en la calidad del rebozado o la consistencia de la masa.

Es una pena. No, es más: es una Tragedia.

No podemos dejar que algo así suceda porque si nosotros abandonamos, ¿quién retomará la investigación croquetística en nuestro lugar? ¿Sabéis de alguien con tanta vocación y tanta resistencia en el hígado? Nosotros tampoco. Es por eso que, hace unos días, cuando mi cuñado me informó sobre el concurso que los Quesos Boffard han puesto en marcha en internet, decidí que había llegado el momento de retomar mi investigación y trabajar en aras de la Ciencia de la Masa de Croquetas.

Quesos Boffard ha convocado un concurso de recetas a través de su página en Facebook y de su blog. Recetas, of course, que incluyan alguno de sus productos. ¿El premio? Un taller de cocina para doce blogeros instruido por Joaquín Felipe, cocinero del Europa Decó, el restaurante estupendísimo del Hotel Urban de Madrid.



Tras esa mirada serena se esconden grandes secretos sobre cómo enriquecer mi masa de croquetas.

Yo no es que quiera ganar para conocer en persona a Joaquín Felipe o pasarme un día fantástico aprendiendo sobre cocina o ponerme morada a degustar exquisiteces. No, qué va. Yo lo que quiero es ponerme en manos de un profesional que me ayude a llegar al Nirvana de las Croquetas. Se supone que para participar tengo que colgar una receta en este post que incluya alguno de los quesos Boffard y pensé ¿qué mejor receta que mi receta personal de las croquetas, las croquetas Rus tantas veces mencionadas en este blog? Pues nada, señores, en absoluta primicia ahí va mi la famosa receta de croquetas de jamon y huevo/cocido y huevo personalizada para Boffard.

Ingredientes:

* 170 gr. de harina.
* 800 ml. de leche (yo uso leche fresca entera, con toda su grasaza, sólo para esto) o 600 ml. de leche y 200 ml. de caldo de cocido (si sois precavidos y el día anterior os habéis puesto ciegos a garbanzos y sus complementos).
* 150 gr de jamón ibérico picado (no racanéis, un jamón excelente hace unas croquetas excelentes) o 150 gr. de restos del cocido (falda, gallina y chorizo picaditos) o un mixto.
* 2 huevos de corral cocidos también picados.
* 30 gr. de cebolla o una escalonia pequeña
* 1 cucharada de mantequilla (volvemos a lo mismo, mejor mantequilla = mejores croquetas)
* 50 gr. de aceite de oliva (idem anteriores ejemplos, usad lo mejor que os podáis permitir).
* 75 gr. de queso curado Boffard (podéis hacerlo también con queso viejo Boffard, pero me parece que un sabor tan fuerte competiría demasiado con el jamón, si os habéis gastado bien la pasta y el jamón sabe a algo, claro).
* Sal, pimienta y nuez moscada (yo la rallo en el momento).

Para rebozar:
* 2 huevos (apuesto por los ecológicos)
* Pan rallado (como soy más chula que un ocho y tengo Thermomix en casa, lo rallo yo misma).

Para freír:
* Aceite de oliva (no reciclado, por favor, estamos intentando hacer una Obra Maestra).

Preparación:

1.- Primera parte, la masa.

Picar la cebolla o escalonia muy finita y pocharla en el aceite previamente calentado a temperatura media con la mantequilla. Cuando esté casi dorada, añadir la harina y remover rápidamente intentando que no se tueste demasiado, en ese caso sabría demasiado a harina y eso es de las peores cosas que te pueden pasar con tu masa de croquetas (si no consideramos la opción de que alguien te la robe, que es bastante peor). Cuando todo lo que hay en la sartén ha cogido un bonito color dorado añadir poco a poco la leche y el caldo sin dejar de remover. A continuación añadir la sal, la pimienta y la nuez moscada bien rallada. Y no paréis de remover. Si creéis necesario, bajad el fuego un poco para controlar mejor la textura porque aquí está El Reto o La Madre del Cordero. Otra cosa que aprendí de mi madre, Gran Maestra Croquetera de la Orden Rus, es que nada te impide deshacerte de los grumos de la forma más sencilla. Es decir, si ves que no puedes controlarlos, paras, lo echas todo en un bol y dale a la batidora hasta conseguir una masa sin grumos. Vuelta a la sartén y a remover. Llegados a este punto, añadimos el jamón o el picadillo de cocido, el queso curado Boffard y los huevos cocidos. Y vuelta a remover. Comprobamos si el punto de sal es el correcto y nos enconmendamos a El Hacedor de Croquetas, ese gran ente que controla si nuestra masa tiene la consistencia necesaria. Si no la tuviera, pues añadimos un poquito de harina y removemos un pelín más. Volcamos la masa en una bandeja de horno que tenga un buen fondo y dejamos enfríar unas horas.

Este paso se puede hacer en la Thermomix apretando unos botones y poco más, con la garantía de que la masa te va a salir perfecta siempre. Pero yo no voy a convencer a nadie para que se una a nosotros, únete, únete a la secta... cada día somos más... thermomixxxxxxx...

2.- Segunda parte, montar las croquetas.

Una vez la masa esté bien fría procedemos a montar croquetas, paso tedioso que en casa de mis padres se realizaba mediante un escrupuloso sistema de turnos entre los tres hermanos. Con la ayuda de dos cucharas soperas extraer y dar forma a una porción de masa que no sobrepase el interior de una de las cucharas, pasar por el huevo recién batido, escurrirlo bien y por el pan rallado a continuación, terminando la forma con las manos (asqueroso pero efectivo). Repetir el proceso hasta que estés mareado, terriblemente aburrido y tus manos tengan varias capas de pan rallado de grosor.

3.- Tercera parte, freír las croquetas.

Calentar el aceite de oliva en una sarten pequeña asegurándote de que hay, al menos, tres dedos de aceite de fondo. A mí me gusta tenerlo siempre a fuego medio, pero la razón es que suelo congelar las croquetas en el paso anterior y si las echo en aceite muy caliente se me quedan congeladas por dentro. De todas formas, y como todo en la vida, se trata de ir viendo y tratando de que los contrastes no hagan que las croquetas se abran. Cuando estén doraditas se escurren en papel de cocina y se sirven.

Un consejo para su consumo: acompañarlas de un buen vino y de mejor compañía.






viernes, julio 09, 2010

Felices vacaciones

Pues sí, queridos amigos, llegó la hora de anunciar que por causas, nada ajenas a nosotros mismos, este blog se cierra durante unos días. ¿El motivo? Ya os imagináis: Vacaciones con Mayúsculas. O, VACACIONES CON MAYÚSCULAS DE VERDAD.

Aunque... la verdad es que se trata de una denominación muy rimbombante para apenas una semana fuera de Madrid, algo que ya no tiene nada que ver con lo que significaba hace unos años para los españoles la palabra vacaciones:




Cuando dejéis de tararear la música, plantearos a ver quien es el guapo que se tira ahora
tres meses sin pegar chapa en Nerja y se os quitarán las ganas de volver a cantar.


Claro que, veinte años atrás, la cosa estaba realmente muy malita para mis padres (malita de las de verdad no malita de las de "voy al banco y pido un préstamo porque aquí nadie se queda sin playa") y las vacaciones se transformaban en tres meses en Madrid, que se estiraban como un chicle pisoteado. Tres aburridos meses en los que yo deambulaba como alma en pena por su piso de Vallecas intentando esconderme del calor y del aburrimiento. Deseando que llegara el colegio. O el Apocalipsis, que total, eso y julio en Madrid es prácticamente lo mismo.

Hasta que un día Caja de Madrid abrió este local cerca de mi casa:

Mira a la carretera, niño, ya verás el edificio cuando entres en el Cerdo agridulce

No sólo era un local de acceso gratuito (imprescindible para una adolescente sin paga como yo) sino ¡que tenían aire acondicionado! (imprescindible. Punto y final). Al principio, las responsables pensaron que yo había suspendido todo en junio y estaba haciéndome la remolona para no comenzar a estudiar. Pero no tardaron en darse cuenta de mi maquiavélico plan.

¡¡Rebeca Rus estaba pasando sus vacaciones en la biblioteca de Doña Carlota!! ¡¡Por todo el morro!!

Y qué vacaciones, tíos. Uff. Menudo tobogán de emociones. Menudas conversaciones trascendentales. Qué bien funcionaba aquel aire acondicionado. Y los libros que prestaban tampoco estaban nada mal. En serio, puede que me leyera casi cien libros cada verano que pasé allí, uno por día. Puede que hiciera cientos de amigos. Puede que mis veranos cambiaran para siempre desde que encontré un sitio al que ir. O muchos sitios. O muchos libros, que para el caso es lo mismo.

Así que os podéis imaginar que ayer, cuando leí en El País que Caja Madrid ha decidido cerrar esta biblioteca y muchas otras más, me invadiera la nostalgia. Una nostalgia de veranos tan laaaaaargos como chicles, sin nada que hacer más que leer un buen libro y tener una conversación trascendental de tres o cuatro horas con tu mejor amiga mientras compartes una bolsa de chuches. Veranos de patines injertados en los pies y rodillas llenas de heridas. Veranos de intentar colarse en la piscina de algún amigo rico y de ganarse unas pelillas cuidando a tus primos pequeños. Esos veranos que ya no existen para mí. Y que no se pueden comparar con apenas una semana en la playa.

martes, marzo 02, 2010

Hay que ser hijos de puta

Hay dos tipos de personas: los que cuando ven a alguien en el suelo le dan una patada en las costillas y los que no.

De los primeros hay muchos en la liga italiana de baloncesto, como puede leerse en esta escalofriante noticia:

Caserta logra victoria más amplia historia al ganar por 181-58

123 puntos de ventaja. Abusones. Abusones de verdad. Resulta que el equipo rival está en graves apuros económicos, así que no puede formar con jugadores profesionales, y juega con los junior. La semana pasada ya les cayeron 102 puntos de ventaja. Esta 123. Osea, unos tíos hechos y derechos que cobran un dineral les meten 180 puntos a un equipo de chavales. Muy bien, valientes. Valientes hijos de puta, quiero decir. Porque hay que ser muy mamón (perdonen mi pronunciación del francés) para ensañarse de esa manera con unos críos. Gánales de 50. Pero hijoputa, no les machaques. ¡Que son chavales! ¿A qué viene humillarles de esa manera?

Les voy a contar una cosa a ustedes, pero que no salga de aquí. Pongamos música nostálgica. Yo recuerdo cuando iba al colegio y jugaba al baloncesto. Yo mido ahora un metro setenta. Cuando iba al colegio no medía eso, como pueden imaginarse; pero vamos, que producía el mismo efecto. El caso es jugaba al baloncesto, con doce años. Entramos en una liga. Los primeros partidos, pues ni fu ni fa, algunos bien, otros mal. Se metían treinta puntos por partido. 30-26 podía ser un marcador normal. Luego nuestros dos mejores jugadores dejaron de venir, no recuerdo por qué. El pivot y el ala-pívot. Los demás seguimos. Éramos un equipo tan malo que a mí me pusieron a jugar de 4, de ala-pívot. Así de malos éramos.

Palomares al lado de un ala-pivot rival. Además de medir poco siempre he sido lampiño.
Lo digo para facilitar la identificación.


Al principio del partido todo estaba igualado. Eso duraba más o menos diez o doce segundos. Luego ya íbamos perdiendo. El equipo rival se daba enseguida cuenta de que aquello iba a ser un festín, y empezaban a meter canastas de todos los colores. Y nosotros corríamos detrás de la pelota como pollos sin cabeza. Pronto era evidente que el partido estaba ganado, pero los niños, que son tan hijos de puta como los jugadores de baloncesto italianos, no aflojaban el ritmo. "¡A ver si llegamos a cien puntos!" ¡Cien puntos! ¡Niño, cabronazo! ¡Que soy preadolescente y por tanto un alma sensible! Y caían puntos y puntos. Y todos los partidos igual, los niños del otro equipo en estado febril mientras nosotros recibíamos la tunda, cada vez más desencajados. Hubo un partido en que la paliza era brutal: los cabrones se acercaban a los cien puntos y no bajaban el pie del acelerador. Igual que quemaban hormigas o le quitaban las alas a las moscas, los muy canallas se dedicaban a meter canastas. Nosotros hacíamos lo que podíamos, que no era mucho, la verdad. Ellos llegaron a los cien y los pasaron. Nosotros metimos cuatro puntos, de los cuales dos fueron míos (ya digo que era el ala-pivot titular, un respeto).

Palomares a punto de meter el 50% de los puntos de su equipo en el partido.

Al día siguiente fui al entrenador (es un decir) y le dije que no iba a volver a jugar al baloncesto. Él no dijo nada. Estaría pensando si estaba a tiempo de fichar a James Worthy para mi puesto, supongo. Que no estuvo a tiempo.

Y esa, amigos míos, es la verdadera historia de por qué me prometí que algún día dominaría el mundo y haría que todos los que alguna vez ganaron un partido de baloncesto fueran descuartizados.

Otro día os cuento por qué los que se peinan con raya a un lado también serán desollados cuando me convierta en el Soberano del Universo.

miércoles, agosto 12, 2009

Lo que estás deseando ver cuando te esnufras

Hace poco me di un buen golpe cuando viajaba en un taxi. A pesar de que el taxi dio varias vueltas de campana (que van aumentando según voy contando la historia cada vez) en realidad no nos pasó gran cosa. Yo salí con toda la cara medio customizada a lo Mickey Rourke (tranquilas, chicas, que ya he vuelto a la normalidad), y sólo me han quedado dos secuelas: una cicatriz en el labio que me hace completamente irresistible (más todavía), sobre todo si llevo sombrero, y una nariz rota.

Para arreglar lo de la nariz rota (o no arreglarla), fui al otorrino. Y en la sala de espera había este cuadro:



Exacto, un cuadro con una autopsia. Tranquilizador, ¿eh? A mí también me lo pareció. Entonces me acordé del doctor Zimmerman, el dentista al que me llevaban mis padres cuando yo tenía diez años -o cuando tenía 15; llevé aparato durante 5 años-. A la consulta del dentista llegábamos siempre con media hora de adelanto porque esa es una de las manías de mi madre; le tiene pánico a llegar tarde. Así que ahí estábamos, con nuestra media hora de adelanto más lo que el odontólogo llevaba de atraso, esperando y esperando, con media docena de revistas que leer (que eran un coñazo, menos la Semana, que tenía los chistes de Ellas son así), un acuario que nos sabíamos de memoria y unos cuadritos en la pared entre los que destacaba una serie de cuatro grabados sobre la Peste, muy al estilo Brueghel, con sus cadáveres y sus esqueletos alanceando a pobres infelices.

Hay gente que no tiene mucho tacto, no.

jueves, octubre 23, 2008

10 cosas que me llamaron la atención de Copenhague

1.- Lo largas que tienen las danesas las piernas y lo cortas que llevan las faldas. ¿O será una cosa consecuencia de la otra?

Aquí una típica falda danesa. Aquí unos amigos.

2.- La imperturbable, estoica y serena actitud de los daneses frente al mal tiempo. La lluvia constante que en cualquier lugar de España hubiese provocado calles vacías, caos, miles de paraguas chocándose entre sí y niños enfundados hasta arriba en capas y capas de prendas de abrigo… aquí no existe. Al revés. Los daneses pasean calle arriba y calle abajo sin más resguardo que una sonrisa, dejan que sus hijos participen en competiciones al aire libre bajo la lluvia durante horas y llenan las terrazas de los cafés y bares (¡sí, terrazas!) para disfrutar su comida o cena al fresquito de sus buenos 7 – 10ºC. ¿Está nevando acaso? No. ¿Sientes las manos? ¿Sí? Pues entonces, ¿por qué no tomarnos unas cañas a la fresca? Y si eres de los remilgados, ya se ocupan los amables propietarios de los establecimientos de prestarte una mantita para abrigarte.
Conclusión nº1: Madres y abuelas de España, ¡estabáis equivocadas! El niño no se va a morir si no le tapas hasta los ojos o si se moja un poco.


Vale, sí, esta terraza está desierta, pero no es por los 7ºC, es que la movida empieza a las 22,00h.

3.- Las manzanas danesas. Durante años me han estado engañando y pensaba que eso que compraba en mi frutería eran manzanas y sabían a manzanas. Hasta que probé las manzanas danesas y, tal y como pasa en los anuncios, un nuevo mundo de sabor se abrió ante mí. Curioso también, que las manzanas danesas sepan más a gominola de manzana que a manzana española.

4.- Lo caro que es todo. Absolutamente todo. Una copa de vino tirando a malo nos costó la friolera de siete euros.

5.- La ausencia de contaminación acústica. Me costó reconocerlo, pero después de dos días paseando por Copenhague echaba en falta algo y no sabía qué era. Hasta que me di cuenta de que llevaba dos días sin escuchar el claxon de un automóvil. Incluso cuando se nos cerraba un semáforo y nos pillaba en medio del asfalto, ningún conductor impaciente, o el de atrás, o el de atrás, o el de atrás, nos pitaba para que nos diéramos prisa.

6.- Lo poco curiosos que son. O lo pasotas que son. O introvertidos. O yo qué sé. Es bastante típico que si te encuentras con dos extranjeros intentando pedirte albóndigas en un inglés bastante churro les preguntes de dónde son y qué les parece tu ciudad natal y todo eso. Pues bien, en Copenhague no es típico. A nadie le importa de dónde eres o, si les importa, tampoco te lo preguntan. Conclusión nº2: No pudimos hacer amiguitos.

7.- Los bebés, niños pequeños y niños en general que hay por todas partes, lo que podría dar la impresión de que los daneses están planeando conquistar el planeta. Pero no tiene nada que ver con eso (de hecho, es un país poco poblado) sino con las múltiples ayudas y facilidades que su sistema les proporciona, lo que debe animar bastante a procrear. Vamos, igual que aquí. Como madre trabajadora me sorprendió ver niños con sus padres por todas partes un jueves o un viernes por la mañana, felices paseando bajo la lluvia.

8.- La barbaridad de carros gemelares, carros con sidecar, carros de bebé 4x4 y carros hasta ¡para cuatro bebés! que pululan por la ciudad. Se nota que allí las aceras no están hechas por un avaricioso mezquino como en mi barrio y que las que no son asín de estrechas no están invadidas por los coches mal aparcados y los cubos de basura.

Imagina conducir uno de estos por tu calle.

9.- El pan. Ummmmmmmmmmm. Con pipas, con pasas, con nueces, moreno, blanco, chapatas, focaccias de todo tipo, etc.


La panadería del centro Illum, en la famosa calle Stroget: si eres adicto a la gordez no te acerques.

10.- Y, vale sííííí... las bicis. Las bicis también.

miércoles, mayo 21, 2008

¿Sevilla connection? Nooooo: Sevilla Fusión.

¿Quién nos iba a decir a nosotros hace diez años (qué jovenes y qué delgados éramos entonces y qué antítesis de aquello somos ahora) que nos íbamos a volver de un moderno que "pa qué". Ni nos lo hubiéramos creído entonces ni nos lo creemos del todo ahora. Puede que el paletismo sea innato y por mucho que lo intentemos nos cuesta aceptar la realidad en la que nos hemos convertido.

Pero no podemos negarlo.

Somos modernos. Super modernos.

Por eso, cuando este fin de semana nos escapamos a Sevilla a concedernos un par de días de libertad y soltería (¡prepárate mundo, que vamos sin niñas!) nos alojamos en el hotel más cool, qué digo, más Super-Mega-Cool-Tope-Fashion-Of the world, de Sevilla: el Hotel Eme Fusión.

El Hotel Eme Fusión es tan moderno, que en las fotos las modelos salen desenfocadas. Como esta:


Con desenfocado todo es más guay y más cool.

Tan moderno, tan moderno que el taxista que nos llevó hasta allí desde la estación de Santa Justa no sabía nada de su existencia. Lo que sí sabía (y el tío acertó) era que le dolía un montón la rodilla y que al día siguiente iba a llover en Sevilla. Y de lo lindo. Poco se imaginaba él lo que se estaba cociendo allí justo en el centro de su ciudad, porque cuando llegamos a la calle Alemanes el taxista insistió y requeteinsistió en que nos bajáramos a preguntar en la Pensión Marisol, porque era casi seguro de que era allí dónde íbamos dos arrastrados como nosotros y que enfrente de la catedral no había ningún hotel de lujo ni nada que se le pareciera (y dejarme en paz, pesaos más que pesaos). Pobre hombre. Así se llevó el susto que se llevó cuando le indicamos que parara enfrente de un edificio con una gran cortina blanca y un tiparrón de dos metros de alto, negro como el carbón, con un sombrero de paja y traje de matón de los años 30 se acercó a abrirnos la puerta y darnos la bienvenida. El taxista salió corriendo a refugiarse en un bar de los de siempre y renegar de los Nuevos Tiempos Que Vienen. Y es que, como digo, el Hotel Eme Fusión es más que moderno. Es el colmo de lo moderno. Por eso, ningún taxista sevillano sabe de su existencia. Por eso, las bañeras están colocadas en medio de las habitaciones. Por eso, todos sus empleados parecen haber salido de SuperModelo (de las ediciones anteriores porque la del 2008 es una ful de Estambul). Y los huéspedes también. Menos nosotros. Tan grave era la cosa que el Sr. Palomares y yo nos íbamos escondiendo por las esquinas, porque éramos, de lejos, los tipos más feos y más arrastrados de todo el lugar. Es lo que tiene ir a sitios tan chupis.

Pero es que una tenía el capricho de darse un baño aquí:


Y de pasear por acá:


Y de que me recibieran con flores y una vela que olía a gloria bendita. Lo que no me hizo tanta ilusión fue tener que darle conversación durante diez minutos a un tipo que se empeñó en enseñarnos la habitación (¿para qué?) y que nos atosigó a preguntas tipo "¿Y qué tal el viaje?", ¿Y qué tal el AVE?", "Pues parece que va a llover", "¿Están los señores a gusto?"... Uff, en esas cosas (y en muchas otras que no voy a mencionar hoy) se nota que soy una chica de Vallecas y el Sr. Palomares de pueblo. En fin, que si os queréis echar unas risas, que os den bombones y WIFI por la cara y sentiros como ricos (y pagar como tales) el Hotel Eme Fusión es el sitio perfecto en Sevilla. Pero el hotel Eme Fusión no es sólo diseño y vistas inmediatas a la Giralda... También es Gastronomía Con Mayúsculas. Y es que el desayuno buffet de este cinco estrellas es de lo mejorcito que he visto nunca: con zumos naturales de todo lo que podáis imaginar, jamón ibérico del mega bueno (aunque como dice mi compañero y sevillano, el Gran Tavo, es que en Madrid no estamos acostumbrados a que en los bares sirvan jamón serrano que no sea Navidul y cualquier cosa nos parece estupenda) y todas esas cosas que nunca te harías en casa como bikinis, huevos revueltos con trufa y menudencias del estilo. Para que os hagáis una idea más concreta de lo que os estoy contando sólo tenéis que echar un vistazo a la imagen de aquí:



Si eres un huésped del hotel Eme Fusión no tienes ni que molestarte en darle vueltas a un molinillo para moler sal marina encima de tu tostada. ¡El molinillo lo hace solo! ¡Al apretar un botón! ¡Y se enciende una luz interior! ¡Queremos uno a la voz de ya! ¡Queremos vivir como los ricos y no volver a moler sal!

Como comprenderéis, después de toda esta experiencia nos costó mucho salir del hotel. Pero hicimos un esfuerzo y nos fuimos a conocer Sevilla. O más bien, a su gremio hostelero porque el museo de no-sé-qué pintor famosillo de Sevilla estaba de reformas y la Giralda y la Torre del Oro se ven mejor por fuera que por dentro, ¿no? El caso es que nos dedicamos a comer. Y a comer bien, oigan. Siguiendo los consejos de Ligasalsas nos dimos un festín en Becerrita, donde, por fin, pude hace realidad mi deseo de trasegarme un lomo de buey kobe además de otras cosas deliciosas. Interesante fue también nuestro descubrimiento muy cerquita del hotel (¡qué le vamos a hacer! Somos asín de vagos...) de un establecimiento de delicatessen y vinos llamado Puracepa, donde nos pusimos morados a base de Ribera del Duero y de pringá con huevo de codorniz.

Pero el Gran Descubrimiento fue un pequeño restaurante, justo enfrente del hotel Alfonso XIII, llamado Salvador Rojo, donde nos metimos un menú degustación de los que hacen historia (y de los que luego pasan factura en la cinturilla de mis vaqueros).

En fin, que recomendamos gratamente la experiencia (sobre todo, la experiencia de ir sin niñas y de ponerse morados hasta las trancas) y aguantaremos los reproches de nuestra dietista de Naturhouse con paciencia y resignación y sin dejar de pensar que algún día volveremos a Sevilla a volvernos a poner morados y a alojarnos en un sitio tan cool como el Eme Fusión.

lunes, abril 21, 2008

De aquí a ocho días

O siete, si lo veis mañana, que a estas horas de postear... El martes 29, en cualquier caso. Gran presentación en sociedad de ese libro que tenemos en promoción porque nos parece lo mejor que se ha escrito en los últimos quinientos años:


Este, sí.

Están ustedes invitados al acto de presentación, que será en Madrid, en la sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Serrano, sita en la propia calle de Serrano número 52. La cosa empezará a las 19.00 con la presencia de la autora, bien conocida en esta casa, y de la subdirectora de la revista Glamour, Carmen Garijo.

Rebeca está ya preparando unas gracietas para hacerles de reír a base de bien, y parece que es posible que haya cosas de comer y de beber, así que asistan si pueden, que no se arrepentirán. Rus firmará cuanto libro le lleven para firmar, incluyendo los de Ken Follet, y por mi parte he ensayado un número artístico para amenizar los tiempos muertos de la presentación si los hubiere.

Estoy muy orgulloso de él, aquí estoy en uno de los ensayos:




Vamos, si no vienen ustedes a pesar de esta impresionante oferta es que tienen pelos en el corazón.

martes, diciembre 11, 2007

Próximamente en las mejores estanterías

Si sois fieles seguidores de este blog sabréis que últimamente no me prodigo mucho en esto de escribir. Primero el culpable ha sido un embarazo letárgico, que me ha inducido hormonas de la vagancia más absoluta en cantidades industriales. Luego, ha sido la maternidad, que me ha robado lo que me quedaba de vida (y de cerebro). Actualmente, mi día a día es un vórtice que podríamos resumir en el siguiente esquema:

Dar teta-cambiar pañal-intentar que el bebé se duerma-dar teta-cambiar pañal-intentar que el bebé se duerma- dar teta- cambiar pañal-intentar que el bebé se duerma…

Y así hasta el infinito y más allá. O peor, porque en los escasos huecos que tengo libres, me toca atender a otra niña de tres años. Como imaginaréis cuando tengo un minuto libre en lo último que pienso es en escribir aquí cuando puedo hacer otras cosas como comer, dormir, ducharme y leer libros de autoayuda para superar la locura. Pero hoy no podía dejar de hacerlo. Bueno, en realidad, lo tenía que haber hecho el viernes pasado y hoy es martes, pero así están las cosas. Y es que el viernes pasó una cosa muy especial. Errr… bueno, en realidad, tenía que haber pasado el miércoles pero ya sabemos cómo funciona este país de mal y no digamos las empresas de mensajería y el paquete que tenía que haber llegado de nueve a once de la mañana el miércoles llegó sin avisar el viernes a las dos y media de la tarde.

-Es que me venía mal venir hasta aquí –me dijo el mensajero de MRW (si tenemos algún lector de la compañía MRW que, por favor, nos explique para qué llaman para concretar una cita con el receptor. En fin).

Como estoy hasta las trancas de hormonas femeninas mi intuición de la idem funciona que te pasas y aún sin tener noticias del interior del sobre, ya sabía qué me iba a encontrar en el interior. ¿Vosotros no?

Efectivamente. Era un bolsito negro como este. Oh, oh. Oh, Dios mío. DIOS MÍO. OHHHHHHH.



Y vosotros diréis: “pues no es para tanto, Rebeca, bonita. Desde aquí parece un bolso negro de tela o más bien, una antítesis de los bolsos de Louis Vuitton. Qué fácil lo tiene el Sr. Palomares para comprarte algo para Reyes si un bolso de tela te hace tanta ilusión”. Vale sí, era un bolso de tela, pero lo importante estaba en el interior. Vamos, esto:


Tengo mi propia campaña de marketing directo. ¡Toma pastillas de goma!

Es decir, el Avance Editorial de “Sabrina: 1 – El Mundo: 0”. La repanocha.

La editorial me había enviado una muestra de lo que estaba enviando a distribuidores, libreros, comerciales, etc. del país. Como diríamos en el sector publicitario “una campaña de pre-lanzamiento con material promocional de primera calidad que nos dará notoriedad y nos aupará a una victoria de bla, bla, bla, objetivos de marketing cumplidos, distribución total super-multi-mundial, mucha pasta para todos y la gloria y tal...". Como soy una escritora novel y todo esto es nuevo para mí os imaginaréis la ilusión que me hace. Y es que ¡¡tengo mi propio folleto publicitario!! Toda la vida murmurando maldiciones de los folletos que tenía que escribir y ahora alguien ha escrito uno para mí donde se dicen cosas tan fantásticas como "una hilarante sátira sobre el mundo de la publicidad", "la primera novela chick-lit ambientada en España" y "apoyo promocional". Palabras que me abruman todas y me hacen sonrojar durante los escasos veinte segundos que mis hijas me dejan libre para pensar en la que se me viene encima. Pero hasta el 12 de febrero, fecha de lanzamiento, no sabremos cómo termina esta historia.

O cómo empieza...

sábado, noviembre 17, 2007

Desembarco en Normandía

Si ya se han leído los comentarios del post anterior, este seguramente no tiene mucho sentido, pero para los que no lo hayan hecho, he aquí una exposición de lo que ha pasado en los últimos días.

El domingo pasado parecía un día normal y corriente. Pero de pronto empezó a pasar algo raro. Y nos fuimos aquí:


Con muy buen criterio, porque lo siguiente que sucedió, durante algunas horas, fue esto:


Luego hubo también un poco de esto:


Con este simpático resultado final:


Como el desembarco fue abrupto -aka cesárea- comprobamos lo rematadamente mal que se come en los hospitales, y lo desesperantes que resultan:


Hasta que finalmente nos dieron permiso para volver a casa. Desde entonces, un resumen de nuestra semana viene a ser más o menos esto:


Sin olvidarnos de esto:


Ni esto, claro:


Y por supuesto sin dejar de lado esto:


Y eso es todo, amiguitos. Unamos a estos acontecimientos que se nos ha estropeado el ordenador en casa y comprenderéis porque estos últimos días hemos mantenido un silencio tan sospechoso. Con la de cosas que hay que comentar en el mundo y la de cosas bonitas que hemos visto por esos lares. Pero tranquilos, que en breves momentos se restablecerá nuestra programación habitual.

Gracias a todos por vuestras felicitaciones, sois gente realmente maja. Así no nos extraña que vengáis por aquí a menudo.

lunes, agosto 20, 2007

Redacción: Mis vacaciones

Para nuestra desgracia, ya hemos vuelto de nuestras pequeñas vacaciones, y es en momentos como estos cuando nos acordamos de dos cosas:

1. Lo bonito que sería ser rico para poder vivir siempre de vacaciones (a ver qué tal las ventas de la novela de Rebeca).

2. Lo bien que se está sin hacer nada, aunque no seas rico.

Porque eso es lo que hemos hecho estos días: no hacer nada en Menorca, y no hacer nada en Madrid. Bueno, algo sí hemos hecho: sacar fotos para el Cerdo agridulce. Que hay que ver la cantidad de cosas curiosas que suceden a nuestro alrededor desde que tenemos blog.

Pero como en estos días me he aficionado a Yo soy Bea, en gran parte por la admiración que me producen los guionistas por su extraordinaria capacidad para estirar una trama hasta el infinito, vamos a ir contándolas poco a poco. Que no nos vamos a dar un atracón de trabajo el primer día.

Así que bienvenidos de nuevo a esta casa, disfruten de sus vacaciones si es que todavía les queda algo y recuerden que en los próximos días el Cerdo agridulce se llenará de emocionantes aventuras. ¡Pintadas indescifrables! ¡Chicas en bikini! ¡Gente tumbada a la bartola! ¡Colesterol por un tubo!



sábado, julio 21, 2007

Dibididabididú

Bueno, pues nos vamos de vacaciones un rato, así que este blog se actualizará aún menos durante algunos días. Pero antes de irnos vamos a contaros una historia.

Cuando Rebeca Rodríguez Rus tenía diez años, su padre la llevaba a su despacho los sábados, cuando iba a trabajar. Allí, Rebeca se ponía delante de una máquina de escribir y tecleaba las historias que se le ocurrían. Tanto leer no podía ser bueno, claro.

Pasó el tiempo y Rebeca dejó de escribir. Y volvió a pasar el tiempo y Rebeca volvió a escribir de nuevo, pero profesionalmente: textos publicitarios. Y volvió a pasar el tiempo y de pronto Rebeca se encontró en una empresa que iba a la deriva; a la bancarrota más bien. No había trabajo, no había clientes, pero los empleados tenían que ir un día tras otro a la oficina. A no hacer nada. Eso es algo insoportable, de veras. No tener nada que hacer en todo el día, sólo estar allí sentado, esperando a que pasen las horas para poder irte a casa. Hasta internet se queda pequeño en esas circunstancias. Y un día Rebeca se puso a escribir una pequeña historia. La historia creció y se convirtió en una novela, llamada Sabrina 1 - El mundo 0.

Era una novela divertidísima. Yo he leído muchas novelas divertidas: Mendoza, Wodehouse, Sharpe, Prattchett. Esta estaba a la altura. Era una novela, lo diré con elegancia, descojonante, de las de mearse de risa y no poder parar de reír y pensar mientras vas en el metro: "la gente va a pensar que estoy loco". Como no quiero pecar de exagerado diré que estaba entre las 10 mejores novelas de humor que yo haya leído nunca.

Naturalmente, Rebeca la envió a algunas editoriales. Y naturalmente, recibió las clásicas cartas de rechazo: "Hemos leído con atención su manuscrito titulado Nombre de la Novela y bla bla bla".

Pasó el tiempo y Rebeca escribió una segunda novela que era al menos tan divertida como la primera: Diez maneras diferentes de ser Laura. Y también la mandó a algunas editoriales. Y a algunos concursos. Sin ningún éxito. Y siguió pasando el tiempo. Rebeca se puso a escribir su tercera novela.

Pero un día, hace dos semanas, sonó el teléfono. Contestó Rebeca. Le dijeron:

-Shalakabula, chachikabula, dibididabididú.




Más o menos. Porque en realidad dijeron:

-Hola, llamamos de Esencia, de la Editorial Planeta, y queremos publicar tu novela.

Y fue como si un Hada madrina hubiese aparecido y la hubiese tocado con su varita, como si le hubiese concedido un deseo. Sólo que lo que le concedían no era un bonito vestido, sino la publicación de un libro. Porque sí, en enero se publicará Sabrina 1 - El mundo 0 y tendréis la oportunidad de troncharos de risa con las aventuras de una chica desastrosa llamada Sabrina. El Hada Madrina existe y la niña que escribía en el trabajo de su padre va a cumplir su sueño dorado y se siente explotar de felicidad. Enhorabuena, Rebeca. Y recuerda que aunque el Hada Madrina le hizo un bonito vestido a la Cenicienta, esta ya le daba sopas con honda a las hermanastras gordas y feas.

BSO: El gran Bobby McFerrin hace una versión del Dibididabididú:



Felices vacaciones.

jueves, mayo 17, 2007

24 horas de nuestra vida

Esta entrada es una tontería, no le den muchas vueltas; me ha parecido mejor decirlo claro, desde el principio, para que no se lleven a engaño. Trata sobre las cosas que nos pasaron hace poco. Que tampoco es que nos pasara nada muy raro, pero bueno, mientras Esther responde, ahí va para rellenar hueco en este blog.

El pasado fin de semana nos fuimos la Rus y yo a La Línea de la Concepción, en Cádiz, porque me daban otro de esos premios -qué cansino, sí-. Cogimos el avión a Gibraltar -que ya saben que linda con La Línea- y llegamos tan panchos, en una hora escasa. Nosotros ya habíamos estado antes en Gibraltar, comprando azúcar y jabón, que está treinta céntimos más barato, y para nosotros el aeropuerto era sólo la enorme pista que se interpone entre la entrada y los supermercados, un recorrido infernal en verano porque no hay donde resguardarse de la solanera y que se hace larguísimo, sobre todo si llevas el azúcar a cuestas. Esta vez la pista nos pareció pequeña, de hecho todo en Gibraltar parece pequeño porque está como concentrado. Según aterrizas, si miras por la ventanilla puedes ver a unos chavales jugando al fútbol en un campo que hay al lado de la pista. Te da la impresión de que te van a pitar fuera de juego a ti de lo cerca que está.

Bueno, el caso es que fuimos a La Línea, nos dimos un paseo corto, asistimos a la entrega de premios -fui segundo- y escuchamos atentamente la conferencia de Javier Sierra, un escritor de estos estilo Dan Brown, que escribe bestsellers sobre cátaros y misterios inexplicables que compagina con su actividad como periodista magufo. De este hombre yo no he leído nada, pero después de la exhibición del otro día tal vez le dé una oportunidad. El tipo convirtió la conferencia de cierre de la Feria del Libro en un largo anuncio de sus libros, hablando de cómo se le había ocurrido uno y otro y qué podíamos esperar de ellos. Como tiene tablas de sobra y parece uno de estos que coleccionan datos, cual enciclopedia viviente, resultó realmente interesante.

Después de dormir nos fuimos de nuevo hacia Gibraltar, pero antes de llegar allí nos encontramos un parque infantil que nos resultó muy curioso:


Igual no se han dado cuenta de por qué nos pareció curioso. Fíjense mejor en qué se encuentra el niño que se tira por el tobogán precipicio de la foto:


En efecto, no es arena sino piedras. Los niños de La Línea de la Concepción deben ser titanes si se les entrena así diariamente. Mi pregunta es: ¿por qué no están afiladas las piedras? Porque si queremos fabricar espartanos vamos a hacerlo bien, coño.

Bueno, pues seguimos hacia el aeropuerto de Gibraltar, y vamos al mostrador de Iberia -hay dos mostradores, qué diferencia con la mastodóntica Terminal 4, en la que, por cierto, no nos perdimos-, nos paseamos por el aeropuerto igual que Steve McQueen por su celda en La gran evasión y entonces aparece ella, sí, ella: Inés Sastre, con gafas de sol, con un señor gordo al lado que debe ser su marido, pero ella al fin y al cabo, y pasa a mi lado y yo la reconozco. Y la señora que está al fondo también lo hace y se lo dice a su marido, y el marido sonríe y mira, pero Inés ya ha pasado por el control de policía y sólo se le ve el culo, que la verdad es que tampoco es para tanto. Y decidimos ir al supermercado a ver a qué precio está el jabón y no podemos pasar porque va a despegar un avión, y ahí va, un avión jet de esos privados donde imagino que está Inés Sastre, qué haría ella en Gibraltar -si descartamos lo del jabón-.

Y una hora más tarde sale nuestro vuelo y llegamos a Madrid y nos movemos por la enorme Terminal 4 y Rebeca dice: Mira, esa de ahí era Lolita, y yo ni me vuelvo mientras pienso: qué suerte tengo, porque puestos a ver famosos, mejor que haya sido así: yo Inés y Rebeca Lolita.

jueves, mayo 03, 2007

Primer día de cole

Yo me ponía nerviosísimo el primer día del cole, tras la vuelta de vacaciones. Como los nervios, tradicionalmente, me afectan al estómago, me pasaba dos semanas comiendo apenas, sumido en un estado de temblequeo agobiante y con las tripas revueltas como si hubiese cogido una gastroenteritis, atrapado por una náusea constante. No era el mejor de los tiempos para mí, no. Racionalmente, no tenía motivos para estar tan nervioso, como me explicaba mi madre: sacaba buenísimas notas en el colegio (yo era, sí, un empollón, qué pasa), conocía a todos los compañeros, los profesores eran muchas veces los mismos. Pero no podía evitar ponerme como un flan.

Hacía nueve años que no tenía un primer día en el cole -en la oficina- y aunque ya no me pongo tan nervioso como cuando era niño, no puedo dejar de sentir una pequeña inquietud que, supongo, es natural cuando entras en un sitio nuevo y la gente te mira como si fueras un objeto de exposición. Que tal vez sea lo que soy los primeros días: el Nuevo. Mi estómago está bien, gracias, pero ahora tengo que dedicarme a esas tareas que tanta pereza dan para adaptarme al nuevo ambiente: descubrir las mañas torcidas de mi nuevo ordenador, ajustar la silla para que esté a la altura justa, saludar a toda la gente que no conozco y aprenderme sus nombres, deducir de quién puedo fiarme y de quién no, averiguar cómo se consiguen los cuadernos y los bolis, localizar a las tías buenas de la oficina y conseguir que no sepan desde el primer día que soy un viejo verde y encontrar el cuarto de baño. Por si acaso los nervios van a más.

P.D. El café es malísimo.

martes, febrero 27, 2007

Letra fugada

De pronto fue como estar dentro de una columna de Juan José Millás, excepto que en ningún momento se veía escrita la palabra duodeno. Un día nos levantamos y en nuestro portátil hay un cambio:


Había desaparecido la A por completo -y lo raro es que el resto de las letras estaban incólumes, suponiendo que esta palabra signifique lo que creo que significa-. Me acordé de ese articuento de Millás en el que las letras son hormigas que huyen y al final resulta que es que tiene gripe (perdonad el destripamiento). Pero aquí no huían más letras, sólo la A había desaparecido. Pensé entonces en Stephen King y en la que puede que sea su mejor novela, Misery, en ese momento en el que al protagonista se le van rompiendo las letras de la máquina de escribir y tiene que escribirlas a mano. Con la de aes que hay en todos los párrafos. Así que probé, y no, la a seguía existiendo en pantalla aunque no estuviera en el teclado, y para prueba un botón:

aaaaaAAAAAA AAAAAAA AAAaaaaAAAaaaAAAA a
AAAAaaaAAAAA AaaaaaAaa AAAaaAa aaaaAAAAAAAaaa aaa aa

Y entonces pensé que a lo mejor era una señal del Destino, que quería que escribiera un cuento sin usar la letra A, como aquel que había leído hace tantos años de Jardiel Poncela. Y lo busqué por los medios habituales y resulta que el tipo no había escrito uno, sino cinco, cada uno de ellos sin usar una vocal diferente. Tela. Aquí podéis leer el cuento sin usar la e. Que uno piensa que no puede haber nadie más raro, y resulta que sí lo hay, porque Georges Perec escribió una novela policíaca en la que no aparece la letra e -y hay traducción al español sin usar la a-. En esta interesante página se pueden ver otros ejemplos de literatura que se autoimpone reglas tan difíciles de cumplir.

En fin, que yo no me voy a escribir sin usar la a. Y que le den al Destino. Ya es bastante difícil escribir como para encima atarse las manos y los pies con palindromos y lipogramas y otras palabras de origen griego. Eso sí, espero con ansia el momento en el que desaparezcan el resto de las letras de mi teclado. Tiene que ser bonito escribir un texto en un teclado inmaculadamente blanco.

lunes, febrero 26, 2007

¿Tallas sin complejos?

Como muchos ya sabréis (porque se ha hablado de ello en todos los telediarios, periódicos y demás medios de comunicación de este país y porque es un tema de moda, nunca mejor dicho) el Ministerio de Sanidad ha puesto en marcha el primer estudio antropométrico sobre la Mujer Española Con Mayúsculas. El reto es medir las hechuras de unas 8.500 féminas, elegidas aleatoriamente sobre el padrón, para saber cuál es la morfología real de la Nueva Española y las tallas más habituales. Es decir, si somos más culonas, más altas, más bajas, tenemos más o menos pecho…. El objetivo del estudio no es sólo saber cómo son realmente las féminas de este país sino, además, diseñar unas tallas prototipo homologadas que los fabricantes de moda tendrán que usar en el futuro impepinablemente.

Normalmente, yo con estas cosas soy bastante escéptica, sobre todo con el tema aleatorio y el muestreo y sus variantes. También.

Pero, date tú, que el otro día me llegó una carta del Ministerio de Sanidad a casa. ¡Había sido convocada para participar en el dichoso estudio de marras! ¡Aleatoriamente! ¡Yo!

Mi primera reacción fue hacerme la longui. Si ya de por sí soy una persona remilgada, enemiga de mostrar en público mis carnes, acomplejada de los estragos de la edad y el embarazo, desnudarme para que expertos en el tema hagan un estudio pormenorizado de mis michelines no me parecía plato de buen gusto. Pero, luego me dije: Rebeca, si todas empezamos igual no habrá estudio que valga.

Y reconozco que el estudio es necesario.

Cualquier mujer que lea estas líneas me entenderá: una 40 en Zara, un 38 en H&M, una 42 en Mango, ninguna talla que te entre ni en el tobillo en Blanco… Cualquier hombre que lea estas líneas lo entenderá también: “Ahhhhh, ¿así que era por eso que nunca acertaba con las tallas ni para atrás?” Que no, chicos, que no... si no acertáis es por otra cosa.

Así que llamé y concerté una cita.

Me presenté por la mañana a las 10, 00h en el Instituto Nacional de Consumo y un guarda de seguridad me acompañó hasta el patio del edificio donde habían colocado una carpa con un titular bien gordo que decía “Primer Estudio Antropomórfico de la Mujer Española”. Para que quedara bien claro. Allí, dos chicas muy amables y engalanadas con sendas batas de científico (supongo que para aportar seriedad al tema) me explicaron en qué consistiría la prueba. Las dos señoritas eran del Instituto de Biomecánica de Valencia, encargados del proyecto. Primero, me hicieron una encuesta con un montón de preguntas que venían a cuento (¿qué talla tienes de parte superior?, ¿y de inferior?, ¿te deprimes en las tiendas si no encuentras tu talla?, etc.) y otras que no venían a cuento (¿qué ingresos mensuales hay en tu casa?, ¿estás embarazada?... Y ¿a usted que le importa, oiga? ¿Está insinuando algo? Que esta tripa no es así de natural, que este fin de semana tuve comida familiar). Cuando terminamos la larga encuesta llegó el momento de comenzar a tomar medidas.

Y fue entonces cuando el sistema informático se cayó.

Afortunadamente para mí las revistas habían salido ese mismo martes y pude entretenerme durante los más de veinte minutos que tuve que esperar a hacerme la prueba. Veinte minutos en los que las chicas revolotearon alrededor del ordenador, tocaron cosas y pidieron que un programador del Ministerio fuese a la carpa a ayudarlas. Tanto, tanto esperé que la cita de las 10,20h llegó antes de que a mí me hubiera medido ni un centímetro de más (porque yo de lo que no tengo son centímetros de menos).

De repente, todo se arregló como quien no quiere la cosa y por fin, pude pasar al probador a ponerme el conjunto de ropa interior que me dieron. Era un short y un top, blancos de algodón. Cuando conseguí cambiarme comenzó la prueba. Primero, en el mismo probador, me pinzaron con un extraño instrumento la piel en varios sitios: en el brazo, en la cintura, en el muslo… Supuse que era para medir el grosor de mi masa cárnica. Fue justo en ese momento cuando llegó el programador que habían reclamado, y a pesar de no verle la cara, tenía una pinta de funcionario…

-Hola, han llamado a un programador, ¿no? –gritó desde la puerta muy seco. En ese mismo instante, como ya he dicho, las dos señoritas estaban muy ocupadas pinzándome las carnes así que nadie podía recibirle.
-¿Puede esperar un momento? –pidió una de ellas.
-Han dicho que era urgente.
-Será un minuto. Ahora mismo salgo.
-Creía que tenían un problema. Ya si eso vuelvo.

Y se largó.

Alucinante.

No pude verle la cara a aquellas dos señoritas, pero me imagino que pusieron los ojos en blanco y exclamaron sin hablar “¡Funcionarios!” *

Cuando terminaron de medirme el grosor corporal (por llamarlo de algún modo) me hicieron pasar a la cabina donde se hacía la prueba molona. La prueba molona, por supuesto, era aquella en la que con un rayo láser te recorría el cuerpo y tu silueta se formaba en 3D en la pantalla del ordenador. Y así ocurrió. Me colocaron en un pedestal en medio de una cabina en una postura determinada y allí me dejaron sola. Y antes me volvieron a preguntar:

-¿No estarás embarazada?
-Que yo sepa... -pero ya empecé a ponerme nerviosa con tanta pregunta de embarazo.
-No, hombre, no te preocupes, que el láser no le haría nada de daño al bebé.

Hombre, imagino que no lo iba a borrar de un plumazo y tal. Pero eso no era lo que me preocupaba a mí, lo que me preocupaban eran todas esas insinuaciones. ¿Qué pasa? ¿Me estaba insinuando que me pusiera a dieta?

-Sólo que si estás embarazada la concavidad del vientre cambia y eso...
-No, es que yo lo tengo así -bonita.

Y cerramos conversación no fuera a ser que la cosa acabase muy mal.

Unos segundos después escuché un chasquido y aquello empezó a moverse. Una delgada línea roja se dibujó en el espacio y comenzó a subir desde el suelo hasta el techo. ¿Se supone que eso era un rayo láser? Pues vaya birria. En las pelis los rayos láser tienen una pinta mucho más espeluznante. Este era como una raya de rotulador dibujada en la nada. Pero había leído que aquel rayo lo captaba todo, incluso esa bola de grasa que se aloja debajo de la cadera y que sienta tan mal. Afortunadamente, yo no tengo esa bola de grasa pero tengo mucha más grasa repartida por el resto del cuerpo. La operación se repitió unas cuantas veces más. Y ya está. Todo acabó allí. Me indicaron que me volviera a vestir y que me quedase con el conjunto de ropa interior. Fruncí el ceño extrañada. ¿Para qué quería yo esa cosa tan fea? Y entonces, me di cuenta de que en la parte superior del short venía grabado el logotipo de los diseñadores Devota y Lomba. ¡Y yo que había pensado que aquel era un conjunto de esos de usar y tirar de papel que te dan en las clínicas de estética y en las peluquerías! Y resulta que era de marca.

Ya fuera del vestuario me dieron las gracias varias veces y salí de allí pensando que, si bien no le había hecho un favor a la humanidad, si había contribuido a que en un futuro no muy lejano todas las tallas en las tiendas sean más reales, iguales y más cercanas a las mujeres de verdad.
Aunque reconozco que, por mi culpa, ahora la imagen de la Española Media responderá a una mujer más bajita, más tetona y más culona. Vamos, nada que ver con esta:



Así sería la Española Media si yo no hubiera intervenido en este estudio.

Pero ya nada puedo hacer.
Eso sí, me he enterado de que si este tema sale bien, dentro de poco harán lo mismo con los hombres. Así que, chicos, todavía estáis a tiempo de que la imagen del Español Medio Con Mayúsculas se parezca a este:

Y no a este:


En vuestras manos está.

*Que yo no tengo nada en contra de los funcionarios, ¿eh? Que el padre de una lo es y a mucha honra.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...