martes, enero 19, 2016

El secreto de las abejas, de Carlos Laredo

Había oído hablar del cabo José Souto, alias cabo Holmes, un cabo de la guardia civil destinado en la Costa de la Muerte gallega, y quería conocerlo. Ya lo he hecho y ha sido un verdadero placer. El secreto de las abejas, que me proporcionó gentilmente la editorial Sinerrata a través de Javi de Ríos, es su tercera aventura, tras El rompecabezas del cabo Holmes y La decepción del cabo Holmes.

Mi valoración a bocajarro por si no queréis leer más: está muy bien y estáis perdiendo el tiempo en haceros con un ejemplar.



Y ahora vamos a hablar de ella en detalle.

El protagonista es un cabo gallego de la guardia civil que lee muchas novelas policíacas.  Hago hincapié en esto último porque debe coincidir con el autor. Se nota la influencia, para bien, de muchos autores. Es inevitable acordarse, por la propia naturaleza del personaje, con Domingo Villar y su inspector gallego Leo Caldas, con el que el cabo Holmes comparte escenario; tenemos también a Lorenzo Silva y sus guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, con los que comparte cuerpo; y tenemos a García Pavón y su Plinio, con los que comparte el escenario del pueblo diminuto, con sus peculiaridades de pueblo diminuto.

Pero si tuviera que comparar las aventuras del cabo Holmes con algún autor sería con Andrea Camilleri (hay un momento en la novela, de hecho, en el que Holmes está leyendo una aventura de Camilleri). Con Camilleri y su Montalbano comparte el ambiente rural y sobre todo el humor socarrón que recorre sus páginas, que es quizá lo más interesante de la novela: aparte del misterio policiaco hay una retranca continua que hace su lectura realmente muy divertida.

El autor logra retratar, igual que Camilleri, un escenario muy realista en el que los personajes están vivos: personajes bien dibujados -qué importantes son los personajes, no me canso de decirlo por muy obvio que sea-, con un pulso firme, en el que hay ineptos y vagos y perfeccionistas y gente que bromea y personas que se emocionan. Todos orbitando alrededor del cabo Holmes, un hombre peculiar de ideas aparentemente peregrinas en torno al que se aglutina la narración; es tan fuerte el influjo del cabo Holmes que a su lado algunos personajes parecen más débiles. Me pregunto si no necesita el cabo Holmes un Watson que dé contrapunto al personaje y no obligue a que todo gire a su alrededor

La novela es más policíaca que negra. De ingenio más que de acción, al viejo estilo de las novelas-problema. Si el truco de la novela negra clásica para resolver un misterio es moverse mucho e ir empujando al lector para que no reflexione, en el caso de El secreto de la abejas el truco es plantear hipótesis verosímiles constantemente para impedir que el lector encuentre el descanso suficiente para saber cuál es la pista verdadera y cuál la falsa.

En esto el autor es muy hábil, casi como un trilero (aunque no hace trampas, como pide la novela policíaca ortodoxa; todas las cartas están sobre la mesa). Se le nota que disfruta (yo también) con estos juegos tan de la tía Agatha, y crea una astuta trama en torno a lo que parece un robo de un banco corriente y moliente, muy bien trabada, que se resuelve con un truco de ilusionista (lo digo como piropo).

Uno acaba la historia, que se lee muy rápidamente, con muy buen sabor de boca y con el deseo de conocer más casos del protagonista. No hay mejor prueba del éxito de una novela policíaca, puro entretenimiento en su esencia, que esta.

En resumen: muy recomendable. Seguiremos de cerca al cabo Holmes y su evolución.
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