martes, septiembre 02, 2008

Crecí en los 80

La señorita Altovoltaje se prodiga últimamente poco en la blogocosa, y bien que lo sentimos, pero de cuando en cuando nos manda perlas cultivadas como esta en la que unos tíos muy graciosos recuerdan los 80 a ritmo de canción heavy. Tronchante:



Y suelta verdades como puños, además. Estoy por decir que lo mejor de los 80 fue justificar vídeos como este veinte años después. Qué coño, ya lo he dicho.

lunes, septiembre 01, 2008

Es difícil decirlo más claro



Está justo enfrente de mi agencia y lo veo todas las mañanas. Y no hay más texto de apoyo, que yo creo que ya se entiende el mensaje. Bueno, esta frase, pero como si no existiera, que no se dice nada.

miércoles, agosto 27, 2008

Dónde me gustaría estar ahora si tuviese el talento suficiente

Estuvimos hace poco viendo Wall-E, y me llevé la conclusión de que Pixar es ahora mismo el lugar del mundo en que más talento se acumula. No ha habido película de Pixar que bajara del notable, si exceptuamos el escandaloso patinazo de Cars (pero a John Lasseter le perdonamos todo, todo, todo, y más cuando miramos este artículo sobre él en la Wikipedia en el que descubrimos que su primer trabajo en Disney fue como capitán del Crucero de la Jungla en un parque de atracciones; hay que ser muy bueno para recuperarse de eso).

No es sólo que en Pixar estén tan avanzados técnicamente que hagan palidecer a otras productoras de animación. Es que saben qué es lo que verdaderamente importa en una historia: la propia historia. Y a ella le dedican recursos y mimo. Se nota al ver una película pixariana que cada detalle del guión está pulido una y otra vez en vez de, como suele ser habitual, puesto un poco a trompicones mientras el director se ocupa de alguna cosa más importante como, por ejemplo, de si la explosión de los dos coches es en el tono de naranja que tenía pensado. Se cuidan esos delicadísimos elementos que hace que una historia nos importe o no, los personajes.

De las películas de animación siempre me ha fascinado la fe de sus creadores en su producto. Estar tres años trabajando en algo con la fe de que finalmente va a responder a tus expectativas, y sabiendo que retroceder es muy difícil, por no decir imposible, me parece admirable. Y creo que Wall-E es un caso de asombrosa fe, una película que podía fracasar de muchas maneras y que sin embargo salva todas las difcultades con una facilidad insultante. Parece una película hecha a propósito para el riesgo: es para niños (eso dicen) y se nutre del cine clásico mudo, para empezar. Es sutil y tiene una música maravillosa sacada de una película musical, y tiene un mensaje ecológico que resulta refrescante. Y técnicamente es perfecta. Y los personajes son fantásticos. Y funciona como un reloj en cada una de sus partes.

Y tiene un corto de regalo estupendástico, también mudo. Este (no sé cuánto durará colgado, aprovechen):


domingo, agosto 24, 2008

Una mente malvada en la tele

El otro día estábamos tan panchos tumbados en casa viendo la tele cuando vimos este anuncio de Control:



Muy bien. El caso es que termina el anuncio y empieza otro. Y el que empieza es, para nuestro pasmo, un anuncio de Vaginesil ("para las irritaciones vaginales, bla bla bla..."), y nos parece que el azar nos brinda momentos estupendos en la vida -por desgracia se concentra en estas chorradas en vez de en los Euromillones-. Habrá sido casualidad, claro, pero a mí me gusta pensar que en al menos una tele, uno de los tipos que montan las ruedas de anuncios se ríe de vez en cuando entre dientes recordando algo mientras sus compañeros se preguntan qué le resulta tan gracioso a ese tipo.

martes, agosto 19, 2008

Mala suerte

Hace unos años, cuando era una copy junior y mi sueldo era más junior aún, me gasté una fortuna (para mí lo era entonces) en un top de seda de Hoss. Ni que decir tiene que al día siguiente lo estrené, porque yo soy de esas que no dejan nada para mañana no vaya a ser que me pase algo y me quede con las ganas de estrenar. Y ni que decir tiene también que aquel día fui a la agencia sintiéndome la reina del lugar. Todo el mundo tuvo alguna palabra para mi nueva adquisición: que qué guapa estaba, que si había adelgazado, que me sentaba de miedo... Jo, qué día más estupendo. Lo malo es que se estropeó por la noche. Concretamente, cuando nada más empezar el capítulo de Los Serrano (estamos hablando de la segunda temporada de la serie, la torta de años ha) Verónica Sánchez salió con el mismo top. Horror. Y no es que porque no me guste esta actriz. Me encanta. Me parece simpática, cercana y sobre todo, monísima.


Verónica Sánchez o "the perfect next door girl"

Ese era el problema. A Verónica Sánchez le quedaba el top cien veces mejor que a mí. Pero, bueno, quizás nadie se daba cuenta... Claro que, la cosa se puso más chunga aún. Sí, amigos, porque veinte minutos más tarde, ¿quién salió en el mismo capítulo con el mismo top?

Arggggggg.

Elsa Pataki. La mismísima Elsa Pataki.

No, no, no y no.

¿Por qué a mi, Señor, por qué? La mujer más deseada de España. La mujer de medidas perfectas. Con esa tipa no podría competir ni aunque ella fuera enrollada en una sábana y yo llevara un vestido de Armani.


Ni yendo a Lourdes, oigan...

Tardé mucho en volver a atreverme a llevar a la oficina el maldito top. El caso es que, hace unos días, me compré un modelazo tremendo para una fiesta. Oh, era una pasada, bonito, bien cortado y original. Nadie habría visto nada igual, me dije. Por lo menos, hasta que aquella misma tarde lo sacó Patricia Conde en Sé lo que hicistéis...

En mi próxima vida me pido estar así de buena.

Estaba claro. Se trataba de una conspiración de nivel mundial para hundir mi autoestima y ya de paso, arruinar mi capacidad de compra. No había otra respuesta posible. ¿O sí? Quizás era un caso de mala suerte. De extrema mala suerte. Y es que no me extraña que la autoestima general de las mujeres ande hoy en día por los suelos. Antes no existía la televisión, ni había tanta prensa, ni tantas posibilidades de ver no sólo lo que pasa en tu propio país sino en cualquier rincón del mundo. Y tampoco existía el Photoshop ni el retoque ni los maquillajes tan trabajados. Antes, el listón no estaba tan alto porque no había mucha gente con la que compararse. Sí, en todos los pueblos había una tía buena, pero era alguien asequible, cercano y con algún que otro grano. Hoy, con las nuevas tecnologías, la cosa está muy chunga para las chicas normalitas como yo. Pero yo he decidido no rendirme. La única solución es hacerme con un fondo de armario un "pelín" más extenso y todo estará arreglado.

P.D.: Espero que los chicos encuentren algún aliciente (ejem, ejem, guiño, guiño) en este post que va de vestiditos.


domingo, agosto 17, 2008

Reírse del mal ajeno

Desde la lejana Kirguistán nos envía nuestra muy admirada Carmona dixit un vídeo que demuestra que somos todos gente muy chunga. Bueno, yo no puedo evitar reírme cada vez que lo veo:



Qué tendrán las desgracias de los demás que son tan graciosas. Y cómo se ríen los hijoputas, sobre todo ese que parece Lindo Pulgoso. Y yo con ellos, claro, es que me descojono cada vez que lo veo, no puedo negarlo. A lo mejor aguanto los primeros cinco segundos por mantener la compostura, pero luego ya voy a mandíbula batiente. La pobre chica y sus pobres tobillos de chicle, qué apuros, qué momento ese en el que parece que va a recuperar el equilibrio y lo pierde y lo recupera y lo pierde y lo recupera y lo pierde y lo recupera y lo pierde y lo recupera y lo pierde y lo recupera y lo pierde. ¿Qué estaría pensando ella en esos difíciles momentos llenos de zozobra. Aparte, claro, de: ¿y por qué llevo una regadera?

viernes, agosto 15, 2008

Tacones en la Biblioteca

Esteban Giménez Sicilia, atento lector de este blog, nos envió una imagen hace algún tiempo -tanto que igual ya no es atento, ni siquiera lector- que procedemos a incrustar aquí para su deleite, sin más prolegómenos:



El cartel, que como se entiende fácilmente estaba colocado en una biblioteca, tiene tantas cosas que comentar que parece hecho a propósito. No puede ser que alguien que vaya avitualmente a la bivlioteka cometa tantos delitos ortográficos. Digo yo. Que al final ponga el número de teléfono -por las reclamaciones- me hace pensar que estamos ante un caso de retorcida manera de ligar. Dice que a la biblioteca se va para estudiar, no para ver chicas o ser vistas, y eso es indicio más que suficiente de que el cartel es falso y avieso. Porque a lo que íbamos todos a la biblioteca era a ligar. Bueno, a ligar y a leer los tebeos de Valerián Agente Espacio Temporal. Y a rasgar las últimas treinta páginas de los libros de Ken Follet. Pero sobre todo a ligar. Con poco éxito. Pero a ligar, a ver a las mocitas madrileñas, alegres y risueñas, que fingen estudiar y se hacen así en el pelo con el dedo.

Lo sabe todo el mundo, esto. Si hasta hicieron un anuncio los de Axe/Lynx:

martes, julio 22, 2008

Espectáculos en los que el público participa

Ver algo por televisión será muy cómodo, pero no hay nada comparable a participar en el espectáculo en sí, en directo. Gracias al siempre recomendable Bar Deportes me tropiezo con esta joya del Pressing Catch, la cosa esa en la que unos forzudos con mallas (o unas macizas con idem) se dan de golpes ficticios mientras el público enloquece. Uno de los luchadores quiere usar una silla para castigar a sus oponentes y se la pide al público. Y el público se la da.



Qué gracioso es el jodío público. No sé qué es más divertido, si el tipo de la izquierda esquivando sillas y luego fingiendo el desvanecimiento, el locutor gritando Stop the chairs! Do not throw chairs to the ring! o los que están bajo las sillas que siguen el espectáculo y sacan el brazo en ese gesto tan característico de Hulk Hogan o los zombies de las películas: ¡Estoy vivo! Vídeo de la semana y puede que hasta del mes.

domingo, julio 20, 2008

Derrota

Nos ha costado casi un mes y unos días, incluyendo una reparadora semana de vacaciones, recuperarnos de la dolorosa derrota ante Ken Follet en la Feria del Libro. Porque sí, amigos, perdimos, por increíble que les pueda parecer a ustedes. Hubo más gente esperando a que Follet les firmara que esperando a que firmara Rebeca. ¿Cómo es posible? Ya, yo tampoco me hago la idea. Pero así fueron las cosas.

Llegamos al Retiro con un cuarto de hora de adelanto sobre el horario previsto. Aquello estaba ya tirando a denso, como se puede ver en la foto documental que aportamos:


Iba todo el mundo camino de la caseta 204, donde firmaba Rebeca ese libro que conocemos. ¿Todos? Sí, hasta los que aparecen de frente en la foto iban hacia la caseta 204, pero caminando hacia atrás. ¿Por qué? Eh... no estoy autorizado a decir las respuestas. Que hay gente muy rara, eso. Era gente rara. De pronto miramos a un lado y nos damos cuenta de que hay ya una fila formada, como cuando éramos jóvenes y jugábamos en el patio del colegio a imitar el Cuponazo, qué tiempos:


Nos asustamos porque yo vi que no salíamos de allí para comer, pero seguimos hacia nuestro destino y entonces, oh, sorpresa, nos encontramos con que la cola era la de Ken Follet:


A los cabrones se les había ocurrido regalar globos a los que traían su libro para ser firmado, y claro, así cualquiera. Además Follet llevaba ya su buena hora larga firmando como un campeón.


Ahí le tenemos al fondo firmando, intentando no mirar al señor del pelo aceitoso (un día tengo que hacer un estudio sobre los caracolillos de la nuca de los señores que son calvos aceitosos). Nos acercamos para ver cómo firmaba Follet y copiarle el método, que resultó ser el que sigue: 1. Tú guardas cola una hora. 2. Llegas a la carpa. 3. Un señor te quita tu libro. 4. Pasas al lado de Follet mientras él firma tu libro tras dárselo el señor. 5. Dos segundos después te vas a por tu globo.

La gente no es que estuviera muy emocionada, la verdad, y el que menos Follet, un hombre impertérrito que había alcanzado ya un ritmo estable y firmaba libros como churros. Fíjense:



Si miran bien, se puede hasta distinguir al titiritero que mueve los brazos de Follet mientras firma. Ahí ya nos dimos cuenta de que la cosa iba a estar difícil para ganar, llamadlo intuición femenina. Y eso que al llegar a la caseta nos dijeron que Rebeca también tenía promoción como la de los globos: un mazas que repartía abanicos disfrazado de escocés:


Obviamente no me dejaron a mí la elección de quién repartía los abanicos, o la cosa habría sido muy distinta. Rebeca entró en un estado de histeria que compartió con su compañera de firmas, la muy simpática Anna Casanovas, como se puede ver aquí:


Y se pusieron ambas a firmar. La cosa fue bien, esencialmente porque Rebeca se acordó de que no tenía que sacar la lengua al escribir:


Ahí está la prueba, sin sacar la lengua. Y venía gente a que firmara ("un montón de gente que no conozco de nada", como dice ella), y de pronto pareció que era posible la remontada, hasta se empezaba a oír esto:



Qué emocionante, mientras Rebeca firmaba, una, otra, pim pan pum, venga a aparecer adolescentes, eso sí, dedicándoles cinco largos minutos a cada una de ellas, porque anda que ir a que te firmen y que no te miren siquiera... (no señalo a nadie, bueno sí, qué coño, al de pelo blanco... el de los bestsellers), y subían las cifras y echamos cuentas y... Y Follet nos había ganado por goleada.

Entonces nos dimos cuenta de que la banda sonora de Rocky no era la buena, porque a Rocky le ganan en la primera película. Eso sí, en la segunda, al año siguiente, le pega una paliza a Apolo Creek. Guiño, guiño. Ya ves, Ken Follet, no te digo ná y te lo digo tó. Hasta el año que viene.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...