martes, marzo 10, 2009

Ferretería

Pese a los continuos rumores promovidos por mujeres de todo el mundo que piensan que yo soy una especie de dinamo sexual enclaustrada en el cuerpo de un dios griego, yo también tengo mis sentimientos, soy un alma sensible, tengo un poeta en el corazón (desgraciadamente los buenos poemas, como sabe cualquiera que haya escrito poemas, no se escriben con el corazón).

Viene esto a cuento de que hay pequeñas cosas que me ponen la carne de gallina.


Me pongo tierno al ver un cartel como este porque veo defectos típicos del marketing en este modesto cartel. Por ejemplo, creer que lo que es relevante para el anunciante (que esa ferretería se fundó en 1974) es relevante para el espectador. La publicidad mundial está llena de ejemplos de anunciantes que dicen cosas sobre sus productos que les resultan muy importantes a ellos y poco a los consumidores.

Y el caso es que este cartel ejerce un extraño influjo sobre mí, porque nos está contando una historia, y ya saben ustedes que no hay nada más poderoso que una historia para llamarnos la atención (excepto una noticia sobre Heidi Klum). Nos cuenta la historia de una vida, un hombre dedicado a su pequeño negocio durante 35 años. 35 años, se dice pronto, detrás de un mostrador, dispensando tornillos y tuercas y haciendo las mismas bromas sobre llaves inglesas. Para un creativo, que se agobia si no cambia de agencia en tres o cuatro años por temor a estancarse, que se aburre si siempre está trabajando para el mismo cliente, el ferretero que fundó su tienda en 1974 es un extraño especimen, incomprensible. O el último reducto de la nostalgia, a lo mejor, de una vida tranquila y aparentemente sencilla. Y me recuerda a la historia de mi viejo peluquero.

Mi padre nos llevaba a un peluquero cuando éramos pequeños. El hombre ya era viejo cuando yo era un niño. Un día dijo que se jubilaba al mes siguiente. Llevaba 54 años trabajando en aquella misma peluquería; había empezado con 17 y tras atrasar su jubilación se daba un descanso con 71. Me quedé pensando y acabé escribiéndole un relato llamado ¿Cortito como siempre, chaval?, que era lo que siempre me decía cuando me sentaba en aquel sillón viejo para cortarme el pelo, y muy pocas veces he sido tan feliz como escribiendo sobre aquel peluquero medio calvo que me conocía desde niño. Escribir sobre él era como regresar a la niñez, como acceder de nuevo a aquel reducto de nostalgia, a la mejor, a una vida tranquila y aparentemente sencilla.

Y ahora me pregunto si no haría bien en pensar, y escribir, una historia sobre un ferretero.


12 comentarios:

Tartamundos Trotamudo dijo...

A mi lo que me escama del cartel es ese "Se alquila". ¿Los negocios no se suelen traspasar? ¿Pretenderá el viejo ferretero mantener cierta relación con el nuevo ferretero? ¿Albergará esperanzas de seguir controlando la ferretería en la sombra?

Anónimo dijo...

hermoso, Txiqui, me ha tocado...y sí, escríbelo, me gustará leerlo :)

Angua

Carmona Dixit dijo...

He heredado de mi madre la querencia por las ferreterías. Aquí tendrías a otra lectora encantada.

Palomares dijo...

Tartamundos, igual alquilo yo la ferretería para averiguarlo. Iré preguntando precio.

Angua y Carmona: pues sólo tenéis que enviar un SMS con la palabra FERRETERÍA.

Por cierto que la frase: He heredado de mi madre la querencia por las ferreterías puede ser un buen inicio de relato. No sé si se me iría demasiado a Juanjo Millás.

Antonio dijo...

Y el relato, "¿Cortito como siempre, chaval?", ¿se puede leer en algún sitio?

Anónimo dijo...

Yo ya lo he leído, pero es que tengo mano, que no "meto mano"...y ya me gustaría, pero Rebeca me mata :)

Angua

al dijo...

Imagínate a los Vivancos trabajando durante 54 años para Melody.

Ricardito ëmore dijo...

Muy emotivo, Palomares. Pero en este caso no conoces al ferretero, no sera tan entrañable, pero ?por que no escribes una relato de un ferretero avinagrao, que heredo la ferreteria de su padre -que la fundo en el 74- que tras no conseguir ningun dependiente porque nadie le aguanta, alquila el local, con la intencion de seguir chupando del bote, pero al final muere en la maldita soledad que se merece, y nadie le echa de menos y ..y..
Bueno, !como duele la primavera!

yasty dijo...

La misma pregunta que Antonio: Y el relato, "¿Cortito como siempre, chaval?", ¿se puede leer en algún sitio?

Palomares dijo...

Antonio y Yasty: el relato ganó un premio, pero no sé si llegó a editarse. Haré en breve lo posible porque se pueda leer online al menos.

Ricardito: ya te digo que duele la primavera.

Al: jajajaja.

julio dijo...

La vida de un ferretero no es ni mas sencilla ni mas trankila q la de cualquiera.

Malditos creativos listillos de los cojones

Palomares dijo...

La verdad es que conozco bastantes más creativos con ataques de ansiedad que ferreteros, pero claro, yo es que ferreteros conozco muy pocos en realidad.

En cualquier caso, el asunto principal que se comparaba no era tanto la tranquilidad como la estabilidad: 35 años en el mismo sitio es algo realmente raro entre publicitarios.

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