miércoles, abril 26, 2006

Crónica de la entrega de un premio (Segunda parte)

Pasamos por medio Museo de América y recogemos a un fotógrafo de Gaceta Complutense. Yo me oriento fatal, así que a los dos minutos estoy a merced de mis acompañantes. Llegamos al sitio donde están los de Localia, que están grabando al premiado en Economía, en un patio lleno de árboles que da un buen rollo increíble, como si estuviéramos en un Parador de Turismo (interior y en un segundo piso, muy curioso).

Terminan con el de Economía y me toca a mí. Me ponen el micrófono de solapa.

-¿Te importa cerrarte la chaqueta para tapar el cable del micrófono, que queda muy feo?

“Si me abrocho la chaqueta, pareceré gordo”, pienso.

“Es que estás gordo”, dice mi conciencia, que es una puta y una exagerada. “No haberte comido el donut”.

Me abrocho la chaqueta por no seguir discutiendo con mi conciencia. El cámara me enfoca. Hay una chica al lado con unos papeles en la mano, que debe ser la redactora y la que me hará las preguntas. Pero el que habla es el cámara:

-Bueno, dinos tu nombre y a qué has venido.

-¿Cómo que a qué he venido?

-Que qué premio vas a recoger. Venga, cuando quieras.

-Ah. Me llamo José Antonio Palomares y vengo a recoger el Premio de Narrativa Joven por mi novela Me llaman Fuco Lois.

-Muy bien, hemos acabado.

Estupefacto, uso mis reflejos de pantera para decir:

-¿Te lo repito, por si acaso? –Y lo repito- Hola, soy José Antonio Palomares y vengo a recoger el Premio de Narrativa Joven por mi novela Me llaman Fuco Lois.

A la segunda el nombre de la novela me sale sin cursiva, pero no he repetido la palabra llamar. Una cosa por otra. Me reúno con el resto de premiados. Hay dos tipos: los que van trajeados, que son los premios de las categorías serias (Economía, Ciencia, Comunicación…) y los de categorías bohemias (Artes Plásticas, Narrativa), que estamos en un moderno término medio entre ir elegante e ir de mendigo. Hacemos un corrillo para mirarnos en silencio, porque no sabemos de qué hablar. De repente me he puesto nervioso, y cuando estoy nervioso es como si me hubiera tomado tres gintonics seguidos, así que aprovecho una pregunta sobre mi novela para hablar un rato a toda velocidad, encadenarlo con anécdotas de mi vida y en general poner a todos histéricos con mi verborrea. Al lado de donde estamos hay una mesa alargada con un montón de bebidas, preparadas para el cóctel que se da después de la ceremonia. Intento que me pongan algo, pero no funcionan ni el soborno ni las amenazas ni el usted no sabe quién soy yo.

Al fin bajamos al salón de actos, que está bastante lleno. Charlo un rato con mi familia.

-¿Estás nervioso?

-¿Yo? Qué va.

Empieza la ceremonia. Hay algunas caras famosas. Está el rector de la Complutense, Carlos Berzosa. Están Carmen Caffarel, Cristina del Valle, Francisco Calvo Serraller y Rosa Regàs, que formaba parte de mi jurado y es por tanto una de las responsables de que me den el premio. Soy de los últimos en salir, así que tengo tiempo para ir cociéndome en mis propios nervios. Le dan el premio al de Economía, que habla con mucha soltura. El siguiente es el de Comunicación. Luego salen los accesit de Artes Plásticas, que no pueden hablar, sólo saludar. Antes de que salga el ganador, el presidente del jurado de Artes Plásticas, Francisco Calvo Serraller, se lanza a una disquisición sobre el valor del arte actual, lo difícil de evaluar qué es bueno y qué no, se enreda y llega un momento donde no se sabe si está atacando al ganador o defendiéndolo; importa poco porque nadie parece estar atendiendo. Sólo el pobre ganador, el rostro desencajado, que lleva cinco largos minutos de discurso deseando que digan su nombre de una vez para terminar con la dolorosa tortura de la espera.

El siguiente es el premio de Solidaridad, que también tiene accésit. Es horroroso ser de los últimos, parece que no va a llegar nunca tu turno. Sale Cristina del Valle, como presidenta del jurado, y hace un discurso lisérgico sobre el capital y la generosidad y sobre el mundo cruel y algo más. Y sobre solidaridad, claro. Sale el accésit, una chica de 19 años que lleva desde los 14 cuidando discapacitados psíquicos. A esta sí la dejan hablar, pero la chica está tan emocionada que no puede: solloza e hipa y a la sala entera se le ponen los pelos de punta. Cuando consigue balbucear los agradecimientos se lleva el aplauso de la noche. Entonces interviene de nuevo Cristina del Valle y le da las gracias por llorar (sí, en serio). Luego presenta a la ganadora, que en comparación parece indiferente a todo, pero cuyo discurso es un modelo de aplomo y sensatez; el mejor de la noche hasta el momento, incluyendo a los presidentes de los jurados.

Cuando se sienta, los presentadores anuncian el siguiente premio. Un jurado compuesto por Andrés Sorel, Rosa Regàs, Almudena Grandes, Antonio Gómez Rufo, Luis Mateo Díez, Melquíades Prieto y José María Merino otorga el premio de Narrativa a ¿quién?

Sube Andrés Sorel al escenario. Me toca a mí. Ruego a Dios que haga un discurso corto.
(continuará)

15 comentarios:

Gellar dijo...

¡Date prisa, J.A.! Estoy resistiéndome a ver el vídeo hasta que lea tu epopeya en primera persona.

José Antonio Palomares dijo...

Qué autocontrol, estoy impresionado.
Ya podéis verlo sin remordimientos: la próxima anotación comenzará justamente con ese vídeo en el que Andrés Sorel habla de Me llaman Fuco Lois.

Angua dijo...

(Quosque tamdem Palomares abutere patientia nostra?)

Para cuántas sesiones te queda narrativa contemporánea con la que narrarnos el suceso? Lo digo por hacerme un timing de lectura.

Aquí estoy, sin saber aun si vocalizaste o no en tu discurso de recogida del premio.
En fin, creo que voy a imaginármelo como yo quiera :)

José Antonio Palomares dijo...

Hombre, lo de si vocalicé o no, conociéndome, yo creo que no es difícil de imaginar.
No sé si serán tres o cuatro entregas. Depende de si por quién sea poseído mientras las escriba (si es Millás, tres; si es Javier Marías, puedo estirar la entrega hasta septiembre, más o menos, hasta que sean 400 páginas). Paciencia, en cualquier caso. Ese es el mal contemporáneo, las prisas. Que estáis histéricos. Imaginaos cuando la gente esperaba un mes la siguiente entrega de las novelas de Dickens. ¡Y era Dickens, no Palomares! Por esperar un par de días no pasa nada.

alejandrojavierymonica dijo...

Pues yo también estoy esperando. Para cruzar otra vez post con mi blog. Hasta que no esté la entrega completa no te pongo. (Dudoso honor, por cierto).

Rebeca dijo...

Es una suerte ser la amancebada de este chico. Yo no tengo ni que esperar ni que luchar contra la tentación de ver el famoso vídeo (porque de hecho soy la autora del mismo, muy a pesar de la madre pelma del ganador de Ecología, que no dejaba de moverse). Por eso puedo adelantaros que el sr. Palomares se comportó como todo un profesional y consiguió balbucear su discurso con soltura sin decir nada ininteligible (no como ciertas noches cuando llega a casa, que no lo entiende ni la que lleva la torta de años viviendo con él). En fin, que la historia terminó requetebien y aquí la menda consiguió tomarse dos vinos a costa de la organización y bastantes canapeses.

Angua dijo...

Desde luego Rebeca, ese muchacho no te merece.

Espero que también grabaras el discurso del homenajeado, aunque tal como va esto lo veremos después del puente de mayo, supongo.

Y qué, además de canapés dieron dinero?

Rebeca dijo...

Pasta no repartieron y canapes tampoco mucho. Menos mal que el clan Palomares estaba a la que saltaba que si no... Desgraciadamente la memoria de nuestra cámara no dio para grabar el discurso del Txiqui, pero m´acuerdo de to y puedo hacer un resumen y un análisis sintáctico

José Antonio Palomares dijo...

Claro que sí, Rebeca, cuéntalo, total, qué más da que yo esté hasta la una de la mañana para escribir estas crónicas, no importa que me piséis los chistes, me reventéis las sorpresas, digáis que Bruce Willis estaba muerto desde el principio de la película...

¡Vaya banda de arpías y arpíos se han juntado en este blog! ¿Pero qué he hecho yo para merecer esto?

Coño, que ya sé que no os interesa, pero fingid un poquitoooo...

José Antonio Palomares dijo...

Estoy yo pensando que cualquier día de estos contáis el final de la novela y me ahuyentáis a los clientes.

¡Destripadores!

Rebeca dijo...

No te preocupes, callo ya para siempre. Sip.

José Antonio Palomares dijo...

¿Para siempre?

Ricardito ëmore dijo...

Pero... ?al final el asesino es el Palomares? Jo, estoy intrigadisimo por el final. Sobre todo porque conociendole y tal y como va el foro, este chico es capaz de escribir un final alternativo. Sugerencia: el ganador de economia sufre un aparatoso percance delante de la Cafarell, cayendosele los canapieses en su vestido cariiiiisimo y anti-consumo justo, siendo el pobre ejecutado por uno de los guardaespaldas ipso-facto, delante de las camaras, y Rebeca tuvo que salir huyendo con la unica prueba grabada, de manera que ahora se tiene que mantener escondida, huyendo de asesinos contratados y....y... esta bien, me callo.

José Antonio Palomares dijo...

Pues la Caffarel estuvo a punto de esnufrarse cuando salió a dar su discurso como presidenta del jurado de Comunicación. Y tenía guardaespaldas, que no era grande pero tenía una cara de guardaespaldas que acojonaba (básicamente, gafas de sol y ceño fruncido).

El resto es más o menos como lo has contado tú.

Otro que me destripa la sorpresa.

mariluz dijo...

Yo lo que todavía no entiendo es porqué no fui yo como profesional de lo audiovisual a grabar el video. Lo siento Rus, pero a mi lo de la memoría no me habría pasado. ¿Sólo fue la familia? ¿Nadie realmente objetivo fue testigo? ¿Cuándo acaba la entrega de la narración?
A mi Marías me gusta mucho, pero alguna vez hayque dejarle un libro sin terminar por no aguantarle más ese estilo intachable, pero soporifero. Osea, que prefiero a Millás.

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