martes, abril 10, 2007

No estaba muerto, estaba de parranda

Recordarán ustedes que ya habíamos avanzado que había novedades en el Caso del Cubo de Basura Desaparecido. Ha llegado el momento de que las conozcan. Resulta que nuestro admirado Cubo de Basura rebelde no se había escapado ni había sido represaliado, sino que estaba de juerga con una amiga, y ahora ha vuelto. Con la amiga, claro:

Sí, ella también es una rebelde. Dios los cría y ellos se juntan. Nada de los extremos se atraen, eso es una leyenda urbana. Si eres un hippie de esos de pañuelo palestino es probable que tu chica también tenga un pañuelo palestino, y si llevas náuticos tu chica lleva pendientes de perla seguro. Esta teoría basada en la observación de la realidad cotidiana podría explicar por qué yo estoy con una publicitaria que escribe novelas en lugar de con una estrella del pop de esas que enseñan el ombligo y bailan libidinosamente (eh, eh, no me estoy quejando). En fin, volvamos al tema: que pensábamos que el Cubo de Basura estaba buscando su libertad y en realidad estaba fornicando (una palabra a rescatar, a ver si la apadrina alguien). Aquí les vemos dándose un beso:


Bueno, se están dando un beso o haciendo una guerra de culos, no estoy seguro. Yo de anatomía de cubos de basura estoy pez (otra expresión que debería ser apadrinada, estar pez). Pero vamos, que hay amor, se les nota, no lo neguéis. Y donde hay amor acaba habiendo frutos del amor. Sí, en efecto:


El churumbel (insisto con lo de los apadrinamientos) aún no lleva los tatuajes familiares, pero todo se andará. O no, quién sabe, igual les sale rebelde y no quiere ser rebelde. En cualquier caso, querido Cubo de Basura: si lo querías era libertad, te lo digo con todo el cariño: la has cagado.

miércoles, abril 04, 2007

Un episodio patchwork

En las teleseries de los años ochenta había siempre un episodio en el que al padre le daba un ataque al corazón o la familia era aislada por una ventisca o pasaba una pena que ponía en grave peligro a alguien y toda la familia se reunía para recordar los momentos estelares de la temporada, en plan Qué buenos momentos hemos pasado juntos y ¿Te acuerdas aquella vez que...? Al final (cuidado, spoiler) el tipo se salvaba y ya eran todos felices como perdices.

Era un truco de los que usan los taimados guionistas para no tener que pensar chistes buenos y usar los viejos, pero a mí este tipo de episodios me gustaban, siempre he sido muy rarito. Será la nostalgia, a lo mejor. El caso es que hasta series de dibujos animados como Los Simpson han hecho unos cuantos episodios de estos, y en uno de ellos incluso se cachondean del formato, piden perdón por hacerlo y hablan de las terribles dificultades de encontrar nuevas ideas. Temporada 13, quién nos iba a decir que luego no podrían solventar esas dificultades. Aquí el vídeo y en los comentarios la letra de la canción:



Pero me desvío, como de costumbre. Todo esto venía a que nosotros también vamos a hacer un episodio de patchwork de estos, con la excusa de que hace poco que cumplimos un año desde el primer post de El sabor del cerdo agridulce. Habíamos pensado ponerme en coma y que Rebeca recordase, pero al final nos dio pereza. Y que esto es para no trabajar. Aunque oye, que también es un curro buscar algunos posts que nos sigan gustando, porque hay que ver qué de tonterías se pueden escribir en un año (casi doscientas). Y aparte que llevo ya escribiendo esto una hora y media, estoy por dejarlo para otro día. En fin, pasen y vean, recuerden aquellos alegres momentos o vívanlos por primera vez. Y si lo desean, aporten en los comentarios otros momentos dulces:

-A Rebeca le dieron un premio y fuimos a recogerlo. En las entregas de premios siempre pasan cosas, pero casi nunca tan divertidas como las que le pasaron a Rebeca, que además lo cuenta de una manera desternillante.

-Ha muerto el rey de Tonga, el rey más gordo del mundo. ¿Qué más se puede decir? Pues la verdad es que se puede decir mucho.

-A Rebeca se le ocurrió escribir un artículo sobre su experiencia haciendo anuncios de Leche Pascual, y se montó un pollo tremendo porque fue masivamente enlazado en la blogocosa.

-Las pintadas callejeras son un clásico recurrente de este blog, y seguramente esta es la primera de todas: el caso Alcalá Júdez. Bloguerismo de investigación.

-El artículo más visitado del blog, con permiso de Leche Pascual: el mejor culo del mundo. Yo hablaba de publicidad, pero Google cree que en realidad hablo de culos.

-La aventura del restaurante misterioso. Queríamos comer bien. Y hasta aquí puedo desvelar.

-Me dieron un premio de novela por Me llaman Fuco Lois. Y fui a recogerlo, claro, de manera que lo conté en tres partes, primera, segunda y desenlace.

-Rebeca hizo una exhaustiva lista de lugares donde comer croquetas en Madrid en la Ruta de la Croqueta. Tuvo segunda parte, dado el éxito. Y luego también hizo uno sobre el brunch en la capital.

-Las Ketchup tenían un grave problema: no encontraban zapatos.

-Rebeca nos cuenta lo que es cool y lo que no.

-Se puede ser moderno o un gañán. ¿Sabe usted en qué categoría está?

-¿En qué consiste la autoestima? Tal vez en no creer en cosas imposibles.

-A veces vemos anuncios con famosos en los que sabemos que son famosos porque nos dicen que son famosos.

-El bar de al lado de casa sigue teniendo clientes, por increíble que parezca.

-Grandes titulares del 20minutos: "Nos tiran espaguetis boloñesa"

-¿A qué famoso te pareces? Yo me parezco una barbaridad a Anuar Zaín.

-¿Cuál es la peor película de la historia de las películas?

Se han quedado muchas cosas sin seleccionar, pero bueno, para eso están los comentarios y la sección de Archivos. Mientras le echan un vistazo a los enlaces, nosotros nos vamos de Semana Santa. Nos vemos a la vuelta. Y a ver cómo se da la segunda entrega de El Sabor del Cerdo Agridulce: La Venganza.

martes, abril 03, 2007

Que se haga justicia. O algo.

Me envía mi hermano una foto de un cartel que no sé muy bien cómo catalogar:

No me queda claro quién es el autor ni cuál su intención. Al principio pensaba que era una protesta contra el centro HOMÓFOBO (¿por qué con mayúsculas?). Ah, un caso de discriminación, pensaba yo. Pero luego, al leer lo del cuerpo de barril, lo del rostro cual ojete de mandril -qué delicada metáfora- y lo del cuerpo deforme, pensé que no, que lo del HOMÓFOBO era una cuestión trivial, que lo que importaba era la actitud de Barril y Deforme. ¿Son ellas HOMÓFOBAS? Hago un paréntesis para destacar la escasa calidad del adjetivo HOMÓFOBO, que realmente no acaba de sonar contundente nunca, ni siquiera puesto en mayúsculas, quizá por ser demasiado nueva, quizá porque los que son HOMÓFOBOS no saben qué significa HOMÓFOBO. El caso es que enredado por el floreo del lenguaje y las insinuaciones sin decir nada claro ni concreto ya no sé qué pensar. ¿Es un homosexual acosado por Barril y Deforme ante la pasividad del centro, que ve con buenos ojos esa presión debido a sus reglas HOMÓFOBAS? ¿O es al contrario? ¿No serán Barril y Deforme homosexuales y son protegidas por el centro HOMÓFOBO debido a su homosexualidad? Que diréis: cómo va a ser protegido un homosexual por un centro HOMÓFOBO. Ya, eso es que vosotros sabéis el significado de HOMÓFOBO -qué coñazo lo de las mayúsculas, de verdad-. Que a saber qué cree que significa el tipo/tipa que lo ha escrito.

Y luego la críptica moraleja, yo creo que copiada de un libro de Jorge Bucay (ese "reflejar lo infelices" es muy sospechoso) y que es contradictoria en sí misma: si Barril y Deforme no hubieran conseguido su objetivo este cartel no existiría. Don't feed the trolls.

Pero si vas a responder, mi amplia experiencia con las pintadas ofensivas me lleva a recomendar al autor de este cartel menos poesía y más dinamismo, energía, coño, que hay que azuzar conciencias. Apunta y suelta la galleta, no te metas en filosofías zen y en aplicar los principios de Confucio. Aquí el único chino que vale es Jackie Chan, a repartir empanadas. Por ejemplo, así:

Gorda, hija de puta,
tu amiga es deforme
y sois unas resentidas.

Síntesis, brutalidad, no haberte metido conmigo. Aunque bueno, para ser una pintada de verdad debería escribirse así:

GORDA, ija de puta,
tu hamiga es defor
me y sois unas RESENTIDAS de mierda.
Los micrófonos.

Así, sí.

viernes, marzo 30, 2007

¡Aaaaaaaaaaaaaahhhh!

La culpa se la echáis a Miss Altovoltaje. Que si yo me jodo vosotros también:



Hay por ahí una delirante versión en reggaeton que está levantando polémica entre los reggaetoneros porque no les parece suficientemente pura. Pero ya con enseñaros la original yo creo que os he martirizado bastante.

Actualización: He encontrado una foto promocional de Tata Golosa donde, con notable sutileza, desvela el significado de lo de los micrófonos:

No se me ocurre nada que pueda mejorar esta foto.

Y como no hay materia sin antimateria ni acción sin reacción ni obra sin problemas, Alexis C. ha tenido la cortesía de mandarme este otro vídeo que podría ser el negativo de Los micrófonos. A lo mejor ya lo conocéis, que parece que ha rondado masivamente por la blogosfera, pero por si acaso os pongo la Oveja naranja:



No os cortéis que hay mucho que comentar.

¿No sería interesante que Tata Golosa hiciese una versión de Oveja naranja? ¿Y que las chicas del coro cantasen Los micrófonos? ¿O que se uniesen en un dueto magistral como el que cita Luisru de Encarnita Polo y Locomía (¡no es posible!) o el de Los del Río con King África?

jueves, marzo 29, 2007

Una pinta de Guinness

Antes yo tomaba bastantes Guinness, porque me gustaba el sabor y su cremosidad y porque era una forma de ser distinto al resto de los adolescentes (aunque ya no es así: el otro día leí en algún sitio que Madrid es la segunda ciudad del mundo con más bares irlandeses; que es difícil de creer, pero yo digo lo que he leído). De la Guinness lo que más molaba, aparte de ser negra y que la espuma parecía nata, es que había que seguir un rito para tirarla, no como la Mahou que se sirve de cualquier manera: ¡Manolo, ponme una caña! Y te la pone y ya está. Con la Guinness se sirve primero un poco y luego se espera y luego se sirve más y se vuelve a esperar y al cabo de un rato ya está lista, cuando tú ya te has acabado el platito de cacahuetes.

Esto del tiempo de espera es bastante coñazo, y en el fondo es un defecto de la Guinness. Así que cuando en 1998 Abbot Mead Vickers BBDO ganó la cuenta de esta cerveza decidió hacer hincapié en este defecto, para transformar esa debilidad en una ventaja. Es una estrategia de libro que sin embargo pocos anunciantes usan, a pesar de que hay múltiples ejemplos espectacularmente eficaces a lo largo de la Historia (por ejemplo, la campaña americana para vender el Volkswagen Escarabajo, Think Small, o la clasiquísima campaña de Avis, We try harder, señalando en que eran el número 2, no los líderes). Pero a lo que íbamos, que AMV decidió que el eje de la comunicación debía ser precisamente que hay que esperar para beberse una Guinness. Y se sacaron de la manga este pedazo de anuncio:



A mí me pone todavía los pelos como escarpias ese It's the waiting. Tremenda realización a cargo de Jonathan Glazer, que es uno de esos directores con los que jamás trabajaré, para mi inmenso dolor. Es perfecto el montaje, la música (y los silencios), el locutor, los efectos especiales y la idea.

Este brutal anuncio tenía un antecedente -coincidieron casi en el tiempo-, también dirigido por Glazer, y con el que creo que hace muy buena pareja:



Tuvo mucho menos éxito, publicitariamente hablando, pero a mí me gusta más, no sabría decir por qué. Me parece que tiene de todo: emoción y humor. Y está escrito que te cagas, para decirlo elegantemente. Puede que sea peor anuncio, pero a mí me llega más.

Y dos años después Guinness sacó este otro, que sin duda es inferior, pero es tan divertido que merece estar aquí:



Lo dirigió Frank Budgen (otro de esos directores, etcétera, aquí su productora), y tiene tal cantidad de detalles que aún hoy sigo descubriendo cosas nuevas. Y puedo oír la canción ochenta veces seguidas sin cansarme (es, para los que se lo pregunten, Barabaratiri, de la Orquesta de Pérez Prado y Beny Moré).

Así que ese es el truco: encontrar un concepto potente, tener ideas brillantes, soltar un chorreo de pasta y sacar anuncios de minuto y medio. Casi nada. Me pongo a ello de inmediato, pero mientras tanto, decidme: a vosotros, ¿cuál os gusta más?


miércoles, marzo 28, 2007

Internet es otro de los nombres de Satanás

A mí nunca me ha gustado mucho el tenis ni el ciclismo, excepto el Tour de Francia cuando demarraba Perico o cuando estaba Indurain, que no es que te guste sino que ver ganar a los tuyos no te resultaba aburrido, pero cuando yo era joven y tenía que presentarme a exámenes acababa tragándome unas etapas infumables del Giro de Italia o viendo un dieciseisavos de final de Roland Garrós. Cinco minutillos, me decía, y luego vuelvo. Y eran quince, claro, luego miraba la asignatura de Introducción al Derecho Publicitario y ya me quedaba a ver si el final era en sprint o en sprint. Cuando se acababa la etapa haraganeaba mirando qué había en la nevera -hay que ver qué hambre entra en época de exámenes-. O me ponía a ordenar las carpetas donde guardaba recortes de periódicos. O encontraba una palabra que no conocía o que me resultaba curiosa y la buscaba en la Enciclopedia Plaza&Janés que teníamos en casa, y una palabra llevaba a otra y acababa empleando veinticinco minutos con la enciclopedia. Por cierto que en algún momento os explicaré mi teoría de que las enciclopedias son agujeros negros. Bueno, en realidad acabo de hacerlo.

Ahora no hago exámenes, pero escribo. Y no hay Giro de Italia, pero está Google. Y siempre hay una palabra que buscar, o te surge de pronto la duda de dónde murió Magallanes. O miras a ver si has recibido correo. O a ver si a actualizado alguno de los blogs que visitas. O si ha pasado algo en el mundo. O si has recibido correo (otra vez). O miras en Statcounter a ver cuánta gente te ha visitado, y por qué. Y está Youtube, encima.

Total, que estás más tiempo haciendo pequeñas búsquedas y pequeñas pausas y resolviendo curiosidades que escribiendo. Lo noté mucho la semana pasada, en la que no tuvimos internet por el desfallecimiento del router: he escrito con una velocidad y una constancia como hacía mucho tiempo que no me pasaba. Así que voy a intentar mantener el ritmo, y trataré de ver Roland Garrós sólo a partir de las semifinales. No sé si lo lograré.


lunes, marzo 26, 2007

Aquí hay gato encerrado

Bueno, por increíble que parezca, ya tenemos de nuevo router en casita. Ya.com dijo que tardaría una semana y no, tardó sólo cuatro días: el viernes ya estaba aquí. En el paquete que nos han enviado había un router nuevo -que fui incapaz de instalar- y un adaptador nuevo para el antiguo router. Probamos con el adaptador de corriente y, ¡epa!, funciona. O sea que no era el bicho sino el cordón umbilical. A navegar de nuevo.

El caso es que a mí tanta eficacia me da mala espina. Llamadme desconfiado, pero es así. Acostumbrado a que todo salga chapuceramente o no salga, que una empresa cumpla los plazos que ella misma dice me resulta sospechoso. Mucho. El otro día, cuando llamé a ya.com y una máquina me llamó por mi nombre, también dijo que como yo era un cliente preferente me atendería en breve. Cliente preferente. Eso no lo he sido yo en la vida, amigos. Sospechoso sin duda.

Al día siguiente el Servicio de Satisfacción del Consumidor de Ya.com (o como se llame) se puso en contacto de nuevo conmigo a ver si había quedado satisfecho con el Servicio Técnico. Les dije que a falta de recibir el router, sí, estaba satisfecho. Sospechoso.

El viernes me llegó un SMS al móvil avisándome de que me iban a entregar el router en 48 horas. Qué rápido. Sospechoso.

Y cuando abrí la caja y tras una breve pelea con el router nuevo, quedó todo arreglado con el viejo, respiré de alivio. Y luego pensé que era todo muy sospechoso.

¿Que ya.com pertenezca a unos alemanes ha hecho que se comporten como alemanes? Qué raro. La otra explicación me parece más lógica: me tienen que estar tangando de lo lindo y están desesperados porque no me irrite con ellos lo más mínimo no vaya a ser que se les acabe el chollo.

viernes, marzo 23, 2007

Las grandes olvidadas

Creo que entre los 13 y los 18 años me leí aproximadamente unos 1.500 libros. Las empleadas de la biblioteca de Caja Madrid de mi barrio no sólo se conocían de memoria mi nombre de pila y mis apellidos sino que me regañaban como madres por aterrizar en su sala a las cuatro de la tarde todas las tardes de aquellos veranos calurosos (“en pleno mes de agosto, con toda la solera, te vas a poner mala, ¿adónde crees que vas?) y me limpiaron y cuidaron las heridas aquel día que me presenté con las rodillas chorreando sangre después de despeñarme camino a la biblioteca con mis patines nuevos en la cuesta del mercado. Y es que yo pasaba más tiempo en la sala de lectura que en el salita de estar de mi casa, que en la calle y que en cualquier otro sitio juntos. Vale, vale… esto puede tirar por tierra el mito que tan insistentemente ha intentado implantar el Sr. Palomares de Rebeca=mito sexual. Lo siento, amigos. De adolescente yo era un ratoncito de biblioteca y en el colegio me apodaban La Monja. Luego las cosas cambiaron y me volví una Loca Pendeja de la Noche, pero esa es otra historia que dejaré para otro post o me la callaré para siempre por que soy una madre y tengo una imagen que mantener.

En fin, que me voy por los cerros de Úbeda.

1500 libros. Ya se puede decir. Un montón. Y vosotros os preguntaréis “¿qué libros eran esos, eh, Rebeca?”, “demuéstralo si puedes”, “eh, ¿a que no puedes?”. La verdad es que no puedo demostrarlo, pero tampoco José Antonio y ahí está, yendo de ilustrado por la vida.

Los dos sufrimos experiencias paralelas, seleccionado libros de aquí y allá sin ningún criterio o guía. Algunas veces malos, otras (las más) excelentes. En aquellos cinco años leí mucha literatura española (sí, señores, he leído El Quijote enterito), mucha Agatha Christie y mucho de todo lo demás, sobre todo, esa literatura a la que se le denomina como Literatura Universal. Igual que José Antonio. Pero un día, hablando de este tema nos dimos cuenta de que él, lector voraz como nadie que yo conozca, se había saltado una parte fundamental de esa Literatura Universal. Y es que no había leído “Cumbres Borrascosas”, ni “Jane Eyre”, ni “Orgullo y Prejuicio” o “Emma” o “Mujercitas”, por poner algunos ejemplos. Es decir, no había leído ningún libro clásico escrito por una mujer. Tampoco había leído nada de George Sand o Edith Warton, por poner más ejemplos. Aquello me produjo mucha curiosidad y hablando con otra gente que leía tanto como nosotros comprobé que él no era el único. Y lo que es más, haciendo un esfuerzo memorístico, recordé que ningún libro de estas autoras formaba parte de los programas educativos que yo había seguido, a pesar de que había tenido dos profesores de literatura, Pablo y Luisa del Raimundo Lulio de Madrid, atípicos que seleccionaban material extra fuera del programa obligatorio que siempre solía destacar por su peculiaridad y salirse de lo corriente (ejemplo: en 2 de B.U.P. Pablo nos obligó a incluir “El hobbit” de J.R. Tolkien entre las lecturas obligatorias de aquel curso. ¡A ver qué profesor serio hace eso! ¡Gracias, Pablo!). Pero nunca Jane Austen, nunca las hermanas Brönte.

¿Por qué?, me pregunté.

¿Por qué eran las Grandes Olvidadas?

Sin entrar en la misoginia y en los problemas que, en general, han tenido las mujeres para acceder a la cultura, poder desarrollarse y ser valoradas en igualdad (aunque me resulta difícil no hacerlo), me resulta incomprensible que estos clásicos de la Literatura Universal se sigan considerando en el inconsciente colectivo como novelas de chicas. Vale, es cierto que eran novelas protagonizadas por mujeres en su mayor parte. Pero, ¿no lo son también Ana Karenina, Madame Bobary o La Dama de las Camelias, clásicos tan universales como las otras? ¿Por qué José Antonio sí ha leído estos tres libros y no los otros?

Así que, después de pensarlo mucho y de leer esta mañana un bonito post de la señorita Cayetana Altovoltaje que toca un tema parecido, he decidido hacer esta pregunta en voz alta para ver qué pensáis vosotros. ¿Habéis leído a estas escritoras o también las habéis olvidado? ¿Pensáis que merecen estar entre los clásicos de la Literatura Universal o que sólo son libros para chicas?








martes, marzo 20, 2007

DE MAYOR QUIERO LEER LIBROS DE NIÑOS DE BABETTE COLE

Realmente es increíble las maravillas que se pueden encontrar hoy en día en la sección de niños de cualquier librería. Nada que ver con los cuentos cursis e inocentones de antaño (aunque esos siguen estando, pero peor aún, porque ahora el final es políticamente correcto y la cestita de Caperucita no tiene miel sino alimentos bajos en grasa y sal, etc., etc.). La literatura infantil de hoy en día es todo lo contrario a la de nuestra infancia, es lo contrario de convencional, es lo contrario de inocente… y aún así, sigue siendo fresca, divertida y una importante herramienta de enseñanza para toda una generación.

Los libros de Babette Cole son una excelente muestra.

Babette Cole trabajando, lo que explica porqué sus libros son más divertidos que los de Sánchez Dragó.

Babette Cole es mi autora de libros infantiles favorita. Una escritora e ilustradora tan divertida como provocadora, poco amante de lo naif y muy amante de lo escatológico (ahora ya entendéis porque me gusta). En sus libros trata temas difíciles y hasta polémicos, sobre todo, cuando el público objetivo de estos libros es menor de los 12 años, pero Babette Cole siempre logra salir adelante con una gran dosis de humor, mucha valentía para coger al toro-tema por los cuernos y toda la naturalidad del mundo para hablar de esos temas que “otros” considerarían peliagudos (y no sólo para niños).

El primer libro de Babette Cole que entró en nuestra casa fue “El Doctor Guau y unos consejos para su salud”.



Así, a voz de pronto, parecía un libro infantil cualquiera: un perro de familia que, además, de ser mascota es médico (lo normal, vamos). Hasta aquí todo bien. Pero cuando seguimos leyendo, las cosa se puso un poquito más fuerte. Para empezar la familia protagonista, los Palomares (¡ajajá! O sea, que el libro aquel llegara a nuestra casa no fue ninguna casualidad) no eran la típica familia ejemplar de cuento sino una modestísima familia de clase baja inglesa que vivía en un adosado de esos de los que salen en Secretos y Mentiras o Billy Elliot: la madre siempre iba con bata de casa, rulos y zapatillas y al padre no había quien le sacara su cigarrito de la boca, el abuelo se pasaba el día comiendo judías y bebiendo cerveza y los niños estaban más que dejados, sobre todo, el mayor que había empezado a fumar a escondidas en el garaje (y lo que el libro no cuenta). En fin, como veréis, poco que ver con el material típico de los cuentos infantiles que conocíamos. ¿Qué digo? Era mucho más que eso. Era irreverente, provocador y contaba las cosas tal y como eran, sin finales felices o maquillados, asumiendo que los niños no son tontos y que tarde o temprano se enterarían de cómo era el mundo en realidad. Como soy partidaria de la sinceridad y de preparar a mi hija para la vida con, según mi opinión, la herramienta indispensable que es el conocimiento de la realidad, aquel libro me enganchó.

Movida por el entusiasmo, me fui corriendo a las tiendas y di con dos libros de Babette Cole más: "Mamá no me contó" y "Niños: manual del usuario (o como funcionan los niños)". El primero trataba de un montón de temas que mi madre nunca me había contado (anda, a lo mejor eso explicaba el título): la homosexualidad, el terror a que el dinero no llegue para pagar las facturas, los niños adoptados, el fracaso en los estudios, cómo se hacen los bebés… Todo contado con toda la naturalidad y dejando que, en cualquier caso, fuera el progenitor quien decidiera hasta qué punto ahondar en la información de cada uno de los temas. El segundo era un divertido manual de anatomía que explicaba de forma sucinta y divertida cómo funcionaba el cuerpo humano, aunque haciendo un distingo entre los niños buenos y los niños malos. Los niños buenos según Babette Cole tienen pulmones con los que obtienen oxígeno, los niños malos, como fuman, tienen unas cosas asquerosas de color negro que rezuman grasa apestosa. Los niños buenos comen fruta, verdura y se acaban el pescado. Los niños malos comen hamburguesas malas y fango. Muy divertido.

Seguí buscando y dos libros más no tardaron en llegar: "Pelos por todas partes" y "El libro de etiqueta de Lady Lupina": un libro que explicaba cómo los niños se transformaban en adultos por culpa de las hormonas del crecimiento (y les comenzaban a salir pelos por todas partes, granos, etc.) y un manual divertido sobre educación y buenas costumbres.


Todos en casa nos lo hemos pasado pipa leyendo estos cuentos, pero puedo decir que los mayores los que más, porque sólo nosotros hemos sido capaces de ver más allá a través de la ironía y el sentido del humor tan brutal de Babette Cole. Todavía hay docenas de libros más de ella que quiero leer: Mamá puso un huevo (que explica la concepción y el embarazo), Una niña maleducada o Lucrecia Cram domada, El libro apestoso, Todo Doble, Hurra por Ethelyn, Estirar la pata, Los animales me aterrorizan y muchos otros que sólo se pueden encontrar en inglés porque la Editorial Destino (que es la editorial que publica a la señora Cole en España) todavía no se ha puesto del todo en marcha. Libros maravillosos en los que Babette Cole explica a los niños que a “a veces, los adultos se comportan como niños de cinco años”, que algún día nos haremos viejos, o por qué las niñas de doce años comienzan a tener la regla.







Libros que espero que vosotros disfrutéis algún día a pesar de que sean libros infantiles. Solos o en compañía.

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