martes, noviembre 07, 2006

Pasaron cosas... en concreto, me pasaron cosas a mí

En mi primera (y todavía inédita) novela, “Sabrina 1-El Mundo 0”, Sabrina, la protagonista, no terminaba de salir de Málaga para meterse en Malagón, de tan desastre que era. Un personaje caótico, desordenado y enloquecido que no sólo se metía en un lío detrás de otro sino que los provocaba con su capacidad abrumadora para desatar el Apocalipsis y sus derivados. Una metepatas de pro. Un desastre andante. Una chica alocada en un mundo surrealista creado por ella misma (en la mayoría de las ocasiones).

Todas las personas que leyeron esa novela me preguntaron si Sabrina estaba inspirada en mí. Lógicamente, yo siempre respondí que no. ¿Cómo me iba a parecer yo a Sabrina si sé para qué sirve Pato WC, soy hiper-puntual, seria y responsable y tengo el armario ordenado por colores? Ni hablar. Pero de lo que no me di cuenta es que, últimamente, la que está inspirada en Sabrina soy yo.

Me explico.

XVIII Entrega de Premios Hermanos Caba de Arroyo de la Luz.

La primera vez en mi vida que gano un premio literario (fuera del instituto). El día no había empezado muy bien. Llovía a mares y salir de Madrid nos llevó tres veces lo habitual (que suele ser tres veces más de lo que debería ser). Pero al fin llegamos a Arroyo de la Luz y sólo diez minutos de paseo nos separaban del complejo-restaurante El Palacio, donde se iba a celebrar la ceremonia. Diez minutos de paseo bajo una lluvia incansable, en los que tuve la ocasión de meter tres veces mis zapatos de tacón nuevos en varios charcos. Como mujer coqueta me había vestido especialmente para la ocasión. Llevaba semanas pensando en qué ponerme para este (mi primer gran) acontecimiento literario. En resumen: que iba hecha un primor. Cuando llegamos al restaurante y se produjo el encuentro ya no me sentía tan tranquila. Los nervios de las primeras presentaciones y sobre todo, el reconocimiento… porque, efectivamente y tal y como confirmó Txiqui, al instante se dieron cuenta de que mi pareja era el ganador del premio del año pasado. Risas, bromas, alusiones al soborno del jurado, etc. Según pasaban los segundos yo me iba poniendo más y más nerviosa. Entendedme. Durante los dos últimos años he ido a numerosas entregas de premios, pero siempre me he quedado sentada en la mesa sorbiendo mi copa de vino mientras Txiqui pasaba el mal rato subiendo al escenario. Esta vez las tornas habían cambiado y me arrepentía de haberme reído de la timidez de mi media naranja. Para paliar los retortijones de mi estómago me tomé dos copas de vino en el cocktail que se sirvió. Y me vinieron estupendamente. Al momento me sentí más segura de mí misma y comencé a entrar en calor. En el momento perfecto, porque la cena estaba a punto de comenzar. La organización nos había sentado a todos los ganadores en la misma mesa, los de poesía y los de prosa, junto a sus acompañantes. Ya nos habíamos autopresentado y estábamos a punto de sentarnos cuando ocurrió…

Lo inimaginable.

Cuando fui a desabrocharme la chaqueta en vez de enseñar mi bonito vestido de seda, le enseñé a toda la concurrencia (de la mesa, afortunadamente) mi sujetador y mis medias. Horror. Como en las películas de risa cerré la chaqueta con un movimiento brusco y me volví hacia Jose blanca como la cera.

-Se ha roto el vestido, se ha roto el vestido –le susurré histérica mientras intentaba aparentar que no pasaba nada. La, la, la, la, la.

-¿Qué dices?

-Mira, mira –y disimuladamente me abrí la chaqueta para mostrarle el desaguisado a mi novio. La cremallera, casi tan larga como el vestido, estaba completamente abierta mostrando al mundo mis virtudes (que ya no son tantas con casi treinta y tres años) y una ropa interior no demasiado sexy (la que más favorece cuando estás vestida, pero menos lo hace cuando no lo estás).

-Está rota –confirmó él intentando tirar abajo o arriba o hacia cualquier lado.

-¿Cómo que está rota?

-Que está rota, se ha abierto.

Si en esos momentos alguien me hubiera puesto un Jack Daniels en la mano me lo hubiera bebido de un trago y sin respirar. Aquello se parecía sospechosamente a mi novela, olía a Sabrina por todas partes. De hecho, en uno de los capítulos más divertidos de la novela, Sabrina se mete en un lío terrible cuando una de las lentejuelas de su top se engancha en la cremallera de sus botas de caña (estaba haciendo pis en el cuarto de baño de una fiesta con clientes). Pero seguramente, si tomaba otra copa me emborracharía y aquello no sería bueno. Ya me imaginaba subiendo al escenario e improvisando un discurso completamente borracha delante del alcalde de Arroyo de la Luz, el consejero de cultura, la viceconsejera, los concejales y todos aquellos asistentes con pinta de importantes:

-… sois todos unos tíos de puta madre… y este premio es de puta madre… y mi novio es cojonudo… y mirad qué putada lo de mi vestido.

No. Beber no era la solución. El tabaco sí.

-Necesito un cigarrillo –imploré. Y este novio mío que tengo que no sólo tiene un culo perfecto sino que es perfecto salió pitando al bar a comprar a su chica un paquete de cigarrillos Marlboro Light. Yo me quedé parada como un pasmarote en medio de la sala, mirando al infinito como si estuviera pensando en cosas terriblemente profundas y filosóficas, como si el hecho de que estuviera prácticamente desnuda debajo de mi chaqueta no fuera importante. Si el resto de mis compañeros de mesa vieron algo, fueron lo bastante educados como para no decir nada. En fin, Txiqui regresó al cabo de unos minutos sin nada.

-No hay Marlboro Light.

Maldición y triple maldición. Tenía las palmas de las manos sudorosas. ¿Y drogas? ¿Tenían drogas?

-Tienen Fortuna Light, ¿servirá?

¿Fortuna? ¡Qué apropiado! Por supuesto que serviría, aunque fuera en forma de humo. El peyote también. Y el orujo. Así que mi chico volvió a bajar al bar y subió con un paquete de cigarros Fortuna Light.

-Toma, tu tabaco. Sólo hay un problema.

-¿Qué?

-Que aquí no se puede fumar –y me señaló el cartelito con la normativa. Estupendo. Ahora tendría que salir a la calle donde la lluvia seguía haciendo de las suyas a fumarme un cigarro medio desnuda. Y allá que me fui.

-Tranquila Rebeca, tranquila –me dije durante los minutos que estuve fuera aspirando el cigarro ansiosamente-. Respira, respira.

Respiré el humo del tabaco y me volví a subir.

La cena transcurrió sin más contratiempos que una copa de vino derramada (casi encima de mi vestido), el calor agobiándome bajo mi chaqueta de pana (que me tomara otras dos copas de vino más y que sirvieran asado tampoco contribuyó mucho), el cuarteto de cámara (¿el mismo del año pasado?) tocando a un volumen considerable al que todos éramos ajenos y un par de visitas desesperadas al cuarto de baño para intentar bajar la cremallera (infructuosamente) y fumarme un cigarro.

Con los postres llegó la entrega de premios en sí misma: primero los dos premios de poesía y luego los dos premios de narración. Podéis imaginar mi situación a estas alturas. Cuando salió Manuel Luque Tapia, el escritor cordobés merecedor del primer premio, y nombraron la ristra de premios y obras que ya poseía me sentí más pequeñita aún. Como en el anuncio que hay ahora del Metro de Madrid en la tele. Y en ese momento, anunciaron mi nombre…

José Antonio Díaz, director de la Universidad Popular, leyó en voz alta mi presentación. Nunca antes tan poco había parecido algo (muchas gracias, de verdad, José Antonio). Hice de tripas corazón, me levanté, crucé la sala y recibí mi premio sin perder la sonrisa, a sabiendas de que en cualquier momento se podía desencadenar El Desastre. Por mi mente pasaron todo tipo de imágenes catastróficas: yo tropezándome y estampándome, yo con el vestido por los tobillos o peor aún, que en alguna de mis visitas al cuarto de baño me lo hubiera remetido por entre las medias y fuera enseñando las posaderas por toda la sala.

Afortunadamente para mí, nada de eso pasó. Y tampoco tuve que dar un discurso. La organización lo había controlado todo para que fuera Manuel Luque quien hablara en nombre de los dos. Gracias, gracias, gracias. Recogí el premio, posé para unas fotos y volví hacia mi sitio como si nada terrible me pasara. He aquí el testimonio audiovisual del asunto:



El resto fue bastante más tranquilo. Fotos por aquí, fotos por allá, agradecimientos, más discursos. Y, al cabo de un buen rato, la despedida. La vuelta al coche no fue mucho mejor. Seguía lloviendo sin parar y si anteriormente no nos habíamos mojado lo suficiente, esta vez lo conseguimos con toda la seguridad. Durante el trayecto de vuelta a Cáceres sentí ganas de llorar, pero acabamos riéndonos como locos. ¿Podía ser más surrealista la situación? ¿Podía ser más divertido ahora que ya había terminado?

Por supuesto que podía.

Cuando aquella noche me quité el vestido (por la cabeza, porque no pudimos desabrocharlo) descubrimos que me había pasado toda la ceremonia con un manchurrón de arriba abajo.
Conclusión: si algún día me dan El Planeta me compraré tres o cuatro conjuntos. Por si acaso.

24 comentarios:

José Antonio Palomares dijo...

Juro que es todo verdad.

Especialmente la parte que habla de lo estupendo que soy y de mi fabuloso culo.

Me he reído leyéndolo, y eso que yo ya lo viví el sábado.

kali dijo...

Yo también me he reído. el testimonio audiovisual no está a la altura de la novela (como tantas veces). Discrepo en lo que Txiqui agradece (y tengo testimonios de ello). Qué pena no estar allí para acompañarte al servicio a hacerme pis encima de risa viendo el roto... ¿Cuándo nos podemos leer la novela?

Rebeca Rus dijo...

El relato ganador "La heladería del Sr. Matorelli" es mucho más divertido que lo que vivimos el sábado. No estoy segura, pero me parece que no será publicado. De todas formas, os informaré en breve.

La verdad es que se os echó de menos. La próxima vez que vayamos a una historia de esta preguntaremos si podemos llevar a diez o veinte amigos para echarnos unas risas. Además, estoy segura de que Kali me hubiera echado una mano fructuosa con la cremallera, porque es una chica de lo más apañada.

Rebeca Rus dijo...

El relato ganador "La heladería del Sr. Matorelli" es mucho más divertido que lo que vivimos el sábado. No estoy segura, pero me parece que no será publicado. De todas formas, os informaré en breve.

La verdad es que se os echó de menos. La próxima vez que vayamos a una historia de esta preguntaremos si podemos llevar a diez o veinte amigos para echarnos unas risas. Además, estoy segura de que Kali me hubiera echado una mano fructuosa con la cremallera, porque es una chica de lo más apañada.

kali dijo...

Pues vas a tener que enviar un adjunto con lo de Martorell. Sólo si quieres que te hagamos la ola.

¿Dónde están todos esos que te pedían otros días la crónica del suceso? Espero que comiendo.

Yo era apañada antes, ahora veo una cremallera rota y me pongo a correr.

Ricardito ëmore dijo...

O_O

wow!

bueno, al menos tuvo final feliz.

Crónicas de Sepelaci dijo...

Odio los concursos donde no se publica el relato ganador.

En Onda tenemos uno, y no creas que hay una participación masiva...

Seguro que lo ganabais.

Un saludín

Alex dijo...

Grande, muy grande el post, jeje. Un momento muy "a lo Bridget Jones" ;-)

El cuarteto debe tener abono, o es el primo del dueño del restaurante.

Por cierto...¿alguien preguntó por la salud de los viejecitos de la anterior edición, los que pidieron que bajaran el volumen?.

Saludos.

Tartamundos Trotamudo dijo...

jajajaja...

Muy divertido el post. Lo bueno de pasar esos malos ratos es reírte luego contándolos...

Por cierto, Rebeca, al señor que te hace la semblanza se le olvidó mencionar lo de tus croquetas ;-)

José Antonio Palomares dijo...

Víctor, te ha faltado un guiño en el mensaje. Ahora lo ganamos el año que viene y ya tenemos el lio montado.

Álex, no preguntamos por Pérez Casaux, pero de vez en cuando gana algún premio y sale en los papeles. 76 años tiene, por cierto, lo he mirado.

Alex dijo...

Siempre digo que, aunque el cuerpo y la edad no acompañe, es una bendición que si lo haga la cabeza. Estar activo a los 76 es un ejemplo. ¡El cuarteto no acabó con el!.

A todo esto, felicidades a la premiada. ¡Croquetas para todos!

javier dijo...

Enhorabuena Rebeca!

Ahora te quedan sólo chopocientos para coger a Jóse en premios. Aunque sólo por lo poco que se ve en el vídeo, a Jóse le queda un trecho a un más largo en ir tan guapa a recoger los premios como tú (aunque nunca se sabe, lo mismo le quedan bien las faldas, con ese culo).

César desde el Canal dijo...

REBECA, WE LOVE YOU!!!!

Rebeca Rus dijo...

Espero César que eso signifique que te has reído como un loco allá, allende los mares. Sólo espero que si algún día pillo a Jose en los chopocientos premios esos a los que hace referencia Javi no me vuelva a pasar esto

Anónimo dijo...

Al menos te percataste de que el vestido estaba roto antes de salir. Parece difícil, pero siempre puede empeorar todo... que Alcalá Júdez te lo robara sin que tú te enteraras y dar el espectáculo.

Enhorabuena de nuevo.

Carmona Dixit.

Anónimo dijo...

Al menos te percataste de que el vestido estaba roto antes de salir. Parece difícil, pero siempre puede empeorar todo... que Alcalá Júdez te lo robara sin que tú te enteraras y dar el espectáculo.

Enhorabuena de nuevo.

Carmona Dixit.

Anónimo dijo...

¡¡Pero qué clase!! ¡¡Así se recoge un premio!! No se nota nada nada lo del vestido. Qué elegancia, qué temple. Es el tipo de cosa que me pasaría a mi, que soy sabrinítica perdía. Como muestra un button: final de una clase de español a americanitos de primer año de college. Recojo los bártulos para irme, algo se me cae, me agacho y... ¡¡¡raaaaassssssss!!! desgarrón estratégico del vaquero (combinación de factor anitabregón -tres tallas menos- y americanwayoflife -tres kilos más-) por la parte más interesante y no pregunten qué tipo de ropa interior llevaba. La pesadilla de toda teaching assistant.
...me salvó la chaqueta, fiuuu. Y nada, haciendo como que no había pasado nada. Lala la laaaa.

Ricardito ëmore dijo...

??no llevabas ropa interior!! :D

Attila dijo...

Pues nada, que yo tb. me he reído, como con casi todos vuestros posts y que ¡Enhorabuena y Muchas Felicidades a la premiada!
Suerte y que nos dejes leer la novela pronto :-D

Anónimo dijo...

je, je

BEATRIZ dijo...

Pero, tía, ¿cómo es posible que me entere de que te han dado un premio por el blog?...ENHORABUENA!!!! Y por lo de Sabrina no te preocupes, todos llevamos un poco de tus personajes dentro, unos más y otros menos (Candela dixit).

danirus dijo...

Rebeca ¡Enhorabuena!

Le voy a pasar a Inma el enlace a esta historia, se lo va a pasar teta leyéndola. ¿Qué habría sido de la entrega de premios sin el suceso del vestido?

Espero que nos veamos en Navidades, un beso

Cat dijo...

Me he reído a más no poder con lo que te pasó pero son gajes del oficio jajjajajajaj y menos mal que no llegaste a quitarte la chaqueta del todo.
A mí si que me ha pasado lo de engancharme la falda o el vestido por las posaderas e ir enseñando...no los pantis sino la faja jajajajajjaja así que piensa que no eres la única. Besos y enhorabuena por el premio, una lástima que no te publiquen.

Palomares dijo...

Cat, fíjate en la fecha del artículo! Desde entonces Rebeca ha publicado no solo la novela de la que habla en el texto, Sabrina 1 El mundo 0, sino cuatro más. De hecho hace una semana salió a la venta Ginebra para dos, su quinta novela. Búscalas, porque si te has reído con este artículo te reirás más con las novelas,

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...