jueves, julio 13, 2006

El tocón del pájaro del obispo


¿Qué diablos es “el tocón del pájaro del obispo”? En el fondo, no es más que una inútil atrocidad decorativa victoriana que desencadena una de las novelas de ciencia ficción más divertidas (y atípicas) que he leído en toda mi vida.

Pero eso no es extraño en Connie Willis.

Por algo es una de las pocas escritoras que sabe combinar el humor y una temática desenfadada con elaboradísimas teorías del caos, viajes en el tiempo tremendamente documentados y toda la complejidad que suele acompañar al género de la ciencia ficción.

Como ya es usual Connie Willis aterrizó en mi vida de la mano del Sr. José Antonio Palomares y, desde entonces, soy adicta. Además, no es solo una de las mejores escritoras de ciencia ficción de los últimos años porque yo lo diga. También ha ganado 8 Premios Hugo, 6 Nebula, el John W. Campbell y 9 premios Locus (el que otorgan los lectores) que lo confirman. Aún no he leído todo lo que ha publicado , pero ahí va una breve reseña sobre los libros que he devorado…

El Libro del Día del Juicio Final: El último que he leído, el mejor y el más premiado de la norteamericana (en el año 1992 esta novela ganó todos los premios habidos y por haber). En él, Willis desarrolla a fondo sus teorías sobre los viajes en el tiempo y presenta a esos maravillosos personajes que son los historiadores del futuro, temas que ya había tocado algo en su primer relato corto “Servicio de Vigilancia”. Es el año 2057 y en la Universidad de Oxford un equipo de historiadores ha descubierto la manera de viajar en el tiempo para estudiar épocas pasadas. Kivrin, una joven estudiante, se ofrece voluntaria para viajar al periodo más mortífero de la historia de la humanidad: la Edad Media. Pero un terrible error provoca que Kivrin quede atrapada en el momento equivocado, en el peor sitio en el que un ser humano podría estar. Empecé esta novela un día en el Metro de Madrid y me olvidé de las miserias que me rodeaban. Las miserias de la Edad Media sí que eran miserias de verdad y Connie Willis abre una ventana a esta época tan bien recreada que casi puedes verlo con tus propios ojos. La obra de ciencia ficción más conmovedora que he leído en mi vida.

Remake y otras historias: En el Hollywood del futuro Humphrey Bogart y Marilyn Monroe están actuando juntos en “Ha nacido una estrella”, los cigarros han desaparecido de todas las películas clásicas y si no te gusta el final de la historia, puedes cambiarlo a tu antojo. Así empieza la novela corta que da título a esta pequeña antología de relatos. Imaginación a más no poder, teorías descabelladas sobre como será el mundo en unos años y personajes reales. Muy bien.

Por no mencionar al perro: Premio Hugo y Premio Locus. Una vez más, los historiadores del siglo XXI de la Universidad de Oxford viven una aventura, esta vez, mucho más divertida y banal, en la época victoriana. ¿El motivo de tanto viaje? Satisfacer la obsesión de una ricachona americana por reproducir hasta el último detalle de la catedral de Coventry destruida por los nazis. Y el último detalle es una cosa llamada “el tocón del pájaro del obispo”, un objeto decorativo absurdo que volverá loco al protagonista de la novela y que provocará todo tipo de situaciones más absurdas aún, saltos en el tiempo a tutiplén y que pondrá en peligro el curso de la historia. “Por no mencionar al perro” fue la primera novela que leí de Connie Willis (sí, aquella que puso en mis manos el Sr. Palomares) y sigue siendo mi favorita por su ritmo frenético, su protagonista estresado de tanto ir y venir del pasado y todos sus estrambóticos personajes: dos profesores universitarios obsesionados por la pesca, un mayordomo culto, una reina del espíritismo, lánguidas damas que en el fondo no lo son, etc.
Seguro que “El libro del Día del Juicio Final” es mejor novela, pero si queréis pasar un buen rato ésta debería ser vuestra elección.

Tránsito: Premio Locus 2002. Una psicóloga especializada en ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) comienza a colaborar con un neurólogo, lo que le permitirá simular clínicamente este tipo de experiencias con el uso de drogas psicoactivas. Sin embargo, todos los sujetos del experimento comienzan a ver cosas completamente distintas a lo esperado. Sí, está la famosa luz al final del túnel de la que todos hemos oído hablar, pero no tiene nada, pero nada que ver con lo que imagináis. Tras una serie de intentos fallidos, la doctora decide someterse ella misma al experimento y descubrir qué se esconde detrás de las ECM en persona. Aunque debo reconocer que hubo cosas de esta novela que me decepcionaron bastante, no dejéis de leerla porque la portentosa imaginación de Willis lleva a elaborar una teoría tan bizarra como fascinante sobre las ECM. Engancha desde el principio.

Los sueños de Lincoln: Interesante, pero en mi opinión, la peor de todas. Quizás porque es la primera novela de Connie Willis y eso se nota. Una joven americana experimenta extraños sueños que le hacen vivir en persona acontecimientos de la terrible Guerra de Secesión Americana. Realista y también exhaustiva en cuanto a la documentación, la novela tiene un aire tétrico y agobiante. Os gustará si estáis interesados en ese periodo histórico.

Libros que no he leído pero que estoy deseando leer:

Servicio de vigiliancia: El primer relato corto famoso de la Willis y en el que ya recurre a su obsesión por los historiadores que viajan en el tiempo. Uno de ellos viaja a la época del bombardeo de Londres durante la Segunda Guerra Mundial para acabar mezclado en el intento de salvar la catedral, durante el cual conocerá bastante más de sí mismo que de la historia que pretendía estudiar.

Oveja Mansa: La vida de una investigadora se va a ver complicada por culpa del objeto mismo que estudia, a encontrar extraños compañeros de viaje; especialmente, y por este orden: una descerebrada secretaria que crea el caos por donde quiera que va, un matemático que estudia el caos y consigue que éste se le presente en la puerta, un montón de jefes ineptos, un rebaño de ovejas y... un hada madrina (hablando de subvenciones). La pregunta que intriga a nuestra protagonista es uno de los misterios más grandes de las culturas y sociedades humanas: ¿cómo demonios se originan las modas? ¿De donde salen esas modas efímeras sociales y/o estéticas? La búsqueda de la respuesta llevara nuestros protagonistas investigadores a crear un par de deliciosas situaciones de enredo cómico y romántico, a un modelo teórico matemático acerca de cómo funcionan determinados sistemas y a ver como se expanden algunas de las modas más irritantes que haya visto nadie... porque, por supuesto, la respuesta a la pregunta que se hacen estaba bajo sus narices todo el tiempo.

En fin, que mi entusiasmo con Connie Willis y su obra es evidente. Espero habéroslo contagiado un poquito y que os animéis con alguno de sus libros porque es una autora recomendable incluso para aquellos a los que no le guste la ciencia ficción.

17 comentarios:

José Antonio Palomares dijo...

Lo que mola de Connie Willis es que parece que estás viendo una comedia de Howard Hawks.

De acuerdo con todo excepto con Tránsito, que a mí me pareció mala. Y encima tiene 800 páginas.

Rebeca Rus dijo...

¿Te leíste tú "Los sueños de Lincoln"? No recuerdo que lo hicieras. ¿Qué opinas de ella?

José Antonio Palomares dijo...

Me pareció una comedia romántica simpática pero sin la sustancia de otras. Un poco torpe en algún momento, y quizá un poco caprichosa. Pero muy entretenida, eso sí, esta mujer crea personajes que te importan con una facilidad insultante.
Es raro que no hayan hecho ninguna película de sus obras, estoy seguro de que serían un taquillazo.

Rebeca Rus dijo...

Sí, es bastante curioso que no se hayan aprovechado de los libros de Willis para hacer películas, dada la escasez de ideas que hay últimamente en Hollywood. Quizás están esperando a que se acaben los superhéroes...
No recuerdo "Los sueños de Lincoln" como comedia romántica simpática. A mí no me pareció que tuviera algo de comedia y menos de simpático. Pero, quizás, me pillo en una racha sombría.

Angua dijo...

Vosotros en casa no habláis?

José Antonio Palomares dijo...

En casa, como es obvio, hacemos otras cosas. La crítica literaria la dejamos para este rincón.

Los sueños de Lincoln es una comedia triste; con lo de simpática no me refería a que fuera pizpireta, sino a que caía bien, que provocaba empatía. Tampoco es que sea precisamente sombría, igual porque el tema está tratado con ligereza -no superficial, sino ligero en el sentido de ágil.

Ricardito ëmore dijo...

jijijiij. Aqui hay que andarse con pies de plomo al escribir!!! O_O

Bueno, pues otra mas para...?La proxima vida?? A este paso, se me acumulan tantos libros que ni para cuando me jubile, pero nunca se sabe.

Anónimo dijo...

Antesdeayer Rebecca matizando que hablaba de un 27%. Ayer tú matizando qué entiendes por "simpático" en una novela. Aunque las palabras nunca significan lo mismo para todos...¿nos encontramos frente a un ejemplo de falta de comprensión, de falta de concreción, o de supicacia?
-je,je-
¡Las palabras pesan más que las piedras!
César.

José Antonio Palomares dijo...

De incapacidad de los otros. Como decía Humpty Dumpty: "Las palabras significan sólo lo que yo quiero que signifiquen"

Anónimo dijo...

Se supone que el lenguaje es para comunicarse no sólo con uno mismo, sino con los demás. Así que hay un grado de homogeneidad en lo que significan las palabras, y otro de incertidumbre, por los matices personales en su significación...
(¡Dios, esto es de la facultad, en la que nos obligan a estudiar de todo menos lo que deberíamos!).
I do not agree with Humpty Dumpty, que así acabó el pobre, cascado... Pero pido sinceras disculpas si he ofendido: no era mi intención.
Buen viernes!
Viva San Fermín!
Gora San Fermín!
César.

José Antonio Palomares dijo...

Claro, pero las enseñanzas de Humpty Dumpty, ese colosal filósofo, nos muestran que en el momento en que salen de mi boca el significado de lo que pronuncio es el que yo deseo. Luego las condiciones ambientales, la impericia del oyente, su idiosincrasia, sea lo que sea esa palabra, los prejuicios, etcétera, modifican el significado alejándolo de la intención del emisor, oh, pobre emisor.
Años más tarde llegaría Noam Chomsky y diría que todo es mentira, pero es que Noam Chomsky es un envidioso.

Anónimo dijo...

Ya empezó Freud, pero le siguieron Chomsky, Mcluhan y Levy Strauss: el lenguaje es cualquier cosa menos inocente.
¡O sea, culpable de todo!
¿Será por eso que se cascó Humpty Dumpty? ¿El único al que no declaró culpable la Reina de Corazones?
:-)

José Antonio Palomares dijo...

En realidad la culpa de todo la tiene Yoko Ono.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Aspasia Swanson dijo...

Me encnta Willis. No he leido todo, y estoy de acuerdo en que Tránsito es un tanto filfa. Eso sí: ¡leed Oveja mansa! Es divertidídima, es una obra menor pero redonda.

José Antonio Palomares dijo...

Justamente estoy leyéndolo ahora. Llevo ochenta páginas y de momento muy bien.

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