jueves, julio 20, 2006

Ni chicha ni limoná


Nada más terminar La máscara de Ripley comencé a leer Mensajero del futuro, horrible nombre tras el que se esconde The Postman, una novela de ciencia ficción pos-apocalíptica de David Brin -me temo que la lectura tan reciente de la Highsmith no benefició en absoluto al pobre Brin-.

De Brin no había leído nada hasta que me encontré de saldo un montón de libros de la colección Nova de Ediciones B. como soy un tipo incapaz de decir no a una oferta de libros -o a una oferta femenina, pero eso es otra historia-, compré, además de otros muchos, tres suyos. Viva el riesgo y las compras a ciegas o al peso -que por cierto, el otro día vi que el Carrefour se pueden comprar libros por kilos, literalmente-. Me hice, pues, con Gente de barro, que es una inteligente y entretenida mezcla de ciencia ficción y novela negra clásica, y juega con la idea de unos clones especializados y desechables, lo que sirve al autor, además de para construir una trama detectivesca ligera, para reflexionar sobre la existencia; con Mensajero del futuro; y con Arrecife brillante, que tengo sin leer, pendiente junto a varias docenas de libros más.

Mensajero del futuro comienza bien: en un futuro postapocalíptico en el que el Estado ha desaparecido y los pocos supervivientes se dedican a eso, a sobrevivir, un hombre encuentra un uniforme de cartero y lo usa para conseguir comida y techo en un pueblo cercano: inventa una historia en la que él es el representante postal de unos Nuevos Estados Unidos en misión oficial. La gente cree en él y lo toma como muestra de la autoridad -quizá debiera escribir Autoridad- y de pronto la sociedad empeza a construirse en torno a él, que es el símbolo del orden, de la estabilidad. O en torno a una mentira, más bien, puesto que esos Nuevos Estados Unidos no existen en realidad. Sin embargo el cartero empieza a sentirse obligado por su mentira, y comienza a actuar y a tomar responsabilidad en el desarrollo de esa nueva sociedad.

Pintaba bien; podría haber sido un análisis certero de por qué creemos en las autoridades, o cuál es el fundamento que nos lleva a seguir a los símbolos, o cómo se estructura una sociedad en torno a hechos falsos si la gente cree en ellos ciegamente. Pero no es nada de eso. El muy prometedor comienzo se desinfla y se desaprovecha por completo, y da pie a una aventura del montón en el que aparecen soldados modificados genéticamente, mensajes confusos y mucho envoltorio para contar poca cosa. Una lástima porque ni siquiera como aventura sin más acaba de funcionar: el personaje del cartero está casi sin desbrozar, como si el autor hubiera perdido interés en él, y llega un momento en que sus aventuras y los intentos de Brin de justificar las acciones del protagonista resultan muy poco creíbles.

12 comentarios:

Rebeca Rus dijo...

Jo, y para añadir críticas al tema deberíamos mencionar también que el ínclito Kevin Costner eligió esta novela para hacer una pinícula para lucir palmito (arggggg, qué palmito, qué asquito)

José Antonio Palomares dijo...

Bueno, pero eso no sería culpa de David Brin, él se limitaría a cobrar el cheque. Además no he visto a película, así que no puedo decir que sea horrorosa.
Bueh, sí que puedo, anda que no lo he hecho veces.

César dijo...

Hay que volver a los "nuevos clásicos" que desmontan los entresijos más profundos del orden social: disfruté enormemente cuando leí "el señor de las moscas" y "la costa de los mosquitos".
Me contáis, pls!

José Antonio Palomares dijo...

Sí, El señor de las moscas es una obra brutal que me impresionó mucho cunado la leí. Me pregunto qué efeccto produciría en mí ahora.
La costa de los mosquitos, en cambio, me aburrió, creo recordar. Fue hace mucho tiempo, así que igual no estaba yo en la edad, o en elmomento, y debreía darle una segunda oportunidad. ¿Se la doy?

José Antonio Palomares dijo...

Bueno, qué de erratas se me han colado.
Si es que estoy dormido.

césar dijo...

Antes de volver a La Costa..., dale una oportunidad a Sorgo Rojo, y me cuentas!
;-)

Buen fin de semana a todos.

Andreu dijo...

Moscas? Mosquitos? Muy veraniegos y/o insectívoros os veo. ¿Qué tal "El día de la langosta" "Cuando ruge la marabunta", "Avispas en mi corazón", "Mariquitas al poder"?

José Antonio Palomares dijo...

En realidad nosotros estamos últimamente más bien centrados en retratos de la sociedad tan duros como "La cigarra y la hormiga".

Anónimo dijo...

Lo que pasa es que con tanto email, ya no sabéis apreciar el servicio postal de toda la vida.
Veréis, yo escribo este comentario (y otros) a mano, con bolígrafo y papel Galgo, y luego lo tecleo. Para mantenerme puro. Como el agua Dasani, O mejor, incluso.

Anónimo dijo...

Ay, que bonitooooo, de mis años escolares... la cigale ayant chanté tout l'eté, se trouva fort deporvue quan la bise fut venue, elle alla a crier famine chez la fourmie sa voisine n'ayant pas un petit morceau de mouche (la mosca again!) ou de vermiceau... hasta ahí me sé. Que yo me eduqué aún en los tiempos del francés lengua internacional de la escuela hispánica... Pero es como lo del himno a las croquetas, que mi cultura poética es tan fragmentaria como mi cuenta corriente despues del pago a Haciendasomostodos y a pesar de la paga del 18 de julio...

Anónimo dijo...
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