lunes, mayo 08, 2006

Los límites de Google

Parece que el momento en que la biblioteca infinita imaginada por Borges, una biblioteca que contenga todos los libros posibles, está cada día más cercano. Google nos facilita el acceso a la biblioteca infinita; en décimas de segundo podemos acceder a cualquier libro de esa biblioteca y al conocimiento que contiene. Lo malo es que la biblioteca aún está en construcción. Y es más, muchos libros no sólo no están escritos, sino que no se van a escribir jamás.

Confiamos en Google ciegamente; yo hace años que no uso una enciclopedia; si tenemos dudas sobre cómo se escribe una palabra, la googleamos; si queremos saber más sobre un escritor, lo googleamos: y luego pasamos de link en link por medio mundo para aprender nuevas cosas sobre él. Interconexión de fuentes, vastísima información, inmediatez en la respuesta. No puede negarse que tiene muchas ventajas.

El gran peligro es que lo que no está en Google no existe. Y apenas somos conscientes de ese peligro porque asumimos que en Google está todo. Pues no, no está todo. Y lo que está hay que ponerlo en cuarentena, porque tal vez no proceda de una fuente fiable.

Por ejemplo: Margarita Cuesta Pamies. Ya ha aparecido en este blog: aquí. El caso es que no encontré nada sobre ella cuando escribía la entrada de El mundo perdido. Luego, picado por la curiosidad, refiné la búsqueda; tampoco gran cosa: este cuadro de 1976 (el trabajo para El mundo perdido es más sofisticado que este ejemplo).


Abandoné. Pero unos días después alguien entró en este blog así: buscando Margarita Cuesta Pamies en Google. Y, sorprendentemente, teniendo en cuenta que este blog tenía poco más de dos semanas, esta página estaba en el cuarto puesto de resultados (ahora es el tercer resultado). De pronto El sabor del cerdo agridulce es una referencia mundial sobre Margarita Cuesta Pamies. Sin saber nada de ella. Podría inventarme una historia sobre Cuesta Pamies y, vista la escasez de conocimientos sobre ella, imagino que acabaría repitiéndose por esas páginas de dios a poco que contase la mentira con un poco de aplomo.

La biblioteca infinita, en fin, puede estar compuesta a partes iguales de libros repetidos y falsos libros. En resumen: guardaos de los idus de marzo. Cave canem. ¡Cuidadín!

Oximorón final: hagan apuestas. ¿Cuántas veces he usado Google para escribir esta entrada?

4 comentarios:

Ricardito ëmore dijo...

Ni idea sobre la ultima pregunta. De cero a infinito seguro.

con respecto a lo de Google y la busqueda de informacion... completamente de acuerdo, pero, para romper una lanza en su favor o en contra de metodos alternativos... ?porque confiar en los libros, enciclopedias o articulos de periodicos? Cualquiera que tirase de Alfonso Ussia, Jimenez de Parga o Vizcaino Casas (vale, mezclo churras con merinas, pero todos son ovejas) creeria que en la epoca de mis padres, en España se vivia de puta madre . Y Jose Maria Aznar podria ser un estadista de la talla de Richelieu (tenia una "u", pero no me acuerdo donde se ponia :P). La historia y las noticias se cuentan como se cuentan. Como la forma de escribir. Dentro de poco, el efecto "almondigas" (esto es, que una palabra sera pronunciada como el pueblo lo haga y no como debe)se extendera a todo el vocabulario, afectado por el sistema "sms", "chats" "blogs" etc.

Es mas, recuerdo que hace poco a un escritor/medico o lo que sea suizo le metieron en la carcel porque habia negado la existencia del genocidio judio por los nazis.

Al fin y al cabo...cada uno cuenta lo que le da la gana (si le publican)

P.D. Oximorron....?Tiene que ver eso algo con el pimiento? Porque no tengo ni idea de que es.

José Antonio Palomares dijo...

Oximorón: búscalo en Google.

En efecto, el sistema antiguo de recopilación y búsqueda de información adolece de los mismos defectos: la fiabilidad de las fuentes y la imposibilidad de recoger TODO el conocimiento; hay una selección inevitable por parte del recopilador. Sin duda es además más lento y menos libre: yo no puedo acceder fácilmente a los conocimientos que sobre el somormujo (búscalo en google) tiene un tío de Wisconsin, cosa que sí sucede en la actualidad.

Pero creo que el mayor problema es que en internet somos todos iguales -y es una ventaja en otros casos, claro- y por tanto la opinión de ese experto en somormujos vale lo mismo que la mía: si yo escribo sobre somormujos inventándome los datos, mi página puede ser tan relevante o más que la del wisconsiniano. No existe ninguna barrera que impida el atropello -aunque sea tan sencilla como que un editor esté dispuesto a pagar dinero por publicar mi estudio del somormujo-. Y la repetición de un dato erróneo es más rápida gracias a google. Y ya sabes, una mentira cien veces repetida...

Ricardito ëmore dijo...

Ahí sí que le has dado. Sobre todo en casos como el de la susodicha María…. de la que hay poca información, no como en el caso de un hecho famoso y reconocido del que todo el mundo habla, pongamos por ejemplo, la batalla de Trafalgar, de la que seguramente, si revisásemos varias páginas en Internet y buscásemos adecuadamente, hallaríamos a un experto (que no tiene porqué ser el mejor, pero al menos estaría bien enterado del tema) con algo de esfuerzo, dando con una buena fuente. Eso sí, tambiémn podría haber excepciones, y alguno encontraría que Pérez Refuerte es un experto. 

Jesús Díaz Ruiz dijo...

Vaya! han pasado muchos años, pero aporto algo más de información sobre Margarita Cuesta Pamies: http://www.mcpamies.es

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