Como ya bien sabéis todos Txiqui y yo no somos precisamente abanderados de la vanguardia, pero hay una moda que arrasa últimamente en Madrid a la que nos hemos apuntado de cabeza y sin pensarlo de veces: ir de
brunch los domingos. Y mira que es extraño que esto se considere “estar a la última” porque el
brunch es una cosa que se practica en Nueva York desde principios del siglo XX o, incluso, antes. Pero ya es bien sabido que nosotros los españoles pensamos bien, pero tarde. Y nunca es tarde para adoptar una moda tan fantástica como esta, sobre todo, porque salir de
brunch es una de esas escasas y extrañas ocasiones en la vida en las que puedes ir de moderno y al mismo tiempo ser práctico sin gastarte mucha pasta. Como cuando se puso de moda ir vestido de vagabundo…
El término
brunch viene de la contracción de las palabras
breakfast y
lunch, es decir, una mezcla entre desayuno y comida que se puede tomar entre las 11 y las 15 horas de los fines de semana y que nos permite ponernos ciegos a base de pequeñas menudencias dulces y saladas mientras te sumerges en los dominicales sin que nadie se sienta insultado por tu grosería. Todo ello por unos 20 euros. Bastante bien tal y como está hoy en día la vida en Madrid, que como también sabéis está mal tirando a fatal e incluso mucho peor desde que el
Euribor está subiendo sin parar. Pues bien, tomar
brunch es uno de esos pequeños lujos que os recomendamos desde este blog porque, sencillamente, es un lujo pero pequeño. Así que, amigos, “
to be fashionable nowadays, we must brunch”, pero no lo hagáis en cualquier sitio.
Dada nuestra naturaleza inquisitiva y nuestro afán de servicio a todos aquellos que visitan nuestro blog, hemos hecho una pequeña labor de investigación por los distintos locales que dan
brunch en Madrid que esperamos os sirva de guía. No son todos los que son, pero si unos cuantos para irse estrenando:
Le petit bistrot (Plaza de Matute, 5):Fue el primer local que visitamos como aficionados al
brunch y acompañados de unos amigos que lo practicaban con asiduidad, un local de estilo francés, informal y agradable. El
brunch que nos sirvieron no estuvo nada mal, comenzando con pan y algo de bollería servida con mantequilla y mermelada, un Actimel, café con leche y azúcar, zumo natural de naranja y un plato caliente a elegir: rosbif con ensalada, huevos fritos con bacon... Desgraciadamente fue hace bastante tiempo y no puedo precisar con claridad lo que tomamos, pero mi recuerdo es grato.
Puntos a favor: Tienen facilidades para niños, sirven montañas y montañas de rico café.
Puntos negativos: El excesivo ruido y jaleo del local, nada es demasiado sorprendente, todo muy común.
Nota final: 6,5-7.Precio: 15 euros aprox.Nina (Manuela Malasaña, 10): Nuestra siguiente experiencia en el mundo del
brunch fue en este modernísimo local del centro de Madrid. Desde el comienzo, el menú del Nina superó nuestras expectativas: una selección de panes bastante amplia (integrales, con aceitunas, etc.) servidos con varios tipos de mantequillas (no recuerdo los sabores) y patés. Todo sin reparar en cantidades. A continuación zumo de naranja recién exprimido (aunque creo recordar que había otras posibilidades) y yogur batido de varios sabores (sí, sí… probablemente sería un Danone vulgar batido y servido en un cuenco moderno, pero somos asín de tontos). A continuación llegaron los platos calientes: revuelto con beicon crujiente y salchichas, salmón ahumado con bagel y queso crema, pavo jamón natural al horno con huevo hilado y ciruelas al Armagnac o huevos Benedict. Para terminar, café con leche (rico, rico) y una selección de muffins y plumcakes.
Puntos a favor: Muchísima variedad, toda deliciosa y ligeramente diferente. Buenas cantidades, bien presentadas y originales. Local agradable, amplio y silencioso.
Puntos negativos: No sirven café hasta el final de la comida, cuando en estas ocasiones necesitas una inyección de cafeína rápida y eficaz. Los dulces del final son un tanto escasos cuando se es un comilón gordo como nosotros.
Nota final: 8.Precio: 18 euros/persona.Ene (Nuncio, 19): Nuestra visita a este también modernísimo local de la Latina se produjo a mediados de agosto, lo que puede explicar que apenas hubiera gente o que el servicio fuera tan atento (no me habían hablado nada bien de los camareros de este sitio, por lo que quedé gratamente sorprendida). El
brunch del Ene comienza con un cocktail (a elegir entre el Bloody Mary o el Bellini) y continúa con una pequeña (si, muy pequeña) aunque deliciosa selección de panes y bollos. Para ser más exactos: un trozo de pan y un pequeño bollo por cabeza. A continuación Muesli con yogur griego y frutos rojos o Quiché Lorraine o ensalada de espinacas con jamón de pato y vinagreta de mango o table de quesos y frutos secos. Un poco.
Y los segundos: salmón marinado sobre blinis o huevos benedictine o tortilla mexicana rellena de frijoles con guacamole y pico de gallo o la carne del día. Otro poco.
Para finalizar, café con leche y una selección (increíble pero también diminuta) de galletas, brownies y dulces.
Puntos a favor: Platos originales, cocktail incluido en el precio. La bollería insuperable.
Puntos negativos: Raciones minúsculas. Te quedas con hambre. De verdad. Mucha hambre. Dicen que hay un D.J. Todo tiene demasiada pose, incluidos los camareros.
Nota final: 6´5.Precio medio: 20 euros/persona.
Café Oliver (Almirante,12): El Café Oliver ha sido en los últimos años uno de nuestros lugares favoritos para ir a comer, por eso teníamos demasiadas esperanzas puestas en un servicio de
brunch. Además, se cuenta que era uno de los pioneros en la capital. En fin, que fuimos hace unas semanas y no quedamos decepcionados, pero tampoco impresionados. El brunch comienza como todos, con pan y bollos (uno por persona) servidos con mantequilla y una clase de mermelada. Puedes elegir entre varios tipos de zumo natural exprimido, naranja, piña y mango o melón y café servido en cafetera de émbolo. Se continúa con un plato de huevos: revueltos con hierbas, fritos con bacon o benedicr. Y se termina con ensalada cesar o ensalada de frutas o hamburguesa de queso o tortitas con sirope de arce.
Puntos a favor: El local, siempre agradable. Aunque la bollería no es para echar cohetes los platos cocinados son ricos sin llegar a ser excelentes y las raciones grandes. Los originales zumos naturales.
Puntos negativos: El café es ¡americano!, aunque te puedes tomar tres tazas lo que deberían copiar los demás sitios. Los camareros parecían algo confusos y cometieron errores grandes como olvidarse de ponernos leche, olvidarse de servirnos los primeros, etc.
Nota final: 7.Precio medio: 20 euros/persona.
Olsen (Calle del Prado, 15): No hemos ido a este local a tomar el
brunch… y no creo que vayamos. La experiencia de una pareja amiga nuestra (precisamente la pareja que nos introdujo en este hábito) fue tan nefasta que no nos atrevemos a poner un pie por allí. En medio de su tranquilo
brunch dominical se encontraron con una cucaracha de gran tamaño pululando por su mesa. Los camareros del local no sólo se comportaron bastante fríamente con el asunto sino que además no tuvieron el detalle de excusarse o invitarles a desayunar o, simplemente, tirarse el pisto invitándoles a algo a ellos y a todos los vecinos de mesa que sufrieron ataques de histeria. Tampoco ayuda en nuestra pobre opinión sobre el Olsen que Txiqui fuera allí a cenar con su empresa y le pareciera todo un fiasco, pero si no queréis imitarnos porque os fiáis más de las numerosas y positivas críticas que está recogiendo este restaurante nórdico (seguramente todas compradas), su brunch se compone de café o te, zumo, bagels con manteca y mermeladas a un precio de 5 euros. Y si queréis tomar algo mas, por 16 euros extra podréis elegir entre una amplia selección de platos calientes como pan de brioche tostado con queso brie, puré de higos y confit de pato o patatas escalfadas con salmón, huevo y beicon.
Por supuesto hay muchísimos más locales que estamos deseando visitar en los que se sirven, según se cuenta, un magnífico
brunch. Entre ellos, Teatriz, La Viuda Blanca, De Funy... En este blog prometemos sacrificarnos por el bien común y visitar pronto la gran mayoría de estos locales. Al fin y al cabo, como ya he dicho, somos un servicio público y nos mueve la filantropía.